viernes, 17 de agosto de 2018

Hombres imprudentemente poéticos, de Valter Hugo Mãe.

Valter Hugo Mãe (Angola, 1971)
HOMBRES IMPRUDENTEMENTE POÉTICOS
[Homens imprudentemente poéticos, 2016]
Trad. Martín López Vega
Prólogo de Xuan Bello
Rata Books, 2018 - 262 páginas
[tan poético]
«Los suicidas ataban los cordajes a los árboles y se adentraban en el bosque intuitivo. La sapiencia del caos los guiaría en la profunda y decisiva meditación.
    Aquellos que querían morir llegaban como personas que cambiaban de interior. Cargaban con pequeñas pertenencias y pertrechos, aparecían en la curva del camino impresionados por las flores de Saburo. Se decía que algunos suicidas se habían arrepentido de la muerte solo por haber contemplado aquel jardín. Estaba por demostrarse. Pero se creía que, con la belleza de las flores, los animales se amansaban y las personas veían disminuir su carga de tristezas. Eso sí estaba probado.
    Subían la pendiente, árboles arriba, y espiaban largamente el bosque indescifrable. El laberinto gigante del Japón que sólo podría ser desvelado si alguien alcanzaba la cima, ese promontorio para pájaros y para ninguna persona. Caminaban por el matorral para mezclarse con la naturaleza que todo lo deglute. Agarrados siempre a sus cordajes, volverían por arrepentimiento o habiendo tomado una decisión mejor.
    Muchos subsistían indefinidamente a costa de cursos de agua y vegetales saludables que reconocían. Otros perecían más deprisa, también atacados por los animales dentados que se despreocupaban por las meditaciones espirituales y carecían de dudas acerca del hambre.» (de Los honorables suicidas, págs. 65-66)

lunes, 13 de agosto de 2018

La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick

Vivian Gornick (Nueva York, 1935)
LA MUJER SINGULAR Y LA CIUDAD
[The Odd Woman and the City. A Memoir, 2015]
Traducción de Raquel Vicedo
Sexto Piso, 2018 - 148 págs. - fragmento
- Apegos feroces, 2017
- Vivian en Página Dos
- Historia del guisante
- A Rosa también le gustó
[intenso & estupendo]
«Como llego tarde a una cita en el Midtown, bajo corriendo las escaleras del metro justo cuando el tren está llegando a la estación de la calle Catorce. Las puertas se abren y un joven que está de pie delante de mí (camiseta, vaqueros, corte de pelo militar), y que carga con un coche de bebé plegado sofisticadamente a la espalda y un niño muy pequeño cogido de la mano, se dirige a los asientos que hay justo delante. Yo me dejo caer en el asiento de enfrente, saco mi libro y mis gafas de leer y, mientras me pongo cómoda, soy vagamente consciente de que el hombre se quita el cochecito de la espalda y se vuelve hacia el niño que está sentado. Entonces levanto la vista. El niño tiene unos siete u ocho años y es la criatura más grotescamente deforme que he visto en mi vida. Tiene la cara de una gárgola -la boca torcida hacia un lado, un ojo más arriba que el otro- en una cabeza enorme y contrahecha que me recuerda al Hombre Elefante. El niño lleva un estrecho pedazo de tela blanca alrededor del cuello y en el centro, un tubo ancho y corto parece insertarse en su garganta. Un segundo después me doy cuenta de que también es sordo. Lo sé porque el hombre inmediatamente empieza a comunicarse por señas. Al principio, el niño se limita a mirar los dedos en movimiento del hombre, pero enseguida empieza a responder moviendo los suyos. Entonces, al tiempo que los dedos del hombre se mueven cada vez más rápido, los del niño se aceleran, y en pocos minutos los dedos de ambos se menean con la misma rapidez y complejidad.
    Al principio me da vergüenza observarlos tan fijamente y desvío la mirada una y otra vez, pero parecen tan ajenos a todos los que les rodeamos, que no puedo evitar levantar los ojos constantemente del libro. Y entonces ocurre algo extraordinario: el rostro del hombre destila tanto placer y ternura a medida que las respuestas del niño son cada vez más animadas -la boquita torcida sonríe, los ojos desnivelados se iluminan-, que el mismo niño empieza a transformarse. Conforme las estaciones se van sucediendo y el intercambio va absorbiendo más al hombre y al niño, los dedos vuelan, ambos asienten con la cabeza y ríen, me descubro pensando: "Estos dos se están humanizando el uno al otro de un modo asombroso".
    Para cuando llegamos a la calle Cincuenta y Nueve, el niño me parece hermoso y el hombre, beatífico.» (págs. 60-61)

