miércoles, 11 de febrero de 2015

A. Muñoz Molina: Como la sombra que se va

«Yo creía entonces, en esos años en que aún no te conocía, que la tarea de la literatura era inventar formas perfectas, hechas de simetrías y de resonancias que dieran a la experiencia del mundo un orden y un significado del que de otro modo carecía. Me apasionaba urdir argumentos, enigmas policiales, giros sorprendentes, desenlaces inesperados, historias con principios rotundos y finales como secos redobles, como cuchilladas o relámpagos que alumbraran de golpe todas las oscuridades de la intriga. Amaba los cuentos policiales de Chesterton. Estaba convencido de que algunos de los mejores cuentos policiales de Chesterton los había escrito Borges. Estudiaba los argumentos de Bioy Casares como un arquitecto habría estudiado los planos de un edificio riguroso y transparente de Le Corbusier o de Mies van der Rohe. Quería inventar desenlaces que estuvieran a la altura de la enunciación del misterio que resolvían.

Muy poco a poco, en otra vida futura, me fui dando cuenta de que la belleza, la armonía, la simetría, son propiedades o consecuencias espontáneas de los procesos naturales, que existen sin necesidad de una inteligencia que las vaya organizando, igual que la selección natural actúa sin una dirección ni una finalidad, y desde luego sin un Ser Supremo que determine de antemano sus leyes. La simetría de una hoja o de un árbol o de un cuerpo se organiza sola, en virtud de instrucciones codificadas en el ADN. La curva sinuosa de un río o las ramificaciones de los canales de un delta se dibujan a sí mismas en una llanura igual que las venas en una mano o que los hilos de agua en retirada sobre la arena de una playa cuando baja la marea.
A lo más que puede aspirar lo inventado no es a mejorar mediante la ficción la materia amorfa de los hechos reales sino a imitar lo que mirado con atención es su orden impremeditado y sin embargo riguroso, a convertirse en una maqueta de sus formas, en un modelo a escala de sus procesos. Dice Emily Dickinson en una carta: “La naturaleza es una casa encantada: el arte es una casa que quiere ser encantada”.» (págs. 293-295)

6 comentarios:

Pteromari dijo...

Veo que te han parecido muchas páginas.
Yo voy por la mitad, saboreando cada párrafo.
He sentido nostalgia de la ciudad, porque Lisboa es eso, una ciudad en la que te sumerges como en un sueño y siempre quieres volver a soñarala; y me he leído el diario del último viaje.
Al final tenía un recorte de la revista de El País y al ver al autor he dado un respingo. Aún así, lo he leído y me ha gustado mucho.
Y todavía está en el cyberespacio:
http://gaviota72.blogcindario.com/2010/03/00371-lisboa-juan-manuel-de-prada-el-semanal.html

Elena dijo...

La verdad es que lo que más me gusta de AMM es oírlo hablar (las veces que ha venido por aquí) y su piset al lado del Riverside Park de Nueva York.

En cambio, su escritura me resulta farragosa. Y sí creo, modestamente, que este libro es muy largo. Demasiado prolija la reconstrucción de los días que JER pasó en Lisboa, que no ha logrado interesarme lo más mínimo.

En cambio, chapeau a la parte más personal del libro, empezando por el inicio de su carrera literaria y la génesis de El invierno en Lisboa.

PS: No creo que el recorte de JMdP sea de El País. Quizás de ABC.

Elena dijo...

Y opinando sobre su longitud he hecho algo que no me gusta nada: un libro será tan breve o extenso como su autor decida o necesite que sea. Y que a un lector le parezca lo contrario creo que es algo secundario.

En este mismo caso, para mí es extenso y posiblemente para Pteromari sea breve. Pero ¡el autor, el autor! es quien determina como será su obra.

Por eso me gusta tan poco opinar.

Pteromari dijo...

Pero, qué c..., ¡es tu blog! No sólo tienes derecho a opinar, es que aquí debería ser tu obligación.
Entonces qué, ¿podemos opinar los demás?

Y los escritores, ¿para quién escriben? ¿Para unos lectores mudos, sin derecho a dar su opinión? ¿Sin derecho a que no les guste la obra, o a que no les parezca demasiado larga?

Dicho lo anterior, yo creo que las opiniones diversas enriquecen la post-lectura, o la inter-lectura. [Nunca la pre-lectura, en mi caso, porque sabes que me gusta entrar en una novela o en una película sin saber nada de ella, que todo me sorprenda.]

A mí la parte del fugitivo me gusta tanto como la otra, porque está hecha de suposiciones, porque recrea una Lisboa antigua, pero que sigue siendo igual, no sé, es tan... sugerente? No encuentro el adjetivo.

Y es verdad, tuve un lapsus con el nombre del periódico, aunque según la "lieta" cada vez se diferencian menos (o se parecen más).

¡Qué largo me ha salido esto, cómo se nota que no tengo nada que hacer!

Elena dijo...

Tranqui, dear Pteri, claro que todo el mundo puede opinar, aquí, allá y acullá. Y me ha encantado lo de la inter-lectura.

Pero, por una parte, creo que no expresé correctamente lo que quería decir: como sabes, participo en un grupo de lectura en el cual se comentan libros después de haberlos leído. Y lo que no me gusta es cuando alguien pretende corregir al autor diciendo que no le parece bien el final, o que tal personaje es inconsistente, o que tal acontecimiento está fuera de lugar, o cree que los diálogos no fluyen, etc. Vale, es una opinión tan válida como cualquier otra, pero el texto es así porque así ha sido escrito, y se trata de eso y no de cómo a nosotros nos gustaría que fuera. Es decir, opinar, sí, pero no me gustan los lectores que parece que pretenden 'enmendar la plana' al autor.

Por otra parte, es evidente que incluso yo (que sólo últimamente he empezado a manifestar algunas escuetas opiniones directas sobre lo que leo) estoy continuamente opinando al leer unos libros determinados y no otros, y al seleccionar un fragmento y no otro.

Y, finalmente, la verdad es que creo que me gusta más opinar a través de las opiniones de los demás. Y quizás eso sigue siendo este blog: una imagen mía hecha con rasgos ajenos.

Elena dijo...

Y, aunque no viene al caso, esta mañana he recibido un mail titulado "Única candidatura no nacionalista de Podemos en Cataluña pide tu ayuda contra nacionalismo" proveniente de algo llamado Podemos Unidos. Y aunque (aún) no estoy ni a favor ni en contra, me gustaría saber quién les ha pasado mi email.