martes, 24 de marzo de 2020

Todo lo que no puedo decir, de Emilie Pine

Emilie Pine (Dublín, 1977)
TODO LO QUE NO PUEDO DECIR
[Notes to Self, 2018]
Trad. Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Random House, 2020 - págs. - inicio
· Emilie habla con Begoña en Vogue
[poderoso]
«Cuando miro a mujeres -ya sea bailando desnudas en escena o en bikini en una revista-, en el fondo me da igual si son peludas o se depilan. Me dan igual sus cuerpos y lo que hagan con ellos. Me da igual si piensan que el vello es antiestético o nada sexy. Porque en el fondo no las juzgo a ellas, me juzgo a mí. Me juzgo por no acicalarme adecuadamente el vello público. Me juzgo por no afeitarme las piernas con la frecuencia que debiera. Me juzgo por no afeitarme nunca los sobacos. Me juzgo todo el tiempo. Y este juicio constante es la cosa más inútil que he hecho jamás.
    A veces, cuando estoy en compañía de mujeres más sofisticadas, me pregunto si yo -una occidental blanca de clase media, heterosexual, cisgénero- soy una chica como es debido. Así, sin más: ¿Soy una chica como es debido? Me comparo con las mujeres que me rodean y siento que no doy la talla. Y ahí es cuando sé que soy una chica, una chica como es debido. Emilie Pine Porque, por supuesto, está paranoia de que no soy lo bastante femenina, lo bastante deseable, lo bastante buena, es la representación máxima de la feminidad. Esta paranoia es un elemento crucial del control de las mujeres. Y de cómo nos controlamos nosotras mismas.» (págs. 106-107)

jueves, 19 de marzo de 2020

En la Tierra somos fugazmente grandiosos, de Ocean Vuong

Ocean Vuong (Ciudad Ho Chi Minh, antes Saigón, 1988)
EN LA TIERRA SOMOS FUGAZMENTE GRANDIOSOS
[On Earth We're Briefly Gorgeous, 2019]
Trad. Jesús Zulaika Goicoechea
Anagrama, 2020 - 232 págs. - inicio
[bien]
«Tengo y he tenido muchos nombres. Perro Pequeño era como me llamaba la abuela Lan. ¿Qué hacía una mujer que se ponía a sí misma y a su hija nombres de flores llamando “perro” a su nieto? Una mujer así mira solo por sí misma. Como sabes, en el pueblo donde nació Lan, al niño más pequeño o débil de la prole, como era mi caso, se le pone el nombre de las cosas más despreciables: demonio, niño fantasma, morro de cerdo, hijo de mono, cabeza de búfalo, bastardo... Perro Pequeño es el nombre más tierno que encontraron. Porque los malos espíritus, errantes por el mundo en busca de niños sanos y hermosos, Ocean Vuong al oír que llamaban a cenar a niños con nombres de cosas horribles y repulsivas, pasaban de largo de la casa y el niño se salvaba. Amar algo, por tanto, es darle el nombre de algo tan falto de valor que se puede ignorar y dejar intocado y vivo. Un nombre, delgado como el aire, puede ser también un escudo. Un escudo de Perro Pequeño.» (pág. 29)

sábado, 14 de marzo de 2020

La historia de mis dientes, de Valeria Luiselli

Valeria Luiselli (México, 1983)
LA HISTORIA DE MIS DIENTES
Ilustraciones de Daniela Franco
Sexto Piso, 2014 - 156 págs. - inicio
[me perdí]
CONTRAPORTADA: «"Soy el mejor cantador de subastas del mundo. Pero nadie lo sabe porque soy un hombre comedido. Me llamo Gustavo Sánchez Sánchez y me dicen, yo creo que de cariño, Carretera". Además de saber imitar a Janis Joplin, de poder parar un huevo de gallina en una mesa, o de saber contar hasta ocho en japonés, en su fulgurante trayectoria como cantador de subastas, Carretera aparece como inventor del revolucionario "Método de las alegóricas", en el cual "no se subastaban objetos, sino las historias que les daban valor y significado".
    Carretera no siempre fue este showman eminente. Antes de convertirse en subastador fue durante muchos años vigilante en una fábrica de jugos, hasta que el ataque de pánico de una compañera laboral cambió su vida de manera irremediable. En el tránsito de Carretera hacia su destino deberá enfrentar la ira de un hijo al que ha abandonado, sortear una subasta para ayudar a un cura a salvar su iglesia, y realizar a manera de gran performance final la subasta alegórica conocida como «La historia de mis Gustavos personales».
    La historia de mis dientes, segunda novela de Valeria Luiselli, revela una fascinante dimensión en su escritura, y confirma su capacidad para generar atmósferas llenas de enigmas y de sutiles guiños en los que cada gesto está cargado de sentido. Con una destreza que combina el dominio del lenguaje con una estructura atrevida y desfachatada, Valeria Luiselli Luiselli retrata –a veces con humor, otras con ternura y unas más de manera despiadada– eso que llamamos "condición humana", al hacer confluir en sus personajes el peso de la historia personal con ese motor cotidiano que es el anhelo.»

