viernes, 24 de marzo de 2017

Larvatus Prodeo, que decía Descartes.

DG-F y EV-M. Collège de France. París, 24/03/2017
«Voy lento, sigiloso, con la mirada iracunda y simulando una cojera, con un bastón plateado y una máscara mexicana, perfectamente oculto [...] Larvatus prodeo, pienso mientras trato de ir deslizándome en el sueño de la tierra.»

miércoles, 22 de marzo de 2017

El regreso, de Hisham Matar

«Aunque estaba solo, simulé el interés de un observador imparcial. Traté de mirar los rostros de los hombres, pero no enfocaba la mirada. Quizá, pensé, encontraría allí a mi padre. Quizá alguien sabe más de lo que yo sé y colocó su foto aquí. Quizá lo encuentre y pueda preguntar y conseguir un papel, un documento que declare que Jaballa Matar era uno de los 1.270 prisioneros que perecieron el 29 de junio de 1996, cuando yo tenía veinticinco años, la mañana en la que, por alguna razón que no recordaba, había sido incapaz de levantarme de la cama, cargado de autocompasión y lamentando haberle confesado a un amigo, la tarde anterior, mis problemas económicos. Y luego había caminado los casi quince minutos que separaban mi piso de la National Gallery, porque había decidido, también por alguna razón desconocida, dejar la Venus del espejo, la diosa del amor, de Velázquez, una pintura que había despertado en mí tanto deseo sexual, y caminar hacia la pintura incompleta de Manet, La ejecución de Maximiliano, más o menos a la misma hora en que los verdugos y guardias de la prisión [Abu Salim] de Trípoli cavaban una fosa común y hacían rodar hacia su interior los cadáveres a los que pertenecían esos rostros jóvenes de las paredes, uno encima del otro, hasta que la fosa estuvo llena.» (págs. 235-236)

Hisham Matar
EL REGRESO
[The Return, 2016]
Trad. Javier Guerrero
Salamandra, 2017
269 páginas
- La odisea íntima de Hisham Matar, Mercedes Monmany
- Prosa precisa, concisa, cincelada, Michiko Kakutani
- A mí también me encantó.

viernes, 17 de marzo de 2017

El delirio blanco, de Jacek Hugo-Bader

«De una conversación con la doctora Lubov Passar, narcóloga y psiquiatra udegue de Siberia Oriental.
—Los médicos me dijeron que consideran los rituales una especie de psicoterapia, que sirve sobre todo a la familia. Pero íbamos a hablar del vodka y las borracheras de los aborígenes. Que tienen cierta predisposición ya lo sabemos, pero eso no significa que tengan que beber hasta reventar.
—Pero lo hacen porque viven en un estado de estrés constante. Esto no sucede solo en Rusia, también les pasa a los esquimales y a los indios en Canadá y en Estados Unidos. Las naciones que se pusieron a vivir entre los aborígenes los superan tanto en número como en todo lo demás. Estamos en nuestra tierra, pero es como si no fuese nuestra. Es una situación horrible. Nos gustaría liberarnos, protestar, rebelarnos, alzar nuestros puños, pero no sabemos por qué causa luchar exactamente.» (p. 278)
Jacek Hugo-Bader. EL DELIRIO BLANCO [Biała gorączka, 2009]
Trad. Ernesto Rubio y Marta Slyk. Editorial Dioptrias, 2016
[A mí no me ha gustado, pero a Ricardo Signes, sí]

jueves, 9 de marzo de 2017

Diario de Oaxaca, de Oliver Sacks



OLIVER SACKS
Diario de Oaxaca
[Oaxaca Journal, 2002]
Trad. Jordi Fibla
Argumentos, Anagrama, 2017