jueves, 9 de agosto de 2018

La uruguaya, de Pedro Mairal

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970)
LA URUGUAYA
Libros del Asteroide, 2017 - 144 págs. - inicio
[ágil y con pericia técnica]
«[...] Nunca me cayeron bien los médicos hombres, con ese aire de grandulones con guardapolvo, escolares crónicos con gigantismo, los bravucones peludos de la clase, haciéndose los serios en la consulta, usando grandes palabras anatómicas, hipersexuados, libidinosos ni bien cierran la puerta del consultorio, cogiendo todos por ahí con enfermeras en ese doble fondo de las guardias, acceso restringido al personal, coitos de camilla, desenfrenos de rincón, entre tubos de oxígeno y carritos con material quirúrgico, guardapolvos disimulando erecciones, galenos con priapismo, grandes porongas doctas, reverenciadas, falos hipocráticos rodeados de conchitas dispuestas como mariposas rosadas en el aire, sátiros de blanco, con unas canas que hacen suspirar a la paciente y a ver respirá profundo, otra vez, bien, levantate un poco la blusa, respiré otra vez, muy bien... Hijos de puta, abusadores matacaballos, carniceros prepagos, sumando comisiones de cesáreas innecesarias, atrasando la operación para después de su semanita en Punta del Este, maltratadores seriales, ladrones del tiempo y la salud, ojalá les llegue un infierno eterno de sala de espera con revistas pegoteadas, aprovechadores parados en su columnata griega, te vas a aplicar la crema en el área pruriginosa, ¡hijo de un camión lleno de putas!, ¡el área pruriginosa!, por qué no decís «el lugar donde te pica», la concha de tu hermana, reverendo sorete grandilocuente...» (págs. 24)
[diría que no le gustan los médicos]

miércoles, 8 de agosto de 2018

Enrique & Tote & Bartleby & hooligan

La singular relación entre el rapero Toteking y Enrique Vila-Matas viene de lejos. Como muestra tenemos el rap Otras Mentes (2013) donde Tote declara "hay referencias literarias en mis letras desde siempre", o la reciente entrevista "Llevo diez años leyendo sólo a los escritores de los que habla Vila-Matas" (Letra Global, 2018). Ahora Tote se estrena como escritor publicando el original relato Gansbaai hooligan en el web del escritor.



[INTRO: Enrique Vila-Matas]
Porque en realidad necesito mantenerme siempre tal como estaba al principio que cuando empecé a escribir, donde no me preocupaba nunca el riesgo, porque si un libro iba mal no pasaba nada porque han ido... habían ido mal los anteriores. Y el riesgo es fundamental para poder ser libre a la hora de escribir y no estar pendiente de lo que has hecho antes, ni de que pueda fracasar el libro.