martes, 10 de marzo de 2020

El trabajo de los ojos, de Mercedes Halfon

Mercedes Halfon (Buenos Aires, 1980)
EL TRABAJO DE LOS OJOS
Las Afueras, 2019 - 104 págs.
· La mirada estrábica de M.H., Manuel Hidalgo
· La dictadura de los ojos, Carlos Pardo
[Delicatessen]
«(XVIII) Horvilleur resultó ser una señora bajita de anteojos estilo Silvina Ocampo. De trato distante. Sentada en una silla moderna y bastante incómoda, su consultorio minimalista, intenté contarle mi caso con todos los detalles que recordaba. Garabateó unas notas, displicente, aunque en ciertas partes del relato arqueó las cejas con interés. Me pareció que se sorprendía con el recorrido de mi desviación, que fue convergente en la infancia y divergente después. Sentí esa extraña clase de regocijo que confiere tener una enfermedad extraordinaria.
    Aunque lo normal a veces es agradable. La vista, como cualquier parte del cuerpo, también se deteriora con el tiempo. Hay algo reconfortante en eso, no ser los testigos más agudos de nuestro propio declive.
    Es por esta tendencia a la pérdida de visión que el aumento, en quienes llevan anteojos, tiende a ser mayor conforme pasan los años. Horvilleur me propuso hacer lo contrario. Para corregir el estrabismo, en vez de darme más aumento me iba a dar menos. El objetivo era que al hacer un esfuerzo para ver, la desviación de mis ojos se corrigiera naturalmente. Lina Fue algo inesperado y —me di cuenta después— no muy cómodo de llevar a la práctica. Cada quince días iba a su consultorio para que me modificara la corrección. Cada vez, los cristales se volvían más finitos. El mundo, un lugar menos definido.» (págs. 45-46)


Francisco LLorca y Magda Anglès creadores de una editorial en "las afueras" del canon.

sábado, 7 de marzo de 2020

jueves, 5 de marzo de 2020

Demasiado tarde para volver, de MA Hernández Navarro

Miguel Ángel Hernández Navarro
DEMASIADO TARDE PARA VOLVER
[Microficciones]
Tres Fronteras (Murcia, 2008) - 73 págs.
· Diario de Escritura, MAHN en La Verdad
[lo bueno si breve]
Un cuento sin sentido
«En la página cuarenta y seis, justo después de "Profecía", el lector se encontró con un cuento sin sentido. Comenzó a leerlo con curiosidad, aunque pronto comprendió que se trataba de un simple ejercicio literario. De todos modos, un extraño impulso le animó a seguir leyendo. Una frase más. Y otra. Y otra después. Y así continuó hasta que el cuento comenzó a darle órdenes. "Levántate", le dijo. Pero él hizo caso omiso y siguió leyendo. "Levántate de una puñetera vez", le volvió a insistir el cuento. Pero él no quiso hacerlo.
    El cuento entonces dio un pequeño salto de párrafo y lo siguió importunando, ahora con órdenes imposibles y absurdas. órdenes que el lector se negó a acatar. "Ponte a cuatro patas y ladra", "cierra los ojos y levanta un pie", "dobla los codos hacia atrás".
    Tras otro pequeño salto de párrafo, el cuento le dijo "Repite conmigo en voz alta: siento un dolor inmenso y no puedo salir de aquí, siento un dolor inmenso y no puedo salir de aquí", "sácame de esta prisión", "no me dejes sólo", "quédate conmigo", "no te vayas". "Dame sentido, por lo que más quieras, dame un sentido. Miguel Ángel Hernández Navarro Es lo único que te pido. Sentido. Un sentido". Pero el lector no hizo nada. Ni siquiera se inmutó. Simplemente siguió leyendo como si nada, como si aquellas palabras fuesen como otras cualquiera. Sólo letras y nada más. Letras sin sentido. Sin embargo, en aquel cuento había algo escondido, algo que domaba por salir fuera, por ser liberado. Un sentido. Algo a lo que el lector no quiso atender. Por eso el cuento no tuvo más remedio que expulsarlo.» (págs. 46-47)

domingo, 1 de marzo de 2020

Tsunami, Marta Sanz (et alii)

