lunes, 31 de marzo de 2014

tan Roto como siempre


-Mi agravio comparativo es mayor que el tuyo.
-Sí, pero el mío pesa más.
[El Roto en El País, 8/03/2014]
  
¡Les rascas a los patriotas en los bolsillos y resultan que son suizos!
[El Roto en El País, 26/02/2014]

-¡Alegra esa cara hombre, que ya estamos saliendo de la crisis!
-No, si ya, pero es que no me sale.
[El Roto en El País, 11/03/2014]
 
¿Y si en vez de perseguir a los inmigrantes, persiguiesen a los gobernantes corruptos de los países de los que huyen, y a los nuestros que los ayudan? [El Roto en El País, 21/03/2014]

-La prohibición genera el tráfico de drogas.
-¡Razón de más para mantenerla!
[El Roto en El País, 31/03/2014]
  
[El Roto en El País, 30/03/2014]

viernes, 28 de marzo de 2014

Zaz: Je veux (d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur)


(gracias, oli)
Donnez moi une suite au Ritz, je n'en veux pas
Des bijoux de chez Chanel, je n'en veux pas
Donnez moi une limousine, j'en ferais quoi? papalapapapala
Offrez moi du personnel, j'en ferais quoi?
Un manoir a Neufchatel, ce n'est pas pour moi.
Offrez moi la Tour Eiffel, j'en ferais quoi ? papalapapapala

Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur, ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur, moi j'veux crever la main sur le coeur
allons ensemble, découvrir ma liberté, oubliez donc tous vos clichés, bienvenue dans ma réalité.

J'en ai marre de vos bonnes manières, c'est trop pour moi!
Moi je mange avec les mains et j'suis comme ça!
J'parle fort et je suis franche, excusez moi!
Finie l'hypocrisie moi j'me casse de là!
J'en ai marre des langues de bois!
Regardez moi, toute manière j'vous en veux pas et j'suis comme çaaaaaaa (j'suis comme çaaa)
Zaz Kerredine Soltani produit la chanteuse Zaz. Pour elle il écrit et compose entre autres le tube Je Veux, disque d'or dans plus de 15 pays. Soltani lui signe à nouveau le single On ira sur le nouvel l'album Recto verso (2013).

martes, 25 de marzo de 2014

El presente siempre resulta confuso (Isak Dinesen)

EUGENE WALTER: La mayoría de sus relatos transcurren en el siglo pasado, ¿verdad? Nunca escribe sobre la era contemporánea.
ISAK DINESEN: Sí lo hago, si tenemos en cuenta que los tiempos de nuestros abuelos, que apenas hemos dejado atrás, son parte importante de nosotros. Absorbemos gran cantidad de elementos sin ser siquiera conscientes de ello. Además escribo sobre personajes que juntos constituyen un relato. En primer lugar elijo el aroma del relato para proceder luego a la selección de los personajes, que serán quienes tomen el relevo a partir de entonces. Son ellos quienes van marcando la pauta, yo me limito a concederles la libertad necesaria. Ahora bien, tanto la vida como la ficción modernas presentan una atmósfera y, en especial, un movimiento interior —dentro de los personajes— que es algo completamente diferente. Siento que tanto en el arte como en la vida, el ciudadano de este siglo se ha retraído. La soledad se ha convertido en el tema universal. No obstante, yo escribo sobre mis personajes siguiendo unas pautas, concentrándome en su forma de interactuar. Las relaciones con los demás son, a mi modo de ver, fundamentales, valoro la amistad y he tenido la suerte de contar con amistades extraordinarias. En mis relatos, el tiempo es flexible. Puedo empezar con el siglo XVIII y terminar con la Primera Guerra Mundial. Las épocas se encuentran bien organizadas y se pueden distinguir con facilidad. Cabe señalar que buena parte de las novelas cuya temática percibimos como contemporánea a la fecha de su publicación —pensemos por ejemplo en Dickens, Faulkner, Tolstói o Turguénev— se ambientan en una época pasada, una generación anterior, por ejemplo. El presente siempre resulta confuso: nadie ha tenido oportunidad de contemplarlo con detenimiento... Fui pintora antes que escritora, y a un pintor jamás le agrada el motivo que tiene ante sí; prefiere alejarse para estudiar el paisaje con los ojos entornados. (pp. 50-51)


«Ser fiel a la historia»

Conversaciones con
Karen Blixen

Prólogo de
Marianne Wirenfeldt Asmussen

Selección y traducción de
Cristina Riera Canalias

Confluencias, 2013
Aguadulce (Almería)

miércoles, 12 de marzo de 2014

Breve recorrido literario por Nueva Orleans

Hotel Monteleone
214 Royal St., entre Iberville y Bienville

El venerable hotel Monteleone podría ser considerado la zona cero de la cosa literaria de Nueva Orleans. Aquí se alojaron, escribieron y bebieron, entre otros, Hemingway, Faulkner, Tennessee Williams, Anne Rice, Eudora Welty o John Grisham.