[ESTROFA] Ah, pensar en dejarlo, mi idea recurrente El TOC, perderme Ser un Bartleby sin banco Olvidar el folio en blanco Fantasear con la idea de no escribir más Y dejar de ser una sombra de la realidad Si lo analizo fríamente Creo que en total hablo más solo que con gente Perdiéndome la vida pa' contársela al de enfrente En mi cárcel con sus tres comidas Sin ser un matador ni un Mario Kempes Y me imagino abandonando lo inservible Buscarme un curro físico que sea cierto y tangible Salir de mi burbuja de líricas enfermas Currar a lo Lester Burnham Y en mi descanso; pesas y fumar hierba Y está claro que sí sé con certeza Que la peor de to's mis compañías siempre ha si'o mi cabeza La hija puta me da letras que me han pagao' un palacio Y sin embargo siento que dentro el tiempo mata despacio Y no sé si me equivoqué de curro Podría haberme dejado esas orejeras de burro Seguir el signo, acabar el CAP, buscar un empleo fijo Y ser una mierda de maestro pa' el inútil de tu hijo No puedo evitarlo siento celos Del aura de alegría que desprende el camarero Mi oficio me ha dotado pa' alegrar tus días tristes Pero jamás podré confeccionar sus chistes, créelo La gracia que no me han da'o, el sol que apenas valoro Compáralo con estar encerrado en mi estudio grabando coros Día tras día la impotencia me llena Pensar que na' de lo que he escrito hasta hoy es mierda buena Comprar el pan y descubrir la belleza El color de al lado, melocotones y fresas El puzzle gira y yo ni sé cómo se llama mi pieza Los codos ennegrecidos siempre clava'os en la mesa Ni mirando mi lista de emoticonos más usa'os sé quien soy De dónde vengo, a dónde voy Un día siento que mi rap no tiene sustancia Y otro día que yo le hago al rap el rescate de Bankia Aún así pensar en dejarlo, pensar en dejarlo Ideas en bucle sin sentimientos como Lorne Malvo ¿Cómo le digo al mánager que se ha acaba'o? Si estamos en enero y hay seis festis confirma'os Tiro pa'lante como siempre y te vomito Las canciones que ya has escuchado diez años en tu equipo Si tú estás cansa'o, imagina yo que a veces las recito Y olvido la letra por pura supervivencia ¡Chico! Ya no sé ni lo que quiero pero sé a quien quiero Entre el cielo y el infierno, tú, lo más bonito Hoy me mola esta mierda y mañana ausente Esto ya ni es rapear, es arqueología presente
[ESTRIBILLO] Pensar en dejarlo, buscarme algo Donde nada esté a mi cargo y mi mente a salvo Me he vuelto loco, eso ya es un hecho Me he comido mi cabeza y una mano en el pecho Pensar en dejarlo, toa' la vida escuchando "¿Qué te pasa Tote? ¿En qué estás pensando?" Estoy valorando esta locura Esta impostura me está matando
[SCRATCHES] "This is real life" "I'm liking the show" "Just a rebel to the world with no place to go" "I be blowing up spots like I was sending out mail bombs" "... hold me down at all"

Toteking: Bartleby & Co.

viernes, 3 de agosto de 2018

Eduardo visitó a Emily

Casa de Emily Dickinson en Amherst. Foto de Pascal Perich
Evergreen (fotos de Pascal Perich)
NO SOY NADIE, ¿QUIÉN ERES TÚ?
(Semblanza de Emily Dickinson)
por EDUARDO LAGO

«[1] Poco antes de llegar a Amherst por la ruta 91, semioculto entre los maizales, se divisa un pequeño campo de aterrizaje para avionetas, del que parten senderos de tierra que rastrillan el paisaje de la Nueva Inglaterra natal de Emily Dickinson, una de las voces poéticas fundamentales del canon literario norteamericano. Del otro lado de los hangares emerge una de las numerosas carreteras secundarias que se pierden por los campos aledaños, tejiendo una red que atraviesa granjas, prados y arboledas, sorteando graneros, casas rurales, silos, establos, vaquerías, almacenes y secaderos de tabaco [...]

[2] Los límites del universo en que vivió Emily Dickinson son muy reducidos: a cien metros de The Homestead, al final de un sendero de tierra, se alza Evergreen, la casa señorial que hizo construir el padre de la poeta y que su hermano mayor, Austin, pasó a ocupar cuando contrajo matrimonio. Los huertos y jardines que se extienden por la propiedad apenas han cambiado desde la época en que vivía allí la familia Dickinson. Es mediodía al llegar a la Casa Museo, hoy convertida en un centro de peregrinación al que acuden sin apenas hacerse notar,
Eduardo Lago en la habitación de Emily Dickinson. Foto de Pascal Perich
Lago en la habitación de Dickinson
como si no quisieran perturbar la paz del lugar, discretos visitantes procedentes de los rincones más remotos del planeta, en su mayoría mujeres que, tocadas por la fuerza enigmática de su palabra, aspiran a asomarse siquiera unos momentos al espacio íntimo donde Emily Dickinson vivió y escribió en la más absoluta reclusión por espacio de casi treinta años [...]»

