jueves, 23 de mayo de 2013

Et nous ferons de chaque jour


Georges Moutaki (1934-2013)

lunes, 20 de mayo de 2013

Patrones de la cultura japonesa

«Hay una larga serie de palabras japonesas para definir el estado mental que el experto en autodisciplina debe lograr. Algunos de estos términos se aplican a los actores, otros a los devotos religiosos, a los esgrimidores, a los oradores, a los pintores y a los maestros de la ceremonia del té. Todos tienen el mismo sentido general, y yo emplearé solamente la palabra muga, que es la que se emplea en el budismo Zen, el culto floreciente de la clase alta. La descripción de este estado de maestría es que denota aquellas experiencias, ya sean seculares o religiosas, donde "no existe la más mínima ruptura" entre la voluntad del hombre y sus actos. Una descarga eléctrica pasa directamente del polo positivo al negativo. La gente que no ha conseguido la maestría tiene algo parecido a una barrera de no conducción que se interpone entre la voluntad y el acto. Ellos lo llaman el "yo observador", el "yo que se interfiere"; y cuando esta barrera ha sido eliminada mediante diversas formas de entrenamiento, el experto pierde todo sentido de "estar haciendo algo". El circuito corre libremente. El acto se hace sin esfuerzo, es "unilateral". La acción reproduce completamente el cuadro que el actor se había dibujado en su mente.»

EL CRISANTEMO Y LA ESPADA
(The Chrysantemum and the Sword. Patterns of Japanese Culture, 1946)
Ruth Benedict (1887-1948)
Trad. Javier Alfaya
Alianza Editorial, 2011

domingo, 19 de mayo de 2013

sábado, 18 de mayo de 2013

Ciudad abierta. Teju Cole

«Las caminatas satisfacían una necesidad: eran un desahogo respecto de la estrecha regulación del medio mental del trabajo y, no bien descubrí su calidad terapéutica, se volvieron cosa normal y olvidé cómo había sido la vida antes de empezar a andar. El trabajo era un régimen de perfección y competencia, ninguna de las cuales permitía improvisaciones ni toleraba errores. Por interesante que fuese mi proyecto de investigación—llevaba a cabo un estudio clínico de trastornos afectivos en personas mayores—, el grado de detalle que demandaba era de una complejidad que excedía todo lo que había hecho hasta entonces. De modo que las calles constituían una bienvenida réplica a las horas de trabajo. Ninguna decisión—dónde doblar a la izquierda, cuánto quedarse absorto frente a un edificio abandonado, ver el sol poniéndose en Nueva Jersey o bajar por la penumbra del East Side mirando hacia Queens—tenía consecuencias, y por esto mismo cada una era un recordatorio de libertad. Recorría las manzanas de la ciudad como si las midiera a zancadas, y en mi avance sin rumbo las estaciones de metro oficiaban de motivos recurrentes. Ver grandes masas de gente corriendo hacia cámaras subterráneas siempre me resultaba extraño, y sentía que la raza humana entera, llevada por el contrarreflejo de una pulsión de muerte, se precipitaba en catacumbas móviles. Por encima del suelo yo estaba con otros miles, cada uno en soledad, pero en el metro, apretado contra extraños, empujándolos y empujado por ellos en disputas por espacio y por aire, todos poniendo en escena traumas inconfesados, la soledad se intensificaba.»

  CIUDAD ABIERTA
(Open City, 2011)
Teju Cole
Trad. Marcelo Cohen
Acantilado, 2012

jueves, 16 de mayo de 2013

Tiempo de Fuji


Esta primavera en mi cabaña.
Absolutamente nada.
Absolutamente todo.
Yamagushi Sodo (1643-1716)

miércoles, 15 de mayo de 2013

martes, 14 de mayo de 2013

"Me matas, me haces bien"

