lunes, 28 de septiembre de 2015

Revolución permanente (1969)


:: Je voudrais, sans la nommer, vous parler d'elle :: comme d'une bien-aimée, d'une infidèle :: une fille bien vivante, qui se réveille :: a des lendemains qui chantent sous le soleil :: {Refrain: C'est elle que l'on matraque :: Que l'on poursuit que l'on traque :: C'est elle qui se soulève :: Qui souffre et se met en grève :: C'est elle qu'on emprisonne :: Qu'on trahit qu'on abandonne :: Qui nous donne envie de vivre :: Qui donne envie de la suivre :: Jusqu'au bout, jusqu'au bout } :: Je voudrais, sans la nommer, lui rendre hommage :: jolie fleur du mois de mai ou fruit sauvage :: une plante bien plantée sur ses deux jambes :: et qui traîne en liberté où bon lui semble :: {Refrain} :: Je voudrais, sans la nommer, vous parler d'elle :: bien-aimée ou mal aimée elle est fidèle :: et si vous voulez que je vous la présente, on l'appelle Révolution Permanente! :: {Refrain} :: GEORGES MOUSTAKI (1934-2013) :: [Barcelona, 28 sept. 2015]

sábado, 26 de septiembre de 2015

Anatole Broyard (y 2): Ebrio de enfermedad


ANATOLE BROYARD
Ebrio de enfermedad
y otros escritos de vida y muerte
[Intoxicated by my Illness, 1992]
Prólogo de OLIVER SACKS
Trad. MIGUEL MARTÍNEZ-LAGE
La Uña Rota, 2013
184 págs. | 16 €



Anatole Broyard (1920-1990)

«Yo no soy médico, e incluso en calidad de paciente soy un mero principiante. En cambio, soy un crítico, y al estar críticamente enfermo pensé que podría aceptar el retruécano y volverlo sobre mi situación. Mi experiencia inicial de la enfermedad fue la de una serie de sacudidas sin relación unas con otras, e instintivamente pensé que lo primero que debía hacer era tratar de controlarla dándole la forma de una narración. En las situaciones de emergencia siempre inventamos relatos. Describimos lo que está pasando como si así pudiéramos poner coto a la catástrofe. Cuando se enteró la gente de que yo estaba enfermo, me inundaron con relatos de sus propias enfermedades, así como de los casos vividos por amigos suyos. El relato, la narración, parece ser una reacción natural a la enfermedad. La gente sangra relatos, y yo me he convertido en un banco de sangre de relatos.
  El paciente ha de empezar por tratar su enfermedad no como un desastre, un motivo para la depresión o el pánico, sino como un relato. Los relatos son anti- cuerpos contra la enfermedad y el dolor.» (pág. 42)


«Para un médico típico, mi enfermedad es un incidente rutinario que se encuentra en su ronda, mientras que para mí es la crisis de mi vida. Me sentiría mejor si tuviese un médico que al menos percibiera esta incongruencia. No le pido que me ame; de hecho creo que el papel del amor está sumamente exagerado en muchos de los escritores que se han ocupado de la enfermedad. Los enfermos pueden acabar hartos de un amor que hay que comprar para la ocasión, como las flores o los caramelos que se llevan al hospital. [...] Para un enfermo crítico, el amor puede empezar a recordarle a un anestésico. En una novela de Joy Williams que se titula Estado de gracia, un personaje dice así: "Tiene que haber algo más allá del amor. Y yo quiero llegar allí". El enfermo ha llegado allí. Se encuentra en un punto en el que lo que más desea de los demás no es amor, sino un entendimiento y una apreciación críticos de su situación, lo que se conoce en la literatura de la enfermedad como "testimonio empático".» (págs. 72-73)


«Philippe Ariès, en su libro El hombre ante la muerte, dice que hay muertes buenas, muertes bellas, muertes indómitas, muertes domadas. Yo quiero una muerte indómita, bella. Así, pienso que deberíamos tener un concurso en la muerte, como un concurso de disfraces de Halloween. Si tienes que morir, y espero que no, creo que deberías intentar morir con la muerte más bella que puedas. Otorguemos un premio a la muerte más bella. Podemos llamarlo cielo.» (pág. 98)

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Anatole Broyard (1): Cuando Kafka hacía furor