Pilar Adón, Flavita Banana, Nuria Barrios, Cristina Fallarás, Laura Freixas, Sara Mesa, Cristina Morales, Edurne Portela, María Sánchez, Clara Usón
TSUNAMI. MIRADAS FEMINISTAS
Edición y prólogo de Marta Sanz
Sexto Piso, 2019 - 200 p.
[sin desperdicio]

Fragmento de MARÍA PANDORA de Nuría Barrios:

«La representación de Dios es siempre masculina en el imaginario católico. Cuando, en 1987, Juan Pablo I declaró que Dios era padre y madre se produjo un gran revuelo. Lo que escandalizaba no era la imagen del amor de Dios como amor también materno, sino la afirmación explícita de la existencia de Dios Madre. Antes de convertirse en el Papa Benedicto, Joeeph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quiso zanjar el tema: "No estamos autorizados a transformar el Padre Nuestro en una Madre Nuestra: el simbolismo utilizado por Jesús es irreversible, esta basado en la misma relación hombre-Dios que vino a revelarnos". Al decir "hombre", Ratzinger no interpretaba ese concepto como genérico, sino como alusivo en exclusiva al varón. Sus palabras parecían encaminadas a acallar las reivindicaciones de las mujeres dentro de la Iglesia. La superioridad masculina era reafirmada como doctrina.
    Si los hombres están hechos a imagen y semejanza de Dios, el referente de las mujeres es María. Más que un referente, es un proyecto de vida. La Iglesia impuso que todas las niñas unieran su nombre al de la Virgen. María Paz, María Olga, Ana María, María Dolores, María del Mar, Eva María, María Gema, María Pilar, Rosa María... Aún hoy sigue siendo uno de los nombres más utilizados en España. El correlato masculino habría exigido que los niños añadieran el nombre de Jesús al suyo, pero tal demanda no existía. Eran las mujeres quienes debían tener siempre presente el ejemplo de María: una persona dócil y silenciosa, sin voz ni voluntad. Antes de iniciar la confesión el cura nos recibía son un: "Ave María Purísima", y nosotras debíamos responder: "Sin pecado concebida". El pecado, del que María estaba libre, era el de la desobediencia de Eva. La desobediencia fue el primer pecado femenino.
    Ese relato elaborado por la Iglesia ha propiciado la subordinación social y familiar de la mujer y contribuido a afianzar la jerarquia masculina.

Pilar Adón - Flavita Banana - Nuria Barrios - Cristina Fallarás - Laura Freixas - Sara Mesa - Cristina Morales - Edurne Portela - María Sánchez - Clara Usón

    En su ensayo Y la Iglesia inventó a la mujer, la escritor sarda Michela Murgia deconstruye la imagen femenina que se proyecta a través de la devoción católica a María y cuestiona el modo en el que somos narradas. De todos los interesantísimos puntos que señala, me parece especialmente relevante el que aborda cómo la relación desigual entre el hombre y la mujer, legitimada espiritualmente por la Iglesia, subyace a la violencia de género. En el matrimonio católico a la esposa le corresponde la resignación y la sumisión mientras que al esposo le corresponde el dominio. Basta con llevar la negación de sí misma a un extremo de autodestrucción para llegar a la violencia de género.
    Mis monjas fueron las transmisoras de semejante narración. Sin saberlo, y con toda seguridad sin quererlo, predicaban como virtudes rasgos que comparten muchas mujeres maltratadas: la obediencia, el sacrificio, el silencio, el sufrimiento...
    ¡Ah, el sufrimiento! Hay una relación simbólica entre mujeres, sufrimiento y muerte. Una de las representaciones más habituales de María es la de Mater dolorosa. En el catolicismo el dolor es considerado un sentimiento connatural a la mujer hasta extremos grotescos. Cuando hacia la mitad del siglo XIX se comenzó a estudiar la posibilidad de eliminar el sufrimiento en el parto mediante la anestesia, se abrió un debate teológico. ¿Cómo osaba la ciencia desafiar el castigo divino, aquella resonante condena a Eva en el Paraíso: "Parirás con dolor"? Hubo que esperar hasta 1956 para que el Papa Pío XII declarara "no ilegítimo" el parto sin dolor.» (págs. 157-159) [manda huevos]


