lunes, 28 de abril de 2008

Tres santos bebedores

Así soy realmente: maligno, borracho, pero lúcido. Joseph RothMe refiero a Joseph Roth (1894 - 1939), Carlos Barral (1928 - 1989) y Andreas Kartak (siempre). El primero es el autor de La leyenda del santo bebedor, el segundo escribió en 1981 el prólogo para la edición española de Anagrama, y el tercero es el protagonista de este delicioso librito que he disfrutado durante un reciente trayecto en tren, y del que por ahí he leído: “Publicado en 1939 póstumamente, las escasas páginas de este relato casi perfecto concentran una parábola precisa y contundente que resume lo mejor de la escritura de Roth.”

Barral, en este prólogo que tampoco tiene desperdicio, y en el que empieza contándonos el desenlace de la historia, acaba diciendo:

“En el cuento de Roth se trata del milagro que el vino, en este caso el verde ajenjo, obra por su cuenta, con independencia del borracho; se trata de como el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la virtud de los santos, para hacerlo habitable y grato a los que creen en él. Se trata de cómo el vino santifica, en cierto modo diviniza, cambiando el ser del mundo por su haber debido ser. Se trata de cómo el vino es el milagro mismo y actúa por sí mismo, solo, por su cuenta, como una divinidad celeste con plumaje de pámpanos cuyos poderes son amétricos, incomensurables, ilegibles sino a la luz de la fe o al menos de la devoción. Se trata de que el vino […] existe por encima de la imaginación humana y del conocimiento de los hombres y que, como un ángel, de cuando en cuando juega con el mundo entero para distracción del bebedor, su devoto. […] Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte.”

miércoles, 23 de abril de 2008

El mundo al revés

.: es cuando haces cosas que siempre habías pensado que nunca harías .:. y un día vas y te acercas a Enrique Vila-Matas con un libro suyo en las manos .:. y sin que tú digas nada él te llama por tu nombre .:. y antes de poder agradecerle toda la felicidad lectora que te ha regalado .:. él va y te estampa su dibujo y su admiración en la primera página del libro .:. y tú después te pones a jugar con esa dedicatoria y vas y la escaneas .:. y luego la conviertes en una animación flash, y más tarde la transformas en un microvídeo .:. y, finalmente, tú que te quejas de los exhibicionismos, vas y la expones aquí .:. y eso lo haces precisamente el día en que el mundo de los libros se vuelve loco .:. y los escritores agradecen a sus lectores lo que debería ser al revés :.


.: Para Enrique, con mi agradecimiento :.

lunes, 21 de abril de 2008

Ella, tan amada

Mum&Doter1979 Ella, tan amada,
tanto, que una lira se desbocó en lamentos
nunca oídos antes de labios de plañideras;
lamentos que conformaron un mundo
en el que todo volvía a estar presente: bosque y valle
y camino y pueblo, campo y río y animal;
y que en torno a este mundo-lamento, igual
que en torno a la otra tierra, iba un sol
y un silencioso cielo estrellado,
un cielo-lamento con estrellas deformadas:
Ella, tan amada.

Rainer María Rilke (Praga, 1875 - Suiza, 1926)
Sonetos a Orfeo, XXIV

sábado, 19 de abril de 2008

La hermana de Shakespeare

Virginia Woolf
“Y pensé en aquel anciano caballero, que ahora está muerto, pero que era un obispo, creo, y que declaró que era imposible que ninguna mujer del pasado, del presente o del porvenir tuviera el genio de Shakespeare. (…)

