jueves, 30 de septiembre de 2010

Mi vientre escribe

     “Un día, vi a una cantante de jazz que daba la espalda al público. Me pareció hermoso. Veía moverse su espalda. La voz salía de la totalidad de su cuerpo, no sólo de su boca. El lenguaje, las palabras vinculadas directamente a la totalidad del cuerpo. De ese modo escribo yo. No es una operación mental, es un acto mucho más físico. Mi vientre escribe, mis pies escriben, la totalidad sensorial de mi cuerpo escribe, y la mente sólo está ahí como una especie de repetidor, de traductor, que expresa el extraño zumbido de un cuerpo. Cuando las palabras emergen, siempre me sorprendo. A veces me desconcierta que una frase con su estructura pueda emerger de un universo de palpitación indecible.”

Antoni Casas Ros. El teorema de Almodóvar (p. 75)
Trad. Javier Albiñana. Seix Barral, 2008

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Deslumbrante tiempo de vida

    “Hay lugares que desconozco y lugares a los que no quiero llegar. No todo puedo contarlo. No todo quiero contarlo. Mi vista tiene que ser de pájaro.
    Ésta es una historia de dos, pero sólo yo la cuento. Mi padre no la contaría.
    Mi padre callaba sobre casi todo. Mi padre era tímido, introvertido y de naturaleza melancólica.
    También yo.
    Una de sus múltiples herencias.
    Nos parecemos.
    Nos parecemos mucho, pero a veces tengo la sensación de que me he quedado con lo peor. La pesadumbre, el conformismo, la pereza, la incapacidad para medrar, el miedo.
    ¿Y lo bueno? Nuestra oscuridad es parecida, pero la luz nos viene de lugares diversos.
    Mi padre era tímido, introvertido y de naturaleza melancólica, pero eso no quiere decir que fuera triste. Detestaba cualquier tipo de solemnidad, también la de la tristeza. Su principal obsesión, cabe decir, era la de ser feliz. Albergaba múltiples dudas acerca de sí mismo y estaba en permanente liza con ellas, pero con el mismo ahínco buscaba la distracción, dejarlas a un lado. El humor era su herramienta, el territorio en el que mejor se movía (...)”

Marcos Giralt Torrente. Tiempo de vida. Anagrama, 2010

jueves, 16 de septiembre de 2010

Ataràxia

“L'home arriba al servei d'urgències. Després d'una espera llarga, una metgessa perjudicada per l'estrès li pregunta quins símptomes té. Ell descriu el vertigen, la taquicàrdia, els atacs d'angoixa, la sensació de dolçor permanent a la boca i, si això és possible, a l'ànima. L'ausculten. Li prenen la pressió. Li examinen les pupil·les -amb el convenciment de trobar-hi proves de consum psicotròpic- i ordenen un electrocardiograma, una anàlisi de sang, una ecografia i un TAC. «Per descartar», diu la metgessa [...] L'home respon als tractaments i, quan s'avorreix, reviu mentalment la visita informativa del cirurgià. Duia un flascó de vidre amb dues masses deformes submergides en formol, com llimacs hipertrofiats per una mutació de laboratori. «Això és el que ha estat a punt de matar-lo» [...] L'home va contemplar els llimacs -l'un verdós, l'altre groguenc- amb una expressió d'incredulitat i, abans que pogués preguntar res, el cirurgià li va respondre: «Són la nostàlgia i l'esperança. En segons quin organismes poden desenvolupar-se fins a anular les altres funcions vitals i provocar una mort extremament dolorosa» [...] S'acomiada de les infermeres, s'enduu l'informe, agraeix les atencions rebudes [...] Com que li han extirpat la nostàlgia, no li pesa la inèrcia cap a uns records alterats pel poder transformador de la memòria. Com que no té esperança, no inverteix energies a projectar-se cap a un futur improbable [...]”

Sergi Pàmies. La bicicleta estàtica (p. 85-90)
Editorial Quaderns Crema, 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

La luz del 11 de septiembre

“Deberían poder verse, pero no es así. Cada año desde que faltan las Torres Gemelas, una poderosa base de emisión lanza al cielo desde los alrededores de la Zona Cero dos haces de luz verde, dos rayos láser de gran potencia. Nítidamente cinceladas, dos siluetas de humo verde horadan el aire subrayando cada 11 de septiembre desde hace 8 años - uno después de que se perpetraron los atentados-, la ausencia de las torres que definían el perfil de Manhattan Sur. Me he levantado en plena madrugada para contemplarlas, pero no están encendidas. Deberían estarlo, pero no es así. Los ingenieros encargados de mantenerlas activadas han decidido dejar el aire en sombra. La ausencia le confiere un aire de espectral normalidad al cielo nocturno y a esta crónica. Hace unas horas, poco después de que cayera la noche en España, llamé a Enrique para pedirle que me permitiera colgar esta nota en su blog. Al caer la oscuridad sobre Manhattan, paseando por la Séptima Avenida en dirección Sur, la silueta de las torres de láser se cernía aún sobre el perfil de la ciudad, pero lo hacía débilmente. Dos horas después, los ingenieros habían vuelto a apagarlas (...)

lunes, 6 de septiembre de 2010

Breaking Bad o el improbable premio a la virtud

Walter White
“Cuando estrenaron Breaking bad, que en España emite Paramount Comedy, y contaban de qué iba la serie, lo primero que se te ocurría era que los guionistas ya no saben qué hacer para que su producto no se parezca demasiado al del vecino, que es igual que 20 más. La escena de salida presentaba a un profesor de química a quien le diagnostican un cáncer terminal y decide aprovechar su lado alquimista para entrar en el gran negocio de la droga y dejar a su familia a resguardo de cualquier intemperie económica.