Este fascinante texto de Eduardo Lago se puede leer completo en
enriquevilamatas.com

POSTDATA de 2014:
   
(imprescindible) Eduardo Lago hablando de literatura desde la cueva del erizo.

lunes, 30 de julio de 2018

Guerra y trementina, de Stefan Hertmans

Stefan Hertmans (Gante, 1951)
GUERRA Y TREMENTINA
[Oorlog en Terpentijn, 2013]
Trad. Gonzalo Fernández Gómez
Anagrama, 2018 - 368 págs.
[una gran historia]
«Durante más de treinta años tuve guardados sin abrir los cuadernos en los que mi abuelo [Urbain Martien] dejó escritos sus recuerdos con su fabulosa caligrafía de antes de la guerra. Me los entregó en 1981. Casi se diría que su vida no había sido más que el baile de dos dígitos en una fecha. Pero en aquel espacio de tiempo el mundo vivió dos guerras, masacres humanas de dimensiones catastróficas, el siglo de mayor crueldad de la historia, el nacimiento y el declive del arte moderno, la expansión internacional de la industria del motor, la Guerra Fría, la aparición y el derrumbamiento de las grandes ideologías, el descubrimiento de la baquelita, la popularización del teléfono y el saxofón, la industrialización, el cine, el plástico, el jazz, la aviación civil, el viaje a la luna, la primera gran catástrofe ecológica, el descubrimiento de la penicilina y los antibióticos, Mayo del 68, el primer informe del Club de Roma, la música pop, la comercialización de la píldora, la emancipación de la mujer, la aparición de la televisión, los primeros ordenadores... Ese fue el telón de fondo de su larga vida como héroe de guerra olvidado. Una vida que, al confiarme aquellos cuadernos, me estaba pidiendo veladamente que contara. Una vida que abarca casi un siglo y que empezó en otro planeta. Un planeta de pequeños pueblos, caminos rurales, carrozas de caballos, lámparas de gas, jofainas, estampitas con oraciones y viejos aparadores, una época en que las mujeres eran ancianas a los cuarenta años y los curas, todavía con mucho poder, olían a puro y a ropa interior mohosa, un tiempo en que las jovencitas rebeldes pagaban sus atrevimientos con una temporada de encierro en un convento, un tiempo de seminarios superiores y decretos obispales e imperiales que empezó su larga agonía cuando Gavrilo Princip, un serbio escuálido y desaliñado, hizo saltar por los aires el sugerente espejismo de la vieja Europa con un disparo ni siquiera bien dirigido, desencadenando una catástrofe que marcaría para siempre la historia y la vida de mi abuelo, un hombre corriente de escasa estatura y ojos azules.» (págs. 22-23)

miércoles, 25 de julio de 2018

La hermana menor, de Mariana Enriquez

Mariana Enriquez
LA HERMANA MENOR
Un retrato de Silvina Ocampo
Anagrama, 2018 - 192 págs. - fragmento
¿De qué se reirán esos idiotas?
[fascinante Silvina]
«También, claro, hay perversiones sueltas [en Y así sucesivamente]. La compositora muerta de cuyo cuerpo, ya en el ataúd, sale una melodía; el deseo de ser violada en «En el bosque de helechos»: «Tal vez me enamoré de un gladiador, que después de violarme bruscamente me regaló un caramelo. No había caramelos en esas épocas pero, por costumbre, llamo caramelos a todo lo dulce y pegajoso que hay en la naturaleza: un higo bien maduro, rojo como el corazón abierto de una niña.»