A pesar de todo no pude dejar de pensar, mirando las obras de Shakespeare en el estante, que el obispo tenía razón cuando menos en esto: le hubiera sido imposible, del todo imposible, a una mujer escribir las obras de Shakespeare en la época de Shakespeare. Dejadme imaginar, puesto que los datos son tan difíciles de obtener, lo que hubiera ocurrido si Shakespeare hubiera tenido una hermana maravillosamente dotada, llamada Judith, pongamos. Shakespeare, él, fue sin duda -su madre era una heredera- a la escuela secundaria, donde quizás aprendió el latín -Ovidio, Virgilio y Horacio- y los elementos de la gramática y la lógica. Era, es sabido, un chico indómito que cazaba conejos en vedado, quizá mató algún ciervo y tuvo que casarse, quizás algo más pronto de lo que hubiera decidido, con una mujer del vecindario que le dio un hijo un poco antes de lo debido. A raíz de esta aventura, marchó a Londres a buscar fortuna. Sentía, según parece, inclinación hacia el teatro; empezó cuidando caballos en la entrada de los artistas. Encontró muy pronto trabajo en el teatro, tuvo éxito como actor, y vivió en el centro del universo, haciendo amistad con todo el mundo, practicando su arte en las tablas, ejercitando su ingenio en las calles y hallando incluso acceso al palacio de la reina. Entretanto, su dotadísima hermana, supongamos, se quedó en casa. Tenía el mismo espíritu de aventura, la misma imaginación, la misma ansia de ver el mundo que él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo oportunidad de aprender la gramática ni la lógica, ya no digamos de leer a Horacio ni a Virgilio. De vez en cuando cogía un libro, uno de su hermano quizás, y leía unas cuantas páginas. Pero entonces entraban sus padres y le decían que se zurciera las medias o vigilara el guisado y no perdiera el tiempo con libros y papeles. Sin duda hablaban con firmeza, pero también con bondad, pues eran gente acomodada que conocía las condiciones de vida de las mujeres y querían a su hija; seguro que Judith era en realidad la niña de los ojos de su padre. Quizá garabateaba unas cuantas páginas a escondidas en un altillo lleno de manzanas, pero tenía buen cuidado de esconderlas o quemarlas. Pronto, sin embargo, antes de que cumpliera veinte años, planeaban casarla con el hijo de un comerciante en lanas del vecindario. Gritó que esta boda le era odiosa y por este motivo su padre le pegó con severidad. Luego paró de reñirla. Le rogó en cambio que no le hiriera, que no le avergonzara con el motivo de esta boda. Le daría un collar o unas bonitas enaguas, dijo; y había lágrimas en sus ojos. ¿Cómo podía Judith desobedecerle? ¿Cómo podía romperle el corazón? Sólo la fuerza de su talento la empujó a ello. Hizo un paquetito con sus cosas, una noche de verano se descolgó con una cuerda por la ventana de su habitación y tomó el camino de Londres. Aún no había cumplido los diecisiete años. Los pájaros que cantaban en los setos no sentían la música más que ella. Tenía una gran facilidad, el mismo talento que su hermano, para captar la musicalidad de las palabras. Igual que él, sentía inclinación al teatro. Se colocó junto a la entrada de los artistas; quería actuar, dijo. Los hombres le rieron a la cara. El director -un hombre gordo con labios colgantes- soltó una risotada. Bramó algo sobre perritos que bailaban y mujeres que actuaban. Ninguna mujer, dijo, podía en modo alguno ser actriz. Insinuó… ya suponéis qué. Judith no pudo aprender el oficio de su elección. ¿Podía siquiera ir a cenar a una taberna o pasear por las calles a la medianoche? Sin embargo, ardía en ella el genio del arte, un genio ávido de alimentarse con abundancia del espectáculo de la vida de los hombres y las mujeres y del estudio de su modo de ser. Finalmente -pues era joven y se parecía curiosamente al poeta, con los mismos ojos grises y las mismas cejas arqueadas-, finalmente Nick Greene, el actor-director, se apiadó de ella; se encontró encinta por obra de este caballero y -¿quién puede medir el calor y la violencia de un corazón de poeta apresado y embrollado en un cuerpo de mujer?- se mató una noche de invierno y yace enterrada en una encrucijada donde ahora paran los autobuses, junto a la taberna del "Elephant and Castle".

