miércoles, 22 de enero de 2020

Testimonios tangibles, de Nora Catelli

Nora Catelli (Rosario, Argentina, 1946)
TESTIMONIOS TANGIBLES:
PASIÓN Y EXTINCIÓN DE LA LECTURA EN LA NARRATIVA MODERNA
Anagrama, 2001 - 212 págs.
· XXIX Premio Anagrama de Ensayo
· Artículos de Nora en El País
· Anna Maria entrevista a Nora
· Nora me llevó a Raquel
[o el placer de oír hablar de literatura]
«Hay cuatro relatos de origen de la modernidad cuya existencia es innegable, clamorosa. Uno, fabricado por los sueños científicos del doctor Frankestein, se encarna en el monstruo, que se convierte en devoto de Goethe; el segundo es el vampiro Dracula, decadente lector del cuerpo de los vivos, que goza de una sexualidad que todo lo penetra y difunde, borrando las fronteras entre la vida y la muerte; el tercero es el doctor Jekyll, que con su saber da origen, dentro de sí mismo, a mister Hyde; y cuyo resultado es el hombre corriente de dos caras, sumiso y violento, antagonista y expresión de la multitud del siglo XIX; el cuarto es el que trata de la mujer fatal, Carmen, la analfabeta que habla en caló y que exhibe una feminidad amenazante.
    Existe un quinto relato de origen de la modernidad: el de la nueva mujer lectora. Y Villete (1853), de Charlotte Brönte, es la novela donde cristaliza esa figura. Una novela extraña, de muchos estratos: cuadro de costumbres de una ciudad católica descrita por una mujer protestante, novela autobiográfica, discurso sobre la conquista del planeta por los imperios británico y francés, teoría sobre las mujeres y su acceso a la lectura, y, por último, esquema de psicología femenina, a la manera de esas fenomenologías de la conducta individual que sin duda son las grandes novelas del periodo. Villete es todo eso, y es, al mismo tiempo, una refutación controlada del folletín, en la que disputa a ese género gigantesco el dominio sobre los mecanismos de la ficción. Jane Eyre, Nora Catelli la novela más conocida de Bronte, es, hasta cierto punto, un folletín y, también hasta cierto punto, una rendición a algunos de sus recursos más persuasivos, mientras que Villete abandona los fastos melodramáticos y góticos de Jane Eyre y, al mismo tiempo, propone otros.» (págs. 83-84)

viernes, 17 de enero de 2020

Lo esencial, de Miguel Milá

Miguel Milá (Barcelona, 1931)
LO ESENCIAL
EL DISEÑO Y OTRAS COSAS DE LA VIDA
Edición y epílogo de Anatxu Zabalbeascoa
Lumen, 2019 - págs. - inicio
· Lo útil no tiene por qué ser feo
· Una lámpara está más tiempo apagada que
encendida

· Miguel Milá, diseñador industrial e interiorista
[elemental, querido Miguel]
«Diseño familiar Siempre he pensado que mi diseño ha sido, es, familiar y de andar por casa. Lo primero, porque toda la vida he diseñado lo que he necesitado o lo que alguien de mi familia o algún amigo me ha planteado como problema que había que solucionar. Es decir, casi todos mis diseños han sido autoencargos. No es que me los haya encargado yo a mí mismo, es que se me han ocurrido y los he hecho. Por eso digo que siempre estoy diseñando, absolutamente siempre. Yo voy por la calle y pienso: "eso yo no lo habría hecho así". Lo segundo, lo de que mi diseño sea de andar por casa, es porque muchas de esas necesidades que yo detecto estaban en una casa, eran cuestiones domésticas, de convivencia. Y a veces la solución también estaba en la propia casa. Cuando yo era pequeño me quedaba extasiado mirando a la costurera que trabajaba en nuestra casa. Mi hijo Juan describió una vez aquel éxtasis ante el trabajo manual como una especie sensorial de empatía. No solo me fascinaban las costureras, también disfrutaba observando a las personas que empaquetaban en las tiendas, la gente que sabe envolver bien un regalo. Plegar, pegar, atar, adornar, todo junto es una coreografía de gran economía de medios. Todos estos recuerdos cotidianos tienen mucho que ver con mi trabajo. Es vida cotidiana en un peldaño más alto. Lo ingenioso y lo bien hecho siempre me han apasionado.
    Lo bien hecho no tiene solo un sentido moral. Para mi lo bien hecho es también lo bien ejecutado. Tiene que ver con la competencia y a la vez con el pundonor, con la responsabilidad y hasta con el talento. Revela mucho. Y disfruto viéndolo. Me fascina. Yo creo que lo cotidiano bien hecho trasciende.» (págs. 27-28)


