jueves, 17 de enero de 2019

Relato de mi vida, de Thomas Mann

Thomas Mann (Lübeck, 1875 - Zúrich, 1955)
RELATO DE MI VIDA
[Lebensabriss, 1930]
&
Erika Mann (Múnich, 1905 – Zúrich, 1969)
EL ÚLTIMO AÑO DE MI PADRE
[Das letzte Jahr. Bericht über meinen Vater, 1958]

Trad. y notas: Andrés Sánchez Pascual
Hermida Editores, 2016 - 204 págs. - inicio
[muy interesante]
«No era la primera vez que mi mujer y yo pasábamos parte del mes de mayo en el Lido. Una serie de circustancias y de impresiones curiosas tuvo que coincidir con mi secreta búsqueda de cosas nuevas para que naciese una idea fecunda, que encontró luego su concreción bajo el título de La muerte en Venecia. Esta novela corta la había yo concebido de un modo tan poco ambicioso como ninguna otra de mis obras; la había pensado como una improvisación a la que podría dar fin con rápidez, como una simple interrupción en mi trabajo en la novela del estafador. [...] De igual manera, en La muerte en Venecia no hay inventado absolutamente nada: el paseante del cementerio norte de Múnich, el siniestro navío de Pola, el viejo presumido, el sospechoso gondolero, Tadzio y su familia, la marcha impedida por el error con el equipaje, el cólera, el sincero empleado de la oficina de turismo, el maligno saltimbanqui, o cualquier otro detalle que pudiera citarse: todo, todo estaba allí, y lo único que faltaba era colocarlo en su lugar para que mostrase, de un modo asombroso, su capacidad interpretativa dentro de la composición. Es posible que se relacione también con esto el hecho de que mientras trabajaba -con mucha lentitud, como siempre- en este relato, experimentase en algunos instantes el sentimiento de un caminar absoluto, la impresión soberana, nunca antes conocida por mí, de ser llevado en brazos. » (págs. 42-4343)

viernes, 11 de enero de 2019

El Claudio de cada uno

Guárdame en ti
Entonces guárdame en ti
en los torrentes más secretos
que tus ríos levantan
y cuando ya de nosotros
sólo quede algo como una orilla
tenme también en ti
guárdame en ti como la interrogación
de las aguas que se marchan
Y luego: cuando las grandes aves se
derrumben y las nubes nos indiquen
que se nos fue la vida entre los dedos
guárdame todavía en ti, tenme en ti
en la brizna de aire que aún ocupe tu voz
dura y remota
como los cauces glaciares en que la primavera desciende
Raúl Zurita

  1. Claudio the López
  2. Barcelona y él, Ángeles González-Sinde
  3. Apuntes para una teoría de este editor, Rodrigo Fresán
  4. La columna que Claudio López Lamadrid rechazaría, Sergio del Molino
  5. El Claudio de Luna, Manuel, Elvira, Mercedes y Emiliano
  6. La última ciudad de Claudio López Lamadrid, Jeremías Gamboa
  7. Salve, amigo, Félix de Azúa
  8. Claudio López Lamadrid, el editor que se atrevió con América, Juan Cruz
  9. Casco, niño, moto, Miguel Aguilar
  10. El método López Lamadrid para triunfar en la edición, Elena Hevia
  11. Selfinskis con Claudio López Lamadrid, Daniel Mordzinski
  12. Claudio, Leila Guerriero
  13. El Claudio de La Central
  14. Él, Claudio, Daniel Fernández
  15. Un perfeccionista, Patricio Pron
  16. La biblioteca de Claudio, Xavi Ayén
  17. La literatura es una forma de resistencia, Pablo Raphael
  18. Nuestro hermano mayor, Rafael Gumucio
  19. “Se nos va Toti…”, Carles Geli
  20. Cuando un editor se va, Lorenzo Silva
  21. Claudio retratado por sus "carnales", Elena Hevia
  22. Entrevista en continuidaddeloslibros.com, Violeta Serrano
  23. ¿De qué hablamos cuando hablamos de edición?, Ignacio y Claudio