Esta vendría a ser, creo, la historia de una mujer que en la época de Shakespeare hubiera tenido el genio de Shakespeare. Pero por mi parte estoy de acuerdo con el difunto obispo, si es que era tal cosa: es impensable que una mujer hubiera podido tener el genio de Shakespeare en la época de Shakespeare. Porque genios como el de Shakespeare no florecen entre los trabajadores, los incultos, los sirvientes. No florecieron en Inglaterra entre los sajones ni entre los britanos. No florecen hoy en las clases obreras. ¿Cómo, pues, hubieran podido florecer entre las mujeres, que empezaban a trabajar, según el profesor Trevelyan, apenas fuera del cuidado de sus niñeras, que se veían forzadas a ello por sus padres y el poder de la ley y las costumbres? Sin embargo, debe de haber existido un genio de alguna clase entre las mujeres, del mismo modo que debe de haber existido en las clases obreras. De vez en cuando resplandece una Emily Brönte o un Robert Burns y revela su existencia. Pero nunca dejó su huella en el papel. Sin embargo, cuando leemos algo sobre una bruja zambullida en agua, una mujer poseída de los demonios, una sabia mujer que vendía hierbas o incluso un hombre muy notable que tenía una madre, nos hallamos, Una habitación propiacreo, sobre la pista de una novelista malograda, una poetisa reprimida, alguna Jane Austen muda y desconocida, alguna Emily Brontë que se machacó los sesos en los páramos o anduvo haciendo muecas por las carreteras, enloquecida por la tortura en que su don la hacía vivir.”

Virginia Woolf (Gran Bretaña, 1882-1941)
Una habitación propia, 1929
Traducción de Laura Pujol
Seix Barral, Biblioteca Formentor, 2002

jueves, 17 de abril de 2008

Gotas de lluvia caen sobre mi cabeza


Raindrops Keep Falling On My Head... And just like the guy whose feet
are too big for his bed, nothing seems to fit. Those raindrops are
falling on my head, they keep falling.

So I just did me some talking to the sun. And I said I didn't like the
way, he got things done... sleeping on the job... those raindrops are
falling on my head, they keep falling.

But there's one thing I know: The blues they send to meet me won't
defeat me. It won't be long till happiness sleps up to greet me.

Raindrops keep falling on my head but that doesn't mean my eyes will
soon be turning red. Crying's not for me cause I'm never gonna stop
the rain by complaining. Because I'm free. Nothing's worrying me.

[BJ Thomas & Hal David & B. Bacharach]

martes, 15 de abril de 2008

El decálogo de Vizinczey

Vizinczey: Verdad y mentiras en la literaturaEl otro día, el libro Verdad y mentiras en la literatura (Seix Barral, 2001) de Stephen Vizinczey se presentó ante mí en la Central del Raval y aunque lo vi, lo ojeé y me interesó, resistí la tentación y lo dejé en su sitio pensando en todos los libros que tengo a medio leer. Pero antes de salir de la librería, y después de ojear muchos más libros, no tuve más remedio que volver a buscarlo, pagarlo y llevármelo a casa.

En su prólogo he encontrado estos conocidos "Diez mandamientos de un escritor", definidos por Vizinczey como «consejos sensatos y prácticos para quienes son en muchos casos novatos en la ocupación de escribir»:
  • Primero. No beberás, ni fumarás, ni te drogarás.
    Para ser escritor necesitas todo el cerebro que tienes.
  • Segundo. No tendrás costumbres caras.
    (...) Es preciso decidir qué es más importante para uno: vivir bien o escribir bien. No has de atormentarte con ambiciones contradictorias.
  • Tercero. Soñarás y escribirás y soñarás y volverás a escribir.
    No dejes a nadie decirte que estás perdiendo el tiempo cuando tienes la mirada perdida en el vacío. No existe otra forma de concebir un mundo imaginario. (...)
  • Cuarto. No serás vanidoso.
    La mayor parte de los libros malos lo son porque sus autores están ocupados en tratar de justificarse a sí mismos. (...)
  • Quinto. No serás modesto.
    La modestia es una excusa para la chapucería, la pereza, la complacencia; las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños. Nunca he conocido a un buen escritor que no intentara ser grande. (...)
  • Sexto. Pensarás sin cesar en los que son verdaderamente grandes.
    (...) En cuanto a literatura específica sobre la vida del escritor, yo recomendaría Una habitación propia, de Virginia Woolf, el prefacio de La dama morena de los sonetos de Shaw, Martin Eden de Jack London y, sobre todo, Ilusiones perdidas de Balzac.
  • Séptimo. No dejarás pasar un solo día sin releer algo grande.
    (...) Leer un libro para poder charlar sobre él no es lo mismo que comprenderlo. Es mucho más útil leer una y otra vez unas cuantas grandes novelas hasta comprender por qué son buenas y cómo las han construido los escritores. Hay que leer una novela unas cinco veces para comprender su estructura, qué la hace dramática y qué le presta ritmo e impulso. (...)
  • Octavo. No adorarás Londres / Nueva York / París.
    (...) Aunque vivas en el quinto infierno, no hay razón para sentirte aislado. Si posees una buena colección de ediciones en rústica de grandes escritores y no dejas de releerlos, tienes acceso a más secretos de la literatura que todos los farsantes de la cultura que marcan el tono en las grandes ciudades. (...)
  • Noveno. Escribirás para complacerte a ti mismo.
    (...) Stendhal dijo que la literatura es el arte de la omisión, y omito todo lo que no me parece importante. Describo a las personas sólo en los términos de sus acciones, afirmaciones, ideas, sentimientos que me hayan escandalizado / intrigado / divertido / deleitado a mí mismo o a otros. (...)
  • Décimo. Serás difícil de complacer.
    (...) Cuando examino el capítulo durante el tiempo suficiente para aprendérmelo de memoria —lo recito palabra por palabra a cualquiera dispuesto a escuchar— y si no puedo recordar algo, suelo descubrir que no era correcto. La memoria es un buen crítico.
El texto completo, con todos los comentarios de cada consejo, se pueden leer en el web de Fuentetaja.