Santa & Cole: Vídeo del 50 aniversario de la lámpara TMC de Miguel Milá.

martes, 14 de enero de 2020

Chroma, Derek Jarman

Derek Jarman (Londres, 1942-1994)
CHROMA
UN LIBRO DE COLOR
Edición de Hugo Salas
Caja Negra, 2017 - 248 págs. - fragmento
· El jardín de Derek
· Jarman en La edad de oro
[conmovedor]
«Te envío una carta, querido lector, dentro de un sobre italiano rojo que deposito en el pequeño buzón rojo al final de mi jardín, y veo cómo el cartero pasa a recogerla a las cuatro p. m. en su furgoneta roja. En Italia, los sobres de negocios siempre son rojos. Dicen URGENTE. Nuestros sobres marrones pasan inadvertidos.

Me faltó tiempo para escribir este libro. Si he pasado por alto algo que consideres precioso, escríbelo al margen. Yo lleno mis libros de notas, porque los señaladores se pierden. Tuve que apurarme en la escritura porque en agosto perdí el ojo derecho a causa de un citomegalovirus... a partir de ahí, todo se convirtió en una pelea con la oscuridad. Y al desfallecimiento de la luz sigue la oscuridad. Escribí este capítulo bajo los efectos del suero del hospital, y se lo dedico a los doctores y las enfermeras del Barts. Fue escrito en su mayor parte a las cuatro de la mañana, garabateado de manera casi incoherente en la oscuridad, hasta que el sueño dichosamente me venció. Sé que mis colores no son los tuyos. Dos colores nunca son el mismo, aunque provengan del mismo tubo. El contexto cambia el modo en que lo percibimos. Siempre me ha gustado usar una sola palabra para describir un color, por lo que aquí el rojo es rojo, con unas pocas recaídas en el carmín o el bermellón. Decidí que este libro no tuviera fotografías en color, porque no serían otra cosa que un torpe intento de atraparlos. ¿Cómo podría estar seguro de que en la imprenta habrán de reproducir correctamente el matiz que yo deseo. Prefiero que los colores floten y alcen vuelo en tu mente. Derek. Derek Jarman

Post scriptum. Ser rojo es tener un color, no una apariencia. Desde luego, un objeto puede parecer rojo durante un momento, como el Partenón bajo los agonizantes rayos del sol.» (de Sobre ver rojo, págs. 77-78)

miércoles, 8 de enero de 2020

La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag

Susan Sontag (Nueva York, 1933 - 2004)
LA ENFERMEDAD Y SUS METÁFORAS
EL SIDA Y SUS METÁFORAS