«[…] En 1946, en el Village, lo que sentíamos por los libros –me refiero a mis amigos y a mí– era mucho más que adoración. Era como si no supiéramos dónde terminábamos nosotros y dónde empezaban los libros. Los libros eran nuestro clima, nuestro entorno, nuestra ropa. No nos limitábamos a leerlos: nos convertíamos en ellos. Los interiorizábamos y los transformábamos en historias propias. Aunque sería fácil decir que huíamos y nos refugiábamos en los libros, sería más cierto afirmar que eran los libros los que buscaban refugio en nosotros. Los libros fueron para nosotros lo que las drogas para la juventud de los años sesenta.
  Nos enseñaban lo que era posible. Estábamos acostum- brados a vivir con lo que hubiese a mano, con lo que se nos diera, y los libros nos llevaron muy lejos. Hasta entonces no conocíamos nada más que las emociones domésticas, y los libros nos enseñaron qué les ocurre a las emociones cuando no tienen un hogar […] Los libros nos estabilizaban, como si lleváramos una bolsa llena de libros en cada mano para no salir volando. Nos conferían gravedad. De no haber sido por los libros habríamos estado completamente a merced del sexo.
  […] Aunque leíamos de todo, sólo un puñado de escritores eran nuestros tíos, nuestra familia. En mi caso eran Kafka, Wallace Stevens, D. H. Lawrence y Céline.» (págs. 47-48)

ANATOLE BROYARD
Cuando Kafka hacía furor
Memorias del Greenwich Village
[Kafka Was The Rage, 1993] Trad. Catalina Martínez Muñoz
La Uña Rota, 2015
_ 216 p. | 16 € _
Rosa Belmonte en ABC
Jordi Costa en El País

lunes, 21 de septiembre de 2015

Adriano en Yecla



El año pasado fue encontrado un busto del emperador romano Adriano (76-138 d.C.) en el yacimiento arqueológico de los Torrejones de Yecla. Este estupendo busto de marmol blanco, que está considerado por su factura y estado de conservación entre los diez primeros bustos de Adriano hallados en el mundo, se puede visitar y admirar en el Museo Arqueológico de Yecla. Pero sólo se le puede fotografiar si alguien más aparece en la foto.

sábado, 19 de septiembre de 2015

La poesía de los números (y de Szymborska)

«Si creemos a la poetisa Wislawa Szymborska, soy uno de cada dos mil. La premio Nobel de 1996 ofrece esta estadística en su poema A algunos les gusta la poesía cuando cuantifica a esos algunos. En realidad, creo que se pasa de pesimista: no creo que sea tan excepcional como lector. Pero sí entiendo a lo que se refiere. Hay mucha gente que cree que la poesía son todo nubes y florecitas. [...] Lo cierto es que un poema puede versar sobre cualquier cosa.
  También sobre números. Algunos de los versos de Szymborska muestran que las matemáticas pueden ser proclives a la poesía. Una y otra disciplina economizan en significado: ambas son capaces de crear mundos enteros en unos breves renglones. En Un número grande, la poetisa lamenta sentirse desconcertada ante números con muchos ceros, mientras que en Contribución a la estadística destaca que "de cada cien personas, las que siempre saben de qué hablan: cincuenta y dos", pero también que "merecedoras de empatía: noventa y nueve". Y luego está El admirable número pi, mi poema preferido. Comienza así (el poema y el número): tres coma uno cuatro uno.» (pág. 134)



FACTORES PARA LA ESTADÍSTICA

EL NÚMERO PI

Sobre cien personas
las que saben todo mejor
-cincuenta y dos;
inseguras de cada paso
-casi todo el resto;
dispuestas a ayudar,
siempre que no vaya para largo
-¡hasta cuarenta y nueve!;
siempre buenas,
porque no son capaces de otra cosa
-cuatro, bueno, quizá cinco;
que pueden admirar sin envidia
-dieciocho;
que viven en permanente temor
de alguien o algo
-setenta y siete;
capaces de ser felices
-veinte y pico, como mucho;
inofensivas de a uno,
salvajes en multitudes
-más de la mitad, seguro;
crueles,
cuando las obligan las circunstancias
-es mejor no saberlo
ni siquiera por aproximación;
sabias después de una calamidad
-pocas más
que sabias antes de la calamidad;
que no toman de la vida más que las cosas
-cuarenta,
aunque quisiera equivocarme;
encogidas, doloridas
y sin linterna en la oscuridad
-ochenta y tres,
más temprano o tarde;
dignas de compasión
-noventa y nueve;
mortales
-cien sobre cien.
Número que por ahora no ha variado.

