sábado, 30 de noviembre de 2013

La felicidad según Ricardo Darín... o qué sé yo

:: muchas veces es más importante la parafernalia que rodea una cosa que la cosa en sí misma :: ¿mejor de lo que yo vivo? yo me pego dos duchas calientes por día :: la ambición te puede llevar a un lugar muy oscuro :: yo soy todo lo feliz que puedo ser sin mirar para otro lado :: tengo ramalazos de felicidad :: vivo una situación privilegiada, tengo una familia increíble, me va bárbaro, la gente me quiere :: qué más querés, para qué más :: hay desproporciones que son complicadas :: yo soy un tipo muy privilegiado, tengo mucha suerte :: siempre la gente confió en mí :: si vos querés más que eso, es que estás mirando otra película :: soy todo lo felíz que se puede ser :: tengo mucho más de lo que necesito :: [Ricardo Darín, un tipo lúcido] ::

viernes, 29 de noviembre de 2013

Nosotros y la tecnología (según Douglas Adams)

bicicletas en el parque de la Ciudadela. Oct. 2013
“I've come up with a set of rules that describe our reactions to technologies:
1. Anything that is in the world when you’re born is normal and ordinary and is just a natural part of the way the world works.
2. Anything that's invented between when you’re fifteen and thirty-five is new and exciting and revolutionary and you can probably get a career in it.
3. Anything invented after you're thirty-five is against the natural order of things.”
  “He dado con una serie de reglas que describen nuestras reacciones a las tecnologías:
1. Cualquier cosa que está en el mundo cuando naces es normal y corriente y es simplemente parte de cómo funciona el mundo.
2. Cualquier cosa que se inventa entre que tienes quince y treinta y cinco es nuevo y emocionante y revolucionario y probablemente puedas hacer una carrera en ello.
3. Cualquier cosa inventada después de que cumplas treinta y cinco va contra el orden natural de las cosas.
Douglas Adams (1952-2001) vía microsiervos 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Barcelona: tenemos nuevos Encants Vells pero nos quedamos sin High Line en Glòries

Foto de Rafael Vargas
Desde hace poco Barcelona cuenta con un nuevo edificio singular alrededor de la plaza de las Glórias: el que alberga el mercado de Els Encants, obra del estudio de arquitectura B720.


Els Encants Vells, uno de los mercados más antiguos de Europa, tiene ahora un aspecto futurista.


Las instalaciones están cubiertas por un espectacular techo acristalado que
refleja toda su actividad (y le otorga un gran potencial turístico).


Desde allí se pueden contemplar otros edificios icónicos de los alrededores: por un lado la Torre Agbar (Jean Nouvel), la grapadora o DHUB (MBM Arquitectes), otras construcciones de la zona 22@ y el famoso tambor de la plaza de las Glórias. Tambor que se podría haber convertido en una estupenda HIGH LINE de Barcelona si no fuera porque parece que
ya lo están demoliendo. ¿Todavía estamos a tiempo?

Al otro lado dels Encants se encuentran el TNC (Ricardo Bofill) y el Auditori (Rafael Moneo).

[ya se sabe, Barcelona es poderosa] [más lo sería con una high line propia]
PS: hablando de buena arquitectura no podía olvidar mis tres arquitectos favoritos:
Oriol Ribas, Andrés Martínez y Daniel Valdés.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Paul Auster: extraño Informe del interior

