lunes, 28 de marzo de 2016

Juan Tallón: Fin de poema

Alejandra Pizarnik
La muerte se muere de risa pero la vida
se muere de llanto pero la muerte pero la vida pero nada nada nada.

      Anne Sexton
I have on a mask in order to write my last words,
and they are just for you,
and I will place them
in the icebox saved for vodka and tomatoes,
and perhaps they will last.



Cesare Pavese
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti.
      Gabriel Ferrater
Per ara, no ho diguem:
no trasbalsem la gent
mostrant-los la ferida
sagnant i purulenta.
Donem-li temps i oblit.
Callem, fins que ningú,
ni jo mateix, no el pugui
confondre encara amb mi.



      JUAN TALLÓN
FIN DE POEMA
Alrevés, 2015
[fragmento gf]

lunes, 21 de marzo de 2016

Lluís Pasqual: De la mano de Federico




«La historia del montaje de El público es la historia de una utopía. Una utopía desenfrenada, si eso puede decirse. Todo partió de algo tan sencillo como la lectura de un texto, un texto de Lorca. ¿Qué tendrá ese texto que te atrae, te agarra y no te suelta, y te introduce en una vorágine insondable? También partió de los deseos compartidos con un actor, Alfredo Alcón, que, como si de alquimia se tratara, era capaz de encarnar la palabra de Lorca como ningún otro actor de habla española. He escrito «encarnar» consciente de que el teatro contem- poráneo está haciendo desaparecer la frontera que existe entre el personaje y el actor, pero ese tema sería en sí mismo el argumento de un libro entero. El público provoca y pone al descubierto muchas resonancias en uno mismo y, finalmente, nos condujo al desafío, pero no al desafío metafísico, sino al «duelo» físico entre Lorca y cada uno de los que estábamos metidos en esa aventura, sin padrinos ni testigos, solos frente a él y cada uno con sus armas. «Tú has osado hacerlo —le decíamos a Federico—, tú has buscado en tus zonas más recónditas tus verdades mas íntimas, más profundas, las más escondidas, las más hermosas y las más feas también, para que nadie se llame a engaño de cómo eres, de cómo somos, de qué materia están hechas nuestras pulsiones. Y luego, las has soltado, las has gritado con la rotundidad de una blasfemia, has encontrado tu camino y has vomitado lo que te ha dado la gana y, además, lo has hecho como los toreros, 'con arte'. ¡Yo también voy a probarlo! ¿Qué digo? ¡Yo también lo voy a hacer!» Este diálogo es el que yo sostenía con Lorca y el que, a su vez, sostenía Fabiá Puigserver, el escenógrafo que no solo se inventó un lugar para que eso ocurriera, sino un teatro, único, extraordinario, desmontable, un teatro soñado que, como La Barraca paseara de pueblo en pueblo, y que está en el origen del espacio que creó después para El público. Y eso mismo discurría en su locura Frederic Amat mientras empapelaba literalmente las paredes de su estudio con los cientos de dibujos, imágenes y más imágenes que provocaba El público. Yo me daba cuenta en los momentos en que nos permitíamos meter nuestras narices por unas horas en el trabajo del otro, durante los meses que precedieron los ensayos, para intercambiar y discutir con pasión nuestros descubrimientos. Afortu- nadamente, el reto se había convertido en una obsesión. A esta obsesión se añadieron más tarde otros seres, muchos actores, músicos, técnicos... todos y cada uno se engancharon al juego y mantuvieron su desafío personal con el poeta. El público tenía este poder.» (pág. 69)


miércoles, 16 de marzo de 2016

El Roto (resituándonos)


¡No es pobreza,
es teoría económica aplicada!
  
¡El sol no emite facturas,
eso es competencia desleal!

Aquellos bombardeos son estos refugiados

Los inmigrantes ahogados elevaron el nivel
del mar, la solidaridad, el altruismo y la compasión quedaron anegados...

Todas las redes sociales pertenecen
a alguna flota pesquera

La memoria histórica está bien, pero
¿por qué no probar con la prehistórica?
El Roto, El País, 2016

domingo, 13 de marzo de 2016

Vila-Matas: Marienbad elécrico [la parte de Enrique]

Henri Matisse, Intérieur aux aubergines
Henri Matisse
Intérieur aux aubergines
«No es por justificarme, pero es lógica la atracción por ese tipo de habitación única, de espacio cerrado. Es una clase de cuarto que atrae por lo que básicamente representa, pues es el lugar mítico donde se desarrolla siempre el gran drama humano, no exento, en ocasiones, de luz. A fin de cuentas, una habitación es el espacio central de toda tragedia —el lugar donde Hölderlin alcanzó la locura, donde Juan Carlos Onetti meditó sobre el mundo y decidió que era mejor no salir más de la cama, y donde Emily Dickinson se recluyó con sus mil seiscientos poemas—, pero a la vez es el sitio donde Vermeer conoció "la experiencia de la plenitud y de la independencia del momento presente".