El número Pi es digno de admiración
tres coma uno cuatro uno
todas sus cifras siguientes también son iniciales
cinco nueve dos, porque nunca se termina.
No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco
con un cálculo ocho nueve
con la imaginación siete nueve
o en broma tres dos tres, es decir, por comparación
cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres en el mundo.
La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe
Igualmente, aunque un poco más tarde, hacen las serpientes fabulosas.
El cortejo de cifras que forman el número Pi
no se detiene en el margen de un folio,
es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,
a través del muro, de una hoja, del nido de un pájaro,
de las nubes, directamente al cielo
a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.
¡Oh qué corta es la cola del cometa, como la de un ratón!
¡Qué frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!
Pero aquí dos tres quince trescientos noventa
mi número de teléfono la talla de tu camisa
año mil novecientos setenta y tres sexto piso
número de habitantes sesenta y cinco décimos
la medida de la cadera dos dedos la charada y el código
en la que mi ruiseñor vuela y canta
y pide un comportamiento tranquilo
también transcurren la tierra y el cielo
pero no el número Pi, éste no,
él es todavía un buen cinco
no es un ocho cualquiera
ni el último siete
metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa eternidad
para la permanencia.

WISLAWA SZYMBORSKA (1923-2012)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Yecla antigua

«En el fondo de una calleja de terreros tejadillos, el recio campanario de la Iglesia Vieja se perfila bravío. Misterioso artista del Renacimiento ha esculpido en el remate, bajo la balaustrada, ancha greca de rostros en que el dolor se expresa en muecas hórridas. Y en la nitidez espléndida del cielo, sobre la ciudad triste, estas caras atormentadas destacan como símbolo perdurable de la tragedia humana.»
Azorín, La voluntad

domingo, 13 de septiembre de 2015

(mucha) Inteligencia vegetal


 SENSIBILIDAD E INTELIGENCIA EN EL MUNDO VEGETAL
 Stefano Mancuso y Alessandra Viola
 Trad. David Paradela López
 Galaxia Gutenberg, 2015 | 144 págs. | 14,50 € | fragmento

«Pero ¿para qué sirve el olfato en el mundo vegetal? Las plantas utilizan los "olores", o mejor dicho, las moléculas llamadas COVB (compuestos orgánicos volátiles de origen biogénico) para recabar información sobre el entorno y para comunicarse entre ellas y con los insectos, cosa que hacen de forma constante.
    Todos los olores producidos por los vegetales, como por ejemplo el romero, la albahaca, el limón o el regaliz, equivalen a un mensaje concreto: son las "palabras" de las plantas, su vocabulario. Los millones de compuestos químicos existentes hacen las veces de signos de una auténtica lengua vegetal, de la que todavía sabemos muy poco. Lo único que sabemos con certeza es que cada compuesto transporta una información concreta: avisos de un peligro inminente, mensajes de atracción o repulsión y demás. Evidentemente, sabemos desde siempre que cada angiosperma (así se llaman todas las plantas con flor, del griego angeion, "envoltorio", y spérma, "semilla") produce un olor específico para comunicarse con los insectos polinizadores. En este caso se trata de un mensaje "privado", es decir, no destinado a otras plantas y con un objetivo bien definido. Pero ¿cómo emiten su olor característico la salvia, el romero o el regaliz, si no producen flor? Lo único que sabemos es que tienen buenas razones para hacerlo. Producir olor supone un coste de energía, y ninguna planta la malgastaría inútilmente. Pero de esta sencilla consideración a la posibilidad de interpretar con certeza los mensajes vegetales queda un largo camino.» (pág. 48)

lunes, 7 de septiembre de 2015

María Belmonte: Peregrinos de la belleza

«Bruce Chatwin llegó a Kardamyli el primero de enero de 1985. Tenía cuarenta y cinco años y ya estaba enfermo. Andaba obsesionado por terminar su "libro australiano" sobre el nomadismo que se le resistía desde hacía quince años. En 1970 había pasado el mes de agosto como invitado de Patrick Leigh Fermor -conocido como Paddy- trabajando en el borrador de The Nomadic Alternative, así que no le había costado aceptar la sugerencia de su amigo de instalarse de nuevo en Kardamyli. "He encontrado el lugar más hermoso que uno se pueda imaginar -escribió en una carta-. Un apartamento situado en medio de un bosque de olivos y cipreses frente al mar. Por detrás se alzan las cumbres de la cadena de Taigeto y puedo ver las águilas flotar en las corrientes térmicas. Trabajo hasta las tres; camino por la montaña, leo y duermo. No es mal plan. Sigo con el libro y he llegado a un punto en que no puedo dar marcha atrás".

