domingo, 28 de junio de 2020

Bienvenida a casa, de Lucia Berlin

Lucia Berlin (1936-2004)
BIENVENIDA A CASA
[Welcome Home, 2003, 2005]
Trad. Eugenia Vázquez Nacarino
Alfaguara, 2019 - 192 págs. - inicio
- Hotel Mirador, Acapulco, México
[prefiero su Manual para mujeres de la limpieza]
«Antes de marcharnos, mi padre se adentraba en el bosque a acarrear leños y ramas que cortaba y apilaba cerca de la puerta. Yo arrancaba con cuidado páginas de las revistas y las pegaba en las paredes con engrudo, procurando no mojar el texto. La idea era cubrir toda la cabaña con retales, desde el suelo hasta el techo. A lo largo de los oscuros días del invierno, Johnson leería las paredes. Era importante no mezclar las páginas y las revistas, de manera que la página veinte quedase en la parte superior de la pared que daba al norte, y la veintiuno en la parte de debajo de la pared que daba al sur.
    Creo que esta fue mi primera lección de literatura, de las infinitas posibilidades de la creatividad. De lo que no me cupo ninguna duda fue de que esas paredes fueron una idea genial. Las revistas se le habrían acabado muy rápido, de haber puesto las páginas consecutivas. En cambio, así, como no seguían un orden (y generalmente la página anterior o la siguiente estaban en la cara pegada a la pared), cuando leía una historia se tenía que inventar la continuación, corrigiéndola a veces días después, al encontrar una página conectada en otra pared. Una vez agotaba las posibilidades de la cabaña, la empapelaba de nuevo con más páginas en un orden aleatorio similar.» (págs. 26-27)

jueves, 25 de junio de 2020

El infinito en un junco, de Irene Vallejo

Irene Vallejo (Zaragoza, 1979)
EL INFINITO EN UN JUNCO
La invención de los libros en el mundo antiguo

Siruela, 2019 - 472 págs. - inicio
- El libro, un invento asombroso, A. Manguel
- Fragilidades y resistencias del libro, G. Torné
[deslumbrante viaje por la historia del libro]
«El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí. Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor.

Por supuesto, la tecnología es deslumbrante y tiene fuerza suficiente como para destronar a las antiguas monarquías. Sin embargo, todos añoramos cosas que hemos perdido —fotos, archivos, viejos trabajos, recuerdos— por la velocidad con la que envejecen y quedan obsoletos sus productos. [...] Lo curioso es que aún podemos leer un manuscrito pacientemente copiado hace más de diez siglos, pero ya no podemos ver una cinta de vídeo o un disquete de hace apenas algunos años, a menos que conservemos todos nuestros sucesivos ordenadores y aparatos reproductores, como un museo de la caducidad, en los trasteros de nuestras casas.

No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado, desde hace muchos siglos, en una guerra que no registran los manuales de historia. La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras, que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él; los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia.

Por eso decidí sumergirme en esta investigación. Al principio de todo, hubo preguntas, enjambres de preguntas: ¿cuándo aparecieron los libros? ¿Cuál es la historia secreta de los esfuerzos por multiplicarlos o aniquilarlos? ¿Qué se perdió por el camino, y qué se ha salvado? ¿Por qué algunos de ellos se han convertido en clásicos? ¿Cuántas bajas han causado los dientes del tiempo, las uñas del fuego, el veneno del agua? ¿Qué libros han sido quemados con ira, y qué libros se han copiado de forma más apasionada? ¿Los mismos?

Este relato es un intento de continuar la aventura de aquellos cazadores de libros. Quisiera ser, de alguna manera, su improbable compañera de viaje, al acecho de manuscritos perdidos, historias desconocidas y voces a punto de enmudecer. Quizá aquellos grupos de exploradores eran solo esbirros al servicio de unos reyes poseídos por una obsesión megalómana. Tal vez no entendían la trascendencia de su tarea, que les parecía absurda, y en las noches al raso, cuando se apagaban los rescoldos de la hoguera, mascullaban entre dientes que estaban hartos de arriesgar la vida por el sueño de un loco. Seguramente hubieran preferido que los enviasen a una misión con más posibilidades de ascenso, como sofocar una revuelta en el desierto de Nubia o inspeccionar el cargamento de las barcazas del Nilo. Pero sospecho que, al buscar el rastro de todos los libros como si fueran piezas de un tesoro disperso, estaban poniendo, sin saberlo, los cimientos de nuestro mundo.» (del Prólogo, págs. 20-21)

