martes, 7 de julio de 2015

Rodrigo Hasbún: Los afectos


RODRIGO HASBÚN
(Bolivia, 1981)
LOS AFECTOS
[un texto delicioso]
Literatura Random House
(Barcelona, mayo 2015)
Primer capítulo
Artículos de RH en El País
JS de Montfort sobre R. Hasbún
Rodrigo Hasbún
«El día que papá volvió de Nanga Parbat (con unas imágenes que trituraban el alma, tanta hermosura no era humana), mientras cenábamos, nos dijo que el alpinismo se había tecnificado demasiado y que lo importante se estaba perdiendo, que ya no escalaría más. Tras oírlo mamá sonrió como una idiota, creyendo que esas palabras contenían algún tipo de promesa, pero se quedó callada para no interrumpir. Es la comunión con la naturaleza lo que importa, siguió diciendo él, la barba más larga que nunca, tan oscura como sus ojos un poco desquiciados, la posibilidad de llegar a los lugares que han sido abandonados hasta por Dios es lo que importa. No, por Dios no, se corrigió, en el principio de uno de esos monólogos que duraban horas apenas llegaba, antes de que empezaran a crecerle el silencio y las ganas de emprender una nueva aventura, es más bien en esos lugares donde se lo encuentra, donde Dios descansa de nuestra ingratitud y sordidez.
    Monika y Trixi lo oían sumidas en una hipnosis incipiente y mamá ni qué decir. Éramos su clan, las que lo esperábamos, hasta entonces siempre en Munich pero ahora en La Paz desde hacía un año y medio. Irse, eso era lo que papá sabía hacer mejor, irse pero también volver, como un soldado de la guerra permanente, hasta reunir fuerzas para irse una vez más. Solía suceder luego de unos meses de quietud. Esta vez, justo después de quejarse del alpinismo, con la boca medio llena, mencionó que pronto se largaría en busca de Paitití, una antigua ciudad inca que había quedado enterrada en medio de la selva amazónica. Nadie la ha visto en siglos, dijo y me dio pena mirar a mamá, constatar lo poco que le había durado la ilusión. Está llena de tesoros, los incas los resguardaban ahí de la codicia de los conquistadores, añadió él, pero eso era lo que menos le interesaba, su único tesoro sería encontrar las ruinas de la ciudad. Lo cierto es que a su regreso de Nanga Parbat había hecho una escala decisiva en São Paulo y finalmente tenía el financiamiento y los equipos. No hay que olvidar cuánto tiempo pasó desapercibida Machu Picchu, dijo, durante cientos de años nadie sabía que estaba donde está, hasta que el audaz de Hiram Bingham la encontró.» (inicio)
Reseñas: Carmen F. Etreros en Top Cultural y David Pérez Vega en Desde la ciudad sin cines.

viernes, 3 de julio de 2015

Elizabeth Hardwick: Noches insomnes


ELIZABETH HARDWICK
(EEUU, 1927 - 2007)
Noches insomnes
[Slepless Nights, 1979]
Trad. Marta Alcaraz
Duomo, 2009
«Siempre, durante toda mi vida, he buscado la ayuda de un hombre. Muchas veces ha llegado y otras muchas más me ha fallado. No tuve que esperarla mucho. Nosotras -varias niñas del vecindario- conocíamos a un viejo muy guapo que no vestía como uno de los de por aquí sino como un caballero, con traje negro, camisa blanca y una sonrisa amable y distinguida. Era amable y distinguido, sí. Nos esperaba los sábados por la tarde, nos pagaba la entrada del cine y nos compraba chocolate, ese chocolate duro y blanquecino del verano. A oscuras, con una niña a cada lado, las dos sentadas más tiesas que cariátides, nos pasaba la mano por el muslo y la metía debajo del vestido. El primer regalo del depredador, mezclado con la brillante narración de la pantalla y con el chocolate, fue el de desvelarnos antes de tiempo la enmarañada naturaleza del soborno. Una lección duradera, al menos. Sobornos y más sobornos todavía: crecen en tu interior igual que las muelas. Otro anciano verdaderamente ajado, pobre e ignorante que tenía una vieja tienda de comestibles que parecía un sótano, sucia y con olor a raíces, nos regalaba pepinillos cubiertos de mugre y galletas de jengibre pasadas.» (págs. 8 y 9) [+]

martes, 30 de junio de 2015

Piglia en Yecla (el párrafo que no quería olvidar)