«En Teotitlán del Valle, visitamos la casa de don Isaac Vázquez, maestro tejedor cuyas alfombras y mantas, en las que usa tintes naturales, han llegado a ser famosas fuera de México. Varios familiares trabajan con él, y hay que señalar que aquí es corriente que los artesanos tengan familias numerosas; se puede decir que existe una clase artesanal cuya actividad se transmite por herencia. Desde temprana edad, los niños se adiestran para tejer y teñir. Viven inmersos en el ambiente del oficio y lo absorben constantemente. Sus habilidades y su identidad cobran forma desde el principio, y a ello contribuye no soto la situation de la familia sino todo el pueblo, la tradición local en la que crecen.
    Al ver a don Isaac manos a la obra, a su anciana madre, que carda la lana, a su esposa, hermanos, primos y sobrinos, a la media docena de niños en el patio trasero; al verlos trabajar totalmente absortos, empleados en distintos aspectos del negocio, experimento una sensación de nostalgia y, al mismo tiempo, una leve inquietud. Todos ellos saben quiénes son, tienen sus identidades, sus lugares, sus destinos en el mundo. Son la familia Vázquez, los tejedores más antiguos y distinguidos de Teotitlán del Valle, la encarnación viviente de una vieja y noble tradición. Sus vidas están predestinadas, casi programadas, desde que nacen, unas vidas útiles y creativas, que forman parte de la cultura de su región. Son plenamente aceptados en su sociedad. Prácticamente todo el mundo en Teotitlán del Valle tiene un conocimiento profundo y detallado de los oficios de tejer y teñir, así como de cuanto los acompaña: cardar y peinar la lana, hilar, criar los insectos en sus cactus preferidos, recolectar las plantas de índigo apropiadas. Las familias de este valle, cada uno de sus miembros, poseen un conocimiento completo. No es necesario recurrir a «expertos», no se necesita un conocimiento procedente del exterior que no exista ya en el pueblo. No hay un solo aspecto de la pericia necesaria para realizar esas tareas que no se encuentre aquí.
    ¡Qué diferencia con nuestra cultura, más avanzada, en la que nadie sabe hacer nada por sí mismo! ¿Cómo se fabrica una pluma o un lápiz? ¿Podríamos hacerlos por nuestra cuenta si tuviéramos necesidad de ello?» (p. 130-131)

lunes, 27 de febrero de 2017

Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas



Enrique Vila-Matas
MAC Y SU CONTRATIEMPO
Biblioteca Breve
Seix Barral, 2017
304 páginas
[inicio]

[ÓSCOPO 33]
«Si yo desapareciera y mi diario lo encontrara una persona que no me conociera de nada pero, por la causa que fuera, tuviera acceso a los archivos de mi ordenador, esa persona, en caso de tomarse la molestia de adentrarse en estas páginas, podría en algún momento llegar a pensar que si me fascinan las falsificaciones y, por ejemplo, he ocultado aquí durante días que [...], también podría ser que mintiera al decir que soy un principiante en asuntos de escritura. Pero ese lector, esa persona que estaría en su derecho de pensar que no soy un debutante, no sólo estaría equivocándose mucho al pensarlo, sino menospreciando, de un modo horrible, el intenso y duro trabajo que llevo a cabo a diario para ajustar, lo más perfectamente posible, el texto; un trabajo cargado de sentido, gracias a la compensación que recibo al ver que voy aprendiendo a ir adelante en este cuaderno, donde ensayo caminos día a día, siempre queriendo saber más, siempre buscando saber qué escribiría si escribiese: día a día cosiendo mi imaginario, tejiendo una estructura que no sé si en algún momento sentiré terminada; día a día construyendo un repertorio que intuyo finito y perpetuo como todo léxico familiar: un diario en el que podría quedarme mucho tiempo, cambiando poco a poco cada fragmento, cada frase, hasta repetirlo todo de tantas miles de maneras diferentes que agotara el repertorio y me viera asomado a los límites de lo nunca dicho o, mejor, a las puertas de lo indecible.» (p. 234)

Algunos abrazos a Mac y a Enrique


“Pasé día y medio absorbido en la lectura de Mac y su contratiempo”. Manuel Rodríguez Rivero (El País).

“Vila-Matas va un poco más lejos y convierte la reescritura de su novela de relatos Una casa para siempre en una experiencia fascinante, un verdadero máster "gratuito" de literatura o de eso que ahora se llama, académica y pomposamente, escritura creativa”. J. Albacete (De Verdad digital).