viernes, 19 de junio de 2020

La piel, de Sergio del Molino

Sergio del Molino (Madrid, 1979)
LA PIEL
Alfaguara, 2020 - 236 págs. - inicio
- Flexible relato de amplia temática
- Rubén ama a Sergio
- Sergio aquí
[curioso (pero me sobran el nene y las brujas)]
«[...] pues si algo detestaba Nabokov era el psicoanálisis. Nunca citaba a Freud por su nombre, sino que lo llamaba el estafador vienés y cosas así, y nada le parecía más ridículo que la interpretación de la literatura (y de los sueños, de los que se ocupó mucho) como expresión de un inconsciente. Educado en una tradición simbolista muy fina, Vldimir creía que la poesía de las imágenes no merecía el tratamiento grosero y simplista del psicoanálisis. [...] Cuando trabajaba un símil, Nabokov intentaba manifestar una idea del tiempo simultáneo: todo sucede en el mismo instante. El pasado, el presente y el futuro son dimensiones superpuestas. En sus libros, también en Lolita, las cosas suceden a la vez y constantemente. Un hombre es niño y viejo en la misma escena. Él mismo, en sus memorias, evoca un recuerdo infantil de su padre que se funde con la imagen de su cadáver en el ataúd. Su padre vive y muere al mismo tiempo. Sólo alguien cuya infancia sucedió en un país perdido al que no se puede volver sabe expresar algo tan difícil de entender.» (págs. 197)

martes, 16 de junio de 2020

A propósito de nada, de Woody Allen

Woody Allen (Nueva York, 1935)
A PROPÓSITO DE NADA
[Apropos of Nothing, 2020]
Trad. Eduardo Hojman
Alianza Editorial, 2020 - 440 págs. - inicio
- Nueva York era su ciudad y siempre lo sería
- Sus mejores películas de los 90
- A propósito de casi todo
- La versión de Moses
[Woody forever]
«[...] La verdad era que esa crítica no me afectaba en lo más mínimo. Pero yo soy así de afortunado. Para bien o para mal, vivo en una especie de burbuja. Dejé de leer lo que se escribe sobre mí hace varias décadas y las valoraciones o análisis que hagan otras personas de mi trabajo no me interesan en absoluto. Suena arrogante, pero no lo es. No es que me considere superior ni que piense que estoy por encima de los demás, ni tampoco tengo una opinión especialmente elevada de mi propia obra. Pero Danny Simon me enseñó a basarme en mi propio criterio y no me gusta perder mi valioso tiempo en lo que fácilmente puede convertirse en una distracción. En varias ocasiones algunos amigos me han aconsejado que al menos una vez en la vida me dé el gusto de leer los elogios de alguna persona respetable y también que, al menos en los casos extremos, considere la posibilidad de responder si me atacan, pero no tengo deseos de hacer ninguna de las dos cosas. [...] A mí me parecía que si crees todo lo que lees en la prensa amarilla entonces te mereces la vida que tienes.» (págs. 169-170)


«A estas alturas probablemente hayáis adivinado que como cineasta soy un imperfeccionista. No tengo paciencia para rodar escenas una y otra vez con el objetivo de contar con planos adicionales captados desde diversos ángulos, por valiosos que sean luego a la hora de realizar el montaje. A mí me gusta rodar una escena, pasar a la siguiente, terminar y salir pitando. Quiero ir a casa, acariciar a Soon-Yi, mecer a las niñas, cenar y ver el partido. No me gusta nada molestarme en añadir una toma de perfil, un primer plano extra, otra toma más de los protagonistas discutiendo por si les sale mejor. Hacer películas me gusta, pero carezco de la dedicación de Spielberg o Scorsese, por no mencionar sus otras cualidades.» (págs. 366-367)

sábado, 13 de junio de 2020

Gente normal, de Sally Rooney

Sally Rooney (Irlanda, 1991)
GENTE NORMAL
[Normal people, 2018]
Trad. Inga Pellisa Díaz
Literatura Random House, 2019- 255 págs. - fragmento
- Jane Austen para 'millenials', Sergi Sánchez
- Una historia de amantes malditos, Begoña G. Urzaiz
[prefiero Conversaciones entre amigos]
«¿Sabes? La verdad es que no entendí qué ocurrió entre nosotros el verano pasado, dice. Cuando tuve que volverme a casa y todo eso. Pensé que quizá me dejarías quedarme aquí o algo. No sé realmente qué pasó al final entre nosotros. Marianne siente un dolor punzante en el pecho y su mano se alza hasta su garganta, aferrándose a nada. Me dijiste que querías salir con otra gente. No tenía ni idea de que quisieras quedarte aquí. Pensé que estabas cortando conmigo. Él se frota la boca con la palma de la mano durante un segundo y luego exhala. No dijiste en ningún momento que quisieras quedarte aquí, añade ella. Habrías sido bienvenido, evidentemente. Siempre serás bienvenido. Vale, en fin, dice Connell. Oye, voy a ir tirando. Que pases buena noche, ¿sí?»