jueves, 10 de enero de 2019

Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney

Sally Rooney (Irlanda, 1991)
CONVERSACIONES ENTRE AMIGOS
[Conversations with Friends, 2017]
Trad. Ana García Casadesús
Literatura Random House, 2018 - págs. - inicio
Bibl. Vallcarca
[vivo y absorbente]
«Seguíamos en el centro, atrapados en el tráfico de los muelles del norte. Aún era pronto, pero ya había anochecido. Yo miraba por la ventanilla a los transeúntes y al velo de lluvia que se arremolinaba bajo las farolas. Le dije que, en mi opinión, lo que lo convertía en parte en un objeto de deseo irresistible era su singular pasividad. Sabía que tendría que ser yo la que te besara, dije. Y que tú nunca me besarías, lo que me hacía sentir vulnerable. Pero al mismo tiempo me hacía sentir muy poderosa, en plan, si vas a dejar que te bese, ¿qué más me dejarás hacer? Era una sensación embriagadora. No tenía claro si te tenia completamente bajo mi control o si no te controlaba en absoluto.
    ¿Y ahora qué sientes?, preguntó.
    Que tengo todo el control. ¿Te parece mal?
  Nick dijo que no le molestaba. Pensaba que era saludable para nosotros que intentáramos corregir el desequilibrio de poder, aunque añadió que no creía que fuéramos a lograrlo del todo. Le dije que Melissa lo consideraba "patológicamente sumiso", y Nick replicó que sería un error asumir que eso implicaba que no tenía ningún poder en sus relaciones con las mujeres. Me comentó que, en su opinión, el desvalimiento era a menudo una forma de ejercer el poder. Le dije que me parecía estar oyendo a Bobbi y se echó a reír. Es el mejor cumplido que un hombre puede esperar de ti, Frances.» (págs. 257-258)

domingo, 6 de enero de 2019

Saliendo de la estación de Atocha, de Ben Lerner

Ben Lerner (Kansas, 1979)
SALIENDO DE LA ESTACION DE ATOCHA
[Leaving the Atocha Station, 2011]
Trad. Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Random House, 2013 - 198 págs. -
inicio - bibl. Lesseps - Nadal opina
[y yo no he entendido nada]
«Mi plan consistía en aprender español leyendo las obras maestras de la literatura española y había fantaseado acerca de la naturaleza y el efecto del español aprendido así, sobre cómo su deje arcaico y su retórica formalmente acentuada chocarían con las trivialidades de la vida cotidiana y yo daría la impresión no tanto de venir de un país extranjero como de proceder de otra época; me imaginaba empleando un bello y raro giro junto a la hoguera después de que Jorge sacara la hierba y viendo las caras de los otros cuando comprendieran que no me entendían no por mi ignorancia o por mi acento, sino por el propio distanciamiento del cenit de su idioma [...] Leer poesía, si es que "leer" es la palabra, era otra cosa completamente distinta. La poesía repelía mi atención, era opaca y material y se negaba a absorberme; sus artículos y preposiciones y conjunciones no conseguían disolverse en un sentimiento y una velocidad; podías caerte en los huecos entre las palabras mientras intentabas unirlas; y, no obstante, al negarse a absorberme, el poema ofrecía la posibilidad de una forma más elevada de absorción de la que yo no era digno, una experiencia profunda inalcanzable desde la vida dañada, y así el poema devenía una figura por su exterior.» (págs. 20-22)