«Yo había leido la novela [The Secret Agent, Joseph Conrad] hacía muchos años, pero ahora fueron las señales de Ida las que me llevaron a leerla con pasión, como quien sigue en un mapa nuevos recorridos de una ciudad que ya conoce. Subrayada por ella, parecía otra novela, y parecía también un mensaje personal. Ida marcaba con precisión y con método las zonas del libro que le parecían significativas. No había nada especial en eso, usaba señas privadas, pequeñas marcas, signos leves, por ejemplo una "v" acostada (>) o un signo de admiración (!), y en caso de interés especial escribía "ojo" con minúscula y varias rayitas verticales en el párrafo que no quería olvidar. LLaves que encerraban frases, flechas, líneas medio onduladas o rayas muy rectas (como si las hiciera con un tiralíneas), eran pistas, rastros, y fui siguiendo las marcas ¡como si estuviera leyendo con ella!
    A veces me desorientaba y perdía el rumbo, me extraviaba en medio de la página, con recuerdos que me interrumpían y me distraían o con imágenes que viboreaban vívidas [...] una magdalena malvada que me distraía de los trazos a lápiz (nunca se subraya un libro con tinta) que había dejado ella para mí, mi Ariadna. La sintaxis es lo primero que se resiente cuando uno recuerda y yo leía a saltos —sin articulaciones gramaticales— el mensaje de Ida. Pero ¿era un mensaje? Había páginas en las que no había marcas. Todos hacemos lo mismo cuando estamos tomando notas en un libro, para luego —al releerlo— seguir las pistas: ¡y eso es lo que hice! Seguí las marcas de Ida como los carteles fosforescentes de una autopista (Last Exit to Holland Tunnel) hasta que de a poco me fui dando cuenta de que los subrayados señalaban algo.» (RICARDO PIGLIA, El camino de Ida, págs. 186-187)

lunes, 29 de junio de 2015

Ricardo Piglia: El camino de Ida


RICARDO PIGLIA
El camino de Ida (2013)
Debolsillo, Barcelona 2015
[pequeño gran libro]
«Menéndez estaba buscando un pattern, un orden, un indicio que le permitiera seguir una pista. Como si le leyera el pensamiento o tuviera alguien que lo informara, Recycler empezó a complicar sus alusiones, en lo que parecía un desafío. En una ocasión los expertos habían detectado una referencia al Finnegans Wake de Joyce. La bomba que mató a un investigador en trasplantes de órganos en New Jersey había sido enviada con el nombre H. C. Ear Wicker. En sajón antiguo Wicker significa Woods. Pero H. C. Earwicker era el protagonista de la novela de Joyce, un personaje que a menudo tomaba la identidad de Norse god Woden, que remitía a los duendes del bosque en la mitología escandinava. Menéndez estaba furioso. Era imposible adivinar lo que quería decir esa estupidez erudita, salvo que interpretara todos los signos como un mensaje. Entonces Flem Argand, el frágil y tímido agente experto en literatura, recordó que los físicos y los matemáticos eran grandes lectores de Finnegans y que quark, el nombre de la partícula invisible que está en el origen del cosmos,

Ricardo Piglia (Argentina, 1940)
:: Borges, por Piglia ::
recibía su nombre en homenaje al Finnegans de Joyce porque de allí habían tomado el nombre los científicos. Los matemáticos son sofisticados y están aburridos porque habitualmente pierden su creatividad antes de los veinticinco años y quedan fuera de juego, superados por los jóvenes genios adolescentes que inventan fórmulas y resuelven enigmas, mientras los veteranos siguen ahí como dinosaurios o excombatientes y a veces vuelven para dar un curso pero la mayor parte del tiempo la dedican a leer a Joyce.» (pág. 123)

