miércoles, 4 de junio de 2014

César Aira: Los fantasmas

«Puede parecer extraño que esta joven más bien ignorante, que ni siquiera había terminado el secundario, llegara tan lejos en sus pensamientos. Pero no es tan curioso como parece. Una persona puede no haber pensado nunca en su vida, ni una sola vez, puede ser un conjunto desorganizado de temblores y pasiones fútiles, momen- táneas, y sin embargo en cualquier momento, a pedido, pueden amanecer en él o ella las ideas más sutiles que alguna vez se le hayan ocurrido a los más grandes filósofos. Eso que parece tan paradójico, en realidad sucede todos los días. El pensamiento se absorbe de otros; los otros a su vez tampoco piensan, y lo toman de otros, y así sucesi- vamente. Se diría que es un sistema que gira en el vacío, pero no es tan así, hay un anclaje, aunque sea difícil decir cuál es; un ejemplo podría mostrarlo, aunque sólo al modo analógico: supóngase una de esas personas que no piensan, alguien cuya única actividad sea la de leer novelas, actividad para él muy placentera y en la que no pone ni una sola gota de esfuerzo intelectual, sólo el dejarse llevar por el placer de la lectura. De pronto, en algún gesto, en alguna frase, por no decir "en algún pensamiento", muestra que es un filósofo malgré-lui. ¿De dónde le ha venido el saber? ¿Del placer? ¿De las novelas? Absurdo, tratándose de ese material de lectura (si por lo menos leyera a Thomas Mann, todavía). El saber viene por la vía de las novelas, claro, pero no exactamente de ellas; se sostiene en el vacío, como todo lo demás. Pero están, existen: no puede decirse que hay un completo vacío. (Con la televisión, el ejemplo se habría hecho un poco abusivo.)» (pp. 140-141)
CÉSAR AIRA (1949)
LOS FANTASMAS (1990)
Mondadori, 2013