Casi todos los días, al terminar el trabajo, Bruce solía ir a encontrarse con Paddy, que vivía a escasos cinco minutos de su apartamento. Ambos se admiraban mutuamente y tenían muchas cosas en común: eran autodidactas, compartían un toque de rudeza y sibaritismo, y eran terriblemente eruditos con un punto de ostentación. Los libros que le habían hecho famosos, En la Patagonia a Bruce y El tiempo de los regalos a Paddy, habían sido publicados el mismo año (1977) y mientras el primero pensaba que Paddy debía podar su prosa, éste pensaba que Bruce haría bien en dejarla respirar. A los dos les apasionaba caminar. Chatwin tenía la teoría de que el cuerpo humano estaba diseñado para un día de marcha y que todos los males de la humanidad habían llegado con el sedentarismo. Creía que caminar no era algo simplemente terapéutico, sino una actividad poética que podía curar al mundo de sus males. Durante una de sus caminatas, Paddy, que entonces contaba setenta espléndidos años, le habló a Bruce de la expresión latina solvitur ambulando, atribuida a san Agustín y que se puede interpretarcomo 'todo se resuelve andando' o, también, mediante un experimento práctico. En Grecia terminó su libro sobre el nomadismo, publicado en inglés bajo el título The Songlines o Los trazos de la canción en su versión castellana. Cuatro años más tarde murió de sida a los cuarenta y nueve años. Por deseo suyo, sus cenizas fueron aventadas por Elizabeth, su mujer, y por Paddy y Joan Leigh Fermor en uno de sus lugares predilectos, una pequeña iglesia bizantina del siglo X, rodeada de encinas y olivos, que se alza sobre Kardamyli. No mucho antes, en un último acto estético, Chatwin se había convertido a la religión ortodoxa.» (págs. 200-201)
Detalle Ágora de Atenas. Grecia, 2001
ITALIA
J. Winckelmann (Trieste)
Wilhelm von Gloeden (Taormina)
Axel Munthe (Capri)
D.H. Lawrence (Cerdeña)
Norman Lewis (Sicilia)

GRECIA
Henry Miller (El coloso de Marusi)
Patrick Leigh Fermor (Creta)
Bruce Chatwin (Kardamyli)
Kevin Andrews (Peloponeso)
Lawrence Durrell
(Corfú, Rodas, Chipre)



MARÍA BELMONTE
PEREGRINOS DE LA BELLEZA
Viajeros por Italia y Grecia
[un libro magnífico]
Acantilado, 2015 320 págs | 20 €
inicio del libro
presentación en Laie

Bebedores de luz, Emma Rdrguez.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Juan Tallón y sus cien espléndidos Libros peligrosos

«A la vuelta de unas pocas entradas, cualquier lector advertirá que Ribeyro es uno de los grandes representantes del arte supremo del fracaso. Esa retórica es peligrosa, pero bella. Si te acercas demasiado a ella, como en el fuego, te expones no tanto a quemarte, que es un accidente, como a arrojarte al fuego mismo, que es una adicción. El fracaso funciona en algunos autores como vicio. Vicio en el sentido de que, po ejemplo, Flaubert decía que era vicio la tristeza. Es fácil entrar y dificilísimo salir. Ribeyro partía cada día, a través del diario, a la busca del fracaso, para narrarlo. Esa prosa, en la que el autor sale derrotado ante la vida, deja horas de lectura que nunca olvidarás. Y cuando alguien habla de diarios, y cita a Gombrowicz, Kafka, los hermanos Goncourt, Piglia, Jünger, Gide, Renard, Tolstoi, Cheever, Pizarnik, Trapiello, Pla, Bioy Casares, tú propones a Ribeyro. Amas a todos los demás, pero en Ribeyro te rebozas, como si te tirases sobre la nieve recién amanecida, pues te gusta cómo se encamina diariamente a la derrota y la convierte en una pieza de arte.» (pág. 167)