martes, 9 de junio de 2020

Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez

Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973)
NUESTRA PARTE DE NOCHE
Anagrama, 2019 - 680 págs. - inicio
- A Nadal Suau le ha gustado
- A Carlos Pardo, también
[no se (me) acababa nunca]
«Vamos a ver, dijo su padre, y cuando llegaron a las rejas, cerradas con candado, le dijo pasá hijo, pasá si podés, y Gaspar, confundido, le devolvió la caja donde estaba su madre y, cuando intentó empujar la puerta, se dio cuenta de que no necesitaba una llave, que si quería abrirla sencillamente la abría y cómo era posible eso no había manera de entenderlo, pero de pronto la reja estaba abierta y solamente la había tocado —y había pensado, sí, había pensado en que podría abrirla— y su padre lo siguió sin decirle nada, como si fuese lo más normal del mundo, y del otro lado, entre pastos altos y sobre un camino embarrado, los charcos brillantes como espejos bajo la luna, le tomó la cara entre las manos, se agachó para mirarlo a los ojos y le acarició el pelo, la caja estaba en el suelo, entre los dos, y le dijo tenéis algo mío, te dejé algo mío, ojalá no sea maldito, no sé si puedo dejarte algo que no sea oscuro, nuestra parte de noche. Esto me gusta, dijo Gaspar, y su padre le contestó claro que te gusta, porque ahora nada puede lastimarte. ¿Nada? Ahora mismo, nada. [...] Gaspar se animó a preguntar, envalentonado, por las cenizas y la luna, si esas cosas lo habían enfermado. Ese tipo de esfuerzos. Abrir puertas de esa manera. ¿A mí?, preguntó su padre. No, la enfermedad en todo caso me detuvo. Eso tengo que agradecerle. Soy tu padre porque estoy enfermo. Sano, no sé qué habría pasado.» (págs. 301 y 303)


viernes, 5 de junio de 2020

Reina, de Elizabeth Duval

Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, 2000)
REINA
Caballo de Troya - 176 págs. - inicio
- Ser trans no significa tanto en mi vida
- Parece que a Nadal le ha gustado
[a mí, no]
«No me agrada esta memoria. Ni ser un muerto viviente. Ni las consecuencias de la start-up-nation. Qu'est-ce que j'en ai à foutre? En consecuencia, leo. En medio año, en el RER, he leído a: Laclos, Vivant Denon, Platón en un bus nocturno a las cuatro de la mañana rodeada de adolescentes, Sally Rooney, Elif Batuman, Gil de Biedma, Soupault, Camus, Vila-Matas, Didier Eribon, Chirbes, Queneau, Marta Sanz, Sara Mesa, Houllebecq, Breton.
      Todos en papel, la enorme mayoría en libro de bolsillo. Leer un libro en ebook es casi una forma de desprecio. Tomar un libro en un dispositivo propio: apropiación integral del texto, negación de la presencia física del autor. Leer en ebook es quitarle al autor lo tangible de las manos. En la letra digital no hay sitio para el autor. Hagamos una simplificación de lo kantiano: el tiempo es la condición formal indispensable de la experiencia de todo fenómeno; el espacio, tan solo de los fenómenos externos. El ebook niega al libro su existencia independiente, su condición de fenómeno externo, la individualidad de cada libro (pues los reduce todos a datos contenidos en un aparato). In n'y a pas de hors-texte: he aquí el texto sin textura, texto sin experiencia, texto numérique. Es muy cruel, esto que hace el ebook.
      Kant se quedaría anonadado con el metro de París. Reinvención total: il faut être absolument postmoderne.» (págs. 91-92)

miércoles, 3 de junio de 2020

Noche y océano, de Raquel Taranilla

Raquel Taranilla (Barcelona, 1981)
NOCHE Y OCÉANO
Seix Barral, 2020 - 424 págs. - inicio
[me encantó Mi cuerpo también,
pero no he podido con esto]
«SINOPSIS: Bea Silva se topa con una noticia del diario que la deja atónita: alguien ha robado el cráneo embalsamado del mítico director de cine mudo F. W. Murnau. Lo sorprendente es que Bea está segura de conocer al culpable. Se trata de Quirós, un cineasta medio ocioso que un día recaló en su enorme casa destartalada.
    A punto de cumplir treinta y dos años, Beatriz es una mujer poco sociable, una profesora universitaria hastiada y culta hasta lo patológico. La llegada de Quirós acentúa en ella una mirada lúcida e hiperactiva que la condena al desencanto más desquiciado.
    Novela de gran ambición y factura exquisita, Noche y océano, ganadora del Premio Biblioteca Breve 2020, es una obra extraordinaria, un libro rupturista, lúdico y novedoso que dibuja con asombrosa clarividencia y no poca ironía un monumental y desbordante retrato de nuestro tiempo. Con esta primera novela, Raquel Taranilla se revela como una escritora sobresaliente y atrevida, que propone un espacio en el que la literatura establece un diálogo crítico con la cultura y la sociedad.» (contraportada)

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