sábado, 29 de octubre de 2016

Félix Romeo: Amarillo

FÉLIX ROMEO (1968-2011)
AMARILLO
Plot Ediciones, 2008, 155 p.

La lectura de este intenso libro (de amor y dolor) ha supuesto una emoción continuada de principio a fin. Imposible destacar ningún fragmento porque todos son remarcables. En BORRELL, 107, Ignacio Martínez de Pisón amplía la historia de Félix, Bizén y Chusé Izuel (1968-1992).

viernes, 21 de octubre de 2016

El lector vampiro según Javier Cercas


«En 1991, Saul Bellow, que fue el último escritor serio que escribió la palabra alma sin que se le escapara la risa, declaró lo siguiente: "En mi juventud, la literatura formaba parte integrante de la vida; se absorbía, se asimilaba en el organismo. No se era conocedor, esteta, amante de la literatura. No, con la literatura daba uno forma a su vida, era algo que se ingería, que pasaba a ser parte de la propia sustancia, que constituía la senda de la liberación y la libertad plena". Luego Bellow concluía: "Creo que el ambiente de entusiasmo y amor por la literatura, ampliamente extendido en los años veinte, empezó a desaparecer en el decenio de los treinta". En 1996, la novelista Cynthia Ozick discrepó levemente de estas palabras de Bellow: "Todo ferviente lector elegirá probablemente el momento de su propia juventud como la edad de oro en que la literatura se entreteje con la urdimbre del mundo". Es posible que Ozick tenga razón; es posible que, a su modo, Bellow también la tenga. Sea como sea, lo que importa es que ninguno de los dos habla del lector común; sin darle ese nombre, ambos hablan del lector vampiro.

    ¿Qué es un lector vampiro? Bellow lo explica bien: no es el lector que lee para matar el rato o para divertirse, ni siquiera para hacerse sabio; todo eso es estupendo, pero el lector vampiro no lee para nada de eso: lee para sobrevivir. De hecho, podría incluso decirse que, propiamente, el lector vampiro no lee libros: los apalea, los acuchilla, les arranca las entrañas, les chupa la sangre, les roba el alma; no quiere leer los libros: quiere ser los libros, que los libros leídos pasen a formar parte, como dice Bellow, "de la propia sustancia". Esta atroz carnicería suele ser un espectáculo aterrador, y por eso el lector vampiro procura llevarla a cabo sin testigos, como si se tratara del acto más íntimo de su vida íntima; y por eso, también, el lector vampiro suele ser un mal reseñista de libros -está demasiado absorto devorando las vísceras del libro para opinar sobre él-, pero no necesariamente un mal crítico, aunque, como el libro ha pasado a ser sangre de su sangre, casi siempre sea muy difícil distinguir si lo que dice lo dice del libro o lo dice de sí mismo. En suma: este tipo de lector sólo lee en realidad para salvarse, ese verbo que desde hace 50 años es imposible escribir sin que se le escape a uno la risa [...]»
El lector vampiro, JAVIER CERCAS, El País, 26/07/2009

sábado, 15 de octubre de 2016

Se llamaba Lucy Barton

Me llamo Lucy Barton
[My name is Lucy Barton, 2016]
Trad. Flora Casas
Duomo Ediciones, 2016
«Justo después de enterarme de que me habían admitido en la universidad, le enseñé a mi profesor de inglés del instituto una historia que había escrito. No me acuerdo de mucho, pero sí de que el profesor había trazado un círculo en la palabra "ordinario". La frase era algo así como "La mujer llevaba un vestido ordinario." No emplees esa palabra, dijo, no es bonita y, además, no es precisa. No sé si dijo exactamente eso, pero había rodeado la palabra con un círculo, y me dijo con amabilidad que no era bonita ni buena, y siempre lo he recordado.» (p. 137)



[Un auténtico pispajo (no conecté). Llegué al final porque Strout es la autora de la magnífica Olive Kitteridge (miniserie de HBO creada por Elizabeth Strout, Lisa Cholodenko y Frances McDorman, 2014).]

miércoles, 12 de octubre de 2016

La forma(ció) literària

cuadros de Narcís Comadira
«[...] estic convençut que l’educació per la literatura, a través de la literatura, i potser no tant de la literatura, és la millor de totes perquè forma els cervellets infantils amb allò que els constitueix, el llenguatge. I ho fa amb el llenguatge en la seva màxima tensió energètica, que és la literatura. La literatura ens descobreix el món tal com és i també tal com podria ser i, esclar, tal com no hauria de ser. Voleu millor educació? La quantitat d’experiència que vehicula la literatura és enorme, tant, que mai una vida humana podria adquirir-la. Però a través de la literatura, sí. I arriba a l’ànima humana en dosis concentrades de llenguatge. L’ànima, que és feta de llenguatge, rep quantitats ingents d’experiència i de coneixements a través del llenguatge. I, a més, amb plaer. El plaer ajuda a fixar aquests coneixements i aquestes experiències. Ensenyar amb la literatura és també ensenyar a descobrir el plaer d’aprendre. Per això cal ensenyar a llegir, a llegir en profunditat, ensenyar a fer lectures ben fetes... Això és, o hauria de ser, l’educació literària. No pas solament parlar d’èpoques, autors, arguments, tècniques..., sinó ensenyar a endinsar-se en allò que fa que un text sigui de debò literatura: la forma.»
NARCÍS COMADIRA, L’educació literària, Diari Ara, 7/10/2016 (via flux)