[Illness as Metaphor (1977),
 AIDS and its Metaphors (1988)
]
Trad. Mario Muchnik
Rev. Aurelio Major
DEBOLSILLO, 2019 - 208 págs. - inicio
· Recensión de Aída Kemelmajer de Carlucci
· Del dolor no se aprende nada, S. del Molino
[Susan aún vigente (y potente)]
«Las metáforas militares contribuyen a estigmatizar ciertas enfermedades y, por ende, a quienes están enfermos. Precisamente, el descubrimiento de la estigmatización de los pacientes con cáncer me llevó a escribir La enfermedad y sus metáforas.
    Yo misma tuve cáncer, hace doce años, y lo que más me enfurecía —y me distraía de mi propio terror y desesperación ante el sombrío pronóstico de mis médicos— era ver hasta qué punto la propia reputación de la enfermedad aumentaba el sufrimiento de quienes la padecían. Muchos de mis compañeros de enfermedad, con quienes tuve ocasión de hablar durante mis primeras hospitalizaciones, y otros que conocí como paciente externa durante los dos años y medio siguientes de quimioterapia en varios hospitales de Estados Unidos y Francia, mesuraban su disgusto por la enfermedad, sentían una suerte de vergüenza. Parecían estar dominados por ciertas fantasías sobre su enfermedad, que para mí nada tenían de seductoras. Y se me ocurrió que algunas de estas ideas eran contrarias a las creencias, hoy en día totalmente desacreditadas, acerca de la tuberculosis. Así como con frecuencia se había considerado sentimentalmente que la tuberculosis acentuaba la identidad, el cáncer era considerado con visceral revulsión, como una degradación del yo. Aparecían igualmente ficciones sobre la responsabilidad y sobre la predisposición caracterológica a la enfermedad: se supone que el cáncer es una enfermedad a la que son especialmente propensos los derrotados psíquicos, los inexpresivos, los reprimidos —sobre todo los que han reprimido la ira o el sexo—, tal como durante todo el siglo XIX y parte del XX (de hecho, hasta que se encontró la manera de curarla) se consideraba la tuberculosis como una enfermedad típica de los hipersensibles, los talentosos, los apasionados.» (págs. 113-114)
Susan Sontag “La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía: la del reino de los sanos, y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”, Susan Sontag.

viernes, 3 de enero de 2020

Querido Waldo, correspondencia entre Emerson y Thoreau

QUERIDO WALDO
CORRESPONDENCIA ENTRE RALPH WALDO
EMERSON Y HENRY DAVID THOREAU y
ELOGIO DE THOREAU POR EMERSON
Prólogo de José Ignacio Foronda
Trad. y notas de Alberto Chessa
Ed. Relee, 2018 - Col. Hojas en la Hierba - 180 págs. - Bibl. de la Región de Murcia
[aprendiendo a amar la maleza (vegetal)]
«El señor Thoreau consagró su genio con tanto amor a los campos, montes y corrientes de su pueblo natal que los hizo famosos e interesantes para todos los lectores americanos y para muchas otras personas allende el mar. Conocía el río a cuyas orillas nació y murió desde sus fuentes hasta su confluencia con el Merrimack. LLevó a cabo observaciones durante muchos años en verano y en invierno, a todas horas del día y de la noche [...] Todo cuanto sucede en el lecho, en las orillas y en la atmósfera sobre el río; los peces, su desove y sus nidos, sus costumbres, su alimentación; los insectos alados que una vez al año invaden el aire al atardecer y son devorados por los peces con tamaña avidez que muchos de ellos mueren de indigestión, [...] los pájaros que frecuentan el río: la garza, el pato, el porrón, el colimbo, el águila pescadora; la culebra, la rata almizclera, la nutria, la marmota y el zorro en las orillas; la tortuga, la rana de suelo y la arborícola y el grillo que llenan de voces las riberas; todos eran sus conocidos y, como quien dice, sus paisanos y semejantes [...] Le gustaba hablar de las costumbres del río como si fuese un ser vivo, pero con exactitud y basándose siempre en hechos comprobados. Como conocía el río, conocía las lagunas de esta región.
    Una de las armas que esgrimía, más importante para él que el microscopio [...], a saber: la tendencia a exaltar a su pueblo y su región como el centro más privilegiado para la observación de la naturaleza. Defendía que la flora de Massachusetts abarcaba casi todas las especies más importantes de América: la mayoría de los robles, la mayoría de los sauces, los mejores pinos, el fresno, el arce, el haya, el nogal [...] Encontró nieve roja en una de sus caminatas, y me dijo que no descartaba hallar la Victoria regia en Concord. Era el abogado de las plantas autóctonas y reconocía que prefería antes la maleza que una planta importada, lo mismo que a un indio antes que al hombre civilizado, y notó, con gusto, que las varas de sauce en la casa vecina habían crecido más que las suyas. "Miren esta maleza —decía—, que ha pasado por la guadaña de un millón de granjeros a lo largo de la primavera y durante todo el verano Emerson y Thoreau y, no obstante, persiste y ahora brota triunfante en todas las veredas, pastos, terrenos de labranza y jardines, tal es su vigor. La hemos injuriado con nombres humillantes como Hierba de cerdo, Madera de gusano, Oreja de ratón, Flor de sábalo". y añadía: "También tiene nombres bien sonoros: Ambrosía, Estelaria, Amelanquia, Amaranto, etcétera".» (págs. 144-145)
«Ralph Waldo Emerson, el intelectual más destacado de la historia de EEUU, fue a vivir a Concord (Massachusetts) en 1834. Allí conoció a un joven, catorce años menor que él, de carácter peculiar, Henry David Thoreau. Cuando este se licenció en Harvard y volvió a su Concord natal nació una amistad que duró hasta el fallecimiento de Thoreau en 1862. La correspondencia entre ambos, nos aporta algunas claves de estos dos grandes autores y nos acerca a su escritura más íntima, alejada de sus textos más conocidos. Completan esta edición de la correspondencia, inédita en español, dos escritos que Emerson publicó a la muerte de Thoreau: un breve obituario y un extenso elogio.»

