miércoles, 2 de enero de 2008

La victoria de lo real

Después de cuatro años habitando el mismo lugar, Arcadi Espada estrena nueva piel con este interesante artefacto:

Al principio de cada año se produce un gran acontecimiento en la cultura anglosajona; o, mejor dicho, en la vida social de esa cultura, porque, afortunadamente, hay repúblicas donde hay sociabilidad al margen del excremento rosa. El acontecimiento es la llamada “Pregunta del Año” que organiza Edge, la web editada por John Brockman que reúne a buena parte de los pensadores más interesantes de nuestro mundo. Las preguntas empezaron en 1998 y la de este año tiene un interés particular: “¿En qué has cambiado de opinión y por qué”? (…) Algunas respuestas son en sí mismas un pequeño ensayo:
  • La de la psicóloga Rich Harris, que ha dejado de creer en la fiabilidad de la generalización: "Es la excepción y no la regla".
  • O la del antropólogo Scott Atran, experto en terrorismo, que ya no cree que las condiciones sociales o las ideas religiosas y políticas formen a los terroristas. Para Atran, que cita entre sus ejemplos a los condenados del 11-M, es la amistad, la influencia del grupo, los falsos parentescos, los que hacen terroristas.
  • Otro antropólogo, Richard Wrangham, ha introducido un giro sutil en la explicación de la historia evolutiva del hombre: si antes creía que se produjo por la ingestión de carne, ahora cree que el elemento decisivo es la cocina, es decir, el cambio de crudo o cocido.
  • La respuesta del músico Brian Eno, que explica cómo pasó de la revolución a la evolución, y cómo dejó el maoísmo por Darwin; y la de la psicóloga Susan Blackmore, que explica cómo dejó de ser paranormal, tienen también un deslumbrante interés.
  • Eduard Punset es el único español entre los 120: ahora cree que el alma está en el cerebro.
Como señala en su reseña el comentarista científico de The Guardian las respuestas tienen un punto en común muy interesante: la rapidez y la facilidad con que los científicos asumen las nuevas condiciones que imponen los hechos. Así es; y esta rapidez contrasta con los protocolos que suele poner en marcha la gente de letras (…) cada vez que cambian sus opiniones. Una gran parte de científicos viven el cambio de opinión como una alegre victoria de lo real; entre los letristas suele vivirse como una vergüenza. (…)
ArcadiEspada
Coda: “Cuando el pensamiento te hace cambiar de opinión, se trata de filosofía. Cuando Dios te hace cambiar de opinión, se trata de fe. Cuando los hechos te hacen cambiar de opinión, se trata de ciencia.” (The Edge Annual Question 2008)

4 comentarios:

Manuel Márquez dijo...

Pues, sinceramente, compa Elena, la preguntita de marras tiene sus bemoles: formulación simple, y respuesta, en la mayoría de los casos, compleja (o no...). Por cierto, ¿te la has formulado y respondido tú...? Guante lanzado...

Un abrazo.

Elena dijo...

Mi respuesta es muy fácil, Manuel, yo no quiero tener ninguna opinión (no quiero ser su esclava), y eso no sé si es lo mismo que tenerlas todas a la vez y bailar cada día con una diferente (cómo diría Vila-Matas).

No creas que me voy por la tangente. De hecho, ahora recuerdo un cambio de opinión literaria que tuve este verano: me encantó El pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami, que el año anterior me parecía un tostón :)

Y tú, ¿cómo lo llevas?

Elena dijo...

Los amigos de Microsiervos han seleccionado más respuestas.

Manuel Márquez dijo...

Disculpa por el retraso en contestarte, compa Elena, he andado unos días de descansillo bloguero... Yo no sé muy bien cómo lo llevo, suelo pararme poco a reflexionar así, en frío y a conciencia, y no suelo ser muy consciente de hasta qué punto voy cambiando, o no, de opinión sobre ciertos temas. Me imagino que, como la mayoría de la gente, más que cambios así, rotundos, precisos y bien definidos respecto a cuestiones concretas, voy derivando, evolucionando, con matices, poquito a poco.

Ah, y me parece fenomenal (yo, al menos, así la quiero entender) tu reivindicación de la "no-opinión". En estos tiempos que corren, en que parece ser que todo el mundo ha de querer, poder y saber opinar sobre todo, me parece un rasgo de enorme lucidez.

Un abrazo.