“La improvisación fingida que Vila-Matas quiere aparentar descubre, al contrario, una novela magistral, perfectamente hilvanada de principio a fin”. Natalio Blanco (Diario 16).

“Cuento, novela, ensayo, diario… En realidad, su obra se puede entender como comentario a la historia de la literatura [...] Tienes la sensación de que estás ante un libro-mercurio, un libro que se escapa, que elude cualquier posibilidad de apresarlo. Como la propia obra del escritor, que, a través de la recreación, avanza hacia un lugar que aún no está creado del todo”. Miguel Ángel Hernández (Revista eñe).

“El proceso de escribir propiamente dicho es el que permite al autor descubrir lo que quiere decir”. Nadal Suau (El Cultural).

“La defensa de la repetición, entendida como una modificación infatigable, es el tema de esta novela, que narra cómo se ha ido construyendo la historia de la literatura a partir de las sucesivas variaciones de un primer relato oral”. Ana Rodríguez Fischer (Babelia).

“Humor, sorpresas, vacíos, ambigüedades, fugas y situaciones absurdas: ingredientes de este gran libro”. JA Masoliver Ródenas (La Vanguardia).

“Mac acaricia la idea de escribir una obra inacabada adrede, como pudo serlo la última de Georges Perec, 53 días, que fue una reescritura de La Cartuja de Parma de Stendhal. Esa referencia da otra de las claves de esta novela de Vila-Matas”. Domingo Ródenas (El Periódico).

“La obra de Vila-Matas está llena de escritores porque, por encima de cualquier otra cosa, es un lector que reflexiona en voz alta. Cheever y otros maestros del cuento sobrevuelan esta novela”. JM Pozuelo Yvancos (ABC Cultural).

“Enrique Vila-Matas: Aunque no lo quiera, la literatura invade mi vida”. Laura Fernández (El Mundo).

miércoles, 22 de febrero de 2017

El uso de las ruinas, de Jean-Yves Jouannais

[WŁODZIMIERZ BOGACKI] «Quedó marcado por los desastres sufridos por los pueblos y las ciudades, en particular por la destrucción de Kamenets y el saqueo de Mohilev. A fin de dar cuenta de su impacto emocional y de explicarse a sí mismo su naturaleza, empieza a hacer croquis de estas ciudades devastadas. En un primer momento son vistas de conjunto. Seguidamente se aplica a restituir detalles cada vez más precisos de esas escenas. Entonces da comienzo a una especie de tipología de los escombros en términos de materiología: vigas calcinadas, frescos de tejas rotas, constelaciones de cristales hechos añicos... Es en ese momento cuando descubre el libro del capitán D'Arpentigny, La Chirognomonie, publicado en 1843, cuya teoría se revela una extensión de la quiromancia. Día tras día, los cuadernos de dibujo de Wlodzimierz Bogacku cambian de aspecto y, sin que pueda adivinarlo aún, de función. [...] Y lo que descubre es una ligazón objetiva entre su curiosidad por el aspecto de las ruinas y la simpatía que siente hacia las tesis del militar quiromántico francés. En medio del tercer cuaderno, [...] Bogacki anota, en letras mayúsculas y acentuando el trazo, la palabra destructología. Lo que él denomina así, y que debería designar a priori una "ciencia de la devastación", resulta ser una mántica: una ciencia adivinatoria que incluye, como todas las técnicas de esta familia, la facultad de predecir, la acción de consultar un oráculo y la capacidad de interpretar la respuesta dada. Alejándose de los preceptos de La Chirognomonie, avanza solo en la elaboración de una ciencia que permita arrojar luz sobre el futuro de las naciones y de los seres mediante la interpretación de los escombros de guerra.» (p. 45-46)

Jean-Yves Jouannais
El uso de las ruinas. Retratos obsidionales
L'usage des ruines (2012). Trad. José Ramón Monreal
Acantilado, 2017, 160 p. [inicio]
DONDE SE COMIENZA, NATURALMENTE,
POR SABER MÁS ACERCA DEL VERDADERO
AUTOR DE ESTA OBRA...