"Desde el aeropuerto de Hiroshima, tuve una impresión muy concreta: no estábamos en 1989. Ya no sabía qué año era: por supuesto no estábamos en 1945, pero aquello parecía los años cincuenta o sesenta. ¿Acaso el choque atómico había ralentizado el curso del tiempo? No faltaban construcciones modernas, la gente vestía normalmente, los vehículos no diferían de los del resto de Japón. Era como si los seres vivieran con más intensidad que en otra parte. Vivir en una ciudad cuyo nombre significaba, para el mundo entero, la muerte, había exaltado en ellos una fibra viva (...)
    El Museo de la Bomba me dejó estupefacta. Por más que los conozcas, los detalles de la cuestión superan la imaginación. Las cosas están presentadas con una eficacia que roza los límites de la poesía: se habla de ese tren que, el 6 de agosto de 1945, recorría la costa en dirección a Hiroshima, transportando, entre otros, a los trabajadores de la mañana. Con tranquilidad, los viajeros miraban la ciudad a través de las ventanillas de los vagones. Luego el tren entró en un túnel y, cuando salió, los trabajadores vieron que ya no quedaba nada de Hiroshima.
   Paseando por las calles de aquella ciudad de provincias, pensé que la dignidad japonesa tenía allí su retrato más impactante. Nada, absolutamente nada, hacía pensar en una ciudad mártir. Me pareció que, en cualquier otro país, semejante monstruosidad habría sido explotada hasta la náusea. El capital de victimismo, tesoro nacional de tantos y tantos pueblos, no existía en Hiroshima (...)
    A continuación, Rinri sacó de su bolsillo el libro de Marguerite Duras. Lo había olvidado. Me leyó en voz alta, de principio a fin, Hiroshima mon amour (...)
    Lo más duro fue contener la risa cuando, irritado por la incomprensión, leyó: "Me matas, me haces bien." No lo decía como Emmanuelle Riva.
    Dos horas más tarde, cuando terminó, cerró el libro y me miró:
    -Magnífico, ¿verdad? -me atreví a murmurar.
    -No lo sé -respondió, implacable.
    No me iba a resultar tan fácil salir de aquella.
   -Poner en un mismo nivel de igualdad a la joven francesa rapada durante la Liberación y al pueblo de Hiroshima, había que tener los bemoles de Duras para hacer eso.
    -¿Ah, sí? ¿Eso es lo que significa? -preguntó Rinri.
    -Sí. Es un libro que exalta el amor víctima de la barbarie.
    -¿Y por qué la autora lo dice de un modo tan extraño?
    -Es Marguerite Duras. Su encanto es que sientes las cosas sin que necesa- riamente las entiendas.
    -Yo no he sentido nada.
    -Sí, estabas enfadado.
    -¿Es la reacción que busca?
   -A Duras también le gusta. Es una buena actitud. Cuando terminas un libro de Duras, sientes frustración. Es como una investigación al final de la cual has entendido poco. Has entrevisto cosas a través de un cristal esmerilado. Te levantas de la mesa y todavía tienes hambre.
    -Tengo hambre.
    -Yo también."

NI DE EVA NI DE ADÁN
(Ni d'Ève ni d'Adam, 2007)
Amélie Nothomb
Trad. Sergi Pàmies
Anagrama, 2009

domingo, 12 de mayo de 2013

sábado, 11 de mayo de 2013

Naomi o El amor de un tonto (Tanizaki)

"Voy a intentar referir los hechos de nuestra relación conyugal exactamente como sucedieron, con toda sinceridad y franqueza. Es probable que sea una relación sin precedentes. Mi narración me proporcionará un registro precioso de algo que no quiero llegar a olvidar. Al mismo tiempo, estoy seguro de que también mis lectores la encontrarán instructiva. A medida de que el Japón se hace cada día más cosmopolita, los japoneses y los extranjeros se mezclan con entusiasmo; se introducen toda clase de doctrinas y filosofías nuevas, y lo mismo hombres que mujeres adoptan las últimas modas occidentales. Sin duda, siendo los tiempos como son, el tipo de relación marital que hemos tenido, hasta ahora nunca visto, empezará a aparecer por todas partes.

Retrospectivamente veo que fuimos una pareja extraña desde el primer momento. Hará unos siete años que conocí a la mujer que es ahora mi esposa; no recuerdo la fecha exacta. En aquella época era camarera en un sitio llamado Café Diamante, cerca de la puerta Kaminari del templo de Kannon en Asakusa. Tenía sólo quince años, y cuando la conocí acababa de ponerse a trabajar. Era una principiante: una aprendiza, una camarera en flor, por así decirlo, todavía no una empleada hecha y derecha.

Por qué yo, un hombre de veintiocho años, hubiera de fijarme en una chiquilla como ella, no lo entiendo; pero es muy posible que al principio me atrajera su nombre (...)"

NAOMI
(Chijin no ai / El amor de un tonto, 1933)
Junichiro Tanizaki (Tokio, 1886-165)
Trad. María Luisa Balseiro
DeBolsillo, 2012

viernes, 10 de mayo de 2013