domingo, 13 de abril de 2008

Resistiré


Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz.
Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pie
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared.
Resistiré para seguir viviendo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie.
Resistiré erguido ante todo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, Resistiré.

(Versión íntegra del Duo Dinámico)

lunes, 7 de abril de 2008

Un milagro

“Hace muchos años, cuando estaba atrapado aún por sensaciones juveniles e ideas abstractas, creía que la derecha era en sí misma retrograda, inculta y egoísta; por el contrario, la izquierda me parecía siempre imaginativa, inteligente y solidaria. Con el tiempo me llevé una sorpresa al constatar que, al margen de la caspa del franquismo, había individuos generosos, de pensamiento muy fino que eran conservadores y algunos revolucionarios que eran cerrados de mollera y esquinados. Desde entonces aprendí a juzgar a las personas una a una, según sus actos. ·.·.· Cualquier principio político siempre es divisible por dos. Derecha e izquierda son actitudes frente al mundo, dos formas de navegar. Si los atributos de un barco se aplicaran a la ideología, la derecha podría ser asimilada al amarre y la izquierda a la vela o al motor. La derecha posee un sentido pesimista de la historia y de la naturaleza humana; en cambio la izquierda suele mostrar siempre una actitud optimista ante el futuro. El pesimismo es pragmático. El optimismo es creativo. Si se aplicaran a la política las normas de la navegación, ambas actitudes tendrían sus ventajas e inconvenientes en cada momento, según fuera el estado del mar o de la coyuntura social. .·.·. La primera virtud del buen navegante, como la del buen político, es ser precavido. La diferencia entre la fuerza monstruosa del mar y el arrojo de un simple mortal es tan grande que desafiarla directamente es lo más ridículo que puede hacer el ser humano. Bastan dos segundos para que el abismo se te trague entero y sólo uno para que te olvide. La cautela es la elegancia del marino. El recelo ante la historia es la sabiduría del político. Pero no se sabe qué actitud es más estúpida, si mantener por sistema el barco amarrado a un muerto, ese bloque de cemento que duerme en el fondo de la dársena, o lanzarse por la bocana del puerto a navegar alegremente en busca del horizonte pensando que si te sorprende el temporal tarde o temprano volverá a escampar. ·.·.· Ante la próxima legislatura la mayoría de este país sueña con que se produzca este fenómeno de la navegación: que el gobierno lo ocupen políticos inteligentes y que en la oposición se sienten futuros líderes de la derecha modernos, abiertos y moderados. Un milagro.”

Manuel Vicent

Manuel Vicent
Navegar
El País, 30/3/2008

domingo, 6 de abril de 2008

El traje de los domingos

Vila-Matas: El traje de los domingos “Se indaga, pues, en la realidad misma. Y hay una línea que me gustaría llamar realismo interno y que estaría contrapuesta con lo que suele llamarse realismo mágico o maravilloso. La diferencia es substancial. Una trata de reflejar una realidad externa, mágica o maravillosa –bastante pelmaza para mi gusto, la prueba es que es fácil de imitar y la narrativa se ha poblado últimamente de buques perdidos en la selva-, mientras que yo busco una profundización psicológica, pues siempre me gustó ver el lado oculto de las cosas, la otra cara de los lugares comunes, de las frases hechas, decir diego donde Isabel Allende dijo digo.