El libro contiene prólogo y epílogo en los que Jouannais (Historia abreviada de la literatura portátil) mantiene un divertido juego de autorías cruzadas con Vila-Matas (Artistes sans oeuvres. I Would prefer not to).

DONDE SE TERMINA, TAL VEZ UN POCO TARDE,
POR COMPRENDER DE FORMA MÁS PRECISA
LO QUE QUIERE DECIR OBSIDIONAL

lunes, 20 de febrero de 2017

Un padre extranjero, de Eduardo Berti


Eduardo Berti
Un padre extranjero
Impedimenta, 2016
348 páginas
[inicio]
Berti, Oulipiano
* * *
[diferentes historias y épocas
tejidas en un sorprendente relato]


«Muchas veces me pregunté en estos años cuánto ignoraba mi madre, en tanto esposa, y cuánto yo, en tanto hijo, de lo que ocultaba mi padre. De lo que él ocultaba adrede y de lo que estaba, por así decirlo, oculto a pesar de él. Con el tiempo, tras la muerte de mi padre, me he acusado a mí mismo de aceptar el "relato" que postulaba él. Me he acusado de no haber hecho preguntas. Hubiese sido muy fácil. O no tanto. Si no lo hice, creo hoy (me disculpo hoy), fue porque ignoraba qué debía preguntarle. En síntesis, resulta que un buen día yo me fui a vivir lejos, a vivir en el extranjero, a entender cuáles preguntas debía hacerle a mi padre para entenderlo, y cuando al fin logré reunir esas preciadas preguntas (y mientras las ordenaba y mientras juntaba valor y calma para hacérselas) mi padre murió sin mí, mi padre murió conmigo en el extranjero (podría decir que estábamos los dos en el extranjero, cada cual en su extranjero), conmigo lejos de él o, mejor dicho, conmigo al pie de su cama porque viajé con urgencia y pude hacer así un duelo con él muriendo, no con él muerto.
* * *
Me acuerdo de la primera vez que oí a mi padre hablar en su idioma fantasma...» (p. 103-104)

martes, 14 de febrero de 2017

La casa del lago, de Thomas Harding


«Toda mi vida había oído hablar de la casa del lago, es decir de "Glienicke". Había sido una obsesión para mi abuela, Elsie, que hablaba de ella con entusiasmo, para evocar una época en que la vida era fácil, divertida y sencilla. Aquella casa había sido, decía, la casa de su alma.
  Mi familia, los Alexander, había prosperado en los años de la abundancia de Berlín en la década de 1920. Era una familia de judíos acomodados y cosmopolitas, y sus valores eran los valores de Alemania: trabajaban mucho y se divertían, asistían a la última exposición, a la obra de teatro más reciente, iban a los conciertos, y daban largos paseos por la campiña de los alrededores de la ciudad. En cuanto pudieron permitírselo, se construyeron una casita de madera a orillas del lago, un símbolo de su éxito. Pasaban todos los veranos en Glienicke, disfrutando de una vida rústica y sencilla, cuidando de su jardín, bañándose en el lago, y celebrando fiestas en la terraza. En mi fuero interno, yo guardaba una imagen de la casa, construida a través de las fotografías de color sepia que me enseñaron desde que era pequeño: un lago resplandeciente, una habitación de paneles de madera, con una chimenea y una mecedora, una pradera muy bien cuidada, una pista de tenis.
    Pero con el ascenso de los nazis, los Alexander se vieron obligados a huir, y se trasladaron a Londres, donde se esforzaron por rehacer su vida. Ellos se salvaron, mientras que muchos otros no lo consiguieron, pero se marcharon sin casi nada. En mi familia, ésa era la historia de Glienicke: una casa antaño muy querida, que posteriormente les robaron, situada en un país que habían pasado a aborrecer.» (p. 25-26)


