martes, 30 de enero de 2018

En la ciudad líquida, de Marta Rebón

Marta Rebón (Barcelona, 1976)
EN LA CIUDAD LÍQUIDA
Derivas, interiores y exilios
Caballo de Troya, 2017 - 395 págs. - inicio
Leerlo reconforta, Nadal Suau
[otro estupendo artefacto literario editado por
Lara Moreno]
«Otro autor que volvió de un infierno a otro fue Varlam Shalámov. A punto de regresar a Moscú, tras casi dos décadas sumando condenas en el Gulag, en la estación de Irkutsk sintió que el cuerpo se le cubría de un sudor frío. Espantado por la fuerza del ser humano, por su voluntad y capacidad para borrar de un plumazo los hechos de la memoria, se dio cuenta de que estaba dispuesto a olvidarlo todo, a tachar varios años de su vida. Pero, en cuanto lo comprendió, venció esa tentación: «Sabia que no permitiría a mi memoria olvidar nada de lo que había visto». Solo entonces recobró la calma. Es el dilema que persigue al superviviente, recordar u olvidar, aunque el trabajo inhumano en Siberia dejara heridas indelebles: «Toda nuestra vida de viejos será una vida de dolor, físico y espiritual». Recordar para poder explicar es lo primero, lo siguiente es transmitir lo indecible. Shalámov, armado con una voluntad tan terca como la burocracia soviética, asumió el reto de contar lo vivido en Kolimá, donde cada minuto era una gota de veneno. Creó un ciclo de cuentos estremecedor «con toda la elocuencia del acta, con la responsabilidad y la precisión del documento», pasado por el tamiz y la contención de la mirada poética.

Varlam Shalamov (1907-1982)
Cada relato se centra en un aspecto de la vida en el campo, en un personaje, en un objeto. Nada de lo que que leemos es superfluo, todo trasciende. Solo dotando de textura literaria a su memoria podía convertir el relato de los acontecimientos en irrefutable. No bastaba con la enumeración de datos, nombres, lugares. De nada servía la árida naturaleza del atestado, el informe o la estadística para hablar de lo que no tenía precedentes. El documento debía abrirse al aliento poético. De este modo, Shalámov comprimió en pequeñas gemas literarias todas las variantes de respuesta a los interrogantes «¿Qué es el hombre?» y «¿Qué hace posible que sobreviva en el límite?» (págs. 186-188)



Como editora de Caballo de Troya durante 2017, Lara Moreno nos ha regalado, entre otros títulos, con los espléndidos En la ciudad líquida y Animal doméstico, de Mario Hinojos. Además, este fin de semana Lara imparte el curso Escrituras salvajes, lecturas de salvación en la librería Nollegiu de Barcelona. Donde próximamente Jordi Corominas hablará de Enrique Vila-Matas, narrador sense nacionalitat.

viernes, 26 de enero de 2018

Tot sol, d'August Strindberg

August Strindberg (Estocolm, 1849 - 1912)
TOT SOL
[Ensam, 1903]
Trad. Carolina Moreno Tena
L'Avenç, 2015 - 115 pàgs - inici
Crisàlide, segons Pere Calonge
[més sobre els avantatges de la solitud]
«Quan, de nit, tornava a casa després d'aquestes troba-des al cafè, sentia la buidor d'aquest esbravament, en el qual l'únic que volíem era sentir la nostra pròpia veu i encolomar les nostres opinions als altres. El meu cervell havia quedat com estripat o com remogut i sembrat de males herbes que calia rasclar abans que no tornessin a créixer. I quan tornava a ser a casa, a la meva solitud i el meu silenci, em retrobava a mi mateix, m'embolcallava amb la meva atmosfera espiritual, en la qual em trobava tan bé com dins d'un vestit fet a mida, i al cap d'una hora de meditacions em sumia en el son devastador, alliberat de tot desig, passió o voluntat.

De mica en mica, vaig cancel·lar les meves visites als cafès; practicava el quedar-me sol; queia en la temptació de tornar-hi, però em feia enrere, cada vegada més immune, fins que finalment vaig trobar el gran plaer d'escoltar el silenci i les noves veus que s'hi poden sentir.» (pág. 15)