«[...] así que te fuiste a Dennysville, un viaje de dieciocho horas en autocar, y durante el dilatado trayecto y la larga parada en Bangor mientras esperabas el autobús de conexión, leíste laboriosamente varios libros, entre ellos América, que era la última obra de Kafka que te quedaba por leer: un compañero ideal para tu viaje a lo desconocido. Querías aislarte lo más posible porque habías empezado a escribir una novela y tenías el convencimiento juvenil (romántico o erróneo) de que las novelas debían escribirse en aislamiento. Se trataba de tu primera tentativa con la novela, el primeo de varios intentos que te ocuparían hasta finales de la década de 1960 y a lo largo de la mayor parte de los años setenta, pero por supuesto no estabas en condiciones de escribir una novela a los veinte, los veintiuno o los veintidós años, eras demasiado joven e inexperto, tus ideas seguían evolucionando y por tanto cambiaban continuamente, de modo que fracasaste, erraste una y otra vez, y sin embargo cuando ahora vuelves a examinar esas decepciones, no las consideras una pérdida de tiempo, porque en los centenares de páginas que escribiste durante esos años, quizá unas mil (garabateadas a mano en cuadernos, con la letra casi ilegible de tu juventid), estaban los incipientes gérmenes de tres novelas que lograste concluir más adelante (Ciudad de cristal, El país de las últimas cosas, El Palacio de la Luna), y cuando empezaste de nuevo a escribir ficción a los treinta y pocos años, volviste a aquellos viejos cuadernos y los saqueaste en busca de temas, a veces copiando frases y párrafos enteros, que entonces reaparecieron -años después de escribirse- en aquellas novelas nuevamente configuradas.» (pp. 184-185)
(y su singular) CONTENIDO

- INFORME DEL INTERIOR
  (recuerdos de infancia)
- DOS GOLPES EN LA CABEZA
  (sobre El increíble hombre menguante y Soy un fugitivo)
- LA CÁPSULA DEL TIEMPO
  (de la correspondencia con
  Lydia Davis)
- ÁLBUM (memória gráfica)
young paul auster
PAUL AUSTER (2013)
Report from the Interior
Informe del interior
Informe de l'interior
Notizie dall'interno
Trad. cas. Benito G. Ibáñez
Trad. cat. Albert Nolla

lunes, 18 de noviembre de 2013

Julian Barnes: El perfeccionista en la cocina

EL CAJÓN DE MÁS ABAJO
«En la cocina del perfeccionista se encuentra el cajón habitual para los cuchillos, pelapatatas y espetones, el 80% de los cuales usa con regularidad. También hay un gran tarro para cucharas de madera, espátulas y demás, de las que usa el 95%, y que llegaría al 100% de no ser por ese inevitable colador grande con cuchara cuyo cuenco está hecho con una calabaza. Pero además está el otro cajón, donde viven objetos de uso esporádico, donde todo está revuelto y es furtivo, y en el que introduces una mano cautelosa porque no sabes dónde acechan las puntas afiladas. ¿Cuándo fue la última vez que lo vacié?

  Es un cajón pequeño, pero vomitó ochenta y dos adminículos (contando como uno solo el conjunto de brochetas de madera para barbacoa). El gancho de la carne y la bolsa de gelatina las uso con frecuencia; de los cuatro tapones de champán (culpo a la generosidad de los amigos), solo me sirvo de unos; y hay un batidor de huevos y un rociador de pavos con los que es probable que haya batido y rociado alguna vez en el último decenio. Pero, ¿todo lo demás? Inevitablemente, hay un par de cubiertos de ensalada con mangos en forma de jirafa; también, una espátula blanca de plástico con un aspecto sumamente antihigiénico; hay veintiún palillos orientales; tres cuchillos y un tenedor de los tiempos en que valía la pena robar la cubertería de los aviones; diversas cucharas de madera tallada con azuela y un rallador de trufas olvidado por un comensal; seis cómicas pajas flexibles, un utensilio para enyesar "que debo de haber considerado práctico para arrancar adherencias de la barbacoa"; un tenedor de servir muy deslustrado, de seis dientes, origen desconocido y función incierta, aunque no hay que descartar que fuera para el pescado, y un largo etcétera. Un conjunto de tres piezas de ferretería puede que guarden o no relación con el asador que nunca llegamos a utilizar y tiramos a la basura hace años. En el fondo más profundo del cajón, el gancho de un cuadro sin su clavo, dos cadáveres de arañas y una almendra pelada.» (pp. 117-118)