Henri Matisse, La fenêtre ouverte à Collioure
Henri Matisse
La fenêtre ouverte à Collioure
Una habitación cerrada es posiblemente, como dice un amigo, el precio que hay que pagar para llegar a ver la luminosidad. Y ha sido mi lugar preferido para encontrar mi vida dentro de los textos que leía. Y así, por ejemplo, hay un escena de Tolstói que he interiorizado y en la que me veo a mí mismo leyendo: es aquella en la que un personaje está en un tren y tiene un libro en sus manos, y una luz en la cabina ilumina su lectura. Para mí, ésta es una imagen de felicidad, y seguramente sólo la literatura puede darla. Pues hay que saber que la literatura permite pensar lo que existe, pero también lo que se anuncia y todavía no es. Y también pensar, por ejemplo, que el mundo es un texto, una gran ficción que DGF lee con pasión todos los días.


El mundo es un pasaje, y éste es nuestra vida, está en los libros. Sólo vivimos realmente a medida que leemos nuestra historia, transcendiéndola. Porque sólo la literatura es verdaderamente transcendente, nos descubre a los otros y hace que nos preguntemos cómo es posible que los signos sobre una tabla de arcilla, los signos de una pluma o de un lápiz puedan crear una persona (un Quijote, un Gregor Samsa, una Beatrice, un Jakob Von Gunten, un Falstaff, una Ana Karenina) cuya substancia excede en su realidad, en su longevidad personificada, la vida misma.» (pág. 46-48)

viernes, 11 de marzo de 2016

Vila-Matas: Marienbad elécrico [la parte de Dominique]

«Le preguntaron a DGF [Dominique Gonzalez-Foerster] si su punto de partida siempre eran los libros. Y dijo que sí, especialmente el espacio intangible, el escenario que pueden llegar a crear. Son algo así como su material de construcción, dijo. Todo empieza para ella en los libros. Y luego, partiendo de ellos, investiga, ve películas, viaja, toma fotos, toma notas, pregunta, escucha, discute, todo va a encontrar un momento en el que tendrá la oportunidad de entrar en el mundo de su siguiente instalación.


Ella sabe que, como decía Walser, no hace falta ver nada extraordinario, pues ya es mucho lo que se ve. Por eso trabaja con absoluta tranquilidad. Hace croquis y mapas de ideas. Y en ocasiones estudia dibujos de yugos de amor de bisabuelas españolas. A veces de noche, en su estudio, cuando no puede dormir, trabaja mentalmente en silencio y, como ella misma ha contado, muchas veces las ideas aparecen como una aurora boreal.» (págs. 58-59)


DGF: «En realidad no tengo taller y nunca lo he tenido. Mi taller es la noche. Tumbada en la oscuridad los pensamientos se exponen y cobran forma» (pág. 114)


DGF: «En un breve texto grabado en la pared a la entrada de la obra Shortstories, que también se presentó en las colecciones del Centro Pompidou, me definí como prisionera literaria de un triángulo formado por Enrique Vila-Matas, Roberto Bolaño y W.G. Sebald.» (pág. 113)

miércoles, 9 de marzo de 2016

Leviatán o la ballena, de Philip Hoare [3, ballenas productivas]


aceite de ballena


cold cream de grasa de ballena


corsé de ballenas

en Japón comen carne de ballena
carne de ballena


lámpara de aceite de ballena

«Uno de los últimos puertos balleneros era Dundee, desde donde salían los barcos que veinte días después serían testigos de la última guerra colonial de Gran Bretaña, y donde hoy se pudren los buques en los muelles de South Georgia y de las islas Malvinas. Algunos de los hombres que construyeron esos barcos siguen vivos, y describen su labor en aquellos mataderos al aire libre como un verdadero infierno. El ruido, los olores y las escenas que recuerdan son repulsivas, aún retrospectivamente. Dicen que si las ballenas fueran capaces de gritar, nadie hubiera podido soportar su trabajo. En lugar de eso, se quedaban calladas frente a la horrenda destrucción que caía sobre ellas, como si eligieran no protestar contra lo que iban a sufrir, como para avergonzar aún más a sus perseguidores.

