jueves, 13 de octubre de 2011

La verdadera vida del Sr. Vladimir

Edición de ND de La verdadera vida de Sebastian Knight
«Después termina la pantomima. El pequeño apuntador calvo cierra su libro y la luz se desvanece poco a poco. El fin, el fin. Todos se marchan a su vida cotidiana (y Clare a su tumba), pero queda el héroe, porque a pesar de mis esfuerzos no consigo abandonar mi papel: la máscara de Sebastian se adhiere a mi cara, el parecido no quiere esfumarse. Soy Sebastian o Sebastian es yo, o quizá ambos somos alguien que ninguno de los dos conoce.»


La verdadera vida de Sebastian Knight (1938)
Vladimir Nabokov (1899-1977)
New Directions, 1941 / Anagrama, 1988

5 comentarios:

Oli dijo...

No puedo resistirme a enlazarte estos interesantes links de nuestro amigo JI (llamémosle así), estudioso de Nabokov y familia en sus blogs.

En "Anotaciones".

En "Apropiaciones".


OLI I7O

(Desde Buenos Aires... ciudad increíble).

Elena dijo...

Oli, nuestro amigo JI es increíble, y son tan inmensos sus conocimientos y tan inmejorables sus blogs que siento vergüenza propia de mirar por aquí. Gracias por esos estupendos enlaces, entre los que destacaría este acertado título hablando de los señores Nabokov: Acerca de la veracidad.

Y muy felices buenos aires, Pablo.

El hermanastro de Sebastian dijo...

"Oh, le diría centenares de cosas, le hablaría de Caleidoscopio y Éxito, de La montaña cómica, Albinos de negro, La otra faz de la luna, El bien perdido, El extraño asfodelo..., todos aquellos libros que conocía tan bien como si los hubiera escrito yo mismo."

ps1: cómo me gustan los títulos de los libros que los autores reales imaginan para sus escritores inventados.
ps2: asfodelos = especies de plantas también conocidas como gamones.

Enrique dijo...

De entre todos los libros de Nabokov, La verdadera vida de SK es el favorito de Sergio Pitol.

Elena dijo...

Descubro este comentario con diez dias de retraso (tendré que ser más cuidadosa con estas tareas), así que very sorry al Sr. Enrique, y muy agradecida por la información.

Cuando leía LVVdSK no paraba de pensar en lo bien que se lo debió pasar Nabokov escribiendo esa inmensa broma.