Faulkner House Books
624 Pirates Alley

William Faulkner vivió y escribió aquí en los años 20, época de esplendor de la bohemia del French Quarter. Ahora la vivienda está restaurada y convertida en una de las principales librerías independientes del país.

Residencias de Tennessee Williams
429 Royal St.; 632 St. Peter; 1014 Dumaine St.

Tennessee Williams quizás sea el escritor más asociado con Nueva Orleans (¿después de Mark Twain?). Desde su casa en la calle St. Peter, Williams podía oír un tranvía llamado Deseo corriendo por la calle Royal y, otro llamado Cementerios, a lo largo de la calle Canal, lo que sería una perfecta metáfora de la condición humana.

Ignatius Reilly Statue
819 Canal Street, entre Bourbon y Dauphine

Muchos piensan que el protagonista de La conjura de los necios (libro publicado gracias a los esfuerzos de la madre de John Kennedy Toole once años después de su suicidio) es un buen representante del indolente carácter del French Quarter.

Apartamentos Pontalba
Jackson Square
Elegantes salones donde se reunía la flor y nata literaria de la época: Sherwood Anderson, Edna St. Vincent, Somerset Maugham, Carl Sandburg o William Faulkner (a quien Anderson mentoró).

martes, 11 de marzo de 2014

Mañana (lluviosa) en Bourbon Street

«Estábamos a finales de otoño, semanas antes de su operación y Susan, que odiaba el frío, quería ir a algún sitio cálido. Divertido y cálido, y no demasiado lejos. "Nunca has estado en Nueva Orleans, ¿verdad?". No. (Se había convertido en un diálogo familiar: "¿Nunca has visto Las bodas de Fígaro?"."¿Nunca has comido Sushi?". "Nunca has estado en el Festival de Cine de Nueva York?". Cada vez que yo decía que no, Susan respondía: "Ah, pues te espera una sorpresa". Y así era siempre). David y ella habían estado en Nueva Orleans; conocían a gente allí; era, ambos estaban de acuerdo, el destino perfecto para un viaje corto.
    Nos alojamos en el Barrio Francés, aunque un día unos amigos nos llevaron a hacer una larga excursión por los pantanos. Recuerdo que comimos de maravilla ("¿Nunca has probado los cangrejos?"), y todos los desconocidos que encontrábamos tenían historias que contarnos sobre el Mardi Gras. Recuerdo una cena en la que un chico muy guapo recitó de memoria "Mornings on Bourbon Street" de Tennessee Williams y me dio un ejemplar de In the Winter of the Cities, el libro en el que aparece ese poema» (Sigrid Nunez, SIEMPRE SUSAN. RECUERDOS SOBRE SUSAN SONTAG, pp. 77-78)


MORNINGS ON BOURBON STREET

I knew I would say it. But could I believe it again?

I thought of the innocent mornings on Bourbon Street, of the sunny courtyard and the iron lion’s head on the door.

I thought of the quality light could not be expected to have again after rain, the pigeons and drunkards coming together from under the same stone arches, to move again in the sun’s faint mumble of benediction with faint surprise.

I thought of the tall iron horseman before the Cabildo, tipping his hat so gallantly towards old wharves, the mist of the river beginning to climb about him.

I thought of the rotten-sweet odor of Old Quarter had, so much like a warning of what I would have to learn.

I thought of belief and the gradual loss of belief and the piercing together of something like it again.

But, oh, how my blood had almost turned in color when once, in response to a sudden call from a window, I stopped on a curbstone and first thought,

Love. Love. Love.

I knew he would say it. But could I believe it again?

I thought of Irene whose body was offered at night behind the cathedral, whose outspoken pictures were hung outdoors, in the public square, as brutal as knuckles smashed into grinning faces.

I thought of the merchant sailor who wrote of the sea, haltingly, with a huge power locked in a halting tongue –

Lost in a tanker off the Florida coast, the locked and virginal power burned in oil.

I thought of the opulent antique dealers on Royal whose tables of rosewood gleamed as blood under lamps.

I thought of my friends.

I thought of my lost companions, of all I had touched and all whose touch I had known.

I wept for remembrance.

But when I had finished weeping, I washed my face, I smiled at my face in the mirror, preparing to say to you, whom I was expecting:

Love. Love. Love.

But could I believe it again?

TENNESSEE WILLIAMS (1911-1983)

