miércoles, 29 de agosto de 2018

El diario de la princesa, de Carrie Fisher

Carrie Fisher (1956-2016)
EL DIARIO DE LA PRINCESA
[The Princess Diarist, 2016]
Trad. Irene Saslavsky
B de Bolsillo, 2018 - 272 págs.
[entretenido para Deborahlibros; regulín para mí]
«Un día vino una niñita a la que le habían dicho que conocería a la princesa Leia; imaginaos su emoción... hasta que me vio.
−¡No! −chilló, apartando la cabeza−. ¡Quiero la otra Leia, no la vieja!
Su padre se sonrojó y luego se inclinó hacia mí, murmurando:
−Bueno, no quiso decir eso. Acabamos de ver las primeras tres películas y nos gustaste tanto en ellas...
−¡Por favor! −lo interrumpí−. No tienes por qué disculparte porque le parezca más vieja a tu hija después de cuarenta años. Yo también me veo más vieja y no me pido disculpas... aunque a lo mejor debería hacerlo.
Se produjo una situación ciertamente incómoda: la niñita era incapaz de mirarme y enfrentarse a los efectos del tiempo. Por fin todo acabó bastante bien: yo prometí hacerme la cirugía estética (tras explicarle a la pequeña qué era eso) y conseguí que el padre prometiera leerle a su hija fragmentos de mi libro Whisful Drinking [Bendito alcoholismo] y que ambos contemplarían las imágenes para que ella viera cómo era la Carrie del presente y lo bonita que podía ser una vez que la eternamente extraordinaria Leia hubiese llegado a su fin.» (págs. 236)

sábado, 25 de agosto de 2018

La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, escrita por Esther Meynell

Edición familiar de 1940
Esther Meynell (Reino Unido, 1878-1955)
LA PEQUEÑA CRÓNICA DE ANA MAGDALENA BACH
[The Little Chronicle of Magdalena Bach, 1925]
Trad. Carlos Guerendiáin
Editorial Juventud, 1940 - 224 págs. - imágenes
[interesante para acercarse a la vida de JSB, a pesar de
la impostura de la autora real y de los primeros editores]
«NUESTRA familia no cesaba de aumentar y la cuna estaba constantemente ocupada, aunque, ¡ay!, la mano estranguladora de la muerte nos había arrancado de ella a algunos de sus pequeños ocupantes. Hubo tiempos, tengo que confesarlo, en que me parecía cruel llevar hijos en el vientre para perderlos luego y tener que enterrar amor y esperanza en sus pequeñas tumbas, ante las que Sebastián y yo permanecimos muchas veces silenciosos, cogidos de la mano. [...] La mayor de mis hijas, Cristina Sofía, no vivió más que hasta la edad de tres años, y también mi segundo hijo, Cristian Gottlieb, murió a la misma edad. Ernesto Andrés no vivió más que pocos días y la niña que le siguió, Regina Juana, tampoco había llegado a su quinto cumpleaños cuando dejó este mundo. Cristina Benedicta, que vio la luz un día después que el Niño de Belén, no pudo resistir el crudo invierno y nos dejó antes de que el nuevo año llegase a su cuarto día. [...] Cristina Dorotea no vivó más que un año y un verano y Juan Augusto no vio la luz más que durante tres días. Así perdimos siete de nuestros trece hijos, siendo esto un rudo golpe para nuestros corazones. Pero lo admitimos como una prueba a que nos sometía la divinidad y quisimos más a nuestros hijos restantes.» (págs. 153-154)
[y de los siete hijos que Bach había tenido con su primera esposa
(su prima segunda, Maria Barbara Bach), sólo tres sobrevivieron]

Nota de TPM encontrada en el libro

«Cuando intento enumerar las obras que Sebastián compuso durante su vida, me quedo asombrada de la cantidad. Música para órgano, música de cámara, centenares de cantatas de iglesia, la gran misa latina, las cinco diferentes versiones musicales de la Pasión de Nuestro Señor según los Evangelios, los conciertos de violín, el Oratorio de Navidad, el Clave bien temperado, todas las suites y demás música para clave... [...] Sebastián jamás siguió ninguna moda. En el curso de su vida y en la época de su desarrollo artístico y de su madurez, estudió todas las formas de su arte y, con una perseverancia inflexible, siguió su impulso interior, que le impelía a descubrir la verdadera estructura y la importancia de la música. Pero, en todo lo que compuso, sólo siguió la inspiración de su genio, sin guardar ninguna consideración a las opiniones de sus contemporáneos. Eso explica por qué se abandona o no se comprende parte de su música. −Yo creo que escribirías la misma música aunque todos los hombres fueran sordos −le dije una vez. −Es muy posible −me respondió sonriente. −Además, muchos de ellos lo son, pero tal vez algún día lleguen a oír. Como escribo para placer mío, no puedo enfadarme porque mi arte no guste a todos.» (págs. 185 y 187)