No puedo solicitar inmunidad. Cuando volvía desde el colegio a mi casa pisando las húmedas hojas de otoño, en el camino, mientras mi madre secaba la ropa al lado del fuego, las factorías de Southampton procesaban la mantequilla de ballena que luego encontraba en mi nevera en grandes bloques amarillentos. Limpiaba mis mejillas con grasa de ballena y "a las damas les interesará saber que es un ingrediente habitual en la fabricación de sus cosméticos", como rezaba mi enciclopedia.

El persistente olor de la ballena.

Cuando leía cómics americanos prohibidos bajo las sábanas y fantaseaba acerca de un mundo de estilizados superhéroes, una serie de nuevos procesos —sulfurización, saponificación, destilación— se perfeccionaron y racionalizaron el uso de los derivados de la ballena en lubricantes, pintura, barniz, tinta, detergente, cuero y alimentación; la hidrogenación convirtió el aceite de ballena en una substancia apta para el paladar y eliminó su fuerte sabor. La eficiencia se impuso en lugar del despilfarro de los primeros días de la caza de ballenas. El hígado de ballena contiene vitamina A, y los ganglios del animal se empleaban en la elaboración de insulina para los diabéticos y de corticotropina para el tratamiento de la artritis. El combustible de los trenes del siglo XIX era aceite de ballena; más tarde, el líquido de frenos de los coches aerodinámicos, fabricados con elegantes chapas cromadas, también salía de ahí. A los victorianos habitantes de Nueva Inglaterra les gustaban los donuts fritos en aceite de ballena; los niños de pelo corto y camisas a rayas comían helados cuya base era esa substancia. Sus rubicundos y brillantes rostros se limpiaban con jabón de grasa de ballena y llevaban cordones de piel de ballena; luego se iban al colegio tras cruzar campos abonados con fertilizantes de ballena, dibujaban con ceras de ballena, mientras sus madres cosían la ropa con una máquina lubricada con aceite de ballena y alimentaban al gato con carne de ballena. En su despacho, mi hermana mayor transcribía informes con una máquina de escribir cuya cinta estaba cargada con tinta de ballena, y solo se detenía para aplicarse el pintalabios que se fabricaba a partir de grasa de ballena. Más tarde, jugaría un partido de tenis, con una raqueta cuyas cuerdas pertenecían a una ballena. Y , de vuelta a casa, papá sacaba fotografías familiares sobre una película barnizada con gelatina de ballena.

Las ballenas quedaron fijados en la imagen de una época.» (págs. 375-376)




"La caza del cachalote se hizo extensiva para extraer el llamado esperma de ballena o ambar gris. El esperma de ballena nada tiene que ver con el aparato reproductor de los cetáceos, sino que es una mala traducción de la palabra anglosajona cachalote que es sperm whale. Este ámbar gris es una cera blanquecina que se encuentra en una cavidad craneal de estos cetáceos. Su textura y olor lo hacen ideal para el uso cosmético, para los lubricantes y para la industria del cuero."


lunes, 7 de marzo de 2016

Leviatán o la ballena, de Philip Hoare [2, ballenas literarias]

Herman Melville (Nueva York, 1819 – 1891)
HERMAN MELVILLE
(Nueva York, 1819 – 1891)


MOBY DICK (1851)
[audiolibro]


