jueves, 19 de marzo de 2015

Aleksandar Hemon: El libro de mis vidas

«[...] De vez en cuando la veíamos jugar con Mingus, el alienígena o el otro completamente imaginario, darle medicinas ficticias o tomarle la temperatura, valiéndose del vocabulario que había aprendido durante sus visitas al hospital o por habernos oído hablar a nosotros de la enfermedad de Isabel. Nos decía que Mingus tenía un tumor y que le habían hecho análisis, pero que se recuperaría al cabo de dos semanas. En otro momento, Mingus incluso tenía una hermana menor llamada Isabel, que no se parecía en nada a la hermanita de Ella, que también tenía un tumor y que también iba a recuperarse al cabo de dos semanas. (Caí en la cuenta de que dos semanas era aproximadamente la longitud del futuro que Teri y yo nos atrevíamos a concebir por entonces.) Fuera cual fuese el conocimiento casual sobre la enfermedad de Isabel que hubiese almacenado Ella, fueran cuales fuesen las palabras que elegía al compartir nuestra experiencia, todo lo procesaba a través del hermano imaginario. Era evidente que echaba de menos a su hermana y Mingus le proporcionaba también algún consuelo en ese sentido. Añoraba que estuviéramos juntos como familia, lo cual explica quizá que un día Mingus apareciese con padres propios y se fuese a vivir con ellos a una casa cercana, aunque volvió a la nuestra al día siguiente. Ella exteriorizaba sus complicados sentimientos atribuyéndoselos a Mingus, que obraba en consecuencia.

Un día, durante el desayuno, mientras Ella se tomaba los cereales y divagaba sobre su hermano, me di cuenta con repentina humildad de que la niña hacía exactamente lo que yo venía haciendo como escritor desde hacía años: los personajes de mis libros me permitían entender lo que me costaba entender como persona (lo cual, hasta el momento, ha sido casi todo). De un modo muy parecido a Ella, me encontraba sobrado de palabras, cuya riqueza excedía los desdichados límites de mi biografía. Necesitaba espacio narrativo para dilatarme en él; necesitaba más vidas; también yo había necesitado otros padres y algún otro que no fuera yo para que tuviese por mí mis pataletas metafísicas. Yo cocinaba aquellos avatares en el caldo de mi cambiante personalidad, pero no eran yo: hacían lo que yo no haría ni podría hacer. Mientras oía a Ella dar vueltas y revueltas a las aventuras de Mingus, comprendí que la necesidad de contar historias estaba profundamente arraigada en nosotros e inseparablemente engranada con los mecanismos que generan y absorben el lenguaje. La imaginación narrativa, y en consecuencia la ficción, es una herramienta evolutiva básica para la supervivencia. Procesamos el mundo contando historias y producimos conocimiento humano con nuestro compromiso con los yoes que imaginamos.» (págs. 217-218)

ALEKSANDAR HEMON
EL LIBRO DE MIS VIDAS
(The Book of my Lives, 2013)
Trad. Antonio-Prometeo Moya
DUOMO NEFELIBATA, 2013
232 páginas
Primeras páginas

Aleksandar Hemon nació en Sarajevo -antigua Yugosla- via- de padre ucraniano y madre serbia. Licenciado en literatura, en 1992 se traslada a Chicago para perfeccionar su inglés. Allí le sorprende la guerra de Bosnia y no puede regresar a Sarajevo. Tras establecer- se en EEUU, en 1995 empe- zó a publicar en inglés.

· El libro de mi vida en el web de Vila-Matas.
· No escribir sobre la muerte de mi hija habría supuesto renunciar a la literatura, Valerie Miles en ABC.
· La guerra que acabó con el yo, R. Menéndez Salmón.
· La hija del Este, Cl. Usón.
Imagen del cerco de Sarajevo

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