JULIAN BARNES
(The Pedant in the Kitchen, 2003)
El perfeccionista en la cocina
Trad. Jaime Zulaika
Anagrama, 2006
136 pág., 15 €
Barnes: El perfeccionista en la cocina
«El perfeccionista en la cocina no se ocupa de si cocinar es una ciencia o un arte; se conforma con que sea una artesanía, como la carpintería o la soldadura casera. Tampoco es un cocinero competitivo. Le sorprendió descubrir que la jardinería, no obstante su aire de serenidad anterior al pecado original, es ferozmente competitiva y con frecuencia una actividad practicada por los envidiosos, los embusteros y los delincuentes sigilosos.» «Nunca compres un libro (de cocina) por sus ilustraciones. Nunca jamás señales una foto en un manual de cocina y digas: Voy a hacer esto. No puedes.»
Tomates à la crème para pedantes y perfeccionistas en la cocina (Ana Vega, biscayenne)

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sobre los campos, y en Yecla, llueve

the little house
Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.
Pintaron de gris el cielo
y el suelo se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
un niño que el viento mece
con su balada de otoño.
Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo
y a veces como un lamento
y a veces viento.
Llueve,
detrás de los cristales llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.
Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar.
Que soy muy pobre hoy.
Que por una sonrisa doy
todo lo que soy
porque estoy solo y tengo miedo,
si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara
y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.
Entonces,
olvidando mi mañana y tu pasado,
volverías a mi lado.
Se va la tarde y me deja
la queja que mañana será vieja
de una balada de otoño.

Serrat. Balada de otoño (1969)

jueves, 14 de noviembre de 2013

El señor Masters y la señora Johnson

Una de las grandes sorpresas de la temporada en materia de series está siendo Masters of Sex que, con un estilo a lo Mad Men, narra la historia de los pioneros en el estudio del comportamiento sexual humano William H. Masters (1915-2001) y Virginia Johnson (1925-2013).

La serie está basada en el libro biográfico de Thomas Maier's "Masters of Sex: The Life and Times of William Masters and Virginia Johnson, the Couple Who Taught America How to Love", y ha sido desarrollada por Michelle Ashford para Showtime (productora de la que seguimos disfrutando Homeland·3).

«“Women often think that sex and love are the same thing,” Virginia Johnson tells Dr. William Masters in the pilot episode of Masters of Sex. “But,” she says with a grin, “they don’t even have to go together.”»

Los actores Michael Sheen y Lizzy Caplan

Los auténticos Masters & Johnson

lunes, 11 de noviembre de 2013

Blasco Ibáñez: Japón en 1923

«Nunca le había hablado su alumno de noviazgos. ¿Cómo ha guardado esto en secreto hasta el último momento...? ¿Quién va a ser su esposa...?
   —No sé –contesta el joven—. No la conozco. Todo lo han arreglado mis padres, y fue ayer cuando me dijeron que debo casarme mañana.
   El japonés somete a su esposa a un régimen despótico, con arreglo a la tradición, y esta le obedece en todo, sin la más leve protesta. Es posible entre ellos un plácido compañerismo, un afecto tranquilo y fraterno, pero no el amor tal como se ve en novelas y dramas. Por esta razón la literatura occidental sólo empieza a ser comprendida un poco por los japoneses que viven a la moderna y han viajado. Los demás, al leer obras célebres en Europa que sistemáticamente tienen por base el amor, levantan los hombros y sonríen como en presencia de algo infantil, indigno de respeto.
   La geisha ha representado siempre para el padre de familia japonés la poesía de la vida, lo imprevisto y complicado que hace sufrir y proporciona el deleite al mismo tiempo; en una palabra, el amor. Tiene en su casa varias mujeres, por el privilegio de la poligamia, pero estas son abejas obscuras y laboriosas, dedicadas a la buena marcha del hogar. La geisha es como la hetaira griega, y a semejanza de los atenienses del tiempo de Pendes, el daimio, el samurái o el simple mercader han despreciado muchas veces a las hembras tranquilas y obedientes de su casa para ir en busca de la danzarina letrada, ingeniosa, maestra de buenas maneras y gran recitadora de versos.» (p. 75)