lunes, 10 de marzo de 2014

Libros EEUU 2014

viernes, 7 de marzo de 2014

Francisco Goldman: Di su nombre

«La última novela que Aura leyó fue La vida breve, de Onetti, la comenzó en la Ciudad de México y la terminó un día antes de emprender nuestro viaje a la playa. El libro estaba ahora en Brooklyn, pero no me podía poner a leerlo aún. Sí que leí su ejemplar de El malogrado, de Thomas Bernhard, y también su Bajo el volcán, subrayado y con anotaciones de su propio puño y letra. Estaba contento de volver a leer algo de ficción, después de tantos meses de haber estado volcado en ensayos sobre la aflicción y el duelo y en los libros que creí que podrían ayudarme a imaginar a los psicoanalistas franceses y a las clínicas de la novela de Aura. Un día, abrí mi ejemplar de tapa blanda de Pnin para encontrarme y seguir un rastro de hadas conformado por las marcas en tinta verde de Aura. Ni siquiera había terminado el primer capitulo cuando sentí la risa de Aura creciendo en su interior y salir de golpe por sus labios entreabiertos, cuando el pobre Pnin se da cuenta de que ha cogido el tren equivocado a Cremona. Siguiente estación de la risa, la ardilla que hace que Pnin apriete el botón de la fuente. Aura había trazado pequeños corchetes verdes para destacar frases como «un viento susurrante» o «bajo el sol plateado» y había escrito con claridad la palabra «clima» en los márgenes. ¿Por qué alguien escribiría la palabra «clima» junto a cada descripción del clima que apareciera en una novela? Yo sabía por qué. En su taller de escritura creativa el FEA les había encargado llevar un diario del clima. Observar el clima, describirlo, no es tan sencillo. Hay que prestar atención a los usos literarios del clima. Todos los días de ese semestre, mientras también se preparaba para defender su tesina, Aura había descrito diligentemente el clima en su cuaderno. Después Wendy me diría que en realidad sólo dos estudiantes del taller habían escrito en sus diarios cosas del clima todos los días: Aura y ella. [...]

Las semanas posteriores al accidente traté de releer Lord Jim: pensaba que era el momento de hacer lo que hace Lord Jim, desaparecer con todo, con mi vergüenza y mi vida arruinada, en algún lugar lejano y difícil donde quizá pudiera comenzar de nuevo; pero entonces el libro me desconcertaba por el miedo a la muerte que motiva a los personajes, por las grotescas payasadas que ni siquiera merecen ser tachadas de cobardía: esos hombres son sólo payasos sin gracia que luchan por el bote salvavidas [...]» (pp. 284-285)
primeras páginas
FRANCISCO GOLDMAN
Di su nombre
(Say Her Name, 2011)
Trad. Roberto Frías
Sexto Piso, 2012

El duelo como forma de literatura (ML Restrepo)
La escritora que se perdió en una ola (A. Castro)

Palabras para resucitar un fantasma (JL de Juan)
A brilliant but often unbearably sad read (The Guardian)
~ In Memoriam ~
AURA ESTRADA (1977-2007)

martes, 4 de marzo de 2014

Philip Roth: Patrimonio. Una historia verdadera

  "Y, sin embargo, a primera hora de la mañana siguiente, para no darle tiempo de que la preocupación lo hiciera derrumbarse, llamé a mi padre y le endilgué mi perorata: le conté que mi abogada acababa de indicarme la conveniencia de que tuviera dispuesto un testamento vital, que me había explicado como funcionaba el asunto, que a mí me había parecido una buena idea y que le había pedido, ya que iba a hacer el mío, que hiciera también uno para él. Le dije: «Te voy a leer el mío. Escucha.» Y, por supuesto, su reacción no fue en absoluto la que yo había temido.
  ¿Cómo pudo olvidárseme? Estaba hablándole a alguien que se había pasado la vida tratando con otras personas precisamente de eso, de la cuestión en que menos quiere uno pensar. Cuando era pequeño y me llevaba consigo a la oficina, los sábados por la mañana, me decía: «Vender un seguro de vida es la cosa más difícil del mundo. ¿Sabes por qué? Porque tu cliente sólo puede salir ganando si se muere.» Mi padre era un hombre con Iarga y profunda experiencia en este tipo de contratos relativos a la muerte, estaba muchísimo más avezado a ellos que yo; y mientras le iba leyendo el texto por teléfono, me contestaba con tanta naturalidad como si le hubiera estado leyendo la letra pequeña de una póliza de seguros.
  —«Medios para la prolongación artificial de la vida que rechazo explícitamente —le leía—: a) La reactivación eléctrica o mecánica de mi corazón cuando haya dejado de latir.»
  —Ajá —dijo él.
  —«b) La alimentación por intubación nasogástrica», que lo alimentan a uno por la nariz, «en caso de hallarme paralizado o incapaz de alimentarme por la boca».
  —Ajá, sí.
  —«c) La respiración asistida cuando no pueda respirar por mis propios medios.»
  —Ajá.
Seguí hasta el párrafo por el que mi hermano y yo quedábamos autorizados para tomar las decisiones médicas pertinentes, en caso de que él ya no pudiera tomarlas. Luego le dije:
  —¿Qué? ¿Qué te parece?
  —Mándamelo y te lo firmo.
  Y eso fue todo. Ahora, en lugar de sentirme hijo de agente de seguros, me sentía yo agente de seguros, como si acabara de venderle una póliza a un cliente que sólo muriéndose podía salir ganando." (pp. 204-206)

PHILIP ROTH
PATRIMONIO
UNA HISTORIA VERDADERA
(Patrimony. A true story, 1991)
Trad. Ramón Buenaventura
Seix Barral, 2003
DeBolsillo, 2012

"El resto es literatura.
(Muy buena, por cierto)"
(El lamento de Portnoy, 1/8/05)