La Pasión según San Mateo, de Bach, glosada por Macluskey

martes, 21 de agosto de 2018

El complot de las damas muertas, de Jessa Crispin

Jessa Crispin (Kansas, 1978)
EL COMPLOT DE LAS DAMAS MUERTAS
[The Dead Ladies Project: Exiles, Expats
and Ex-countries
, 2015]
Trad. Elvira Herrera Fontalba
Alpha Decay, 2018 - 288 págs. - prólogo
Tarot de propina
[lúcido]
«[...] Pero tenemos que volver a la idea de para qué había vendido su alma al Diablo: el control de su propia vida. No era solo por el miedo omnipresente que cualquier mujer con cerebro en el siglo XIX sentía al pensar que sería encadenada a cualquier cerebro aburrido aristócrata consanguíneo y que el centro de la vida que tendría a partir de entonces se limitaría a lo que entrara y saliera de entre sus piernas. Y no se trataba solo de conseguir el dinero para ser una mujer independiente de modo que pudiera hacer un gran tour por los hoteles y las sociedades de Europa. El sentido de la magia negra es realizarla de modo que pueda hacerse tu voluntad. Es lo contrario del concepto cristiano de HÁGASE TU VOLUNTAD Y NOSOTROS NOS QUEDAREMOS QUIETOS E INTENTAREMOS ADAPTARNOS. Esa era la actitud de los católicos irlandeses tras haber sido despojados de su sistema educativo y de su lenguaje, despojados de cualquier esperanza de prosperidad, despojados de cualquier prueba de que existía algo como el libre albedrío. A eso se aferraban cuando se aferraban a sus iglesias. La magia negra era una forma de decir: Yo no me muevo para el universo, el universo se mueve para mí.

Quizá necesitemos revivir un poco la magia negra ahora que nuestros filósofos y científicos ateos nos han regalado un mundo materialista. De algún modo es ahí donde los calvinistas extremos y los ateos coinciden: en el rechazo del libre albedrío. Para los materialistas, sin embargo, no es Dios el que dirige el espectáculo, sino la dichosa biología. Somos esclavos de nuestros impulsos inconscientes, de nuestro material evolutivo, de nuestro sistema anatómico de hormonas y endorfinas y neurotransmisores. Tu depresión es simplemente el resultado de una química desequilibrada y puedes pensar que elegiste comerte esa ensalada, pero tu sistema —respondiendo al olor del pan que sale flotando de la panadería y a tus niveles de azúcar en la sangre y a tu cerebro confundido por la publicidad que te cuenta que esta es la mejor ensalada porque de algún modo la asocias con la felicidad y con proezas sexuales— ha elegido esa ensalada por ti. Tú no eres más que un saco de carne, vagamente consciente de tu mundo.

Y el amor es solo una sobredosis de hormonas sexuales niveles de endorfinas y la forma en que alguien huele basada en la compatibilidad de vuestros sistemas inmunes unidos para producir una descendencia sana, y la reproducción es solo un instinto biológico implantado en nosotros para asegurar la supervivencia de la especie, etcétera.

Si se me diera a elegir entre una visión del mundo materialista y una práctica de magia negra irracional, elijo la magia negra. Mi primer acto de libre albedrío es elegir creer en el libre albedrío.» (págs. 133-135)
"Imposible resistirse ante el argumento de El complot de las damas muertas, el libro que escribió Jessa Crispin basándose en sus experiencias cuando al cumplir los treinta decidió hacer una pequeña maleta con lo imprescindible y viajar por Europa en busca de sí misma y también de los espíritus de intelectuales que, antes de ella, se habían sentido con ganas de conocer su verdadera identidad y sus prioridades en la vida. Por este motivo emprende un viaje por el Berlín de William James, el Trieste de Nora Barnacle, el Sarajevo de Rebeca West, el sur de Francia con Margaret Anderson, el Galdway de Maud Gonne, la Lausanne de Igor Stravinski, el San Petersburgo en el que recaló W. Somerset Maugham, el Londres de Jean Rhys, la Isla de Jersey con Claude Cahun..." [de lecturafilia].

viernes, 17 de agosto de 2018

Hombres imprudentemente poéticos, de Valter Hugo Mãe.