lunes, 22 de enero de 2018

Los niños perdidos, de Valeria Luiselli

Valeria Luiselli (México DF, 1983)
LOS NIÑOS PERDIDOS
(Un ensayo en cuarenta preguntas)
Sexto Piso, 2016 - 112 págs. - bibl. vila de gràcia
[impresionante, doliente, necesario]
«A lo largo de los meses he entrevistado a decenas de niños, y suelo recordar con claridad la mayoría de sus caras y voces. Pero se me confunden y mezclan las historias que cada uno me va contando a medida que avanzamos por las preguntas del cuestionario, quizás porque, aunque las historias de todos ellos son distintas, cada una es un fragmento de una historia compartida más amplia. Todos los niños llegan de lugares distintos, de vidas singulares, de experiencias únicas, pero una vez que registramos sus historias, éstas se encadenan unas con otras, y cuentan la misma historia espeluznante. Si alguien dibujara un mapa del hemisferio y trazara la historia de un niño y su ruta migratoria individual, y luego la de otro y otro niño, y luego las de decenas de otros, y después la de los cientos y miles que los preceden y vendrán después, el mapa se colapsaría en una sola línea —una grieta, una fisura, la larga cicatriz continental.
    Recuerdo con claridad una sola historia del primer día de trabajo en la corte, una historia apuntalada por un detalle que me sigue persiguiendo. La recuerdo en todos sus pormenores, quizá porque es la historia de un niño a quien meses más tarde me volví a encontrar, y en cuyo caso seguí trabajando como traductora. Hacia el final de la entrevista, el niño sacó de uno de sus bolsillos un papel doblado varias veces, percudido en las dobladuras y en los bordes. Lo desdobló con cuidado y me explicó que era una copia de una denuncia que había levantado en la policía hacía más de un año y medio. La denuncia registraba, en tres o cuatro frases escritas a máquina, con mala gramática y en mayúsculas, que el sujeto en cuestión levantaba una queja contra miembros de una pandilla que lo esperaban todos los días afuera de la escuela, lo seguían hasta su casa, y lo amenazaban de muerte. El documento terminaba con la promesa vaga de «investigar» la situación. Después de enseñármelo, el niño volvió a doblar el documento y se lo metió al bolsillo del pantalón, como si se guardara un talismán.
    Más tarde, volviendo a casa en el metro con mi sobrina —ambas haciendo un esfuerzo completamente inútil por diseccionar la maraña de información legal en categorías concretas, por organizar la nebulosa de ideas en conceptos claros y la avalancha de historias en un orden narrativo compartible— la imagen de ese pedazo de papel me volvía a la cabeza, con la insistencia con que regresan los símbolos. Un papel sudado, erosionado contra la tela del bolsillo de un pantalón, un documento que había viajado miles de kilómetros, a bordo de trenes, a pie, en camiones, a través de varias fronteras, hasta la corte de inmigración de una ciudad, donde por fin había sido desdoblado y leído por alguien. El pedazo de papel registraba, a la vez, la historia de los motivos de un viaje y, de modo más invisible pero igualmente material y concreto, la historia de ese viaje.
    Los niños salen de sus casas en compañía de coyotes, que cobran entre 3 y 7 mil dólares para llevarlos hasta la frontera —y no se les puede, por contrato apalabrado, acusar de nada si algo sale mal en el trayecto. No todos los coyotes permanecen con los niños una vez que cruzan la frontera, así que una vez del otro lado están solos, básicamente a merced de su buena estrella. Se suele pensar que cruzar la frontera exitosamente es no ser visto y capturado por la migra. Pero no es el caso con los niños. Los niños saben que la manera más segura de proceder es ponerse en manos de la Border Patrol —la temible, pero al fin y al cabo pioresnada migra. Cruzar solos el desierto es demasiado peligroso, si no es que imposible.» (págs. 43-45)

[de la contraportada] «¿Por qué viniste a los Estados Unidos? Ésa es la primera pregunta del cuestionario de admisión para los niños indocumentados que cruzan solos la frontera». A partir de su trabajo como traductora para la defensa de niños migrantes en la corte migratoria de Nueva York, Valeria Luiselli pudo conocer de primera mano el enredado proceso legal del que, literalmente, depende el futuro de los miles de niños centroamericanos que arriesgan la vida para cruzar las fronteras de México y Estados Unidos con tal de escapar del infierno cotidiano en sus respectivos países de origen. Los niños perdidos. (Un ensayo en cuarenta preguntas) es un testimonio brutal, íntimo, escrito con una prosa franca, brillante y lúcida, que observa la realidad de los niños migrantes desde una distancia situada entre el deseo de remediar el desamparo existencial en el que se encuentran sumidos y la impotencia que desata la incapacidad para hacerlo. Y es que, como cuestiona con honestidad la propia Luiselli: «¿Cómo se explica que nunca es la inspiración lo que empuja a nadie a contar una historia, sino, más bien, una combinación de rabia y claridad?». Utilizando como hilo conductor el cuestionario de cuarenta preguntas que sirve de base para el proceso legal que determinará su situación, Luiselli se ha adentrado en la realidad de los niños migrantes para mostrarnos una radiografía tanto de sus vidas pasadas, presentes y futuras, como del laberíntico y despiadado sistema migratorio de Estados Unidos.

