lunes, 7 de julio de 2014

Echenoz vs Ravel: tan solo ritmo

«[...] En cualquier caso, en este momento hay una fábrica que a Ravel le gusta mucho mirar, yendo hacia el Vésinet, justo antes del puente de Rueil, le sugiere cosas. Sí: está componiendo algo relacionado con el trabajo en cadena.
   Cadena y repetición, la composición concluye en octubre tras un mes de trabajo únicamente turbado por un soberano catarro contraído, durante una gira por España, bajo los cocoteros de Málaga. Sabe perfectamente lo que quiere hacer, ni desarrollo ni modulación, tan solo ritmo y transposición. En última instancia, es algo que se destruye, una partitura sin música, una fábrica orquestal sin objeto, un suicidio cuya única arma es la ampliación del sonido. Frase repetida una y otra vez, cosa sin esperanza y de la que nada cabe esperar, de ahí, al menos, dice, una pieza que las orquestas del domingo no tendrán la osadía de incluir en sus programas. Pero todo eso no tiene importancia, sólo está hecho para ser bailado. Únicamente la coreografía, la luz y el decorado permitirán soportar las repeticiones de esa frase. Un día pasa con su hermano por la fábrica del Vésinet y le dice: Ves, ésa es la fábrica del Bolero.
  Pero no todo sucede como tenía previsto. La primera vez que se baila desconcierta un poco pero funciona. Pero sobre todo funciona de maravilla en concierto. Funciona extraordinariamente. Ese objeto sin esperanza cosecha un triunfo que deja estupefacto a todo el mundo comenzando por su autor. Cierto que al final de una de las primeras ejecuciones una anciana en la sala grita llamándole loco, pero Ravel asiente con la cabeza. Por lo menos una que ha entendido algo, le confiesa a su hermano. Ese triunfo termina inquietándole. Que un proyecto tan pesimista reciba una acogida popular, muy pronto universal y por largo tiempo, hasta el punto de convertirse en una de las cantinelas del mundo, es algo que lleva a plantearse problemas, pero sobre todo a puntualizar. A quienes se aventuran a preguntarle cuál es su obra maestra, les contesta de inmediato: El Bolero, desde luego, por desgracia está vacío de música.» (pp. 78-80)

JEAN ECHENOZ (Orange, 1947)
RAVEL (2006)
Trad. Javier Albiñana
Anagrama, 2007
128 páginas, 7,90 €


Echenoz habla de Ravel

[ Bolero: Ravel | Coreografía: Maurice Béjart | Bailan: Maya Plisetskaya y Ballet du XXe Siècle]
[De Maurice Ravel (o el Bolero): “Los últimos años de Maurice Ravel fueron una verdadera tortura. Era casi un muerto viviente, incapaz de comunicarse con el exterior. Insomnio, fatiga, pérdida de movimiento en las manos, fases de amnesia y afasia. Pero al mismo tiempo perfectamente consciente de que estaba perdiendo vocabulario, que era incapaz de recordar como se escribía una carta y que miraba impotente a los muchos admiradores que le tendían un papel y un lápiz en busca de un autógrafo. Se pasó toda su vida intentando ocultar, o al menos disimular, sus propios sentimientos y tuvo como colofón la imposibilidad de demostrar nada que no fuera impasibilidad. Cuando por fin los médicos decidieron operarle, para intentar abrir la espesa niebla que rodeaba su cerebro, sólo consiguieron sumergir a Ravel en una dulce agonía de ocho días, tras la que murió, el 28 de diciembre de 1937.” Juaquín Turina, El Mundo, 1997]

3 comentarios:

Luis dijo...

Maurice - Maya - Maurice

Pteromari dijo...

Parece entonces que es una pieza musical con vida propia, que se sirvió de una persona para ser creada, pero que ya existía en algún sitio.

Miguel Ángel decía que él se limitaba a quitar el mármol que sobraba, porque la escultura ya estaba dentro del bloque de piedra.

Pero la música..., ¿dónde está la música que todavía no se ha escuchado?

Elena dijo...

No tengo respuesta, si acaso más preguntas. Y ¿en qué rincón del universo están las ondas sonoras de todo cuanto ha sido dicho o ha sonado en la tierra?

Ravel - Béjart - Plisetskaya.