lunes, 27 de diciembre de 2010

Los privilegios del fósil

[…] Que todo sigue igual quiere decir que continúa habiendo gente que escribe en español aunque viva en Cataluña, pero que solo si muestra su inquebrantable adhesión al Régimen es aceptado por la maquinaria cultural catalana. Semejante rareza (o semejante chavismo) solo tiene importancia para el contribuyente. A los que escribimos en español no nos afecta porque ya estamos habituados a los insultos del poder. A quienes escriben en catalán esta situación les favorece. La doctrina política oficial solo tiene como consecuencia un gasto desorbitado, el parroquianismo cultural y la ausencia de oposición o competencia. El resultado es que no por ello ha aumentado la lectura de literatura catalana y que la cultura oficial es de uso exclusivamente local y clientelar. Los sueños de cosmopolitismo cultural, de la Cataluña internacional, de la Barcelona destacada en el mapa europeo y demás quimeras se han fundido en el aire exactamente igual que los miles de millones de euros que ha costado fundirlas. […]

13 comentarios:

Tristezza Rossa dijo...

Benvolguda Elena:

Per sort encara no he sentit a dir o llegit enlloc que Franz Kafka fós o deixés de ser cosmopolita, i potser és també una sort que l'home preferís no veure a Felice Bauer escombrant l'habitació i fent-li la maleta mentre ell escrivia, i preferís trencar el compromís sense haver pensat mai en fer d'això un mediocre discurs. Potser a Kafka mai de la vida se li va acudir de pensar en una esclava del cosmopolitisme.

Jo tinc la sort —i no sóc l'únic— de no ser (físicament) ni cosmopolita ni provincià. M'agrada passar desapercebut llegint en llengües, totes estimades i defensades amb il·lusió. A mi sí que m'agrada que es pugui llegir llibres escrits o traduïts en català, a poder ser editats per editors apassionats.

Apassionats dels llibres i de la Literatura, no de les mentides que es diuen mentre s'escombra amb mala llet.

Salutacions cordials.

Tristezza Rossa dijo...

Lo extraño es que parece que sólo queden traumatizados al aprender en catalán algunos hispanohablantes, nunca los hijos de irlandeses o alemanas que viven en la provinciana Barcelona postfranquista que osa tomar vermuts además de vermúes [sic]. Quedan tan traumatizados por la inmersión lingüística que parece que tienen que huir de aquí en masa (lo cual no es fácil debido a la rotulación de los letreros que hace que mueran al caerse al andén del metropolitano) debido al irrespirable aire asfixiante (y no nos referimos al aire de la cocktelería ni al de la calle, se entiende, sino a la brisa cerebral que corre de oreja a oreja y que les impide aprender catalán por ósmosis o de oídas) pero no se van porque, adónde ir, incomprendido, que no te entiendan!

En fin. Qué alegría, hermanos. Roguemos, pues.

Que todo sigue igual quiere decir que continúa habiendo gente que escribe en catalán aunque viva en Cataluña, pero que solo si muestra su inquebrantable adhesión al cosmopolitismo es aceptado por la maquinaria cultural española, esa que a lo largo de los siglos ha editado, edita y editará milllones de libros en catalán desde Madrid, pensando en españoles como nosotros.

Tristezza Rossa dijo...

Preferirían aulas o escuelas en castellano, aulas o escuelas en catalán, y naturalmente, aulas o escuelas en valenciano, mallorquín, ibicenco y conejerenco, pero no en andalúz o vallisoletano. Todas ellas subdivididas en crucifijo, crucifijo y burka o sólo burka, a escoger por los padres y madres democráticamente. Ya veo a hijos de divorciados, separados o viudos que han rehecho su vida (el amor es la mejor inmersión lingüística) cambiando de aula para coincidir con hermanastras de buen ver y mejor descubrir.

En cambio nadie escribe nada pidiendo anular la subvención concertada con las escuelas que —antes y después de la muerte de Franco— separan en aulas distintas a niños de niñas de trajes azules y falditas plisadas.


Tras un gran intelectual puede haber una sirvienta y, probablemente, una ciudad cosmopolita portátil, pero tras una gran escritora no hay un maletero porteador, sino aire respirable.

En realidad lo que pienso sobre todo esto es que hay que ser un imbécil para evitar que un hijo aprenda otra lengua más (se supone que una lengua que, además, no va a prender en casa).

elena dijo...

Querido Sr. Tristezza Rossa.
Admiro enormemente su actual blog, así como he admirado y disfrutado todos sus anteriores avatares digitales conocidos por mí. Y espero seguir haciéndolo por mucho tiempo.
En cuanto a todo lo demás, sólo decir que en esta casa se admiten todas las opiniones (aunque unas nos complazcan más que otras) pero, sobre todo, que no nos gusta discutir. Creo que no tenemos ese gen.
Herencia paterna, pienso.