miércoles, 1 de enero de 2020

martes, 31 de diciembre de 2019

Libros de 2019

  1. Ahir, de Agota Kristof
  2. Lectura fácil, de Cristina Morales
  3. Chilean Electric, de Nona Fernández
  4. El encargo, de Javier Melero
  5. Hiere, negra espina, de Claude Louis-Combet
  6. Testimonio materno, de Elena Soriano
  7. Paraguas en llamas, de Jordi Mestre
  8. Canto jo i la muntanya balla, de Irene Solà
  9. Europa Automatiek, de Cristian Crusat
  10. Contra Amazon, de Jorge Carrión
  11. Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo, A. G. Porta
  12. El pasajero, de Ulrich-Alexander Boschwitz
  13. La peor parte, de Fernando Savater
  14. El colgajo, de Philippe Lançon
  15. El buen soldado, de Ford Maddox Ford
  16. De Profundis, de José Cardoso Pires
  17. Corazón giratorio, de Donald Ryan
  18. Mirarse de frente, de Vivian Gornick
  19. Volverse Palestina, de Lina Meruane
  20. El amigo, de Sigrid Nunez
  21. La revolución de las flâneuses, de Anna Maria Iglesia
  22. Mi cuerpo también, de Raquel Taranilla
  23. Manifiesto incierto, de Frédéric Pajak
  24. Todos llevan máscara, Laura Freixas
  25. Desierto sonoro, Valeria Luiselli
  26. Susan Sontag, la entrevista completa de 'Rolling Stone', Jonathan Cott
  27. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana Tibuleac
  28. Aquí y ahora, Miguel Ángel Hernández
  29. Sigo aquí, Maggie O'Farrell
  30. Un día en la vida de un editor, Jorge Herralde
  31. Abecedario de las muñecas, Camilla Grudova
  32. El coste de vivir, Deborah Levy
  33. Cosas que no quiero saber, Deborah Levy
  34. Mi padre, el pornógrafo, Chris Offutt
  35. El Director, David Jiménez
  36. A mí no me iba a pasar, Laura Freixas
  37. El increíble viaje de las plantas, de Stefano Mancuso
  38. Un apartamento en Urano, de Paul B. Preciado
  39. Zuleijá abre los ojos, de Guzel Yájina
  40. La noche fenomenal, de Javier Pérez Andújar
  41. La biblioteca en llamas, de Susan Orlean
  42. Retrato del futbolista adolescente, de Valentín Roma
  43. Mi marido es de otra especie, de Yukiko Motoya
  44. El frío, de Thomas Bernhard
  45. El aliento, de Thomas Bernhard
  46. Otra vida por vivir, de Theodor Kallifatides
  47. Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar
  48. Claus y Lucas, de Agota Kristof
  49. El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre, de Atsushi Nakajima
  50. Cárdeno adorno, de Katharina Winkler
  51. Teoria King Kong, de Virginie Despentes
  52. Diario de la caída, de Michel Laub
  53. Zami. Una biomitografía, de Audre Lorde
  54. Iluminada, de Mary Karr
  55. Un occidental en Japón, de Donald Keene
  56. La dependienta, de Sayaka Murata
  57. Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
  58. Esta bruma insensata, de Enrique Vila-Matas
  59. Los antepasados, de Mary Ann Clark Bremer
  60. Una pena en observación, de C.S.Lewis
  61. Papeles Falsos, de Valeria Luiselli
  62. Cuaderno [...] duelo, de Miguel Ángel Hernández
  63. Sita, de Kate Millet
  64. La analfabeta, de Agota Kristof
  65. Tierra de mujeres, de María Sánchez
  66. Sujeto elíptico, de Cristian Crusat
  67. Cabinet d´amateur, una novela oblicua, de Enrique Vila-Matas
  68. Desembalo mi bibiblioteca, de Walter Benjamin
  69. Conviene tener un sitio adonde ir, de Emmanuel Carrère
  70. Desde esta colina, de Sue Hubbell
  71. América, de Manuel Vilas
  72. Mi vida en la carretera, de Gloria Steinem
  73. La campana de cristal, de Sylvia Plath
  74. Feliz final, de Isaac Rosa
  75. Una habitación propia, de Virginia Woolf
  76. La única historia, de Julian Barnes
  77. Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, Maya Angelou
  78. Lugares fuera de sitio, de Sergio del Molino
  79. Una curiosidad insaciable, de Richard Dawkins
  80. El monarca de las sombras, de Javier Cercas
  81. Relato de mi vida, de Thomas Mann
  82. Claudio López de Lamadrid, editor
  83. Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney
  84. Saliendo de la estación de Atocha, de Ben Lerner
  85. Mamá, de Luis Antonio de Villena