miércoles, 17 de enero de 2018

Diario de 1926, de Robert Walser


Robert Walser (Suiza, 1878-1956)
DIARIO DE 1926
[das tagebuch-Fragment von 1926. Zarte Zeilen]
Trad. Juan de Sola Llovet
La Uña Rota, 2013 - 80 págs. - (bibl. vila de gràcia)
[Walser por Walser]
«Encontrar una habitación, esto es, la búsqueda de un espacio, un atelier de creación, que al mismo tiempo sea un lugar indicado para contener el sueño, ha sido para mí desde siempre, ruego ancarecidamente que se tenga en cuenta, una forma inmejorable de salir a dar un paseo y darle al cuerpo una algría al aire libre. Hoy casi me asombro cuando compruebo que mi buena salud es una realidad, sin que ello signifique que pretendo jactarme lo más mínimo de mi bienestar físico, lo cual no me parecería de buen tono. De todos modos, me doy las gracias a mí y al Dios que está encima de nosotros, pero me acuso de indolencia y de vacilación, que a mí me parece francamente ridícula, con respecto a las explicaciones que he prometido dar, cuando se me ha ocurrido mencionar un librito que contenía la historia de un orfebre y de su ayudante. De hecho, por espacio aproximado de un año, adquirí la costumbre, sumamente curiosa y en realidad un poco extraña, de leer primero y estudiar estos libritos con ahinco, e inmediatamente después y en segundo lugar, sonsacar de todo lo leído una historia propia, esto es, algo gracioso, divertido, egoista, placentero y juguetón, circustancia, ésta, que puede haber sido y hasta constituido una curiosidad literaria y sobre la cual parece que debo sin duda ofrecer información más detallada. Porque la cuestión de ir arrancando y desplumando de creaciones ajenas los motivos para escribir, como he hecho yo, muy a mi pesar, de vez en cuando, ha suscitado, como es de suponer, un gran revuelo.» (págs. 29-30)

Patricio Pron dixit: «A ese último período se remonta este Diario de 1926, que no es precisamente un diario, que tal vez no fue escrito en 1926 y que carece de tema. Vale decir: en este libro se habla de una cierta Erna, de la viuda que alguna vez le alquiló una habitación en su casa a Walser, de un compañero de colegio del escritor, de una visita que éste hizo al fisco, etcétera, pero el verdadero tema de este Diario de 1926 (si tiene alguno) es la imposibilidad de una literatura sin autor. A lo largo del libro, Walser se pregunta qué se dirá de él, si se lo considerará "frívolo o superficial" (8), se detiene ante "una duda nada desdeñable" (13) y dice encontrarse "en un mar de dudas" (22), no se "atreve" (14), habla de "obstáculos" (20), se detiene a evaluar lo que ha escrito, se pregunta "cómo decirlo" (11), considera posible fracasar en su objetivo y eso lo hace "temblar de desprecio" hacia sí mismo (20), sostiene que su obra está llena de "falsedades" (34), le atribuye "chapucería o elaboración romántica" excesiva (67), vuelve "a empezar" (46), se pregunta si debe "seguir adelante" (56), se echa en cara su "inseguridad" e "irresolución" (70), renuncia a la intención y al esfuerzo (75).»

miércoles, 10 de enero de 2018

Asimetría, de Adam Zagajewski

Adam Zagajewski (Ucrania, 1945)
ASIMETRIA
[Asymetria, ¿?]
Trad. Xavier Farré
Acantilado, 2017 - 80 págs. - inicio
- Discurso entrega PPA2017
- Más poemas
[la poesía es un arma cargada de presente]
VERANO DEL 95
«Fue aquel verano en el Mediterráneo, ¿lo recuerdas?,
cerca de Toulon, un verano seco, fascinado de sí mismo,
que hablaba en un dialecto difícil de captar,
y sólo entendíamos retazos de palabras saladas,
un verano de una luz sesgada de la tarde, de pálidas
manchas nocturnas de las estrellas, cuando amainaba
el bullicio de innumerables conversaciones insignificantes
y el silencio esperaba a que se oyera un pájaro soñoliento,
un verano en la explosión diaria del mediodía, cuando incluso
las cigarras desfallecían, un verano cuando el agua azul
se abría hospitalaria, tan hospitalaria que olvidamos
por completo las ánforas que descansaban
en el fondo del mar hacia miles de años, en la oscuridad,
en soledad; fue aquel verano, ¿lo recuerdas?
cuando reían las hojas siempre verdes del ligustro,
fue en julio cuando nos hicimos amigos
de aquel gato negro tan joven,
que nos pareció tan inteligente,
fue el mismo verano cuando en Srebrenica
mataban a hombres y a muchachos;
y allí se sucedían innumerables disparos secos
y seguramente también un calor sofocante y polvo,
y las cigarras estaban muertas de miedo.» (pág. 14)

viernes, 5 de enero de 2018

Tiempo de cine


A Ghost Story. David Lowery, 2017 (IMDb 6,9) [fantasmagórica]