THOMAS HARDING
La CASA DEL LAGO
Berlín. Una casa. Cinco familias. Cien años de historia
[The House by the Lake, 2015]
Trad. Alejandro Pradera
Galaxia Gutenberg, 2017
The Alexander Haus Project
[la espantosa historia de Alemania durante el siglo XX,
contada de otra manera; me encantó]

martes, 7 de febrero de 2017

Rebecca Solnit: Los hombres me explican cosas


Rebecca Solnit
Los hombres me explican cosas
[Men Explain Things to Me, 2014]
Trad. Paula Martín Ponz
Capitán Swing, 2016, 152 p.
mansplaining = man+explaining
«El término derecho sexual fue utilizado en 2012 en referencia a las agresiones sexuales cometidas por el equipo de hockey de la Universidad de Boston, aunque se pueden encontrar usos previos de este término. Yo lo escuché por primera vez en 2013, en un informe de la BBC sobre un estudio acerca acerca de la violación en Asia. El estudio concluía que en muchos casos, el motivo de la violación era la idea de que un hombre tiene derecho a tener sexo con una mujer sin importar el deseo de esta. En otras palabras, o consideran que sus derechos son mayores que los de ella, o que ella no tiene ninguno. Esta sensación de que el sexo es algo que las mujeres les deben a los hombres está en todas partes. A muchas mujeres se nos dice —como me lo dijeron a mí en mi juventud— que por algo que hicimos o dijimos, por cómo vestíamos o simplemente por nuestro aspecto, por el hecho de que éramos mujeres habíamos provocado el deseo y que, en consecuencia, contractualmente estábamos obligadas a satisfacerlo. Se lo debíamos. Ellos tenían ese derecho. Derecho a nosotras.» (p. 119-120)

sábado, 4 de febrero de 2017

Nazario y Ocaña

Ocaña, El Velatorio
«Ocaña decía que ella sería eterna, que no moriría nunca, y, para conjurar la sombra de la muerte, se le ocurrió un día realizar un cuadro inmenso en el que aparecía muerto en la cama disfrazado de monaguillo con túnica roja y roquete blanco. Entre los asistentes al velatorio estaba él mismo, con un vestido primaveral todo cubierto de flores, como un ave Fénix, sobrevolado por un enjambre de cabezas de angelitos alados en los que estaban representadas las caras de todos sus más íntimos amigos y novios. En el cuadro no podía faltar una vista de Cantillana asomando por una ventana. ¿Había oído en alguna ocasión hablar de Espronceda y el estudiante de Salamanca encontrándose en la calle con su propio entierro? No creo que una persona tan vitalista como él tuviera esa visión romántica y torturada de la muerte. La muerte era para él algo totalmente improbable, por lo que su manera de tratarla debía ser lírica y festiva. ¡Y sobre todo teatral! Para él la muerte eran los cementerios encalados con cipreses, los velatorios con el aguardiente, los coros lorquianos de viejas enlutadas y los ataúdes escoltados por grandes cirios. No recuerdo que usara jamás una calavera ni un esqueleto como imagen de la muerte. «Nena, cuando nos muramos que nos entierren cerquita para seguir peleando hasta después de muertas», escribió Ocaña detrás de un cuadrito que le regaló a Alejandro.» (p. 146)

viernes, 27 de enero de 2017

[farragosa] Ciudad en llamas, de Garth Risk Hallberg

Rothko, Green on Blue, 1968
Garth Risk Hallberg
CIUDAD EN LLAMAS
[City on Fire, 2016]
Trad. Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Random House, 2016
(1.040 páginas)
[extenso inicio del libro
y bonito booktrailer]
«A decir verdad, William se había olvidado de los Rothko. E incluso aunque no los hubiera olvidado, habría imaginado (¿deseado?) que las dolorosas asociaciones que entrañaban hubieran empujado a su padre a venderlos o enterrarlos bajo una tela en las entrañas del edificio Hamilton-Sweeny. En cambio, el azul fue el primero que vio al salir del ascensor. El cuadro por sí solo habría bastado para mandarlo corriendo de vuelta al centro de no ser porque se había olvidado de otra cosa: que plantarse ante aquella obra era como aprender a ver por primera vez. Campos azules descomponiéndose en cuadrados superpuestos, de peso idéntico, de tonos distintos. Estancamiento y movimiento, la pureza de la cosa vista: exactamente lo que él había perseguido al aplicar el pincel mojado contra el lienzo, hacía mucho tiempo. Todavía podía retroceder hasta allí. O aún más, hasta el día antes de la boda de papá, cuando el campo del tiempo se extendía ante él.» (p. 757)

