domingo, 3 de mayo de 2009

Mi semana Coetzee

«¿Esta indiferencia hacia el mundo es consecuencia de un exceso de trato con máquinas que parecen pensar? ¿Cómo le iría a él si un día dejara la industria informática y regresara a la sociedad civilizada? Después de invertir sus mejores energías durante tanto tiempo en jugar con máquinas, ¿sería capaz de mantener una conversación? ¿Habría ganado algo en todos los años pasados entre ordenadores? ¿No habría aprendido al menos a pensar de forma lógica? Para entonces, ¿no se habría convertido la lógica en su segunda naturaleza?
    Le gustaría creer que sí, pero no puede. En el fondo no siente el menor respeto por ninguna versión de pensamiento que pueda materializarse en el sistema de circuitos de un ordenador. Cuanto más se mete en la informática, más le recuerda al ajedrez: un mundo pequeño y cerrado definido por reglas inventadas que atrae a chicos con cierto temperamento susceptible y los vuelve medio locos, igual que él está medio loco, para que en todo momento piensen, engañados, que están jugando cuando en realidad el juego está jugando con ellos.»
Coetzee, Juventud





Juventud
J.M. Coetzee
Traducción de Cruz R. Juiz
DeBols!llo, 2006




«Ante tanta ignorancia, me alegro de haberme llevado a casa, como pesca única del día, Mecanismos internos, los ensayos literarios de J.M. Coetzee. El autor de Desgracia y de Diario de un mal año es un escritor completo. Gran narrador y gran intelectual al mismo tiempo. Es un contador de historias duras, narradas con una prosa que ha bebido directamente de Beckett y es de una belleza sobria, acerada, implacable con la verdad de la ficción. Coetzee demuestra en todos sus libros que no están en absoluto reñidas las actividades de narrador e intelectual. Desgracia, sin ir más lejos, es una de las obras maestras de la narrativa del siglo pasado. Pero como ensayista, intelectual, teórico, no anda a la zaga y está a la misma altura del narrador. De hecho, en Coetzee ambas actividades, narrador e intelectual, están perfectamente imbricadas -creo que es lo idóneo en un narrador, independientemente de los resultados-, hasta el punto de que ha logrado lo que, por estas latitudes puede parecer hasta imposible: en su novela Elizabeth Costello sobrepasa los límites de la ficción pura. Es un escritor tan completo que Mario Vargas Llosa ha llegado a decir de él que es uno de los mejores novelistas vivos "y no digo el mejor porque, para hacer una afirmación semejante, habría que haberlos leído a todos".»
Coetzee, Mecanismos Internos






Fragmento de El narrador idóneo
(El País, 26/4/2009)
Dietario voluble de Enrique Vila-Matas
sobre Mecanismos internos de Coetzee
(Traducción de Eduardo Hojman,
Mondadori, 2009)

1 comentario:

Elena dijo...

Con la llegada de lo que parece un tiempo más estable, he podido inaugurar la temporada de lecturas bajo la sombrilla. Y lo he hecho disfrutando de estos dos libros de Coetzee, un autor al que por haber recibido el premio Nobel (*) siempre había rechazado olímpicamente. Ahora estoy totalmente touchée por la prosa del Sr. Coetzee y con ganas de más.

En Juventud Coetzee revisita el período de aprendizaje de su juventud (años 60) en que deja Ciudad del Cabo y se marcha a vivir a Londres en busca de sí mismo y de una voz narrativa propia. Sorprendentemente, y gracias a su formación matemática, uno de sus primeros trabajos en Londres es como programador informático en una incipiente IBM. El libro no tiene desperdicio –no le sobra ni le falta una palabra, como a un programa bien hecho- pero me han hecho especial gracia sus reflexiones sobre la (ex-compartida) profesión informática.

(*) Para mí más políticamente correctos que literarios.