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martes, 7 de mayo de 2024

Fucking New York, de Laura Calçada


Laura Calçada Barres (Barcelona, 1988)
FUCKING NEW YORK
HISTÒRIA DELS MEUS LÍMITS
Destino, 2023 - 392 pàgs. - inici

— Pornografia física i emocional, Miquel Bonet
— Adorable kamikaze, Gema Monlleó
— Laura habla con Didac Peyret
[vivo]

«Fucking New York. Història dels meus límits és la memoir d’una noia que fuig a Nova York per retrobar el seu lloc al món. La ciutat, imponent i descarnada, li farà el joc de la pròpia inseguretat i ella la utilitzarà, igual que les cases on viu i les persones que troba, per escriure un relat que sempre es mou entre els extrems. El pànic acabarà quatre anys més tard quan finalment la dona es fa responsable dels seus actes i comprèn l’amor.» (CONTRAPORTADA)

lunes, 2 de mayo de 2022

Mata a tus ídolos, de Luc/Lucy Sante


Luc Sante (Verviers, Bélgica, 1954)
MATA A TU ÍDOLOS
[Kill All Your Darlings, 2007]
Trad. Zulema Couso
Libros del K.O., 2016 - 400 págs. - inicio

— “Nueva York está acabada”, Eduardo Lago
— “Intenté ser hombre, sí, pero...”, Eduardo Lago
— De Luc a Lucy, Sergio Vila-Sanjuán
— Aguda crónica cultural, el argonauta
[solo me ha gustado la portada (y la frase del abuelo)]

«Y ahora todo estaba vacío. Los edificios eran viejos e inestables, y los especuladores los compraban sin lugar a dudas por el valor de sus solares. Algún día del futuro próximo los arrasarían y construirían madrigueras más exclusivas, al menos, superficialmente. Probablemente el barrio entero sería reconfigurado, al igual que barrieron Washington Market y la parte más alejada del Lower East Side hasta tal punto que calles enteras habían desaparecido. En una década, todos los que habíamos vivido allí en la última época de las casas de vecinos podríamos resultar tan distantes e insustanciales como las primeras personas que se mudaron allí cuando los edificios eran nuevos. Me dije que era inevitable. Recordé la advertencia de Baudelaire de que la ciudad cambia más rápido que el corazón humano. Pensé en mi abuelo diciendo que el progreso era un juego de suma cero en el que cada mejora arrastraba una pérdida equivalente y decidí que lo contrario también era cierto. Consideré que, al menos, nadie en el futuro tendría que enfrentarse a un potente viento que succionara todo un cristal suelto de la ventana, como me ocurrió una vez. Entonces, me imaginé las torres de apartamentos cayéndose en ruinas, centímetro a centímetro. Cargaba con un viejo resentimiento hacia los hijos del privilegio que se mudaban a apartamentos decorados elegantemente y estaban a punto de llamarse a sí mismos newyorkers, incluso lower east siders, y que pasarían décadas sin haber estado ni un solo invierno sentados delante de un horno abierto, vestidos con un abrigo y un sombrero, ni haber tenido que trasladar ollas ni muebles en metro en plena noche, ni soportado que traficantes de crack les lanzaran botellas, ni volver a casa caminando bajo la lluvia desde Brooklyn a falta de dinero para el billete. Pero quería evitar que la amnesia se extendiera por razones más allá de las personales.» (págs. 35-36)

jueves, 23 de septiembre de 2021

Un día cualquiera en Nueva York, de Fran Lebowitz


Fran Lebowitz (Nueva Jersey, 1950)
UN DÍA CUALQUIERA EN NUEVA YORK
[The Fran Lebowitz Reader (Metropolitan Life and Social Studies), 1974-1994]
Trad. Alberto Cardín, JL Guarner
Tusquets, 2021 - 368 págs. - inicio

Huelga de escritores: una estremecedora profecía
— Mala leche y lucidez en NY, Begoña Méndez
— «Better read than dead», María Costa
[irritante]