Valter Hugo Mãe (Angola, 1971)
HOMBRES IMPRUDENTEMENTE POÉTICOS
[Homens imprudentemente poéticos, 2016]
Trad. Martín López Vega
Prólogo de Xuan Bello
Rata Books, 2018 - 262 páginas
[tan poético]
«Los suicidas ataban los cordajes a los árboles y se adentraban en el bosque intuitivo. La sapiencia del caos los guiaría en la profunda y decisiva meditación.
    Aquellos que querían morir llegaban como personas que cambiaban de interior. Cargaban con pequeñas pertenencias y pertrechos, aparecían en la curva del camino impresionados por las flores de Saburo. Se decía que algunos suicidas se habían arrepentido de la muerte solo por haber contemplado aquel jardín. Estaba por demostrarse. Pero se creía que, con la belleza de las flores, los animales se amansaban y las personas veían disminuir su carga de tristezas. Eso sí estaba probado.
    Subían la pendiente, árboles arriba, y espiaban largamente el bosque indescifrable. El laberinto gigante del Japón que sólo podría ser desvelado si alguien alcanzaba la cima, ese promontorio para pájaros y para ninguna persona. Caminaban por el matorral para mezclarse con la naturaleza que todo lo deglute. Agarrados siempre a sus cordajes, volverían por arrepentimiento o habiendo tomado una decisión mejor.
    Muchos subsistían indefinidamente a costa de cursos de agua y vegetales saludables que reconocían. Otros perecían más deprisa, también atacados por los animales dentados que se despreocupaban por las meditaciones espirituales y carecían de dudas acerca del hambre.» (de Los honorables suicidas, págs. 65-66)

lunes, 13 de agosto de 2018

La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick

Vivian Gornick (Nueva York, 1935)
LA MUJER SINGULAR Y LA CIUDAD
[The Odd Woman and the City. A Memoir, 2015]
Traducción de Raquel Vicedo
Sexto Piso, 2018 - 148 págs. - fragmento
- Apegos feroces, 2017
- Vivian en Página Dos
- Historia del guisante
- A Rosa también le gustó
[intenso & estupendo]
«Como llego tarde a una cita en el Midtown, bajo corriendo las escaleras del metro justo cuando el tren está llegando a la estación de la calle Catorce. Las puertas se abren y un joven que está de pie delante de mí (camiseta, vaqueros, corte de pelo militar), y que carga con un coche de bebé plegado sofisticadamente a la espalda y un niño muy pequeño cogido de la mano, se dirige a los asientos que hay justo delante. Yo me dejo caer en el asiento de enfrente, saco mi libro y mis gafas de leer y, mientras me pongo cómoda, soy vagamente consciente de que el hombre se quita el cochecito de la espalda y se vuelve hacia el niño que está sentado. Entonces levanto la vista. El niño tiene unos siete u ocho años y es la criatura más grotescamente deforme que he visto en mi vida. Tiene la cara de una gárgola -la boca torcida hacia un lado, un ojo más arriba que el otro- en una cabeza enorme y contrahecha que me recuerda al Hombre Elefante. El niño lleva un estrecho pedazo de tela blanca alrededor del cuello y en el centro, un tubo ancho y corto parece insertarse en su garganta. Un segundo después me doy cuenta de que también es sordo. Lo sé porque el hombre inmediatamente empieza a comunicarse por señas. Al principio, el niño se limita a mirar los dedos en movimiento del hombre, pero enseguida empieza a responder moviendo los suyos. Entonces, al tiempo que los dedos del hombre se mueven cada vez más rápido, los del niño se aceleran, y en pocos minutos los dedos de ambos se menean con la misma rapidez y complejidad.
    Al principio me da vergüenza observarlos tan fijamente y desvío la mirada una y otra vez, pero parecen tan ajenos a todos los que les rodeamos, que no puedo evitar levantar los ojos constantemente del libro. Y entonces ocurre algo extraordinario: el rostro del hombre destila tanto placer y ternura a medida que las respuestas del niño son cada vez más animadas -la boquita torcida sonríe, los ojos desnivelados se iluminan-, que el mismo niño empieza a transformarse. Conforme las estaciones se van sucediendo y el intercambio va absorbiendo más al hombre y al niño, los dedos vuelan, ambos asienten con la cabeza y ríen, me descubro pensando: "Estos dos se están humanizando el uno al otro de un modo asombroso".
    Para cuando llegamos a la calle Cincuenta y Nueve, el niño me parece hermoso y el hombre, beatífico.» (págs. 60-61)

