miércoles, 3 de diciembre de 2014

György Faludy: Días felices en el infierno


«Suzy había sido arrastrada al Partido Comunista por la indignación que sentía ante la injusticia social, por rebeldía contra sus padres, que eran bastante ricos, y también por su bondad, por su amor a la gente, que era casi tan grande como su ignorancia de la filosofía y la historia. Como todas las personas que se adhieren al Partido por motivos morales, había empezado a abandonar todo escrúpulo moral en el mismo momento en que firmó su inscripción. Los escrúpulos desapare- cerían por completo cualquier día, y su fe en el comunismo volvería a poner en orden el caos afectivo al que esa misma fe le había conducido. Pero para que eso ocurriera tenía que pasar un tiempo.

Es extraño, pero había llegado a esta conclusión considerando el hecho de que Suzy nunca había estudiado griego y muy poco latín. A lo largo de los últimos años, me había fijado en que la penetración de la ideología comunista era más profunda cuanto menor era el grado de conocimiento de las lenguas clásicas y las humanidades, y quizás por eso los comunistas se habían apresurado, nada más tomar el poder, en eliminar el latín de la educación secundaria. Ninguno de mis cuarenta condiscípulos de colegio había acabado siendo comunista [...]

Tenía la sensación de que algo de lo que había aprendido en mis clases de griego, de latín y de historia era la piedra angular de mi rechazo del comunismo. Cada vez que leía los textos o escuchaba los discursos de
los jerarcas del régimen, las reglas precisas de la gramática latina me advertían de que los sujetos no concordaban con sus comple- mentos, de que el empleo de los tiempos era a menudo incorrecto, de que el texto estaba plagado de impurezas. Impurezas no mera- mente formales, sino esenciales, porque el autor o el orador mentían, mentían con absoluto descaro, hasta acabar ahogados por su propias mentiras. La poca lógica que había estudiado me inmunizaba contra sus argumentos, contra sus eslóganes, contra sus promesas, sus predicciones y sus estadísticas. El mundo grecolatino entero se alzaba como una requisitoria contra sus vidas pomposas, aburridas y angustiadas, desde sus incubadoras adornadas con retratos de Stalin hasta sus funerales profanos [...] Vidas hechas de intriga y traición, tristes y desperdiciadas, llenas de histeria desabrida o de impostada y nerviosa impasibilidad, carentes del más mínimo atisbo de honestidad, sensualidad, curiosidad, alegría o libertad: sí, todo el mundo grecorromano se levantaba contra ellos, los cielos azules y serenos de Homero, la sabiduría de Marco Aurelio, los idilios de Teócrito, los sepulcros del cementerio de Diphilon en Atenas, las eróticas de Catulo, los filósofos paseando por la Stoa Poikile; todo lo que había sido pensado, realizado, dicho o escrito en el mundo antiguo, incluso los frescos pornográficos y las maldiciones visibles aún en los muros de Pompeya.» (pp. 381-382)


György Faludy
"Días felices en el infierno, la obra maestra del poeta, periodista, traductor y enfant terrible de las letras húngaras del siglo xx György Faludy (Budapest, 1910- 2006), es el relato trepidante de quince años de la biografía del autor, que comprenden desde su huida de Hungría (perseguido judicialmente por el gobierno filonazi), a finales de 1938, hasta su salida del campo de trabajos forzados de Recsk, donde había sido internado en 1949, entre los miles de detenidos a raíz del proceso a Lazsló Rajk, bautismo de sangre del estalinismo húngaro. Editado en inglés en 1962, el libro no fue publicado en húngaro hasta 1989, tras la caída del régimen comunista."

3 comentarios:

Pteromari dijo...

Me ha encantado, aunque no leeré el libro.
Y con razón (Conra-zón) te acordabas de él durante su lectura. Yo creía que era sólo por el "infierno", pero ahora veo que había mucho más.

Elena dijo...

Infierno hay mucho en este (intenso e inmenso) libro, pero, claro, no sólo eso. Es de lo mejor que he leído últimamente.

Elena dijo...

De la sesión del Gabinet de Lectura de la Central: Horas felices con Faludy.