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domingo, 29 de diciembre de 2019

El Roto, fin de año (aciago)


¡Todo está aquí dentro!
¡Qué pequeño es el mundo!
[El Roto en El País, 28/12/2019]


Nos adelantamos a vuestros deseos
y os decimos cuáles son.
[El Roto en El País, 20/12/2019]


La lucha contra el cambio climático
consiste mayormente en hablar del tiempo.
[El Roto en El País, 5/09/2019]


En los salones donde se celebraba la cumbre del clima, la climatización funcionaba perfectamente.
[El Roto en El País, 3/12/2019]


(Solución habitacional)
Me han dicho que sólo es temporal.
[El Roto en El País, 12/12/2019]


!Hay que proteger a la familia!
¡Despide a las embarazadas!
[El Roto en El País, 18/11/2019]


Pido una explicación,
no una limosna.
[El Roto en El País, 21/12/2019]

Necesitamos inmigrantes
para sostener el sistema que los genera.
[El Roto en El País, 8/09/2019]


Así es un muro, hijo,
empieza a practicar.
[El Roto en El País, 24/11/2019]

Quemar contenedores puntúa
para los exámenes de historia.
[El Roto en El País, 31/10/2019]


Me voy a presentar a las elecciones,
la gente vota a los payasos.
[El Roto en El País, 5/10/2019]

No sé qué pensar, no sé qué decir, no sé qué hacer. ¡Vótanos! ¡Nosotros tampoco!
[El Roto en El País, 5/11/2019]


Los nuevos partidos repetían los viejos errores. Los votantes, aburridos, se fueron a casa.
[El Roto en El País, 16/09/2019]

¿A quién votaste ayer?
Pues ya ni me acuerdo.
[El Roto en El País, 11/1172019]


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