martes, 23 de junio de 2015

Maruja Torres: Diez veces siete

Tuve un balcón en Beirut...
Diez veces siete
Una chica de barrio nunca se rinde
MARUJA TORRES
Booket, 2015
256 págs. | 7,99 €
primer capítulo
«En medio de aquella agitación [...], mi vida, qué quereis que os diga, resultaba apasionante. La tribu periodística, bautizada así por el maestro Manu Leguineche, tenía en aquellos momentos Beirut como escenario de sus aventuras. Y la ciudad, pese al miedo, ofrecía esos momentos de gloria en los que se crecía entre dos fuegos. Capital del carpe diem. Alejada de las redacciones —de los hogares subrogados—, me entusiasmaban aquellos encuentros con parte de la parentela periodística, en una Beirut que convocaba la noticia, para su desgracia, como casi siempre. Ellos me ponían al día, yo les hacía partícipes de la cotidianeidad libanesa, tan distinta de las informaciones que Occidente solicita y que solo atañen a muertos. Para interesar a los jefes tienen que morir muchos. O uno solo, pero muy importante. O tienen que verlo antes en la BBC o la CNN. Hay muy pocos mandos en la profesión que, en estos días, actúen por iniciativa propia. La razón es muy sencilla. Pocos proceden del terreno [...]
    Alejada de la tibia modorra del bienestar español, estaba ansiosa por mostrar a los lectores las muchas caras con las que tropezaba en mis horas, basculando entre la ternura y la brutalidad, entre la sabiduría y la cerrazón, entre la belleza y el horror.
    Me pagué casi cinco años de una extraña corresponsalía que no le importaba a nadie del diario, de donde solo recibía instrucciones para escribir piezas de color, o un gran reportaje sobre el cansino tema de qué pasa globalmente en Líbano, para El País Semanal. Me trataban con reverencia, pero como a una reliquia ya amortizada. O como a una extravagancia en el tejido uniforme de la redacción. No me preocupaba. Siempre he sido una anomalía, y en Beirut jugaba, inclinándome con mucha atención, en un tablero atiborrado de piezas, que solo alguien como yo, o que vivía lo mismo que yo, podía entender. [...]
    A los 63 años —en la novena de mis diez reinvenciones— había cambiado mi balcón de barcelona por otro en Hamra, con toldos amarillos y blancos, descoloridos por la lluvia y el sol, y que daba a lo desconocido.
      Era una aventura que no me podía perder.» (págs. 89-91)

viernes, 19 de junio de 2015

Joan Margarit, Els ulls del retrovisor

Joan Margarit
Ja estem acostumats els dos, Joana,
que aquesta lentitud,
quan recolzes les crosses i vas baixant del cotxe,
desperti les botzines i el seu insult abstracte.
Em fa feliç la teva companyia
i el somriure d'un cos que està molt lluny
del que sempre s'ha dit de la bellesa,
la penosa bellesa, tan distant.
L'he canviat per la seducció
de la tendresa que il·lumina
el buit deixat per la raó al teu rostre.
I, quan em miro en el retrovisor,
no veig uns ulls senzills de reconèixer,
perquè hi brilla l'amor que hi han deixat
tantes mirades, i la llum, i l'ombra
del que he vist, i la pau que reflecteix
la teva lentitud, que és dins de mi.
És tan gran la riquesa que no sembla
que aquests ulls del mirall puguin ser els meus.

jueves, 11 de junio de 2015

Jaume Cabré: Les incerteses


Les incerteses:
Sobre la creació del món

Proa, 2015 | 192 pàgs
Primeres pàgines
JAUME CABRÉ
Las incertidumbres
Trad. Ricard Vela
Destino, 2015 | 184 págs.
Primeras páginas
«Diu Pascal que si hom aconsegueix estar-se assegut en silen- ci i a soles en una habitació, és que ha rebut una bona educació. És tan actual això, avui que el gregarisme ens fa tenir por fins i tot del silenci! El professor sap que la gran- desa de la literatura és que és gratuïta: existeix perquè ho vol el poeta. Sap que qui escriu ho fa perquè és capaç d'in- ventar un nou llenguatge; sap que l'important no és escriure "això", sinó escriure "així". I que aquí rau la diferencia entre el bon llibre i el que és prescindible.» (pàg. 88)

