jueves, 11 de septiembre de 2014

Fernando Higueras (amable personaje de OTB, 3)

EL CONFORT ACÚSTICO
Fernando Higueras (Madrid, 1930-2008), arquitecto, dibujante y guitarrista diletante

«Fernando Higueras falleció con un impacto mediático irrisorio; apenas una fría nota necrológica en El País. Sin embargo, a mí me sigue pareciendo uno de los arquitectos españoles más brillantes, y el más completo, del pasado siglo. […]


    Completo porque resolvió con enorme talento y originalidad multitud de programas arquitéctonicos. Sus viviendas unifamiliares fueron desde el principio extraordinarias; el conjunto de viviendas económicas de Hortaleza, ejemplar; la manzana de viviendas de alto presupuesto en Madrid, espectacular; el hotel de Lanzarote, el mejor ejemplo de arquitectura turística de nuestro país y quizá del mundo; las propuestas urbanísticas para la misma isla, visionarias; el concurso de Montecarlo, deslumbrante... Hoy prácticamente todos los arquitectos de renombre se concentran en programas de lucimiento abandonando la mayoría de programas arquitectónicos conflictivos: el primero, la vivienda colectiva de bajo presupuesto. Fernando los hizo todos, y los afrontó con una creatividad apabullante.


    Desde luego, tenía, como muchos de nosotros —los que nos formamos a la sombra de José Antonio Coderch o de Paco Sáez de Oíza—, una concepción de la arquitectura totalmente caduca. Esto se me hizo transparente cuando, hace poco, me comentó que la ampliación del Reina Sofía de Jean Nouvel era un "pestiño" porque el estruendo del tráfico de la vía vecina se reflejaba en la gratuita y enorme marquesina e invadía el patio haciéndolo inhabitable. Mientras en el patio jardín del antiguo hospital todo era silenciosa calma, en el desabrido de la ampliación a nadie le apetecía permanecer ni un momento. Que la crítica de un edificio se refiriese a aspectos como el confort acústico, que no pueden aparecer en las fotos (fotos que son los únicos elementos de juicio por los que se valoran y se premian hoy las obras de arquitectura), me produjo una sensación proustiana; hacía años que no escuchaba un razonamiento de este calado. Definitivamente, Fernando —y reconozco que también yo— éramos reliquias de una obsoleta moral arquitectónica. […]»


[De Amables personajes, Oscar Tusquets Blanca, El Acantilado, 2014]

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