Blade Runner 2049. Denis Villeneuve, 2017 (IMDb 8,3) [espectacular y previsible]

El arte de la amistad (Final Portrait). Stanley Tucci, 2017 (IMDb 6,5) [me salí]

En realidad, nunca estuviste aquí (You Were Never Really Here). Lynne Ramsay, 2017 (IMDb 7,4) [enfática]

El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer). Yorgos Lanthimos, 2017 (IMDb 7,3) [también me salí]

El sentido de un final (The Sense of an Ending). Ritesh Batra, 2017 (IMDb 6,3) [boring]

Estiu 1993 (Summer 1993). Carla Simón, 2017 (IMDb 7,4) [exquisita]

La librería (The Bookshop). Isabel Coixet, 2017 (IMDb 6,4) [correcta]

Molly's Game. Aaron Sorkin, 2017 (IMDb 7,7) [sobra el padre]

Muchos hijos, un mono y un castillo. Gustavo Salmerón, 2017 (IMDb 7,8) [imbatible]

Olvídate de Nick (Forget About Nick). Margarthe von Trotta, 2017 (IMDb 5,3) [extraña]

The Disaster Artist. James Franco, 2017 (IMDb 8,0) [pesadica]

Tierra de Dios (God's Own Country). Francis Lee, 2017 (IMDb 7,8) [descarnada]

Wonder Wheel (La noria de Coney Island). Woody Allen, 2017 (IMDb 6,3) [impostada]


miércoles, 3 de enero de 2018

El ojo castaño de nuestro amor, Mircea Cărtărescu

Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956)
EL OJO CASTAÑO DE NUESTRO AMOR
[Ochiul căprui al dragostei noastre, 2015]
Trad. Marian Ochoa de Eribe
Impedimenta, 2016 - 208 págs. - inicio
JotDown - El Confidencial - bibl. vila de gràcia
[inolvidable]
«HACE EXACTAMENTE DOS MIL AÑOS, ocho años después de un incidente en Judea del que no oiría hablar jamás, el poeta más importante de Roma, a Publius Ovidius Naso, el discípulo de Virgilio, se le comunicó que, por orden del emperador Augusto, tenía que dejar familia y amigos, la ciudad y la gloria, para hundirse en un escondrijo en los confines del mundo, del Limes Scythicus. Era el año que había terminado su Metamorfosis, con la que esperaba, a la edad de sesenta y cinco años, la consagración definitiva. Nunca sabremos qué fue aquel "carmen et error" que cambió su vida. El hecho es que el poema Ars amatoria, por el que Roma lo había amado en su juventud, era considerado ahora obsceno y pernicioso para las costumbres [...] Por las noches, bajo unas constelacioes distintas de las que veía en su juventud en el cielo de Roma, Ovidiu velaba hasta el amanecer, atormentado por el frío y la nostalgia. ¿Quién ha pagado por estas desdichas y quién va a recompensar alguna vez el sufrimiento de este anciano expulsado entre los hielos? ¿Quién pagará alguna vez por todos los poetas del mundo, sumidos en la miseria y la locura, exiliados en todas las épocas y en todos los imperios, al margen del mundo habitado?
    [...] Devorado por el salitre y la intemperie, Ovidiu contempla, con ojos ciegos, el mar. Los imperios se han hundido y los todopoderosos reyes han sido olvidados, pero Ovidiu, metamorfoseado en hombre de bronce sobre el pedestal, vive todavía desde hace dos milenios. ¿Vivirá cincuenta años más? ¿Cien más? ¿Se pronunciará su nombre en este mundo al cabo de otro milenio? ¿Se leerán aún sus Fastos dentro de un millón de años, dentro de un billón? Después de que el sol se apague y la galaxia se desintegre y se produzca la muerte térmica del universo infinito, ¿volverá a recitar alguien siquiera dos versos, con ritmo elegíaco, sobre los rizos de las damas elegantes y sus cajitas de marfil con afeites? Por supuesto que sí, por supuesto que sí. Puesto que han brillado en otra época, brillarán siempre, más allá del mundo físico y de su terrible destino, en un espacio distinto al del polvo y el olvido. Pues como dijo Mallarmé, "el mundo solo existe para llegar a un libro".» (de PONTUS AXEINOS, págs. 64-68)

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