«No hi ha res més allunyat de la mentida que l'art. El terme "mentida", tal com el fem servir en la vida quotidiana, no funciona per aplicar-lo a l'art. El novel·lista inventa un món a partir de la seva imaginació i la seva experiència vital, i si se la juga, si és sincer, si és capaç d'expressar el seu interior i, potser, de fer estremir el lector, està dient grans veritats, la gran veritat (que no vol dir l'única) que és la seva manera d'entendre la vida, la relació entre l'art i la vida i la necessitat d'explicar-se el perquè d'allò que no té gaires perquès clars, ja que, si ho fossin, no estaríem donant voltes a tot plegat. Quan llegim i quedem corpresos per una força indefinible que plana pel text, som víctimes del poder de l'art. I això el poeta o el novel·lista ho aconsegueix amb material inventat, amb paraules en tensió, amb històries i personatges que sorgeixen de dins seu. Amb "jos" i "tus" que poden ser imaginaris. No veig la mentida enlloc. [...] El text ben fet té un poder que ens depassa i ens afecta com a lectors. Aquesta és la veritat de l'art; i com a lectors reconeixem el poder del text que ens atrau perquè llegim com a cosa particular el periple dels personatges i, si l'obra té prou alè, en traiem conclusions d'universalitat.» (pàgs. 103-104)

«Rellegir és reviure, tornar a visitar i convertir-te a tu mateix, lector del text per segona vegada pel cap baix, en testimoni de la pròpia evolució i de l'efecte que et produeix.» (pàg. 172)

«[...] en el fons continuo creient que tot, al món, existeix perquè al final algú ho escrigui.» (pàg. 78)

lunes, 8 de junio de 2015

Ama Ata Aidoo: Nuestra hermana aguafiestas

S
O
L
E
D
A
D
Cayendo por siempre como una lágrima del ojo de una mujer.

¿Así que era esto?
Esclavistas violentos y traficantes de esclavos.
Descubridores solitarios.
Exploradores de cenagales y cazadores de leones.
Misioneros que se arriesgaban a a acabar en la olla de los
  caníbales para traer el mundo a las hordas paganas.
Especuladores de oro, de diamantes, de uranio y cobre.
El petróleo ni se menciona.
Predicadores del apartheid y celosos educadores.
Custodios de la Paz Imperial y plantadores de homicidas.
Monsieur le Commandant y Madame la esposa del Commandant.
Pobres bandidos y putas irredentas cuya única distinción en la
  vida era que, al menos, ellos eran mejores que los nativos...


The Art of Ama Ata Aidoo explores the artistic contribution of one of Africa’s foremost woman writers. The film charts Ama Ata Aidoo’s creative journey in a life that spans 7 decades from colonial Ghana through the tumultuous era of independence to a more sober present day Africa where nurturing women’s creative talent remains as hard as ever.

viernes, 5 de junio de 2015

M. Ángeles Cabré: A contracorriente
Escritoras a la intemperie del siglo XX

Pizarnik, Woolf, Némirovsky, Dinesen, Arendt, Morante, McCullers, Rodoreda
«En su Diario, Pizarnik escribió: "Antonio Requeni [su amigo y vecino] me ruega que le explique mis versos. Sonrío tristemente. ¿Y a mí, quién me los puede explicar?". Quizás hubiera en ellos algo de ignoto, de profecía ("mi Casandra chic", la llamaba Mugica Laínez).
  Alejandra se suicidó con una sobredosis de Seconal junto a un ejemplar de Niebla, de Unamuno, que pidió prestado a un amigo; esa nivola, que no novela, en la que Augusto, el protagonista, quiere suicidarse y no puede. Un gesto literario, tal como le corresponde a Alejandra. Se fue con su letra pequeña, su pequeña estatura y sus inusuales palabras: "Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos. Me iré y no sabré volver". Ya dijo Hölderlin que la poesía era un juego peligroso. Lo fue también para esta poeta de alas temblorosas pero alto vuelo.»
M. ÁNGELES CABRÉ
A contracorriente
Escritoras a la intemperie del siglo XX

