martes, 13 de marzo de 2012

Aire de Dylan, un libro libre

«Escribir esa autobiografía apócrifa no solo me permitiría seguir en contacto con mis jóvenes camaradas de la sociedad del aire, sino que me situaría ante un reto literario interesante. Tenía, además, la impresión de que ponerme en la piel de otro me iba a ayudar a relajarme. “Nada tranquiliza tanto como una máscara”, me había dicho la noche anterior mi mujer, siempre tan comprensiva con mis problemas y con mis angustias y con mis intentos de aplazar la llegada rotunda de la vejez.

   Además, no se me escapaba que el tono autocrítico que emplearía para todo el libro podría secretamente dirigirlo también contra mí mismo. Sería un modo de castigarme por la cantidad de cobardía de mi vida de escritor. En fin, que en lugar de consultar horóscopos, me haría mucho bien ponerme a escribir con una máscara y azotarme con saña, con el placer añadido de destrozar de paso a un escritor superior a mí y antiguo competidor en el oficio de las letras. Y aquí creo que habría que añadir que destruir a los colegas es un ejercicio muy beneficioso para la salud de resentidos como yo. Recomiendo ese ejercicio a todos. Y cuando digo a todos, sé bien lo que me digo. No creo que haya un solo escritor ambicioso que, en mayor o menor proporción, no sea un resentido y al que destruir a un colega no vaya a hacerle mucho bien (...)




   A fin de cuentas, ¿no había estado, antes de decidir en secreto que me retiraba, deseando siempre dar cualquier día con una buena justificación para poder escribir mi obra más desequilibrada y libre? Oportunidades como ésas, comencé a pensar, no pasan dos veces por delante de la puerta de la casa de uno. Además, nada admiro tanto como ese día en la vida de Bob Dylan, en Newport, en 1965, cuando todo el mundo le consideraba una cantante de folk y se presentó con una ruidosa banda eléctrica que ninguno de sus adoradores comprendió, por poco lo matan. Pero el arte es también escapar de lo que creen que eres o de lo que esperan de ti.

   Vi pues que, con la excusa de reparar el daño causado por Laura Verás, podía intentar escribir mi libro más libre: un viaje crítico, satírico, no exento de humor y de compasión, al corazón mismo de la tan dudosa grandeza del arte contemporáneo (...)

   Iba a divertirme criticando, a través de Lancastre, a toda la literatura de mi propia generación, incluido desde luego yo mismo. Aniquilaría todo tipo de esperanzas sobre nosotros, los escritores nacidos entre los años cuarenta y sesenta del siglo pasado. Tal como quería Débora, Lancastre iba a aparecer como el hombre que bien pronto pasó a la vitrina de las antiguallas para que el futuro de la escritura pudiera ser diferente, para que el futuro pudiera pertenecer a gente como Débora y Vilnius, que se decantaban más por la idea de no hacer nada y no tener futuro, sólo encogerse de hombros y no moverse de un camastro ruso, aunque no descartaban escribir de vez en cuando en la vida, en la vida de las personas, también en la mía seguramente.»

Tres conversaciones de Marcos Ordóñez y Vila-Matas en El País:

8 comentarios:

Superwoman dijo...

?Has vuelto a cambiar la decoración? Me gusta, tiene un aire limpio...
Un supersaludo

Elena dijo...

Sí, SW, todos cambiamos periódicamente de piel que, como sabes, es lo más profundo que hay.

Anónimo dijo...

Como de costumbre , el webmaster publicado correctamente!

malvado y sentimental dijo...

– Llegaban a molestarle los cuerpos de la gente en la calle. Los cuerpos. Lo humano. Y quizás por eso, en sus últimos tiempos, se convirtió a mis ojos en una máquina secreta de tener opiniones terribles. Bueno, el caso es que ese día quise rectificar y le dije que había en realidad intentado decir que le habían construido para escribir (...) Que alguien desde algún remoto lugar lo había fabricado para que escribiera y que, aparte de aquello para lo que le habían programado, no servía para mucho más. Claro que con ser esto malo, aún peor era su obsesión por estar siempre al día, por sentirse de vanguardia, como cuando era joven. (Aire de Dylan, pag. 172,173)

francisco dijo...

Veo que no opinas del libro. Yo estoy leyéndolo, después de leer el Prólogo de En un lugar solitario. Y parece como si no lo hubiera escrito la misma persona que escribió Dublinesca, aunque nunca somos durante mucho tiempo la misma persona. En esta lectura está asomando el tedio, y creo que es porque Vila-Matas se oculta (voy por la mitad y no me lo he encontrado, acaso quiere él también irse en este libro), le echo de menos. Qué piensas tú?

Elena dijo...

Todo el mundo evoluciona, ¿no? Es posible que Vila-Matas no haya querido parecerse a sí mismo (o a la idea que tenemos de él) y, entre otras cosas, quiera sorprender con cada nuevo libro.

Y es cierto que no suelo opinar, Francisco. Mi opinión, tan voluble como el viento, no me interesa ni a mí.

Anónimo dijo...

http://this-space.blogspot.co.uk/2012/06/provisional-miracle-dublinesque-by.html

Elena dijo...

Thank very much for this link, dear and unknown Anonymous.