Un año después de Y así sucesivamente, en 1988, publicó su último libro de cuentos, Cornelia frente al espejo. Tenía ochenta y cinco años y ya sufría algunos síntomas de alzhéimer. Escribe Matilde Sánchez en «El etcétera de la familia», nota publicada en Clarín en julio de 2003: «Cornelia frente al espejo y Y así sucesivamente se caracterizan por su prescindencia olímpica de las mínimas convenciones literarias, como empezar y terminar el punto de vista en la misma persona. El largo relato que abre "Cornelia" es una obra teatral de un solo personaje desdoblado. Sus réplicas recuerdan alguna novela de Ivy Compton-Burnett y en algo a Maldición eterna aquien lea estas páginas de Manuel Puig. En los demás, tampoco queda mucho de trama y el relato se reduce al paso de una voz a través de un escenario. Voces en off en un bosque de helechos.»

«Cornelia frente al espejo» es uno de los relatos mas hermosos de Silvina Ocampo, y uno de los más extraños. Cornelia vuelve a la mansión familiar para suicidarse, para envenenarse; allí recibe las visitas de una niña, un ladrón y un hombre que quizá venga a matarla, pero que se enamora de ella. No es muy importante el argumento. Lo que importa es ese dialogo de enorme belleza, cada linea una especie de confesión, un recuerdo de la infancia, una despedida. «Siempre jugué a ser lo que no soy»; «Qué absurdas son las personas respetables»; «Los muertos son muy sensibles. Sienten todo. Son más lúcidos que nosotros. Si usted les ofrece carne o vino no lo apreciarán, pero hágales oír música o regáleles perfume y verá. Nunca están distraídos»; «Adoro el mar. Detesto las ceremonias, los cirios, las flores, el hervidero de oraciones. Soy mala. Nadie me quiere a mí». En el resto del libro, como dice Matilde Sánchez, hay gran desdén por la trama y la narración. Hay una mujer que habla, que está hecha de palabras, incluso cuando cuenta: «Del color de los vidrios» es un cuento fantástico-extraño sobre un hombre que hace una casa de vidrio para vivir dentro con su mujer. Llegan personas desde todo el país a ver la maravilla, pero no pueden ver la intimidad de lo que ocurre porque los vidrios, aunque transparentes, están a veces rajados y deforman, no muestran la verdad. El relato comienza con una reflexión de esa voz fantasmal que opina sobre sí misma y su escritura: «Qué insulsos resultan los cuentos de Las mil y una noches, los policiales de Chesterton, los tan sensibles de Stevenson, los de Dino Buzzati —que no todos me gustan—, los de Kafka. ¡No! Los de Kafka nunca dejan de ser los mejores del mundo.» En el libro hay pequeños relatos convencionales (a la manera de Silvina): «Jardín del infierno», una variación de Barbazul donde la asesina es la esposa, o «Los libros voladores», donde los libros se multiplican y suicidan arrojándose por la ventana. Hay un largo poema autobiográfico Invenciones del recuerdo. Pero sobre todo en «Anotaciones», el texto final, hay sentencias últimas, últimos deseos, El deseo de la muerte calma, el deseo del mar y el deseo de Bioy. Escribe: «Y aquí avanzo con la velocidad de una tortuga que espera, sin esperar, una tormenta. ¡Sálvame con tus brazos de agua de una vez! Y para siempre soñaré con vos en las largas noches de mi exilio. Y aquí en el agua me muero sin esperanzas de encontrar algo mejor que el agua, soy una exiliada. The only thing I love, A.B.C. "the rest is lies".» (págs. 174-175 )


Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares

viernes, 20 de julio de 2018

Siete cuentos morales, de JM Coetzee

John M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940)
SIETE CUENTOS MORALES
[Moral Tales, 2018]
Trad. Elena Marengo (Argentina)
Random House, 2018 - 124 págs.
Coetzee congela la sangre, JLdeJ
[impactante]
«La mujer está de visita en casa de su hija, en Niza; primera visita en años. El hijo vendrá de Estados Unidos y compartirá con ellas unos días, de paso para algún congreso. [41] No arruinemos este hermoso día con discusiones. Me has hecho tu propuesta, la escuché, y te prometo pensarla. Dejémoslo ahí. Es muy poco probable que acepte, como habrás adivinado. Mi pensamiento va en una dirección totalmente distinta. Hay algo en que los viejos superan a los jóvenes: en morir. A los viejos les atañe morir bien, mostrar a los que siguen cómo puede ser una buena muerte. En esta dirección va mi pensamiento. Me gustaría concentrarme en morir bien. [48] —¿Y cuáles son los talentos que te parece estar perdiendo, mamá? —dice cautelosamente el hijo. —Voy perdiendo —contesta ella como si tal cosa— la capacidad de desear. [54] ¿Te gustaría conocer mi doctrina sobre la energía? Es esta: a medida que envejecemos, cada porción de nuestro cuerpo se deteriora o sufre los efectos de la entropía, incluso las mismas células. Aunque estén todavía sanas, las células viejas tienen un tono otoñal. También las células del cerebro: tienen un tinte otoñal. [54] Lo que piensa es otra cosa: ¿Quién habla así con sus hijos, con hijos a quienes probablemente no vea nunca más? También piensa: Este es precisamente el tipo de pensamiento que tendría una mujer en el otoño de la vida. Todo lo que veo, todo lo que digo lleva el matiz de esa mirada hacia atrás. ¿Qué me queda? Soy la que llora. [55]» (extracto de UNA MUJER QUE ENVEJECE, págs. 41-55)

lunes, 16 de julio de 2018

Correo literario, de Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska (Polonia, 1923 - 2012)
CORREO LITERARIO
[Poczta literacka, czyli jak zostać (lub nie zostać) pisarzem, 2000]
Trad. Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz
Nórdica Libros, 2018 - 176 págs. - fragmentos
Katixa lo deboró
[delicioso]
«Ula, Sopot. ¿Definir la poesía en una sola frase? ¡Uf! Conocemos al menos quinientas definiciones de otros, pero ninguna nos parece lo suficientemente precisa y amplia a la vez. Todas ellas expresan el gusto de su época. Nuestro natural escepticismo nos impide intentar definirla de nuevo. Pero recordamos un bonito aforismo de Carl Sandburg: «La poesía es un diario escrito por un animal marino que vive en la tierra y que quiere volar por los aires». ¿Le sirve, de momento?

Kutno. En verdad, sería justo y admirable que la intensidad del sentimiento por sí sola determinara el valor artístico del poema. En ese caso resultaría, sin duda, que Petrarca era un cero a la izquierda comparado con un joven apellidado, por ejemplo, Bombini, ya que Bombini realmente enloqueció de amor, mientras que Petrarca consiguió conservar el equilibrio emocional necesario para inventar bellas metáforas.

K. K., Bytom. Lamentamos tener que repetir todo el tiempo: inmaduro, trivial, amorfo… Pero, al fin y al cabo, no se trata de una sección para premios Nobel, sino para los que tendrán que esperar todavía un tiempo antes de encargar un frac y viajar a Estocolmo. Nos apena que considere usted el verso libre como una liberación de todo tipo de reglas. Escribe usted frases sueltas que corta como le viene en gana y coloca algunas palabras a la derecha, y después otras a la izquierda. La poesía (independientemente de las consideraciones que podamos hacer sobre ella) es, ha sido y será siempre un juego y no existe un juego sin reglas. Es algo que los niños saben perfectamente. ¿Por qué lo olvidan los adultos?

Baśka. «Mi novio dice que soy demasiado guapa para escribir buena poesía. ¿Qué piensan de los poemas que adjunto?». Pensamos que es usted efectivamente una chica muy guapa.

Helena B., Lublin. A su grata pregunta sobre qué poeta se considera actualmente el más atractivo contestamos atentamente que sigue siendo Publius Ovidius Naso.» (diferentes respuestas)