Se indaga, pues, en la realidad interna –eso, por fortuna, es práctica muy extendida entre los escritores de bandera apátrida- y hay tantas realidades como escrituras y obsesiones, pues no olvidemos que, como dijo Gombrowicz, la verdadera realidad es la propia de uno mismo. Esa indagación la llevamos a cabo, pues, sobre nosotros mismos, y se realiza entre rejas propias y con las ventajas pero también con los inconvenientes que ofrecen la soledad y el no pertenecer a escuela ni país alguno y ser, además, conscientes de que no hay fronteras y que si escribimos es para saber algo de nosotros mismos, para recordar y para ser recordados, para no morir (como decía Blanchot), para postergar la ejecución, la muerte, como le ocurría a Scherezade; escribimos como medicina, escribimos para ser felices, para no suicidarnos, para no volvernos locos, para llevar la contraria a los académicos y hundirlos, escribimos para jugar.

Saber algo de nosotros es lo más difícil de entre las perspectivas que abre el realismo interno. Conocernos a nosotros mismos puede acarrearnos sorpresas desagradables, tales como la que le sobrevino a un amigo de Italo Svevo que en 1919 se precipitó a Viena para iniciar una terapia. Tras psicoanalizarse durante dos años, salió de la cura completamente destrozado. Tan abúlico como antes, pero con su abulia agravada por la convicción de que al ser así por naturaleza no podía comportarse de otra manera. «Fue él –escribió Svevo- quien me convenció de que era peligroso explicarle a un hombre cómo era por dentro

Sea como fuere, lo mejor de la literatura actual pertenece al realismo interno sin fronteras, y la libertad ha llegado incluso a Inglaterra, donde se vive, además, un momento particularmente dorado para la narrativa de la isla, para esa generación –entre los 30 y 45 años- que escribe fuera del corsé angustioso de lo que hasta ahora se consideró la buena novela británica. Se dice que Julian Barnes es un escritor afrancesado, que Martin Amis está americanizado o que Ishiguro es anglojaponés. Nos encontramos, pues, en una especie de Commonwealth de escritores que no están más que recordándonos que Londres –al igual que la Nueva York de Paul Auster o la monumental ciudad de México o la misma vieja, más que vieja Europa- son también lugares exóticos, algo más de lo que hasta ahora lo eran cuando sólo los veíamos en blanco y negro. De ahí que París se parezca tanto a Buenos Aires, y ésta a su vez a un barrio de Nueva York. Esto no hace más que confirmarnos que Bioy Casares es francés y Muñoz Molina tan uruguayo como Onetti, que a su vez es un caballero inglés. Y es que la narrativa europea, española o hispanoamericana no existen, precisamente porque existen.”

Enrique Vila-Matas
"De banderas apátridas" (1991) en El traje de los domingos (2006)
Huerga y Fierro Editores

jueves, 3 de abril de 2008

Cambian de cielos, pero no de alma, los que atraviesan los mares

“Coelum non animum mutant qui trans mare currunt”
Horacio (Cartas I, XI, 27)

Hoy, comentando el libro “El viatjar infinit” (“El infinito viajar”) de Claudio Magris, Jordi Llovet habla de turistas y viajeros en el suplemento Quadern de la versión catalana de El País. Sus reflexiones sobre el hecho de viajar me han parecido tan pertinentes, que reproduzco los dos últimos párrafos del artículo tal y como han sido escritos. Aunque considero que el catalán y el castellano son lenguas muy parecidas, para facilitar su lectura allende los mares, he añadido la versión en castellano hecha con el traductor automático Translendium.
  • “En el cas de Magris, com no podia ser d’altra manera, el viatger no corre món per comprovar que les coses són iguals com les havia llegides o les havia vistes a la televisió, al cinema o en un prospecte turístic –habitualment, això comporta moltes decepcions, perquè tant la fotografia com el cine fan les coses més grans que no són en realitat; i llavors les piràmides d’Egipte resulten molt baixetes, la plaça romana de Sant Pere molt petita i la Sagrada Família un nyap-, sinó per descobrir allò que la realitat pot oferir sempre d’inèdit i de sorprenent, i, sobretot, tot allò que homes i dones de cada lloc expliquen, de manera que fan més gran, amb eloqüència, el coneixement de la vida i la callada existència del qui ha viatjat. Amb sensatesa, Magris viatja en aquest llibre sobretot per terres de la Mediterrània i de Centroeuropa; només per excepció s’aventura a visitar la Xina i el Vietnam, que són llocs on no hi ha manera d’entendre-hi res de res, com molt bé va explicar Roland Barthes en un assaig famós: Alors, la Xine?