Ed. Elba, 2015

martes, 2 de junio de 2015

Akhil Sharma: Vida de familia


AKHIL SHARMA (Delhi, 1971)
Vida de familia
[Family Life, 2014]
Trad. Jaime Zulaika
Anagrama, 2015
197 págs. | 16.90 €
«Yo siempre estaba enfrascado en un libro, ya estuviera leyéndolo o imaginándome que era un personaje. Si algo malo ocurría, como que Birju contrajera neumonía y tuviera que usar máscara de oxígeno, yo pensaba que enseguida podría reanudar mi lectura y el tiempo se esfumaría y cuando volviese a entrar en el mundo la dificultad habría desaparecido o habría cambiado.
    Muchas veces mentía sobre mis lecturas. Me gustaban los libros de ciencia ficción y de fantasía, libros donde las cosas no eran tan complicadas ni insatisfactorias como en la vida real. Pero aseguraba que había leído libros más famosos, los que nuestros profesores nos decían que eran para alumnos más mayores o los que habían servido para el guión de una película. Una mañana de invierno, en noveno curso, mientras todavía estaba oscuro fuera, me senté a la mesa de la cocina y empecé a leer una biografía de Ernest Hemingway titulada The Young Hemingway, esperando que si leía una biografía suya después seria más fácil hacer como si le hubiera leído. De Hemingway sólo sabía que era famoso y que era escritor.
    La biografía empieza cuando Hemingway viaja a bordo de un barco que entra en el puerto de Nueva York. Es un día gris y las gaviotas revolotean por el cielo. Regresa a América procedente de París y la Primera Guerra Mundial. Cuando leí que Hemingway había estado en España y en Francia me quedé asombrado. Me parecía increíble que una persona de carne y hueso hubiera conseguido ir a España y Francia. Aún más asombroso era que aquel hombre lo hubiera hecho sin ser médico o ingeniero. Hasta entonces yo había pensado que la única manera de vivir una buena vida era ejercer una de esas dos profesiones. A medida que leía estaba cada vez más contento. Llevar una vida en que viajabas, en que hacías lo que querías era como ser rico. [...] Tardé varios días en terminar la biografía. La leí sobre todo en la mesa de la cocina. Mientras la leía empecé a querer ser escritor. Había escrito relatos cortos en clase. Ahora pensé que seria maravilloso ser escritor y captar la atención y viajar y no tener que ser médico ni ingeniero. [...] Mientras seguía leyendo a Hemingway, que parecía valorar tanto el sufrimiento en silencio, empecé a ver a mí familia como si perteneciera a una novela. Por la mañana, cuando veía a mi padre bañando a Birju, fantaseaba que escribía acerca del pijama de mi padre, que al mojarse se volvía traslúcido y se veía la ropa que llevaba debajo. Ante la idea de escribir frases que contuvieran nuestro sufrimiento, experimenté el triunfo que había sentido cuando les hablaba de Birju a Jeff y a Michael Bu y a la vez una especie de desapego, como si estuviera contemplando mi propia vida.» (págs. 135-142)

