sábado, 20 de septiembre de 2014

Alberto Moravia: La Romana

«Él me miraba fijamente, a la vez que procuraba hacerme cerrar los dedos sobre el billete; y yo, por un momento, tuve la idea de tirárselo a la cara. Pero al mismo tiempo me di cuenta de que habría realizado un acto exterior dictado más bien por un espíritu imitativo que por un profundo impulso del ánimo. El sentimiento que experimenté en aquel momento me asombró y luego, cuantas veces he recibido dinero de los hombres, no lo he vuelto a experimentar ya con tanta claridad e intensidad: un sentimiento de complicidad y de entendimiento sensual que antes, en la habitación del restaurante, ninguna de sus caricias había sabido inspirarme. Un sentimiento, digo, de sujeción inevitable que, de una sola vez, me reveló todo un aspecto de mi carácter que ignoraba. Sin duda sabía que hubiera debido rechazar ese dinero, pero al mismo tiempo sentía que quería aceptarlo. Y no tanto por avidez como, al contrario, por el placer nuevo que esta oferta suscitaba en mi ánimo. Una vez decidida a aceptarlo, esbocé, sin embargo, el gesto de rechazar el billete; y también eso fue por instinto, sin sombra de cálculo. Astarita insistió, siempre mirándome a los ojos; y yo, entonces, hice pasar el billete de la mano derecha a la izquierda. Me había entrado una extraña excitación, cuyo ardor sentía en el rostro y la turbación en el resuello. Si Astarita hubiera podido adivinar en tal momento mis sentimientos, hubiera quizá podido pensar que yo lo amaba. Pero nada era menos cierto; era sólo el dinero y el modo y el motivo por el que se me daba, lo que con tanta fuerza me embargaba el ánimo. Sentí a Astarita tomarme la mano y llevársela a los labios y dejé que pusiera en ella un beso y luego la retiré. Después no nos miramos más hasta llegar a Roma.» (p. 112) imágenes de La romana
ALBERTO MORAVIA (1907-1990)
LA ROMANA (1947)
Trad. FRANCISCO AYALA
Clásicos Siglo XX
El País, 2002
525 páginas
[maybe sobran]

2 comentarios:

Pteromari dijo...

Todo es confuso, pero nadie dice nada, o sea que estamos las dos solas. Así que me lanzo.

Yo creía que era una romana de la antigua Roma (como estoy con los libros del Posteguillo...), pero lo del restaurante me ha descolocado.

Astarita es un nombre masculino, supongo que griego, porque es confuso a más no poder:
- Mi amigo se llama Astarita.
- ¿Y cómo se llama tu perra?
- Andrés"

Me lo he tenido que leer dos veces para saber si se queda o no con el dinero: eso de pasarlo de la mano derecha a la izquierda; porque no sabía de quién era la mano, si de ella o de Astarita.

Me ha costado mucho discernir el dibujo de la portada del libro, habida cuenta de que si pincho en él me salen otras portadas distintas. Porque las piernas se me antojaban personajes de cómic. Todavía no sé cierto si son las piernas o qué son.

Me ha parecido una prosa farragosa:
"...hubiera quizá podido pensar que yo lo amaba. Pero nada era menos cierto..."
(Mi prosa también es farragosa, pero yo no publico.)

Así que todo eso.

¿Te ha gustado? Sólo pones que le sobran páginas...

Elena dijo...

Es cierto que, sin alguna información previa y fuera de su contexto, este fragmento puede ser confuso, así que intentaré situarlo con esta descripción sacada de lecturalia:

"La parafernalia luminosa y el cinismo de la Roma de Mussolini es el escenario de la que es, probablemente, la mejor y más conocida novela de Moravia. En ella se narra la historia de Adriana, una muchacha sencilla y pobre, muy hermosa, que trabaja posando desnuda como modelo para un pintor, acepta regalos de los hombres y no sabe muy bien cuándo abandonó su sueño de tener un hogar e hijos para convertirse en prostituta. También es la historia de Giacomo, estudiante universitario y revolucionario fallido que rechaza la idea de estar enamorado de Adriana; de la siniestra figura de Astarita, el oficial de la policía secreta obsesionado con la muchacha; y de Sonzogno, un burdo criminal que trata a Adriana como su propiedad privada. Las relaciones entre todos ellos conforman la que es, según algunos críticos, una de las escasas novelas del siglo XX que se encuentran a la altura de Dostoievski."

Y aunque choca que Adriana (prota y narradora) parece haber un hecho un máster en Viena, y el libro podría ser más corto, sí, sí me ha gustado, Pteri.