[los cuerpos del delito]
· Bandoleros, João Gilberto Noll
· Viaje al fin de la noche, L.F. Céline
· El desierto de los tártaros, Dino Buzzati
· Acerca de la naturaleza, Parménides
· Pedro Páramo, Juan Rulfo
· Mientras agonizo, William Faulkner
· Diarios, Alejandra Pizarnik
· Las armas secretas, Julio Cortázar
· Cecil Taylor, César Aira
· El gran Gatsby, F.Scott Fitzgerald
· Trilogía USA, John Dos Passos
· La vida instrucciones de uso, Georges Perec
· Bouvard y Pécuchet, Gustave Flaubert
· El halcón maltés, Dashiell Hammett
· El extranjero, Albert Camus
· Cuentos reunidos 1 y 2, Roberto Fontanarrosa
· El mejor de los mundos, Quim Monzó
· El temor del cielo, Fleur Jaeggy
· Jakob von Gunten, Robert Walser
· Bartleby y compañía, Enrique Vila-Matas
· Cuentos, Ernest Hemingway
· Ficciones, Jorge Luis Borges
· Crímenes ejemplares, Max Aub
· Extraños en un tren, Patricia Highsmith
· Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski
· La señora Dalloway, Virginia Woolf
· El amante de lady Chatterley, DH Lawrence
· La mujer de tu prójimo, Gay Talese
· Discurso del método, René Descartes
· Caja de herramientas, Fabio Morábito
· Vive o muere, Anne Sexton
· Diarios, John Cheever
· Catedral, Raymond Carver
· No hay bestia tan feroz, Edward Bunker
· El Coronel Chabert, Honoré de Balzac
· El oficio de vivir, Cesare Pavese
· Léxico familiar, Natalia Ginzburg
· Pregúntale al polvo, John Fante
· El guardián entre el centeno, J.D. Salinger
· Conversación en La Catedral, Vargas Llosa
· El astillero, Juan Carlos Onetti
· El proceso, Franz Kafka
· Ángeles derrotados, Denis Johnson
· Dog Soldiers, Robert Stone
· Compañía K, William March
· Las muertas, Jorge Ibargüengoitia
· En busca del tiempo perdido, Marcel Proust
· Juicio universal, Giovanni Papini
· Dinero, Martin Amis
· American Psycho, Bret Easton Ellis
· La novela luminosa, Mario Levrero
· 2666, Roberto Bolaño
· La pasión según G. H., Clarice Lispector
· La noche que llegué al Café Gijón, F. Umbral
· Últimas tardes con Teresa, Juan Marsé
· El día del Watusi, Francisco Casavella
· Submundo, Don DeLillo
· Correr, Jean Echenoz
· Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
· Madrid, 1921. Un dietario, Josep Pla
· La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro
· Tres historias europeas, Lolita Bosch
· A esmorga, Eduardo Blanco Amor
· Trilce, César Vallejo
· Muntaner, 38, José Antonio Garriga Vela
· Las confesiones, Jean-Jacques Rousseau
· El mal de Portnoy, Philip Roth
· Crítica de la razón pura, Immanuel Kant
· Diarios, Iñaki Uriarte
· Una vida de Pierre Menard, Michel Lafon
· Monsieur Teste, Paul Valéry
· Blonde, Joyce Carol Oates
· Jerusalén, Gonçalo M. Tavares
· La conciencia de Zeno, Italo Svevo
· El hombre sin atributos, Robert Musil
· Los domingos de Jean Dézert, La Ville Mirmont
· Ejercicios de estilo, Raymond Queneau
· Mi Nueva York, Brendan Behan
· La conjura de los necios, J. Kennedy Toole
· Bella del Señor, Albert Cohen
· Crash, J. G. Ballard
· Casi invisible, Mark Strand
· El legado de Humboldt, Saul Bellow
· El Día de la Independencia, Richard Ford
· Pájaros de América, Lorrie Moore
· Los otros caminos, Álvaro Cunqueiro
· Tractatus logico-philosophicus, Wittgenstein
· Cuadernos, Emil Cioran
· Respiración artificial, Ricardo Piglia
· Momentos estelares de la humanidad, St. Zweig
· El estilo del mundo, Vicente Verdú
· Quemar los días, James Salter
· La ruina del cielo, Luis Mateo Díez
· Verdes valles, colinas rojas, Ramiro Pinilla
· Crónica de una muerte anunciada, G. Márquez
· La conquista del aire, Belén Gopegui
· La trilogía de Nueva York, Paul Auster
· Desgracia, J. M. Coetzee
· Velocidad de los jardines, Eloy Tizón
· Algo supuestamente divertido que nunca
  volveré a hacer
, David Foster Wallace