lunes, 20 de febrero de 2017

Un padre extranjero, de Eduardo Berti


Eduardo Berti
Un padre extranjero
Impedimenta, 2016
348 páginas
[inicio]
Berti, Oulipiano
* * *
[diferentes historias y épocas
tejidas en un sorprendente relato]


«Muchas veces me pregunté en estos años cuánto ignoraba mi madre, en tanto esposa, y cuánto yo, en tanto hijo, de lo que ocultaba mi padre. De lo que él ocultaba adrede y de lo que estaba, por así decirlo, oculto a pesar de él. Con el tiempo, tras la muerte de mi padre, me he acusado a mí mismo de aceptar el "relato" que postulaba él. Me he acusado de no haber hecho preguntas. Hubiese sido muy fácil. O no tanto. Si no lo hice, creo hoy (me disculpo hoy), fue porque ignoraba qué debía preguntarle. En síntesis, resulta que un buen día yo me fui a vivir lejos, a vivir en el extranjero, a entender cuáles preguntas debía hacerle a mi padre para entenderlo, y cuando al fin logré reunir esas preciadas preguntas (y mientras las ordenaba y mientras juntaba valor y calma para hacérselas) mi padre murió sin mí, mi padre murió conmigo en el extranjero (podría decir que estábamos los dos en el extranjero, cada cual en su extranjero), conmigo lejos de él o, mejor dicho, conmigo al pie de su cama porque viajé con urgencia y pude hacer así un duelo con él muriendo, no con él muerto.
* * *
Me acuerdo de la primera vez que oí a mi padre hablar en su idioma fantasma...» (p. 103-104)

martes, 14 de febrero de 2017

La casa del lago, de Thomas Harding


«Toda mi vida había oído hablar de la casa del lago, es decir de "Glienicke". Había sido una obsesión para mi abuela, Elsie, que hablaba de ella con entusiasmo, para evocar una época en que la vida era fácil, divertida y sencilla. Aquella casa había sido, decía, la casa de su alma.
  Mi familia, los Alexander, había prosperado en los años de la abundancia de Berlín en la década de 1920. Era una familia de judíos acomodados y cosmopolitas, y sus valores eran los valores de Alemania: trabajaban mucho y se divertían, asistían a la última exposición, a la obra de teatro más reciente, iban a los conciertos, y daban largos paseos por la campiña de los alrededores de la ciudad. En cuanto pudieron permitírselo, se construyeron una casita de madera a orillas del lago, un símbolo de su éxito. Pasaban todos los veranos en Glienicke, disfrutando de una vida rústica y sencilla, cuidando de su jardín, bañándose en el lago, y celebrando fiestas en la terraza. En mi fuero interno, yo guardaba una imagen de la casa, construida a través de las fotografías de color sepia que me enseñaron desde que era pequeño: un lago resplandeciente, una habitación de paneles de madera, con una chimenea y una mecedora, una pradera muy bien cuidada, una pista de tenis.
    Pero con el ascenso de los nazis, los Alexander se vieron obligados a huir, y se trasladaron a Londres, donde se esforzaron por rehacer su vida. Ellos se salvaron, mientras que muchos otros no lo consiguieron, pero se marcharon sin casi nada. En mi familia, ésa era la historia de Glienicke: una casa antaño muy querida, que posteriormente les robaron, situada en un país que habían pasado a aborrecer.» (p. 25-26)


THOMAS HARDING
La CASA DEL LAGO
Berlín. Una casa. Cinco familias. Cien años de historia
[The House by the Lake, 2015]
Trad. Alejandro Pradera
Galaxia Gutenberg, 2017
The Alexander Haus Project
[la espantosa historia de Alemania durante el siglo XX,
contada de otra manera; me encantó]

martes, 7 de febrero de 2017

Rebecca Solnit: Los hombres me explican cosas


Rebecca Solnit
Los hombres me explican cosas
[Men Explain Things to Me, 2014]
Trad. Paula Martín Ponz
Capitán Swing, 2016, 152 p.
mansplaining = man+explaining
«El término derecho sexual fue utilizado en 2012 en referencia a las agresiones sexuales cometidas por el equipo de hockey de la Universidad de Boston, aunque se pueden encontrar usos previos de este término. Yo lo escuché por primera vez en 2013, en un informe de la BBC sobre un estudio acerca acerca de la violación en Asia. El estudio concluía que en muchos casos, el motivo de la violación era la idea de que un hombre tiene derecho a tener sexo con una mujer sin importar el deseo de esta. En otras palabras, o consideran que sus derechos son mayores que los de ella, o que ella no tiene ninguno. Esta sensación de que el sexo es algo que las mujeres les deben a los hombres está en todas partes. A muchas mujeres se nos dice —como me lo dijeron a mí en mi juventud— que por algo que hicimos o dijimos, por cómo vestíamos o simplemente por nuestro aspecto, por el hecho de que éramos mujeres habíamos provocado el deseo y que, en consecuencia, contractualmente estábamos obligadas a satisfacerlo. Se lo debíamos. Ellos tenían ese derecho. Derecho a nosotras.» (p. 119-120)