jueves, 9 de agosto de 2018

La uruguaya, de Pedro Mairal

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970)
LA URUGUAYA
Libros del Asteroide, 2017 - 144 págs. - inicio
[ágil y con pericia técnica]
«[...] Nunca me cayeron bien los médicos hombres, con ese aire de grandulones con guardapolvo, escolares crónicos con gigantismo, los bravucones peludos de la clase, haciéndose los serios en la consulta, usando grandes palabras anatómicas, hipersexuados, libidinosos ni bien cierran la puerta del consultorio, cogiendo todos por ahí con enfermeras en ese doble fondo de las guardias, acceso restringido al personal, coitos de camilla, desenfrenos de rincón, entre tubos de oxígeno y carritos con material quirúrgico, guardapolvos disimulando erecciones, galenos con priapismo, grandes porongas doctas, reverenciadas, falos hipocráticos rodeados de conchitas dispuestas como mariposas rosadas en el aire, sátiros de blanco, con unas canas que hacen suspirar a la paciente y a ver respirá profundo, otra vez, bien, levantate un poco la blusa, respiré otra vez, muy bien... Hijos de puta, abusadores matacaballos, carniceros prepagos, sumando comisiones de cesáreas innecesarias, atrasando la operación para después de su semanita en Punta del Este, maltratadores seriales, ladrones del tiempo y la salud, ojalá les llegue un infierno eterno de sala de espera con revistas pegoteadas, aprovechadores parados en su columnata griega, te vas a aplicar la crema en el área pruriginosa, ¡hijo de un camión lleno de putas!, ¡el área pruriginosa!, por qué no decís «el lugar donde te pica», la concha de tu hermana, reverendo sorete grandilocuente...» (págs. 24)
[diría que no le gustan los médicos]

miércoles, 8 de agosto de 2018

Enrique & Tote & Bartleby & hooligan

La singular relación entre el rapero Toteking y Enrique Vila-Matas viene de lejos. Como muestra tenemos el rap Otras Mentes (2013) donde Tote declara "hay referencias literarias en mis letras desde siempre", o la reciente entrevista "Llevo diez años leyendo sólo a los escritores de los que habla Vila-Matas" (Letra Global, 2018). Ahora Tote se estrena como escritor publicando el original relato Gansbaai hooligan en el web del escritor.



[INTRO: Enrique Vila-Matas]
Porque en realidad necesito mantenerme siempre tal como estaba al principio que cuando empecé a escribir, donde no me preocupaba nunca el riesgo, porque si un libro iba mal no pasaba nada porque han ido... habían ido mal los anteriores. Y el riesgo es fundamental para poder ser libre a la hora de escribir y no estar pendiente de lo que has hecho antes, ni de que pueda fracasar el libro.