Elena dijo...

Querido Sr. Tristezza Rossa.
Admiro enormemente su actual blog, así como he admirado y disfrutado todos sus anteriores avatares digitales conocidos por mí. Y espero seguir haciéndolo por mucho tiempo.
En cuanto a todo lo demás, sólo decir que en esta casa se admiten todas las opiniones (aunque unas nos complazcan más que otras) pero, sobre todo, que no nos gusta discutir. Nos falta ese gen.
Herencia paterna, creo.

Anónimo dijo...

Pienso igual que my sister (herencia paterna).
Tanta referencia a Franco suena a victimismo trasnochado.
Pero cada cual puede pensar como quiera, incluso los victimistas.
Hay que leer los clásicos universales, a ser posible en sus lenguas originales.

Will

Tristezza Rossa dijo...

Apreciada Elena:

Ayer mismo ya me arrepentí de haber escrito aquí estas parrafadas que no sirven para nada. Por ello pido disculpas si entré como un elefante al leer el párrafo del artículo del señor Azúa. Normalmente suelo estar callado, hace años que evito hablar sobre este tema tan cansino. Callo cuando intentan pasarme banderas catalanas por la cara y callo igualmente cuando me las intentan pasar españolas. El odio engendra odio, y a veces es difícil mantenerse en calma cuando a uno lo insultan. Ayer olvidé que soy extranjero: ni me gusta Cataluña ni me gusta España. No me gusta que me tomen el pelo. Y además, ayer también olvidé que estoy harto de opinar. Siento pues haberlo hecho de nuevo.

Muchas gracias por lo que dices de mi blog.

Sister dijo...

Saludos desde la estación espacial. ¡Qué pequeño se ve todo desde aquí!

Elena dijo...

A mí tampoco me gusta ninguna patria (ni religión, ya que estamos), y mucho menos todo el odio que arrastran por detrás, por delante, y alrededores. Pero Vd. y su elegante y envidiable blog han sido y serán siempre bienvenidos aquí, Sr. Tristezza Rossa. Tanto si desea opinar como si no.

Por lo demás, encantada de seguir disfrutando de estos brothers & sisters que no merezco pero con los que tengo la suerte de compartir algunos genes. O bastantes.

Aunque se vayan de gira espacial.

Tristezza Rossa dijo...

Creo que tampoco voy a opinar más de libros. Con leerlos y ordenarlos y desordenarlos a menudo ya me lo paso bien. Yo soy de los que van al cine y salen mudos. Y nunca he soportado a los que hacen la crítica allí mismo procurando alzar un poco la voz para ser vistos y oídos.
Discutir sin tirarse los trastos por la cabeza no está mal del todo, para no atontarse. Yo fui a una escuela religiosa y me convertí en ateo a pronta edad; mi forma de "discutir" fue sacar sobresalientes en religión, jejeje. Al hermano aquél le gustaba especielmente Heidegger. Eso sí: nos hacían cantar el Cara al Sol en 1974. Todo muy cosmopolita (sobre todo nuestro abuelo paterno con nombre y apellidos falsos y familia huida viviendo en Francia, en Argentina y en México). Para contrarrestar, mi auela materna era del Opus y siempre hablaba de un tal Queipo del LLano, debía de ser un tipo muy guapo. Cuando Franco murió mi abuelo paterno, el que había sido de la FAI, brindó con champán. Es de las pocas imágenes que recuerdo de él, porque al año siguiente murió. Su mujer nació el 13 de junio de 1913 y aún vive. Tiene un hureto. De vez en cuando pide una infusión de marihuana y mi primo se la hace. Tal vez debería yo pedirle también una infusión antes de leer periódicos. Pero ya me vuelvo a enrollar.

Saludos.

Elena dijo...

Ala, ala, ala, que bien presume usted (que puede) de historia familiar, señor mío.

Sigamos pues así, sin opinar de libros y sin comentar las películas. Solo viéndolas y leyéndolos.

Tristezza Rossa dijo...

Caramba, Elena, me doy cuenta de que he inventado casi todo lo de la familia. Disculpa la falta de sentido del humor que originó el engendro. Cada año, por estas fechas, me tienen que internar. Ya suena el timbre y llegan los de la bata. Normalmente me devuelven en enero.
Feliz 2011 a ti y a tu familia.

Elena dijo...

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¿Es que los de la bata blanca se han llevado también su blog por delante? ¿O ha sido usted? Eso no se hace, ni en invierno ni en verano, amigo mío. Espero volver a verlos, a ambos, en enero. Me gustaría que fuera una orden, pero solo es un deseo. De año nuevo.