jueves, 16 de septiembre de 2010

Ataràxia

“L'home arriba al servei d'urgències. Després d'una espera llarga, una metgessa perjudicada per l'estrès li pregunta quins símptomes té. Ell descriu el vertigen, la taquicàrdia, els atacs d'angoixa, la sensació de dolçor permanent a la boca i, si això és possible, a l'ànima. L'ausculten. Li prenen la pressió. Li examinen les pupil·les -amb el convenciment de trobar-hi proves de consum psicotròpic- i ordenen un electrocardiograma, una anàlisi de sang, una ecografia i un TAC. «Per descartar», diu la metgessa [...] L'home respon als tractaments i, quan s'avorreix, reviu mentalment la visita informativa del cirurgià. Duia un flascó de vidre amb dues masses deformes submergides en formol, com llimacs hipertrofiats per una mutació de laboratori. «Això és el que ha estat a punt de matar-lo» [...] L'home va contemplar els llimacs -l'un verdós, l'altre groguenc- amb una expressió d'incredulitat i, abans que pogués preguntar res, el cirurgià li va respondre: «Són la nostàlgia i l'esperança. En segons quin organismes poden desenvolupar-se fins a anular les altres funcions vitals i provocar una mort extremament dolorosa» [...] S'acomiada de les infermeres, s'enduu l'informe, agraeix les atencions rebudes [...] Com que li han extirpat la nostàlgia, no li pesa la inèrcia cap a uns records alterats pel poder transformador de la memòria. Com que no té esperança, no inverteix energies a projectar-se cap a un futur improbable [...]”

Sergi Pàmies. La bicicleta estàtica (p. 85-90)
Editorial Quaderns Crema, 2010

3 comentarios:

Wiki dijo...

Se denomina ataraxia (del griego ἀταραξία, "ausencia de turbación") a la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual un sujeto alcanza el equilibrio emocional - mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad - y finalmente la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos. En el lenguaje común, también se denomina ataraxia a la sensación de indiferencia.

Traducción automática dijo...

“El hombre llega al servicio de urgencias. Después de una espera larga, una médica perjudicada por el estrés le pregunta qué síntomas tiene. Él describe el vértigo, la taquicardia, los ataques de angustia, la sensación de dulzura permanente en la boca y, si cabe, en el alma. Lo auscultan. Le toman la presión. Le examinan las pupilas -con el convencimiento de encontrar pruebas de consumo psicotrópico- y ordenan un electrocardiograma, un análisis de sangre, una ecografía y un TAC. «Para descartar», dice la doctora [...] El hombre responde a los tratamientos y, cuando se aburre, revive mentalmente la visita informativa del cirujano. Llevaba un frasco de vidrio con dos masas deformes sumergidas en formol, como babosas hipertrofiadas por una mutación de laboratorio. «Esto es lo que ha estado a punto de matarlo» [...] El hombre contempló las babosas -una verdosa, la otra amarilla- con una expresión de incredulidad y, antes de que pudiera preguntar nada, el cirujano le respondió: «Son la nostalgia y la esperanza. En algunos organismos pueden desarrollarse hasta anular las otras funciones vitales y provocar una muerte extremadamente dolorosa» [...] Se despide de las enfermeras, se lleva el informe, agradece las atenciones recibidas [...] Como le han extirpado la nostalgia, no le pesa la inercia hacia unos recuerdos alterados por el poder transformador de la memoria. Como no tiene esperanza, no invierte energías en proyectarse hacia un futuro improbable [...]”

Elena dijo...

Versión de translate.google.com: “El hombre llega al servicio de urgencias. Después de una espera larga, una médica perjudicada por el estrés le pregunta qué síntomas tiene. Él describe el vértigo, la taquicardia, los ataques de angustia, la sensación de dulzura permanente en la boca y, si cabe, en el alma. Lo auscultan. Le toman la presión. Le examinan las pupilas -con el convencimiento de encontrar pruebas de consumo psicotrópico- y ordenan un electrocardiograma, un análisis de sangre, una ecografía y un TAC. «Para descartar», dice la doctora [...] El hombre responde a los tratamientos y, cuando se aburre, revive mentalmente la visita informativa del cirujano. Llevaba un frasco de vidrio con dos masas deformes sumergidas en formol, como babosas hipertrofiadas por una mutación de laboratorio. «Esto es lo que ha estado a punto de matarlo» [...] El hombre contempló las babosas -una verdosa, la otra amarilla- con una expresión de incredulidad y, antes de que pudiera preguntar nada, el cirujano le respondió: «Son la nostalgia y la esperanza. En algunos organismos pueden desarrollarse hasta anular las otras funciones vitales y provocar una muerte extremadamente dolorosa» [...] Se despide de las enfermeras, se lleva el informe, agradece las atenciones recibidas [...] Como le han extirpado la nostalgia, no le pesa la inercia hacia unos recuerdos alterados por el poder transformador de la memoria. Como no tiene esperanza, no invierte energías en proyectarse hacia un futuro improbable [...]”