    Presentación de Tsunami en el Espacio Fundación Telefónica. 29 de mayo de 2019.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Mi historia, de Michelle Obama

Michelle Obama (Chicago, 1964)
MI HISTORIA
[Becoming, 2018]
Trad. C. Abreu, E. del Valle, Gabriel Dols, Marcos Pérez
Debolsillo, 2020 - 532 págs. - 9,95 € - inicio
· Los sueños de mi padre, Barack Obama
· Ellen's Tribute to the Obamas
[interesante]
«Tres veces a lo largo del otoño de 2011 Barack propuso proyectos de ley que crearían miles de puestos de trabajo para los estadounidenses, en parte aportando dinero a los estados para que contratasen más profesores y personal de respuesta ante emergencias. Las tres veces los republicanos los habían bloqueado, impidiendo incluso que llegaran a votarse.
    "Lo más importante que queremos conseguir —había declarado el líder de la minoría en el Senado, Mitch McConnell, a un periodista un año antes mientras exponía los objetivos de su partido— es que el presidente Obama no tenga un segundo mandato". Era así de sencillo. Los republicanos en el Congreso estaban entregados a conseguir, por encima de cualquier otra cosa, que Barack fracasase. Parecía que para ellos lo prioritario no era el gobierno del país o el hecho de que la gente necesitaba trabajo, sino su propio poder.
    Me parecía desmoralizador, indignante y, a veces, devastador. Era política, sí, pero en su forma más sectaria y cínica, aparentemente desconectada 'In every scene, you are my star': Barack posts to Michelle de cualquier otro fin más elevado. Sentía emociones que quizás Barack no podía permitirse experimentar. Él permanecía encerrado en su mundo, por lo general imperturbable, sorteando los obstáculos y llegando a acuerdos allá donde podía, aferrándose a ese optimismo sereno y responsable que siempre lo había guiado.» (págs. 456-457)

sábado, 22 de febrero de 2020

Memorias de Abajo, de Leonora Carrington

Leonora Carrington (1917-2011)
MEMORIAS DE ABAJO
Prólogo de Elena Poniatovska
Trad. Francisco Torres Oliver
Alpha Decay, 2017 - 88 págs. - inicio
· Diez obras de Leonora Carrington
· Un calvario descrito con precisión, El Cultural
[portadas que engañan]
«Una nueva época empezó con el día más negro y terrible de mi vida. ¿Cómo puedo hablar ahora de esto cuando me da miedo sólo pensarlo? Siento una angustia terrible, aunque no puedo seguir viviendo sola con ese recuerdo... Sé que una vez lo haya escrito me liberaré. Pero ¿podré expresar con meras palabras el horror de aquel día?
    A la mañana siguiente, entró un desconocido en mi habitación. Llevaba en la mano un maletín de médico, de piel negra. Me dijo que había venido para sacarme sangre para un análisis y que debía ayudarle don Luis. Yo le contesté que estaba dispuesta a recibir a uno, pero solo a uno cada vez; que había observado que la presencia de más de una persona en mi habitación me traía desgracia, que, además, iba a marcharme a Abajo, y que no consentiría que me pusieran ninguna inyección bajo ningún pretexto. La discusión duro bastante. Acabé insultándole, y se marchó. Luego entró Don Luis, y le anuncié mi marcha. Suave e insinuante, empezó a hablar de la extracción de sangre. Yo hablé largo y tendido de mi mudanza, de Alberto, y de otras cosas que no recuerdo. Leonora Carrington Hablamos en perfecta armonía: él me tenía cogida la mano izquierda. De repente, entraron José, Santos, Mercedes, Asegurado y Piadosa en mi habitación. Cada uno agarró una parte de mi cuerpo y vi el centro de todos los ojos fijos en mí con una mirada espantosa. Los ojos de don Luis me arrancaban el cerebro, y me fui hundiendo en un pozo... muy lejos... El fondo de ese pozo era la detención de mi mente, por toda la eternidad, en la esencia de la angustia absoluta.» (págs. 52-53)