jueves, 3 de enero de 2019

Mamá, de Luis Antonio de Villena

Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951)
MAMÁ
Cabaret Voltaire, 2018 - 256 págs. - bibl. Joan Maragall
- 'De profundis' con madre y poeta
[me lo bebí]
«(Aún continúo deshaciendo tu casa, no sé si decir la nuestra, porque ambos figuramos como dueños aunque todo lo pagaste tú siempre en ella. Es una tarea muy dura, querida mía, alguna vez lo supusimos, pero todo lo pensado se queda atrás, junto a lo real, de veras acre. Faltan muchas cosas del ya perdido esplendor, pero todavía quedan como las ruinas de un mundo caído o perdido. Y es necesario que yo pase esa página. Que entre para bien en mi nueva y distinta vida sin ti, pero es muy terrible —aparte de la dureza física y el estrés de abogados y anticuarios de más o menos fuste— encontrar cosas tuyas en todo rincón y en casi todo momento. [...] Toda una vida y otras vidas cercanas pasan por mis manos y mi mente, mamá, y siento soledad, rareza ante mi soledad y más melancolía, yo que siempre la he tenido [...] ¿Cómo es posible tanta y tan honda soledad? [...] Ahora ya se vendió tu casa, y todo anda desperdigado entre otras dos —la que queda y la que he comprado, más barata— atestiguando un final siempre intuido, pero que siempre es otra cosa y la misma que lo que esperabas. Un año en deshacer tu casa, lo dijimos casi por decir un día y ha sido del todo exacto.)» (págs. 128-131)
«Es este (lo sé) un extraño libro. Desde luego no es mera memoria ni menos una cabal biografía de mi madre, es mejor una mezcla de relato y oración, de diálogo abrupto y de mantra que repite y se obsesiona, de cantinela que busca con vela en lo oscuro por los caminos mismos. Es una plegaria y una obsesión. No hay amor sin daño y sin éxtasis, y la parte más débil queda siempre tremendamente desamparada. Por eso el grito que resuena no es el de ella ―que descansa plácida― es mío el grito desgarrador y solitario que se oye. Estepario lobezno, tras la pérdida. Medio lírico, medio fervoroso, medio maldición, medio plegaria sumisa y dulce, este Mamá es una evocación y una oración susurrada. El recuerdo obstinado de un inigualable amor terrible, que marcó ―y marca aún― mi vida entera. Susurro, beso, letanía, aullido. Oración, al fin.»