Philip Hoare
LEVIATÁN o LA BALLENA
[Leviathan, or The Whale, 2009]
Trad. Joan Eloi Roca
Ático de los libros, 2015
«[...] un Melville que añoraba su hogar zarpó desde Portsmouth con destino a Nueva York, donde se puso a trabajar en una nueva novela, esta vez un texto descaradamente comercial. Iba a ser "una novela de aventuras, basadas en ciertas leyendas que corrían entre los cazadores de cachalotes de los mares del Sur", le dijo a su editor inglés, Richard Bentley. En lo que puede que fuera un movimiento desesperado, Melville regresó a sus experiencias como ballenero para capitalizar su arte en el nuevo imperio comercial en que se estaba convirtiendo su país, un imperio que combinaba el talento de los estadounidenses para el heroísmo y el consumismo.
    Encontró Nueva York más próspera y bulliciosa que nunca, un rival del poder imperial de Londres. A esta ciudad se canalizaban también los beneficios de las ballenas. Era un lugar de importación y exportación que llegaba a otras tierras a través de sus muelles poblados de mástiles y enviaba desde ellos a sus hijos e hijas nacidos iguales a todo el orbe. Cerca de Wall Street, donde trabajaba su hermano, estaba la calle Nassau, donde se encontraban las oficinas de muchas editoriales y periódicos, el equivalente en Manhattan a Fleet Street y el Strand [...]
    Moby Dick, además de ser producto de las aventuras de Melville en el mar, era también hija de esa ciudad; así lo declaran las primeras escenas, ambientadas en el muelle al final de la calle Pearl. De una forma extraña. por alusiones, la propia Nueva York se convirtió en la Ballena Blanca, igual que Joseph Conrad vería Bruselas como un sepulcro blanqueado construido con huesos humanos, y del mismo modo que Gansevoort Melville había visto Londres como una moderna Babilonia. La isla de Manhattan hasta tenía forma de ballena.
    Durante sus años en el mar, Melville había escuchado historias de encuentros letales entre hombre y ballena. Ahora, cuando la caza de ballenas yanqui alcanzaba su máximo esplendor, parecía que aquellos incidentes se hacían cada vez más ominosamente frecuentes. Las ballenas contraatacaban, rompiendo huesos y botes, ahogando hombres y revolviendose contra sus atacantes con vengativa inteligencia. El 15 de agosto de 1841, por ejemplo, poco después de que el Acushnet saliera del puerto, otro buque de New Bedford, el Coral, encontró una escuela de cachalotes a ciento sesenta kilómetros al sur de las Galápagos. El capitán James H. Sherman dejó escrito que una ballena, después de ser arponeada, se volvió contra la ballenera que la perseguía "y la masticó hasta dejarla hecha astillas".» (págs. 187-188)




"Ninguna tragedia de la literatura universal consigue esbozar tan clara y poderosamente los errores mortales del odio y la dominación."

Gilbert Wilson sobre Moby Dick (pág. 377)

"Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti."
Friedrich Nietzche (pág. 379)

sábado, 5 de marzo de 2016

Leviatán o la ballena, de Philip Hoare [1, ballenas felices]

«Las ballenas jorobadas acuden al golfo de Maine todos los veranos. Ayunan durante seis meses y se aparean en las cálidas pero estériles aguas del Caribe, donde alimentan a los ballenatos con una leche tan rica que se parece al queso fresco, hasta que llega el momento de hacer el peregrinaje anual al norte. Es la migración más larga que realiza ningún mamífero. Siguiendo las rutas de colonización que establecieron sus antepasados hace millones de años y navegando miles de millas de océano guiándose por ancestrales señales invisibles llegan a la costa noreste de Estados Unidos, donde la cálida corriente del Golfo se encuentra con las gélidas corrientes de Labrador en un proceso conocido como afloramiento.

Aquí, en las aguas verdigrises, se pone en movimiento una vasta cadena alimenticia. Las ballenas se ceban a fuerza de arenques y ammodíticos, engordando a gusto en esta estación de excesos. Y aquí, a menos de dos horas en barco de una de las mayores ciudades de Estados Unidos, estos gigantescos animales —"las más juguetonas y alegres de todas las ballenas"— se divierten "creando más espuma y removiendo más agua por lo general que cualquier otra ballena". Hasta aquellos que las cazaban reconocieron su carácter juguetón con el apodo que les otorgaros: las ballenas felices. Su nombre científico es mucho menos glamuroso: Megaptera novaeangliae, la de grandes alas de Nueva Inglaterra, el ángel con percebes.

Al lanzar sus cincuenta toneladas de grasa, carne y hueso al aire, el leviatán abandona su dominio. Sus aletas de cuatro metros y medio parecen nudosas alas, el borde de su cola, tres veces más ancho que largo es un hombre, apenas toca el agua. Visto con la cámara lenta del recuerdo —la imagen que deja en tu cabeza— una ballena que emerge parece tratar de escapar de su medio, el elemento que, desde el momento mismo que atraviesa la superficie, tira de ella hacia abajo. Nadie sabe por qué saltan las ballenas. Casi todas las especies lo hacen, desde el delfín más pequeño hasta la más grande de las ballenas azules, cada una con su propio estilo: saltos de espalda, saltos en plancha, saltitos sin mucho impulso o auténticas piruetas.» (págs. 34-36)

Philip Hoare
LEVIATÁN o LA BALLENA
[Leviathan, or The Whale, 2009]
Trad. Joan Eloi Roca
Ático de los libros, 2015


Sperm Whale Encounter from Howard Hall on Vimeo.