sábado, 4 de febrero de 2017

Nazario y Ocaña

Ocaña, El Velatorio
«Ocaña decía que ella sería eterna, que no moriría nunca, y, para conjurar la sombra de la muerte, se le ocurrió un día realizar un cuadro inmenso en el que aparecía muerto en la cama disfrazado de monaguillo con túnica roja y roquete blanco. Entre los asistentes al velatorio estaba él mismo, con un vestido primaveral todo cubierto de flores, como un ave Fénix, sobrevolado por un enjambre de cabezas de angelitos alados en los que estaban representadas las caras de todos sus más íntimos amigos y novios. En el cuadro no podía faltar una vista de Cantillana asomando por una ventana. ¿Había oído en alguna ocasión hablar de Espronceda y el estudiante de Salamanca encontrándose en la calle con su propio entierro? No creo que una persona tan vitalista como él tuviera esa visión romántica y torturada de la muerte. La muerte era para él algo totalmente improbable, por lo que su manera de tratarla debía ser lírica y festiva. ¡Y sobre todo teatral! Para él la muerte eran los cementerios encalados con cipreses, los velatorios con el aguardiente, los coros lorquianos de viejas enlutadas y los ataúdes escoltados por grandes cirios. No recuerdo que usara jamás una calavera ni un esqueleto como imagen de la muerte. «Nena, cuando nos muramos que nos entierren cerquita para seguir peleando hasta después de muertas», escribió Ocaña detrás de un cuadrito que le regaló a Alejandro.» (p. 146)

viernes, 27 de enero de 2017

[farragosa] Ciudad en llamas, de Garth Risk Hallberg

Rothko, Green on Blue, 1968
Garth Risk Hallberg
CIUDAD EN LLAMAS
[City on Fire, 2016]
Trad. Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Random House, 2016
(1.040 páginas)
[extenso inicio del libro
y bonito booktrailer]
«A decir verdad, William se había olvidado de los Rothko. E incluso aunque no los hubiera olvidado, habría imaginado (¿deseado?) que las dolorosas asociaciones que entrañaban hubieran empujado a su padre a venderlos o enterrarlos bajo una tela en las entrañas del edificio Hamilton-Sweeny. En cambio, el azul fue el primero que vio al salir del ascensor. El cuadro por sí solo habría bastado para mandarlo corriendo de vuelta al centro de no ser porque se había olvidado de otra cosa: que plantarse ante aquella obra era como aprender a ver por primera vez. Campos azules descomponiéndose en cuadrados superpuestos, de peso idéntico, de tonos distintos. Estancamiento y movimiento, la pureza de la cosa vista: exactamente lo que él había perseguido al aplicar el pincel mojado contra el lienzo, hacía mucho tiempo. Todavía podía retroceder hasta allí. O aún más, hasta el día antes de la boda de papá, cuando el campo del tiempo se extendía ante él.» (p. 757)

[Portentoso retrato de Nueva York, para E.Lago, pero "¿habría ganado si un severo trabajo de edición hubiera eliminado un buen número de páginas?". I think yes.]

sábado, 21 de enero de 2017

Víctor Klemperer, LTI (Lingua Tertii Imperii)


«—Para su señora esposa, con cordiales saludos de mi parte. —Y luego, curiosa, extrañada—: Dice Albert que su señora es alemana. ¿Es realmente alemana?
  La alegría por la manzana se fue al traste. Esa alma simplísima, que sentía de una manera del todo humana y ajena al nazismo, se había impregnado del elemento básico del veneno nazi; identificaba lo alemán con el concepto mágico de lo ario; le parecía casi inconcebible que una alemana estuviera casada conmigo, con un extraño, con una criatura perteneciente a otro ámbito del reino animal, había oído y repetido demasiadas veces expresiones tales como "ajeno a la raza" y "de sangre alemana" y "de raza inferior" y "nórdico" y "profanación racial". A buen seguro, no asociaba una idea clara con todo ello..., pero su sentimiento no podía concebir que mi mujer fuera alemana.» (p. 144)
VÍCTOR KLEMPERER (1881-1960)
LTI La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo
Trad. Adan Kovacsics. Editorial Minúscula, 2001
La lengua como arma, Mercedes Monmany

sábado, 14 de enero de 2017

Copiando a Vilnius

“Vila-Matas ha desarrollado su sitio web como una estructura paralela a sus novelas” (Dominique González-Foerster)

“La página web de Vila Matas es una biblioteca completa” (Mónica Gómez Vesga)

“Entrado el nuevo siglo, la red parece haber sido inventada para los shandys, la familia cuya protección le encargó Laurence Sterne a Vila–Matas” (Christopher Domínguez Michael)