LEONORA CARRINGTON Y EL JUEGO SURREALISTA

martes, 18 de febrero de 2020

Ca la Wenling, de Gemma Ruiz Palà

Gemma Ruiz Palà (Sabadell, 1975)
CA LA WENLING
Edicions Proa, 2020 - 328 pàgs. - inici
“Ens fan la manicura i no els diem ni hola”, LV.
[tan brillant i combatiu com Argelagues]
«Els guionistes del colonialisme només van ser d'una banda, només van ser uns: un grapat d'escaldufats europeus reprimits fins a lúltim botó que per tanta gana van somiar tant pa. El pare de Madame Bovary, el més influent de tots. Els deliris ardents d'allitar-se amb aquella noieta egípcia, Gustave Flaubert els escombraria amb tot detall a la seva coorespondència, primer, i els encolomaria a les actituds i a les carns de les seves protagonistes, després: Salomé, Salambó, la Reina de Sabà... I una ploma tan insigne per força havia de crear escola: una constel·lació d'autors que encara avui es llegeixen amb fruïció, reverència i credibilitat. D'ells en endavant, totes les dones orientals, ja fossin d'Egipte o de la Xina, ja fossin princeses o pastores, quedarien tallades pel seu mateix patró esbiaixat. De Kuchuk Hanem en endavant, totes les dones orientals s'escriurien il·lusories i sexualitzades igual. I per sempre més, com si fos paraula de déu.
    Perquè amb la descolonització de les terres no va arribar pas la descolonització dels cervells. Els caps encara els tenim ben encantats. La pel·licula que amb tant de geni ens va explicar el turista sexual Gustave Flaubert encara ens la passem ara, tarda sí, tarda també. I així és com es troba la mar de normal Gemma Ruiz Palà que les dones asiàtiques encara hagin d'aguantar que els hi sotgem els moviments, que les fem sospitoses d'Orient igual a sexe, d'Orient igual a complaença, d'Orient igual a submissió, d'Orient igual a mudesa, que encara els hi haguem de comprometre la dignitat amb la llardosa brometa del final feliç.» (pàgs. 107-108)

sábado, 15 de febrero de 2020

Zorro, de Dubravka Ugrešić

Dubravka Ugrešić (Croacia, 1949)
ZORRO
[Lisica, 2017]
Trad. Luisa Fernanda Garrido / Tihomir Pistelek
Impedimenta, 2019 - 376 págs. - inicio
[no era para mí]
«Quizá el cuento sobre cómo se crean los cuentos podría terminar con mis conversaciones con K., que generosamente se ofreció a ser mi guía en Kioto y Kobe. K., que había recorrido toda Asia, África del Note y Europa, que leía a escritoras vietnamitas con el mismo interés que a las austriacas y a las norteafricanas, igual que llevaba un calzado japonés, unos tabi con suela de goma y en colores muy vivos, y luego una suerte de hakama japonesa modernizada, un bolso de Laos colgado al hombro, una gandora marroquí y una gorra de visera, señalaba ya con sus vestimentas que, para él, el cosmopolitismo y la fusión global de culturas eran una elección intelectual y vital. K. —que instalado en Viena, logró visitar Croacia durante la guerra, participar en las manifestaciones contra Milošević en Belgrado, aprender polaco y algunas palabras en casi todos los idiomas eslavos, viajar a Portbou, prosternarse ante la tumba de Walter Benjamin, visitar el Memorial Pasajes y dedicar un momento contemplativo a intentar comprender el final trágico de Benjamin— dijo lo siguiente:
    —La literatura universal puede compararse con una ballena a la que, cual hábiles piratas, se adhieren los peces llamados limpiadores o rémora. Estos peces rémora se pegan al cuerpo de la ballena y succionan los parásitos de su piel. Utilizan a la ballena como fuente de alimentación, de protección y medio de transporte. Si no existieran los peces rémora, Dubravka Ugrešić los parásitos colonizarían el cuerpo del cetáceo y se corrompería. Yo no me hago ilusiones acerca de mi propio talento literario. Soy un pez limpiador de la literatura. Mi misión es ocuparme de la salud de la ballena.» (págs. 58-59)
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