jueves, 12 de julio de 2018

La muerte de Napoleón, de Simon Leys

Simon Leys (Bruselas, 1935 - Canberra, 2014)
LA MUERTE DE NAPOLEÓN
[Le mort de Napoléon, 2006]
Trad. José Ramón Monreal
Acantilado, 2018 - 152 págs. - inicio
[curiosa ficción histórica]
«Primero, tenía que forjar las armas. Comenzó por elaborar una serie de dosieres sobre los principales ministros, altos funcionarios y personalidades militares del Imperio que habían conseguido asegurarse de nuevo una posición de influencia en el aparato actual. Debía de ser posible, si no apelando a su lealtad, al menos recurriendo al chantaje —y en eso había un aspecto esencial de estos dosieres para cuya compilación su memoria y su asombroso conocimiento de los detalles políticos y policiales de los asuntos del Imperio le eran de gran ayuda—, hacer progresivamente que cierto número de estos personajes pusieran de nuevo en secreto a su servicio las fuerzas de las que ya podían disponer parcialmente en los ministerios y las administraciones, en el Consejo de Estado, en el Senado, y sobre todo en el Ejército y la Policía. Así, un poder oculto crecería poco a poco en el seno del poder aparente, desdoblando sus funciones y bombeando sus energías hasta el día en que, seguro de sus redes oscuras, el primero, con un solo golpe de fuerza, pudiera reemplazar al segundo ya caduco. » (págs. 125-126)

lunes, 9 de julio de 2018

Abierta y aireada

«Cuando por la montaña, que cierra a poniente, el halcón se llevaba la claridad del cielo, siguiendo el verso de Espriu, miré esta tierra. Al sur, más allá de cala Granadella, se veía el cabo de Moraira, sobre su perfil asomaba la cresta del peñón de Ifach y el norte lo poseía entero el cabo de la Nao. La casa de Raimon en Xabia está colgada de un acantilado sobre el mar y en este caso el halcón del poema Espriu fue sustituido por un bando de cormoranes que se llevaba hacía el sur la última luz de la tarde y la primera sombra subía del mar y comenzaba a temblar. Entonces miré esta tierra, pero ya estábamos sentados a la mesa para degustar una pasta con calabacines y basílico que había preparado Annalisa. Después hubo ensaladas de varias hierbas e intercambio de recetas para adelgazar. Cuando el viento nos hablaba de la soledad de nuestros muertos miré esta tierra y salieron los nombres de viejos amigos, de Joan Fuster, de Andreu Alfaro, que se habían ido con Ausiàs March al más allá. El poema He mirat aquesta terra, de Espriu, es lo mejor que ha cantado Raimon, que acaba de sacar un libro con todas las letras de sus canciones. Cuando el verano enlazaba por todo el campo adormecido el amplio silencio que extienden los grillos, miré esta tierra y comenzamos a añorar los tiempos en que Cataluña abierta y aireada tiraba alegremente del resto de España hacia Europa y no lo que es ahora, un engendro político producto de un mal parto ideológico. Cuando la lluvia traía el olor del polvo de las ásperas hojas de árboles lejanos, pasando el arado sobre los recuerdos, miré esta tierra, que es la nuestra y la mirada llegaba a Italia y a Grecia perdidas en la memoria del mar y en la sobremesa navegábamos hacia ellas en los barcos que formaban las rajas de sandías, hasta que al final la melancolía se fundió en las infusiones de salvia.»
Cormoranes
Manuel Vicent
El País, 8/07/2018



Quan la llum pujada des del fons del mar
a llevant comença just a tremolar,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Quan per la muntanya que tanca el ponent
el falcó s'enduia la claror del cel,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Mentre bleixa l'aire malalt de la nit
i boques de fosca fressen als camins,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Quan la pluja porta l'olor de la pols
de les fulles aspres del llunyans alocs,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Quan el vent es parla en la solitud
dels meus morts que riuen d'estar sempre junts,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.
Mentre m'envelleixo en el llarg esforç
de passar la rella damunt els records,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Quan l'estiu ajaça per tot l'adormit
camp l'ample silenci que estenen els grills,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Mentre comprenien savis dits de cec
com l'hivern despulla la son dels sarments,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

Quan la desbocada força dels cavalls
de l'aiguat de sobte baixa pels rials,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.

He mirat aquesta terra (1980)
Salvador Espriu – Raimon
(y la versión de Sílvia PC)



DESDICHA (postdata de 2008):
Juan Marsé“No me fío de los nacionalismos ni de sus banderas, no me fío de los himnos, ni de la historia oficial, ni de sus monumentos, ni de su mística patriotera; me parecen formas larvadas de racismo, petulancia y desdicha. En su nombre se dicen sandeces, cuando no se cometen atrocidades.”

Juan Marsé (Barcelona, 1933)
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