domingo, 30 de diciembre de 2018

Libros de 2018

    Vila-Matas, grafiti en Salamanca, 2018
  1. Les possessions, de Llucia Ramis
  2. Los asquerosos, de Santiago Lorenzo
  3. Cosas Vivas, de Munir Hachemi
  4. Yo misma, supongo, de Natalia Carrero
  5. Un vespre al Paradís, de Lucia Berlin
  6. Impón tu suerte, de Enrique Vila-Matas
  7. Un nen, de Thomas Bernhard
  8. Mudar de piel, de Marcos Giralt Torrente
  9. Cosas conocidas y extrañas, de Teju Cole
  10. Marx y la muñeca, de Maryam Madjidi
  11. Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue
  12. El laberinto junto al mar, de Zbigniew Herbert
  13. Les formes del verb anar, de Jenny Erpenbeck
  14. La muerte del comendador, de Haruki Murakami
  15. Carbón animal, de Ana Paula Maia
  16. Walt Whitman ya no vive aquí, de Eduardo Lago
  17. Per tenir casa cal guanyar la guerra, de Joan Margarit
  18. El favor de la sirena, de Denis Johnson
  19. Una educación, de Tara Westover
  20. Un estiu, de Francesc Parcerisas (y Gil de Biedma)
  21. El boxeador polaco, de Eduardo Halfon
  22. El hijo del héroe, de Karla Suárez
  23. L’art de portar gavardina, de Sergi Pàmies
  24. Un día en la vida de una mujer sonriente, de Margaret Drabble
  25. Lo que te pertenece, de Garth Greenwell
  26. Llega el rey cuando quiere, de Pierre Michon
  27. El último samurái, de Helen DeWitt
  28. La desaparición de Josef Mengele, de Olivier Guez
  29. El diario de la princesa, de Carrie Fisher
  30. La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, de Esther Meynell
  31. El complot de las damas muertas, de Jessa Crispin
  32. Hombres imprudentemente poéticos, de Valter Hugo Mae
  33. La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick
  34. La uruguaya, de Pedro Mairal
  35. Guerra y trementina, de Stefan Hertmans
  36. La hermana menor, de Mariana Enriquez
  37. Siete cuentos morales, de J.M. Coetzee
  38. Correo literario, de Wislawa Szymborska
  39. La muerte de Napoleón, de Simon Leys
  40. Museo animal, de Carlos Fonseca
  41. Pulse enter para continuar, de Ana Galvañ
  42. El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández
  43. Papitu, de Carlota Benet
  44. Permagel, d'Eva Baltasar
  45. Clases de chapín, de Eduardo Halfon
  46. El final de la historia, de Lydia Davis
  47. Una vida subterránea, de Laura Freixas
  48. Teoría general del olvido, de José Eduardo Agualusa
  49. La felicidad de los pececillos, de Simon Leys
  50. Ordesa, de Manuel Vilas
  51. Aquella porta giràtoria, de Lluís Foix
  52. Duelo, de Eduardo Halfon
  53. Regreso a Berlín, de Verna B. Carleton
  54. Dalva, de Jim Harrison
  55. La vida de las hormigas, de Maurice Maeterlinck
  56. No sabes lo que me cuesta escribir esto, de Olivia Rueda
  57. El arte de la ficción, de James Salter
  58. Biblioteca bizarra, de Eduardo Halfon
  59. El orden del día, de Éric Vuillard
  60. La ciudad solitaria, de Olivia Laing
  61. Las manos de los maestros, de J.M. Coetzee
  62. Una tomba per a Boris Davidovic, de Danilo Kis
  63. Los gansos de las nieves, de William Fiennes
  64. Saturno, de Eduardo Halfon
  65. La hija de la amante, de A.M. Homes
  66. Tiempos de hielo, de Fred Vargas
  67. Mis premios, de Thomas Bernhard
  68. El arrecife de las sirenas, de Luna Miguel
  69. Chica de campo, de Edna O'Brien
  70. La hija de Joyce, de Annabel Abbs
  71. Läetitia o el fin de los hombres, de Ivan Jablonka
  72. Lo que está y no se usa nos fulminará, de Patricio Pron
  73. Los vivos y los muertos, de Joy Williams
  74. Mejor la ausencia, de Edurne Portela
  75. El eco de los disparos, de Edurne Portela
  76. El club de los mentirosos, de Mary Karr
  77. Joyce, de Edna O’Brien
  78. En la ciudad líquida, de Marta Rebón
  79. Tot sol, d'August Strindberg
  80. Los niños perdidos, de Valeria Luiselli
  81. Diario de 1926, de Robert Walser
  82. Asimetría, de Adam Zagajewski
  83. El ojo castaño de nuestro amor, de Mircea Cărtărescu

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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Les possessions, de LLucia Ramis

biblioteca
Llucia Ramis (Palma, 1977)
LES POSSESSIONS
Anagrama, 2018 - 240 pàgs - inici
LAS POSESIONES
Libros del Asteroide, 2018 - 224 págs. - inicio
[interessant exercici de maduresa]
«Mon pare no era un d'aquells comentaristes als diaris online. A en Marcel l'exasperava que qualsevol tengués l'opció de deixar escrit el seu xarlatanisme als articles, ja fossin seus o dels altres, sota la mateixa capçalera dels diaris.
    -Permetre que qualsevol publiqui el que li doni la gana al web d'un mitjà seriós és posar a la mateixa altura el periodista que el psicòpata de torn. Un ha complert amb el codi deontològic, se suposa que ha contrastat la informació i que és veraç. En principi no hi ha calúmnies ni injúries, en el seu text, perquè podrien denunciar-lo. L'altre ha apuntat el primer que se li ha passat pel cap, fins i tot té dret a insultar o desacreditar el redactor o qui sigui, sense aportar-hi proves que justifiquin aquest atac. Ni tan sols li cal donar el seu nom real, no es responsabilitza del que ha escrit. I aquí tenim periodista i psicòpata, compartint capçalera i espai, confonent el lector. És més, el psicòpata creu tenir els mateixos drets que el periodista, encara que no hagi de complir amb les seves obligacions perquè no cobra. Això no és llibertat d'expressió, és llibertat d'estupidesa, i ho acabarem pagant car, deia.» (pág. 142)
[al·lot :: almanco :: colomassa :: cussa :: crui :: dedins :: devers
:: doblers :: esbucar :: horabaix :: idò :: mamballeta :: me mor ::
més o manco :: pic :: pomot :: qualque :: rancura :: servera :: xaval]

