jueves, 9 de marzo de 2017

Diario de Oaxaca, de Oliver Sacks



OLIVER SACKS
Diario de Oaxaca
[Oaxaca Journal, 2002]
Trad. Jordi Fibla
Argumentos, Anagrama, 2017

«En Teotitlán del Valle, visitamos la casa de don Isaac Vázquez, maestro tejedor cuyas alfombras y mantas, en las que usa tintes naturales, han llegado a ser famosas fuera de México. Varios familiares trabajan con él, y hay que señalar que aquí es corriente que los artesanos tengan familias numerosas; se puede decir que existe una clase artesanal cuya actividad se transmite por herencia. Desde temprana edad, los niños se adiestran para tejer y teñir. Viven inmersos en el ambiente del oficio y lo absorben constantemente. Sus habilidades y su identidad cobran forma desde el principio, y a ello contribuye no soto la situation de la familia sino todo el pueblo, la tradición local en la que crecen.
    Al ver a don Isaac manos a la obra, a su anciana madre, que carda la lana, a su esposa, hermanos, primos y sobrinos, a la media docena de niños en el patio trasero; al verlos trabajar totalmente absortos, empleados en distintos aspectos del negocio, experimento una sensación de nostalgia y, al mismo tiempo, una leve inquietud. Todos ellos saben quiénes son, tienen sus identidades, sus lugares, sus destinos en el mundo. Son la familia Vázquez, los tejedores más antiguos y distinguidos de Teotitlán del Valle, la encarnación viviente de una vieja y noble tradición. Sus vidas están predestinadas, casi programadas, desde que nacen, unas vidas útiles y creativas, que forman parte de la cultura de su región. Son plenamente aceptados en su sociedad. Prácticamente todo el mundo en Teotitlán del Valle tiene un conocimiento profundo y detallado de los oficios de tejer y teñir, así como de cuanto los acompaña: cardar y peinar la lana, hilar, criar los insectos en sus cactus preferidos, recolectar las plantas de índigo apropiadas. Las familias de este valle, cada uno de sus miembros, poseen un conocimiento completo. No es necesario recurrir a «expertos», no se necesita un conocimiento procedente del exterior que no exista ya en el pueblo. No hay un solo aspecto de la pericia necesaria para realizar esas tareas que no se encuentre aquí.
    ¡Qué diferencia con nuestra cultura, más avanzada, en la que nadie sabe hacer nada por sí mismo! ¿Cómo se fabrica una pluma o un lápiz? ¿Podríamos hacerlos por nuestra cuenta si tuviéramos necesidad de ello?» (p. 130-131)

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