[Portentoso retrato de Nueva York, para E.Lago, pero "¿habría ganado si un severo trabajo de edición hubiera eliminado un buen número de páginas?". I think yes.]

sábado, 21 de enero de 2017

Víctor Klemperer, LTI (Lingua Tertii Imperii)


«—Para su señora esposa, con cordiales saludos de mi parte. —Y luego, curiosa, extrañada—: Dice Albert que su señora es alemana. ¿Es realmente alemana?
  La alegría por la manzana se fue al traste. Esa alma simplísima, que sentía de una manera del todo humana y ajena al nazismo, se había impregnado del elemento básico del veneno nazi; identificaba lo alemán con el concepto mágico de lo ario; le parecía casi inconcebible que una alemana estuviera casada conmigo, con un extraño, con una criatura perteneciente a otro ámbito del reino animal, había oído y repetido demasiadas veces expresiones tales como "ajeno a la raza" y "de sangre alemana" y "de raza inferior" y "nórdico" y "profanación racial". A buen seguro, no asociaba una idea clara con todo ello..., pero su sentimiento no podía concebir que mi mujer fuera alemana.» (p. 144)
VÍCTOR KLEMPERER (1881-1960)
LTI La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo
Trad. Adan Kovacsics. Editorial Minúscula, 2001
La lengua como arma, Mercedes Monmany

sábado, 14 de enero de 2017

Copiando a Vilnius

“Vila-Matas ha desarrollado su sitio web como una estructura paralela a sus novelas” (Dominique González-Foerster)

“La página web de Vila Matas es una biblioteca completa” (Mónica Gómez Vesga)

“Entrado el nuevo siglo, la red parece haber sido inventada para los shandys, la familia cuya protección le encargó Laurence Sterne a Vila–Matas” (Christopher Domínguez Michael)

“Por seguir el ejemplo del propio Vila-Matas, que ha aprovechado los beneficios de difusión de la red como probablemente ningún otro escritor de lengua española” (Pablo Sol Mora, Letras Libres)

“La web de Vila-Matas, su más ambicioso gesto hipertextual, un universo de cajas chinas” (Mariana Sández, Clarín)

“La suya no es la página web habitual de un escritor” (Sònia Hernández, Letras Libres)

“La página web oficial del escritor, probablemente las más completa de la literatura en nuestra lengua” (Jordi Carrión en revista Otra Parte)

“No hay nada más que visitar su web para rendirse al quehacer cibernético de este autor. No sé cómo considerarán su web, a mí me resulta fascinante; tú, ¿qué adjetivo utilizarías para esta maravilla? ¡Asombrosa!” (Blumm, La manía de leer)

Copiando a Vilnius (por la parte que me toca)

domingo, 8 de enero de 2017

Años felices de Emilio Renzi

Ricardo Piglia en Princeton
«Serie E3. ¿Y si lo mejor que yo he escrito, y si lo mejor que yo escribiré en mi vida, fueran estas notas, estos fragmentos, en los que registro que nunca alcanzo a escribir como quisiera? Admirable paradoja, enfurecido por no poder escribir lo que quiere, un hombre se dedica a registrar en un cuaderno la historia de su vida, siempre contra sí mismo, y se sostiene de sus cuadernos, se observa y va fracasando sin saber que en esos cuadernos está escribiendo la mejor literatura de su tiempo. Muere, desconocido, anónimo, sin que nadie quiera o pueda (incluso aunque conozca su valor) atreverse a editar. Cuadernos en los que un desconocido habla de su vida, relata día tras día su frustración, escribe el testimonio más hondo de su época, de la fatalidad del fracaso. Sería la vida de Kafka al revés, el secreto de una calidad totalmente ignorada, de una gran literatura que se ignora, o mejor, que es desconocida también por su autor.» (p. 74)