sábado, 22 de diciembre de 2018

Los asquerosos, de Santiago Lorenzo

Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964)
LOS ASQUEROSOS
Blackie Books, 2018 - 222 págs. - portada
[sorprendente]
«Manuel me hablaba mucho de la parra, a la que estaba tomando simpatia en aumento. Entendí que, a falta de personas visibles y tangibles, él focalizaba su sentimiento en cualquier cosa viva que sí tuviera delante. Me preguntaba él sobre las necesidades, apetencias y antojos de la especie. Me informé al respecto y le transmití lo leído. Entre lo que le conté y lo que él iba viendo, la parra cogió en su cabeza una mística gorda y grave de la que él mismo se reía.
    Era la planta todo atenciones. Estaban sus uvas, postre regalado, que iban cobrando dulzor en connivencia con el sol que las regaba. En enero, el resultante de la poda aportó un buen haz de varitas, con el grosor preciso para la transición ígnea de la hojarasca al leño dentro de la chimenea. Recordó haber comido hojas de parra hervidas en un bar libanés de Madrid. Cuando brotaran de las guías, hacia junio, verificaría su coción y su aderezo. Las tomaría a ver qué tal, que seguro que bien, con lo que el árbol amigo devendría en verdulería bien provista.
    Y estaba su sombra, la que recordaba del verano, superior a todas las formas de refrigeración, más fresca contra más calor gritara el sol, de una limpieza clínica, de un sabor líquido, de un olor verdoso comparable a nada. En estaciones frías como la presente, en cambio, la parra se desvestía de follaje, como si ya supiera que debía retirar cortina para que el poco sol emergido pudiera pasar a casa. La parra era una planta doméstica, como lo son el servicial caballo y el cerdo donoso en el reino animal.» (págs. 73-74)

martes, 18 de diciembre de 2018

Yo misma, supongo, de Natalia Carrero

sin cocer
Natalia Carrero (Barcelona, 1970)
YO MISMA, SUPONGO
:Rata_, 2016 - 175 págs.
[no, pero a Rubén sí]
«En ocasiones, sin pretenderlo, he imitado a mi madre, me he encontrado haciendo como ella, desde ella, que es toda silencio, elocuencia reconcentrada. Y he tratado de comprender ese desierto de palabras que es lo único, tan inmenso, que me ofrece [...] Imito a mi madre de forma natural, sin pensarlo, pues procedo de su misma materia. A menudo me encuentro en el lugar donde ella ha pasado sus años de casada-sometida y triste por no haber hecho nada mejor con su vida. Descubro que yo también puedo amar y amo, además de nuestro estado de moribundas, de almas impasibles, al hombre que dice que no servimos para nada, que no nos enteramos de nada ni somos nada. Es el marido y el padre que cada día llega a casa más cabrón y rabioso por su incompetencia para encontrar trabajo, para no dejarse explotar y, sin embargo, explotar él nuestras vidas que en algún momento debieron ser tersas y redondeadas, no estos sacos de ilusiones pinchadas que chirrian aire embrutecido.
      Llegamos a Aribau con Gran Vía [...]» (págs. 19-21)