«Al adoptar el Japón en nuestra época los progresos y usos de Occidente, necesitó como medida defensiva resucitar su antigua religión nacional, algo olvidada, y el culto de los Kamis tomó el nombre de sintoísmo. Este culto es algo superior que se sobrepone a las otras creencias y resulta compatible con todas ellas.
Mokubo Temple
   Un nipón puede ser budista, cristiano y hasta ateo, ejerciendo al mismo tiempo el culto sintoísta. En japonés, shinto significa «Camino de los dioses», y el nombre resulta apropiado, pues todos al morir en el Japón emprenden el camino para convertirse en dios.
   El sintoísmo es la religión de los muertos; pero los muertos japoneses no apartan sus espíritus de la tierra. En las demás religiones, cristianismo, mahometismo, etcétera, que proclaman la inmortalidad del alma, esta al separarse del cuerpo, va a habitar determinadas regiones, de felicidad o de expiación, celestiales o infernales, lejos de nuestro mundo. Para los japoneses, las almas de los muertos no se alejan de nuestro planeta. Siguen en él, con una existencia invisible para nuestros ojos, pero material, como el aire o como el fuego. Viven alrededor de sus descendientes, les acompañan dentro de sus casas, residen en el altarcito de los Antepasados, y el japonés les ofrece arroz y sake, los saluda todas las mañanas y los consulta en momentos graves de su existencia. Cree firmemente que «los muertos mandan» porque son más numerosos que los vivos, y aglomerando sus experiencias saben más que estos.
Hodogaya on the Tokaido
   Los que aún están dentro de la vida se engañan cuando creen que sus actos son producto espontáneos de su voluntad. Los muertos les empujan sin que ellos lo sepan y les sugieren sus acciones. La devoción a la memoria de los Antepasados es, según los moralistas japoneses, «el resorte de todas las virtudes». [...] Este sintoísmo que acabo de describir en una forma sumaria, prescindiendo de las complicaciones y sutilezas niponas, es más grosero y material en el bajo pueblo, predispuesto siempre a las supersticiones. Los templos sintoístas, al tener sacerdocio y culto oficiales, adoptaron poco a poco muchas ceremonias de los bonzos. Los japoneses, al entrar en un templo sintoísta, dan dos palmadas para que acudan los dioses a escucharles, si acaso están distraídos o ausentes. Otras veces tiran de una cuerda al extremo de una campana, para atraer de igual modo la atracción divina.» (pp. 92-93)

V. Blasco Ibáñez (1867-1928)
JAPÓN (1923)
Ed. Gadir, 2013
193 p. 12 €

viernes, 8 de noviembre de 2013

Albert Camus: La caída

«Me avergüenza recibirle acostado. No es nada, un poco de fiebre que me curo con ginebra. Estoy acostumbrado a estos accesos. Creo que se trata de paludismo, que se me contagió cuando fui papa. No, sólo bromeo a medias. Sé lo que usted piensa: es muy difícil separa lo verdadero de lo falso en lo que yo cuento. Confieso que tiene usted razón. Yo mismo... Cierta persona de mi entorno, sabe usted, dividía a los individuos en tres categorías: los que prefieren no tener nada que ocultar antes que verse obligados a mentir; los que prefieren mentir antes que no tener nada que ocultar, y finalmente los que aman a la vez la mentira y el secreto. Le dejo escoger la casilla que mejor me conviene.

  Y además, ¿qué importa? ¿Acaso las mentiras no conducen finalmente al camino de la verdad? Y mis historias, falsas o verdaderas, ¿no se inclinan todas hacia el mismo final? ¿No tienen acaso el mismo sentido? Entonces, ¿qué importa que sean verdaderas o falsas si en ambos casos son representativas de lo que he sido y de lo que soy? A veces se puede ver más claro en el que miente que en quien dice la verdad. La verdad, como la luz, ciega. La mentira, al contrario, es un bello crepúsculo que valoriza todos los objetos. En fin. tómelo como usted quiera, pero a mí me nombraron papa en un campo de prisioneros.» (pp. 100-101)

ALBERT CAMUS
La caída
(La chute, 1956)
Trad. de Manuel de Lope
Alianza, 2012
128 páginas
· by Milena Busquets
· aquí