miércoles, 21 de abril de 2010

Tentativa de no agotar un 21 de abril

A
«Durante años fui anotando mis sueños. Ese tipo de escritura fue al principio esporádica, y luego se hizo cada vez más presente: en 1968 transcribí cinco sueños, en 1969 siete, en 1970 veinticinco, ¡en 1979 sesenta!
      Ya no sé muy bien qué esperaba conseguir al principio con esa experiencia: de manera más bien confusa me parecía que se inscribía en un proyecto autobiográfico descarriado, emprendido hacía tiempo y con el que intentaba captar mi propia historia, no contando cosas en primera persona del singular sino a través de recuerdos organizados temáticamente: por ejemplo, recuerdos y aconteceres de lugares en los que he vivido, enumeración de las habitaciones en las que había dormido, historia de los objetos que hay o ha habido en mi mesa de trabajo, historia de mis gatos y de su descendencia, etc., como si, al lado de esas autobiografías limítrofes y fragmentarias, mis relatos de sueños hubieran podido constituir lo que entonces yo llamaba una autobiografía nocturna.»
Georges Perec. Nací. Abada Editores, 2006.

martes, 20 de abril de 2010

Carl Sagan interviene e insiste(r)

«El Cosmos es todo lo que es, o todo lo que fue, o lo que será alguna vez… El tamaño y la edad del Cosmos están mas allá del entendimiento humano. Perdido en algún lugar entre la inmensidad y la eternidad está nuestro pequeño hogar terrestre.
    La superficie de la Tierra es la orilla del océano cósmico. Desde aquí aprendimos todo lo que sabemos. Recientemente hemos vadeado un poquito, nos hemos mojado hasta los tobillos… y el agua parece invitarnos. Alguna parte de nosotros sabe que venimos de allí. Anhelamos regresar. Y podemos hacerlo, porque el cosmos está dentro de nosotros. Estamos hechos de estrellas. Somos una de las formas que tiene el cosmos para conocerse.»

domingo, 18 de abril de 2010

Estamos hechos de estrellas (Carl Sagan)

Sister dijo:
«Somos habitantes del planeta Tierra. Un hermoso lugar, sí, pero muy pequeñito. Un lugar perdido en una galaxia, que, siendo enorme, es también pequeña si la comparamos con la magnitud del Universo.
Y estamos aquí de paso, y tenemos el planeta en usufructo, no es nuestro. NADA ES NUESTRO. No tenemos NADA.
Y nos hemos creado una serie de cosas para diferenciarnos, para marcar territorios, ¡qué risa, territorios! ¿Qué territorios? ¿Qué banderas? Mira una foto de la Tierra desde el espacio. Mira una foto de la galaxia.
La galaxia NGC 7331Y esas diferencias nos valen para odiarnos, para sentirnos diferentes y superiores a los que no TIENEN lo que tenemos nosotros: una identidad, una lengua, una tierra, una bandera, una religión, una cultura...
Si no fuera tan patético daría risa. Pero no la da. No la da porque sólo sabemos odiarnos: odiarnos por creernos diferentes y superiores; diferentes y maltratados; diferentes y separados; diferentes e insultados.
Y muchos se matan por ello: “Mi dios es mejor que el tuyo y vamos a matarnos en masa para demostrarlo”. O también: “Una vez alguien de tu “pueblo” me impidió hablar en una lengua y ahora vosotros vais a pagar por ello”.
Deberíamos pensar a nivel, si no de Universo, porque no podemos asimilar ese concepto por su enormidad, sí a nivel de planeta. Pero nunca a nivel de individuo, de raza, de religión o de nacionalidad, porque repito: no tenemos NADA y no somos CASI NADA.
Tempestuous stellar nursery called the Carina NebulaEstamos TODOS HECHOS DE LO MISMO, somos, como alguien dijo "polvo de estrellas". La materia cósmica es nuestra naturaleza. Los astros son nuestros padres comunes. Todos iguales. Todos exactamente iguales.
Ni dios, ni patria, ni bandera, ni lengua.
Y más nos vale no seguir buscando motivos para odiarnos.»

sábado, 17 de abril de 2010

esTREMEcimiento


TREME es la recien estrenada serie de David Simon (creador de The wire) que he conocido gracías a Í, y de la cual acabo de ver el prometedor primer capítulo. Según leo por ahí "TREME tiene como escenario uno de los vecindarios históricos de Nueva Orleans en el que la música juega un rol muy importante. La serie se desarrolla tres meses después del huracán Katrina, y refleja la lucha de un grupo de músicos por reconstruir su barrio y sus vidas a través de la música y de las tradiciones culturales que los convierten, tanto a ellos como a su ciudad, en algo único".