domingo, 16 de diciembre de 2018

Cosas vivas, de Munir Hachemi

Munir Hachemi Guerrero (Madrid, 1989)
COSAS VIVAS
Periférica, 2018 - 160 págs. - inicio
"Toda la realidad es un libro al que buscamos sentido"
[me encantó]
«Siempre pensé que contar aquello que realmente ocurrió sería una tarea más sencilla que la de escribir ficción (al fin y al cabo la realidad es más minuciosa que la más prolija de las invenciones), pero me encuentro con que no es así. La realidad no tiene la obligación de ser interesante —tampoco la memoria—; la literatura sí. Mis recuerdos no desalojan los espacios que hacen falta para un detalle misterioso o la sorpresa. Podría desodenarlos, es cierto, pero si lo hiciera de algún modo también estaría faltando a la verdad. Creo que Borges reflexionó de forma análoga en Funes el memorioso, el relato de un tipo que no es capaz de olvidar y que por lo tanto tampoco es capaz de pensar (no digamos ya de inventar). El relato de Borges —como todo buen relato fantástico— desconoce el rigor. Hace tiempo jugué a corregirlo y escribí un microrelato llamado La memoria de Ireneo, por el que luego me darían un premio. Lo reproduzco de memoria:
La memoria de Ireneo era vasta y minuciosa. Todo empezó el día en que se cayó de una tapia. Cuando despertó recordó la caída con precisa nitidez. Al instante siguiente recordó que recordaba, y al siguiente que recordaba que recordaba, y quedó así, atrapado en un hecho, en un recuerdo, en un instante denso y anodino e infinito.
    Borges, claro, no estaba por el realismo. Se habría reído de la cita de aquel escritor francés, creo que era Aragon, Louis Aragon, que dijo algo como "nadie más que yo puede saber el sacrificio y el abandono que supone hacer literatura realista" (qué lindo ahí el verbo hacer). De hecho, El Aleph no es sino un chiste acerca de o contra la literatura realista y el escritor realista encarnado en un tal Carlos Argentino Daneri. No me interesa sustraerme a las críticas de Borges, pero no soy un escritor realista; primero porque no soy un escritor, no soporto que me llamen tal cosa, segundo porque el sufijo -ista siempre supone algún grado de artificio.» (págs. 45-46)

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Un vespre al paradís, de Lucia Berlin

Lucia Berlin (1936-2004)
UN VESPRE AL PARADÍS
[Evening in paradise: more stories]
Trad. Josefina Caball i A. Torrescasana
l'altra editorial, 2018 - 272 pàgs. - inici
[millor rellegir Manual per a dones de fer feines]
«Renoi, com s'omple aquest centre de desintoxicació quan plou. Estic fart de quedar-me al carrer, sabeu? La meva senyora i jo hem anat a les grades...s'hi està bé, és tranquil i hi ha molt espai. Llavors ha començat a ploure i ella s'ha posat a plorar. Jo tota l'estona li preguntava: "¿Què et passa reina? ¿Què passa?". Sabeu què ha dit finalment? "Totes les burilles es mullen". I li he pegat. Ella s'ha posat feta una fúria i els polis se l'han endut cap a la garjola i a mi m'han portat aquí. Puc aguantar sense beure. El problema és que quan estic sobri començo a pensar. Els alcohòlics pensen més que la majoria de la gent, és la veritat. Bec perquè no em vinguin les paraules al cap. Merda, ¿què passaria si jo fos bateria? L'última vegada que vaig ser aquí hi havia un número de Psycology Today que parlava dels borratxos dels barris baixos. Demostrava que els alcohòlics pensaven més. Deia que treien puntuacions més altes als tests que les persones normals i que també tenien més retentiva. Només hi havia una cosa en què tenien mala puntuació, una cosa que eren incapaços de fer bé, però no recordo quina.» (DIA DE PLUJA, pág. 232)
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