domingo, 24 de julio de 2011

María Rosario

«María Rosario, tú tenías entonces quince años; llevabas un traje negro y un delantal blanco; tus zapatos eran pequeñitos y nuevos. María Rosario, tú te ponías a coser en el patio, en un patio con un toldo y grandes evónimos en cubas pintadas de verde; el piso era de ladrillos rojos muy limpios. Y aquí, en este patio, tú te sentabas delante de la máquina; a tu lado estaba tu tía con su traje negro y su cara pálida; más lejos, en un ángulo, estaba Teresica. Y había un ancho fayanco atestado de ropa blanca y de telas a medio cortar, y tú revolvías con tus manos delicadas estas telas blancas y ponías una sobre la máquina. Tus pies pequeñitos movían los pedales de hierro, y entonces la máquina marchaba, marchaba en el sosiego del patio con un ruido ligero y rítmico.
E.G.G. María Rosario, yo pienso a ratos, después de tanto tiempo, en tus manos blancas, en tus pies pequeños, en tu busto suavemente henchido; yo quisiera volver a aquellos años y oír el ruido de la máquina en ese patio, y ver tus ojos claros, y tocar con las dos manos muy blandamente tus cabellos largos.

Y esto no puede ser, María Rosario; tú vivirás en una casa oscura; te habrás casado con un hombre que redacte terribles escritos para el juzgado; acaso te hayas puesto gruesa, como todas las muchachas de pueblo cuando se casan; tal vez encima de la mesa del comedor haya unos pañales… Y yo siento una secreta angustia cuando evoco este momento único de nuestra vida, que ya no volverá, María Rosario, en que estábamos los dos frente a frente, mirándonos de hito en hito sin decir nada.»

 Las confesiones de un pequeño filósofo (pp. 41-42), Azorín (1904)

3 comentarios:

Andrés dijo...

Hmm, ¿y esa cabecera nueva? Te has hecho una casa de veraneo nueva, y... ¡no me la has encargado a mí! Que lo paséis bien, besos. AM.

Elena dijo...

No, Andrés, es la casa de PteroMari que cada año me acoge tan generosamente, y ¿quién se resiste a este oasis de paz en medio de los pinos de Yecla?
Por cierto, ¿te ha gustado la evocadora descripción de mi abuela paterna?
PS: escribo desde un iPad. Creo que ya estoy aprendiendo :)

Teodoro Castro Contreras dijo...

Hola Amigo:
Busqué sin cesar, durante muchos años el libro de Azorín.
De adolescente, solía recitar este relato, que se presta para hacerlo.
Procuraré hacerlo(con la nueva tecnología y te la remitiré por este medio).
Yo viví muchos años en el campo, soy eminentemente campesino(hoy citadino por la fuerza) y nosabes cuanto gusto me da que hayas colgado este bello y sin igual relato de Azorín.
Un abrazo y hasta pronto.
Teo