jueves, 28 de mayo de 2015

Jan Morris: El enigma




JAN MORRIS (Gales, 1926)
El enigma
[Conundrum, 1974]
Trad. Ana Mata Buil
RBA. Barcelona, 2011
224 págs.| 4,5 €
«También otras culturas, tanto antiguas como contem- poráneas, han reconocido de forma tolerante esa tierra de nadie que queda entre lo masculino y lo femenino, y han permitido que algunas personas la habiten sin condenarlas a la ignominia. Los frigios de Anatolia, por ejemplo, cas- traban a los hombres que se consideraban mujeres para permitirles vivir a partir de entonces como mujeres, y Juvenal, al observar a algunos de sus conciudadanos, pro- puso que se adoptara la misma medida en Roma: "¿A qué esperan? Ya va siendo hora de que empleen las medidas frigias y acaben la tarea de una vez por todas: que cojan el cuchillo y corten ese superfluo trozo de carne". Hipócrates dejó constancia de la existencia de "no hombres" entre los escitas: se comportaban como mujeres, realizaban las labo- res propias de mujeres, y la creencia popular era que ha- bían sido feminizados por intervención divina. En la antigua Alejandría hay fragmentos que aluden a hombres "que no se avergüenzan de utilizar cualquier herramienta que les per- mita transformar artificialmente su naturaleza masculina en femenina", incluso llegaban a la amputación de los genitales.
  Entre estos pueblos primitivos, tal como explica sir James Frazer en La rama dorada: "Existe una costumbre muy arraigada […] de acuerdo con la cual algunos hombres vis- ten como si fueran mujeres y actúan como tales durante toda su vida. A menudo, se dedican a su vocación desde la infancia, en la que son instruidos para ello". Los sarombavy de Madagascar, por ejemplo, se olvidaban por completo de cuál era su sexo original y se consideraban enteramente femeninos.  En las tribus de esquimales chukchi, los ancia- nos adoctrinaban a los "hombres blandos" desde la infancia acerca del sexo que iban a representar, y así se casaban con hombres y vivían como el resto de las mujeres durante el resto de su vida. Se conocen casos de hechiceros de los Andes obligados por las costumbres tribales a cambiar de rol sexual, y de muchachos indios mojave que eran iniciados sexualmente en público como si fueran doncellas, así como de jóvenes tahitianos a quienes se les animaba en su más tierna infancia a imaginarse que pertenecían al sexo opuesto. Si para los occidentales modernos la idea de cam- biar de sexo parecía, al menos hasta hace muy poco, algo monstruoso, absurdo o contrario a los designios divinos, entre pueblos mucho menos complicados solía considerarse un proceso de divina omnisciencia, un signo de excepcio- nalidad. Tener un pie en cada sexo no era una desgracia sino un privilegio, y a menudo iba asociado a poderes sobrenaturales o funciones sacerdotales.» (págs. 63-64)

sábado, 23 de mayo de 2015

jueves, 21 de mayo de 2015

El talento (criminal) de Miss Highsmith


Patricia maquinando
«El temperamento y el carácter del escritor se reflejan en el método que utiliza para idear argumentos: lógico, ilógico, pedestre, inspirado, imitativo, original. Un escritor tendrá asegurada la buena vida si imita las tendencias del momento y es lógico y pedestre, porque estas imitaciones se venden y, desde el punto de vista emocional, no le exigen demasiado. Por tanto, su producción puede ser dos o diez veces mayor que la de un escritor original que no sólo trabaja mucho y pone el corazón en lo que escribe, sino que también corre el riesgo de que le rechacen el libro. Es aconsejable juzgarse a sí mismo antes de empezar a escribir. Como esto puede hacerse a solas y en silencio, no hay necesidad de falsos orgullos.
    Hago este comentario aquí porque tiene que ver con la tarea de idear el argumento. Al público en general no le gustan los delincuentes que se salen con la suya al final, aunque son más aceptables en los libros que en las adaptaciones televisivas y cinematográficas. Si bien la censura es menos severa que antes, en general un libro tendrá más probabilidades de ser adaptado a la televisión y al cine si el héroe-criminal resulta atrapado al final; es decir, si se las hacen pasar moradas. Es casi preferible matarlo durante el relato, si no es la ley quien se va a ocupar de ello. A mí esto me repugna, ya que más bien simpatizo con los delincuentes, y los encuentro interesantes, a menos que sean estúpidamente monótonos y brutales. [...] La pasión del público por la justicia me resulta aburrida y artificial, porque ni a la vida ni a la naturaleza les importa que se haga o no justicia. El público, al menos el público en general, quiere presenciar el triunfo de la ley, aunque al mismo tiempo le gusta la brutalidad. Sin embargo, la brutalidad debe estar en el bando bueno. Los héroes-detectives pueden ser brutales, sin escrúpulos sexuales, pueden pegar patadas a las mujeres, y seguir siendo héroes populares, porque se supone que andan persiguiendo algo peor que ellos mismos.»

SUSPENSE
Cómo se escribe una novela de misterio
[Plotting and Writing Suspense Fiction, 1983]
PATRICIA HIGHSMITH (Texas, 1921 - Suiza, 1995)
Trad. Jordi Beltrán
Círculo de Tiza, Madrid, 2015
159 páginas
[inicio]
. . . . .
Protegiendo el secreto, Enrique Vila-Matas
Patricia y los caracoles, Fernando Aramburu
El arte de matar en diez lecciones, Natalio Blanco
Diez años sin Patricia Highsmith, Elena Gosálvez
Obras de PH en el cine