jueves, 8 de abril de 2010

Murakami, escritor y corredor (o viceversa)

Murakami entrenándose para correr uno de sus muchos maratones[Murakami entrenándose para correr uno de sus muchos maratones]

    “Les sonará raro, pero, precisamente cuando tengo que hablar delante de la gente, me siento más cómodo haciéndolo en mi (por otra parte bastante limitado) inglés que en japonés. Tal vez se deba a que, cuando intento contar algo coherente en japonés, me invade la sensación de que me ahogo en un mar de palabras. Ante mí se extiende una infinidad de opciones, de posibilidades. Como escritor, mantengo una relación demasiado estrecha con el idioma japonés. Por eso, cuando intento dirigirme en japonés a una pluralidad indeterminada de personas, ese profuso mar de palabras aumenta mi desconcierto y mi frustración.

    Cuando se trata del japonés, me gusta aferrarme, en la medida de lo posible, a la tarea de escribir yo solo ante mi mesa. Jugando en el campo propio del lenguaje escrito, puedo atrapar las palabras y su contexto e ir dándoles forma a mi antojo, con cierta libertad y eficacia. A fin de cuentas, ése es mi trabajo. Pero cuando pruebo a formular, en voz alta y delante de las personas, las ideas que yo creía haber capturado de ese modo, tengo la terrible sensación de que algo (algo importante) se me va escapando. Tal vez no me convenza esa especie de distanciamiento. Por otro lado, en la práctica, no suelo aparecer en público principalmente porque, por supuesto, procuro por todos los medios que mi cara no se haga muy conocida (no me gusta que me paren cuando, por ejemplo, voy andando por la calle).

    Cuando elaboro un discurso en una lengua extranjera, las opciones y posibilidades lingüísticas de que dispongo se vuelven inevitablemente bastante limitadas (me gusta leer libros en inglés, pero la conversación se me da bastante mal), así que, por el contrario, me enfrento a la situación con mayor comodidad. A fin de cuentas no es mi lengua materna. Éste fue un descubrimiento muy interesante. Por supuesto, prepararme me cuesta lo mío. Cuando doy una conferencia, subo al estrado tras haberme aprendido de carrerilla todo el texto, de unos treinta o cuarenta minutos, en inglés. Y es que es imposible conectar con el público si uno se limita a leer, punto por punto, lo que lleva escrito. Hay que elegir palabras fonéticamente fáciles de comprender e incorporar también alguna que otra gracia para que el público se relaje. Tengo que intentar transmitir hábilmente a mis interlocutores los rasgos de mi propio carácter. Para que me escuchen, tengo que lograr ponerlos de mi lado, siquiera sea temporalmente. Y, para ello, ensayo una y otra vez mi dicción. Es laborioso. Pero tiene el atractivo de que me enfrento a algo nuevo.

    Correr –tengo esa impresión- ayuda a memorizar discursos y cosas similares. Mientras te desplazas con tus piernas puedes ordenar mentalmente las palabras de un modo casi inconsciente. Sopesas el ritmo del texto y evocas el sonido de las palabras. Si tengo la mente ocupada en todo eso, puedo correr largo rato a una velocidad natural y sin forzar la máquina. Lo malo es que, mientras corres hablando para tus adentros, a veces se te escapa sin querer un gesto o un cambio de expresión que desconciertan al corredor que en ese momento viene hacia ti.”

De qué hablo cuando hablo de correr

De qué hablo cuando hablo de correr
Haruki Murakami (pp. 139-141)
Trad. de Francisco Barberán
Barcelona, Tusquets, 2010
[un libro, de frase corta y paso largo,
que se lee corriendo]

lunes, 5 de abril de 2010

Mmaos, 3: Jaime Gil de Biedma

Imprescindibles - Jaime Gil de Biedma recita "No volveré a ser joven" - 17 sep 2010
El poeta Jaime Gil de Biedma recita ante las cámaras de Televisión Española uno de sus poemas más conocidos, "No volveré a ser joven". En estos versos retrata su nostalgia por el paso del tiempo y la inevitabilidad de la muerte, tema presente en varios de sus poemas.