“Por seguir el ejemplo del propio Vila-Matas, que ha aprovechado los beneficios de difusión de la red como probablemente ningún otro escritor de lengua española” (Pablo Sol Mora, Letras Libres)

“La web de Vila-Matas, su más ambicioso gesto hipertextual, un universo de cajas chinas” (Mariana Sández, Clarín)

“La suya no es la página web habitual de un escritor” (Sònia Hernández, Letras Libres)

“La página web oficial del escritor, probablemente las más completa de la literatura en nuestra lengua” (Jordi Carrión en revista Otra Parte)

“No hay nada más que visitar su web para rendirse al quehacer cibernético de este autor. No sé cómo considerarán su web, a mí me resulta fascinante; tú, ¿qué adjetivo utilizarías para esta maravilla? ¡Asombrosa!” (Blumm, La manía de leer)

Copiando a Vilnius (por la parte que me toca)

domingo, 8 de enero de 2017

Años felices de Emilio Renzi

Ricardo Piglia en Princeton
«Serie E3. ¿Y si lo mejor que yo he escrito, y si lo mejor que yo escribiré en mi vida, fueran estas notas, estos fragmentos, en los que registro que nunca alcanzo a escribir como quisiera? Admirable paradoja, enfurecido por no poder escribir lo que quiere, un hombre se dedica a registrar en un cuaderno la historia de su vida, siempre contra sí mismo, y se sostiene de sus cuadernos, se observa y va fracasando sin saber que en esos cuadernos está escribiendo la mejor literatura de su tiempo. Muere, desconocido, anónimo, sin que nadie quiera o pueda (incluso aunque conozca su valor) atreverse a editar. Cuadernos en los que un desconocido habla de su vida, relata día tras día su frustración, escribe el testimonio más hondo de su época, de la fatalidad del fracaso. Sería la vida de Kafka al revés, el secreto de una calidad totalmente ignorada, de una gran literatura que se ignora, o mejor, que es desconocida también por su autor.» (p. 74)

viernes, 6 de enero de 2017

Jonathan Galassi: Musa


«Paul estaba encantado con la jerga del universo de Rufus: los macrodatos, la escalabilidad, el pivoting, el crowdsourcing, la convergencia virtual, la geolocalización, pero no tardó mucho en comprender que todos los temas de los que hablaba aquel chico —plataformas y sistemas de entrega, los minilibros y la nanotecnología, las tarifas por página y esto y aquello y lo de más allá— tenían poco que ver con lo que era importante para él: las palabras en sí mismas y los hombres y las mujeres que las habían escrito. Rufus sabía ampliarlas o reducirlas en sus tabletas y portátiles, sabía añadir elementos visuales y música, reformatearlas de todas las maneras posibles y partirlas en pedazos o trozos o bytes y enviarlas al mundo mediante todo tipo de vías de comunicación, pero Moby Dick seguía siendo Moby Dick, lo leyeses en el dispositivo que lo leyeses, y Mnenósine era Mnenósine, lo mirases por dónde lo mirases.» (p. 216)
JONATHAN GALASSI, MUSA [inicio]
Trad. Jaime Zulaika. Anagrama, 2016, 240 p.

["...la proliferación de nombres, referencias literarias, citas, fechas y títulos de obras, descoloca un poco al lector, hasta sentirnos en una clara posición de inferioridad, un tanto incómoda, desde donde solo podemos constatar nuestra ignorancia", Pepa Echanove (o sea, lectura farragosa y prescindible)]

lunes, 2 de enero de 2017

Quién




❝Quién nos llevará, riendo,
a la semilla de lo que fuimos.❞
John Berger (1926-2017)

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Hanya Yanagihara: Tan poca vida (y tan intensa novela)

Lispenard (Tribeca) y Greene (SoHo)
«A estas alturas ha añadido un nuevo paso a su rutina matinal; si tuviera que hacer lo que ha hecho desde el mes pasado, abriría la puerta y se acercaría al lado izquierdo de la cama, donde se sentaría y pondría una mano en el brazo de Willem. Y él abriría los ojos y le sonreiría.
  —Me voy —le diría, devolviéndole la sonrisa.
  Y Willem haría un gesto con la cabeza.
  —No te vayas.
  —Tengo que irme.
  —Cinco minutos —le suplicaría Willem.
  —Cinco.
  Y entonces Willem levantaría el edredón para que él se deslizara debajo y se apretaría contra su espalda, y él cerraría los ojos y esperaría a que lo rodeara con los brazos, y desearía quedarse así para siempre. Luego, unos diez o quince minutos después, se levantaría de mala gana, lo besaría, cerca de la boca —seguía teniendo problemas con eso, aun después de cuatro meses— y se marcharía.» (p. 629)

Hanya Yanagihara, TAN POCA VIDA, (A Little Life, 2015)
Trad. Aurora Echevarría, 1.008 páginas, LUMEN, 2016
[de la red: sobrecogedor, desgarrador, descoranozador, adictivo, brutal]