    Això sí: de la lectura global d’aquest llibre un hom arriba a la conclusió que el temps dels viatgers a la recerca d’allò que explicava Cavafis en el seu poema -que vol dir sortir d’un mateix per tornar més ric a si mateix al final de la vida, tot omplint-la de sentit- és un temps acabat. Avui, viatjar només serveix per distreure’s de sí mateix i de la mort que ens ronda. Tornem a Horaci, doncs, quedem-nos a casa i viatgem, com a molt, al voltant de la cambra (Xavier de Maistre) o -espai encara més petit- al voltant del nostre crani (Frigyes Karinthy).”
Pastor de Siria[Niño pastor en Siria]
  • “En el caso de Magris, como no podía ser de otra manera, el viajero no recorre el mundo para comprobar que las cosas son como las había leído o las había visto en la televisión, en el cine o en un prospecto turístico -habitualmente, eso comporta muchas decepciones, porque tanto la fotografía como el cine hacen las cosas mayores de lo que son en realidad; y entonces las pirámides de Egipto resultas muy bajas, la plaza romana de San Pedro muy pequeña y la Sagrada Familia una chapuza-, sino para descubrir lo que la realidad puede ofrecer siempre de inédito y de sorprendente, y, sobre todo, todo aquello que hombres y mujeres de cada lugar explican, y que contribuye a aumentar, con elocuencia, el conocimiento de la vida y la callada existencia del que ha viajado. Con sensatez, Magris viaja en este libro sobre todo por tierras del Mediterráneo y de Centroeuropa; sólo por excepción se aventura a visitar China y Vietnam, que son sitios donde no hay manera de entender nada de nada, cómo muy bien explicó Roland Barthes en un ensayo famoso: Alors, la Xine?

    Eso sí: de la lectura global de este libro uno uno llega a la conclusión que el tiempo de los viajeros en busca de aquello que explicaba Cavafis en su poema -que quiere decir salir de uno mismo para volver más rico a sí mismo al final de la vida, llenándola de sentido- es un tiempo acabado. Hoy, viajar sólo sirve para distraerse de sí mismo y de la muerte que nos ronda. Volvamos a Horacio, pues, quedémonos en casa y viajemos, como mucho, en torno a la habitación (Xavier de Maistre) o -espacio todavía más pequeño- en torno a nuestro cráneo (Frigyes Karinthy).”

martes, 1 de abril de 2008

Sistemas

Mario Bunge
Ayer asistí a la interesante conferencia que el filósofo Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) dio en el paraninfo de la Universidad de Barcelona. Bunge, a quien yo había llegado a través de algunos comentarios de Arcadi Espada, habló sobre “¿Personas, sociedades, o ambas? El enfoque sistémico de los problemas sociales”. Y estas fueron sus palabras finales:

“El universo es el sistema de todos los sistemas. Por éste motivo, sólo se lo puede entender y controlar eficazmente si se adopta un enfoque sistémico combinado con el método científico. Sin embargo, estos ingredientes no bastan: para resolver cualquier problema que no sea de rutina también hace falta pasión. Se necesita pasión intelectual, afán por entender, en el caso de problemas intelectuales. Y hace falta pasión moral, afán por hacer el bien, en el caso de problemas sociales. La pasión política, que anima a la acción política, debiera estar al servicio de la pasión moral. Cuando no lo está, la política es esclava de intereses particulares, no del bien público. En resumen, la fórmula que propongo para enfrentar los trágicos problemas sociales contemporáneos, en particular los del tercer mundo, es:

Eficiencia = Sistemismo + Cientificismo + Moral.”