Tres temporadas después, la gente de Breaking bad han demostrado que no buscaban el espectáculo de lo insólito sino, en todo caso, aprovecharlo para tejer con inteligencia una trama de apasionante envergadura. Lo más llamativo es que el héroe, el pobrecito maestro, no está del lado del Bien. Cansado de ser un buen padre, esposo y maestro sin ninguna recompensa por ello, decide, a última hora, vengarse. Aprovechará la química que sabe para montar un laboratorio de anfetas y ganar mucho dinero, el que ya habría merecido. En el planeta de la buena gente los bussines son más discretos y él emigra hacia otro territorio moral en el que prospera cínicamente, sin adherirse.

El aprendizaje de los nuevos códigos es complicado y tenso (...) Bryan Cranston, el actor que interpreta al personaje, nos devuelve aquellos rostros esculpidos, muy biografiados, del mejor cine negro.

Una agria fábula sobre la virtud y sus improbables premios, el rentable acomodo en otros territorios morales y la construcción de una nueva ética dentro de un gremio particularmente ponzoñoso. Ya hay prometida la cuarta temporada. Se hará interminable esperarla.”

El 'profe'. Tomás Delclós, El País, 19/08/2010

Walt and Gus
Ver también Teleseries de autor de Marcelo Figueras.

 

jueves, 2 de septiembre de 2010

La oscuridad más profunda

    “Quería fijar definitivamente la vida estadounidense en una sola edición, lo que él llamaba el periódico sin fecha eternamente actual de Collyer, el único periódico necesario para cualquier persona.
    Por cinco centavos, decía Langley, el lector dispondrá de un retrato en letra impresa de nuestra vida en el planeta. Los artículos no incluirán detalles concretos como los que se encuentran en los diarios normales, porque aquí la verdadera noticia es la Forma Universal de la que cualquier detalle concreto sería sólo un ejemplo. El lector estará siempre al día y al corriente de lo que sucede. Tendrá la certeza de que lee las verdades indiscutibles del momento, incluso la de su propia muerte inminente, que, como corresponde, constará en forma de número en la casilla en blanco de la última página bajo el encabezamiento «Necrológicas».
    Naturalmente a mi todo esto me despertaba ciertas dudas. ¿Quién iba a comprar semejante periódico? Me imaginaba una crónica que te asegurase que ocurría algo pero no te informase de dónde, ni cuándo ni a quién le ocurría.
    Mi hermano se rio, Pero Homer, dijo, ¿no gastarías cinco centavos por un periódico así si no tuvieras que volver a comprar otro nunca más? Reconozco que sería malo para las pescaderías, pero hay que pensar siempre en el bien de la mayoría.
    ¿Y los deportes?, pregunté.
    Sea cual sea el deporte, dijo Langley, alguien gana y alguien pierde.
    ¿Y el arte?
    Si es arte, ofenderá antes de ser venerado. Se exige su destrucción y luego empieza la puja.
    ¿Y si ocurre algo sin precedentes?, pregunté. ¿En qué situación quedará entonces tu periódico?
    ¿Como qué?
    Como la teoría de la evolución de Darwin. O la teoría de la relatividad de ese tal Einstein.
    Bueno, podría decirse que esas teorías reemplazan a las antiguas. Albert Einstein reemplaza a Newton, y Darwin reemplaza el Génesis. Tampoco es que hayan aclarado nada. Pero tienes razón en que son dos teorías sin precedentes. ¿Y qué? ¿Qué sabemos en realidad? Si se encuentra respuesta a todas las preguntas de modo que al final sepamos todo lo que hay que saber sobre la vida y el universo, ¿qué vendrá después? ¿Qué será distinto? Será como conocer el funcionamiento de un motor de combustión. Así de simple. La oscuridad seguirá allí.
    ¿Qué oscuridad?, pregunté.
    La oscuridad más profunda. Ya sabes: la oscuridad más profunda que cualquier fosa abisal.
    Langley nunca concluiría su proyecto periodístico. Yo lo sabía y seguro que él también lo sabía. Era un plan absurdo y descabellado, que le generaba grandes expectativas y le mantenía el ánimo en el punto que a él le gustaba. Parecía darle el impulso mental que requería para seguir adelante: un trabajo sin más finalidad que sistematizar su propia versión lúgubre de la vida. A veces su energía me parecía antinatural. Como si hiciera todo lo que hacía para permanecer entre los vivos. Aún así, caía durante días y días en un estado de apatía desalentador. Desalentador para mí, quiero decir. A veces me contagiaba. Parecía que no valía la pena hacer nada y la casa era como una tumba.”
Homer y Langley (pp. 53-55). E. L. Doctorow
Trad. I. Ferrer y C. Milla. Miscelanéa, 2010