«Es una provocadora nata, capaz de bajarles los humos a la mayoría de sus conciudadanos y de reírse de cualquier situación: la búsqueda de apartamento, las facturas de teléfono impagadas, un viaje, las firmas de libros, el dormir (o no dormir) a horas indecentes, las ansias de triunfar, tomar unas copas con celebridades, los buenos restaurantes o la (adulta) educación de los hijos. Por si todavía no lo han adivinado, hablamos de Fran Lebowitz. Hablamos de Nueva York. Célebre al hilo de la serie Pretend It's a City, de Martin Scorsese, Fran Lebowitz ha sido una gran desconocida que, por fin, y con toda justicia, ha obtenido el éxito que merecía. Su prosa, ahora reunida, es un compendio del humor más refrescante y mordaz que se haya leído en décadas.» (CONTRAPORTADA)

lunes, 7 de marzo de 2016

Leviatán o la ballena, de Philip Hoare [2, ballenas literarias]

Herman Melville (Nueva York, 1819 – 1891)
HERMAN MELVILLE
(Nueva York, 1819 – 1891)


MOBY DICK (1851)
[audiolibro]


Philip Hoare
LEVIATÁN o LA BALLENA
[Leviathan, or The Whale, 2009]
Trad. Joan Eloi Roca
Ático de los libros, 2015
«[...] un Melville que añoraba su hogar zarpó desde Portsmouth con destino a Nueva York, donde se puso a trabajar en una nueva novela, esta vez un texto descaradamente comercial. Iba a ser "una novela de aventuras, basadas en ciertas leyendas que corrían entre los cazadores de cachalotes de los mares del Sur", le dijo a su editor inglés, Richard Bentley. En lo que puede que fuera un movimiento desesperado, Melville regresó a sus experiencias como ballenero para capitalizar su arte en el nuevo imperio comercial en que se estaba convirtiendo su país, un imperio que combinaba el talento de los estadounidenses para el heroísmo y el consumismo.
    Encontró Nueva York más próspera y bulliciosa que nunca, un rival del poder imperial de Londres. A esta ciudad se canalizaban también los beneficios de las ballenas. Era un lugar de importación y exportación que llegaba a otras tierras a través de sus muelles poblados de mástiles y enviaba desde ellos a sus hijos e hijas nacidos iguales a todo el orbe. Cerca de Wall Street, donde trabajaba su hermano, estaba la calle Nassau, donde se encontraban las oficinas de muchas editoriales y periódicos, el equivalente en Manhattan a Fleet Street y el Strand [...]
    Moby Dick, además de ser producto de las aventuras de Melville en el mar, era también hija de esa ciudad; así lo declaran las primeras escenas, ambientadas en el muelle al final de la calle Pearl. De una forma extraña. por alusiones, la propia Nueva York se convirtió en la Ballena Blanca, igual que Joseph Conrad vería Bruselas como un sepulcro blanqueado construido con huesos humanos, y del mismo modo que Gansevoort Melville había visto Londres como una moderna Babilonia. La isla de Manhattan hasta tenía forma de ballena.
    Durante sus años en el mar, Melville había escuchado historias de encuentros letales entre hombre y ballena. Ahora, cuando la caza de ballenas yanqui alcanzaba su máximo esplendor, parecía que aquellos incidentes se hacían cada vez más ominosamente frecuentes. Las ballenas contraatacaban, rompiendo huesos y botes, ahogando hombres y revolviendose contra sus atacantes con vengativa inteligencia. El 15 de agosto de 1841, por ejemplo, poco después de que el Acushnet saliera del puerto, otro buque de New Bedford, el Coral, encontró una escuela de cachalotes a ciento sesenta kilómetros al sur de las Galápagos. El capitán James H. Sherman dejó escrito que una ballena, después de ser arponeada, se volvió contra la ballenera que la perseguía "y la masticó hasta dejarla hecha astillas".» (págs. 187-188)




"Ninguna tragedia de la literatura universal consigue esbozar tan clara y poderosamente los errores mortales del odio y la dominación."

Gilbert Wilson sobre Moby Dick (pág. 377)

"Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti."
Friedrich Nietzche (pág. 379)