[ESTROFA] Ah, pensar en dejarlo, mi idea recurrente El TOC, perderme Ser un Bartleby sin banco Olvidar el folio en blanco Fantasear con la idea de no escribir más Y dejar de ser una sombra de la realidad Si lo analizo fríamente Creo que en total hablo más solo que con gente Perdiéndome la vida pa' contársela al de enfrente En mi cárcel con sus tres comidas Sin ser un matador ni un Mario Kempes Y me imagino abandonando lo inservible Buscarme un curro físico que sea cierto y tangible Salir de mi burbuja de líricas enfermas Currar a lo Lester Burnham Y en mi descanso; pesas y fumar hierba Y está claro que sí sé con certeza Que la peor de to's mis compañías siempre ha si'o mi cabeza La hija puta me da letras que me han pagao' un palacio Y sin embargo siento que dentro el tiempo mata despacio Y no sé si me equivoqué de curro Podría haberme dejado esas orejeras de burro Seguir el signo, acabar el CAP, buscar un empleo fijo Y ser una mierda de maestro pa' el inútil de tu hijo No puedo evitarlo siento celos Del aura de alegría que desprende el camarero Mi oficio me ha dotado pa' alegrar tus días tristes Pero jamás podré confeccionar sus chistes, créelo La gracia que no me han da'o, el sol que apenas valoro Compáralo con estar encerrado en mi estudio grabando coros Día tras día la impotencia me llena Pensar que na' de lo que he escrito hasta hoy es mierda buena Comprar el pan y descubrir la belleza El color de al lado, melocotones y fresas El puzzle gira y yo ni sé cómo se llama mi pieza Los codos ennegrecidos siempre clava'os en la mesa Ni mirando mi lista de emoticonos más usa'os sé quien soy De dónde vengo, a dónde voy Un día siento que mi rap no tiene sustancia Y otro día que yo le hago al rap el rescate de Bankia Aún así pensar en dejarlo, pensar en dejarlo Ideas en bucle sin sentimientos como Lorne Malvo ¿Cómo le digo al mánager que se ha acaba'o? Si estamos en enero y hay seis festis confirma'os Tiro pa'lante como siempre y te vomito Las canciones que ya has escuchado diez años en tu equipo Si tú estás cansa'o, imagina yo que a veces las recito Y olvido la letra por pura supervivencia ¡Chico! Ya no sé ni lo que quiero pero sé a quien quiero Entre el cielo y el infierno, tú, lo más bonito Hoy me mola esta mierda y mañana ausente Esto ya ni es rapear, es arqueología presente
[ESTRIBILLO] Pensar en dejarlo, buscarme algo Donde nada esté a mi cargo y mi mente a salvo Me he vuelto loco, eso ya es un hecho Me he comido mi cabeza y una mano en el pecho Pensar en dejarlo, toa' la vida escuchando "¿Qué te pasa Tote? ¿En qué estás pensando?" Estoy valorando esta locura Esta impostura me está matando
[SCRATCHES] "This is real life" "I'm liking the show" "Just a rebel to the world with no place to go" "I be blowing up spots like I was sending out mail bombs" "... hold me down at all"

Toteking: Bartleby & Co.

viernes, 3 de agosto de 2018

Eduardo visitó a Emily

Casa de Emily Dickinson en Amherst. Foto de Pascal Perich
Evergreen (fotos de Pascal Perich)
NO SOY NADIE, ¿QUIÉN ERES TÚ?
(Semblanza de Emily Dickinson)
por EDUARDO LAGO

«[1] Poco antes de llegar a Amherst por la ruta 91, semioculto entre los maizales, se divisa un pequeño campo de aterrizaje para avionetas, del que parten senderos de tierra que rastrillan el paisaje de la Nueva Inglaterra natal de Emily Dickinson, una de las voces poéticas fundamentales del canon literario norteamericano. Del otro lado de los hangares emerge una de las numerosas carreteras secundarias que se pierden por los campos aledaños, tejiendo una red que atraviesa granjas, prados y arboledas, sorteando graneros, casas rurales, silos, establos, vaquerías, almacenes y secaderos de tabaco [...]

[2] Los límites del universo en que vivió Emily Dickinson son muy reducidos: a cien metros de The Homestead, al final de un sendero de tierra, se alza Evergreen, la casa señorial que hizo construir el padre de la poeta y que su hermano mayor, Austin, pasó a ocupar cuando contrajo matrimonio. Los huertos y jardines que se extienden por la propiedad apenas han cambiado desde la época en que vivía allí la familia Dickinson. Es mediodía al llegar a la Casa Museo, hoy convertida en un centro de peregrinación al que acuden sin apenas hacerse notar,
Eduardo Lago en la habitación de Emily Dickinson. Foto de Pascal Perich
Lago en la habitación de Dickinson
como si no quisieran perturbar la paz del lugar, discretos visitantes procedentes de los rincones más remotos del planeta, en su mayoría mujeres que, tocadas por la fuerza enigmática de su palabra, aspiran a asomarse siquiera unos momentos al espacio íntimo donde Emily Dickinson vivió y escribió en la más absoluta reclusión por espacio de casi treinta años [...]»

Este fascinante texto de Eduardo Lago se puede leer completo en
enriquevilamatas.com

POSTDATA de 2014:
   
(imprescindible) Eduardo Lago hablando de literatura desde la cueva del erizo.

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