domingo, 4 de diciembre de 2016

Manuel Moyano: Dietario mágico. Curanderos, zahoríes, videntes e iluminados en la Murcia del siglo XXI


Manuel Moyano
Dietario Mágico.
Curanderos, Zahoríes, Videntes e Iluminados en
la Murcia del Siglo XXI

Nausícaä, 2002
[curioso regalo de ECO]

El ELEGIDO
«Cuatro son según la tradición las señales del curandero, las señales de que un hijo recién nacido ha venido a este mundo ungido con la gracia para sanar. La primera, ser mellizo; la segunda, nacer de pie; la tercera, llorar en el vientre materno; la última y definitiva, ser el vástago que hace siete de los mismos padres (lo que los franceses denominan marcou). Miguel García Cerezuela cumplía con creces dos de estos requisitos. Así, la abuela oyó llorar al niño durante la preñez de su hija, y a nadie reveló este prodigio hasta después de que hubo nacido, pues esa indiscrección hubiera supuesto la irremisible pérdida de la gracia. Y aunque Miguel no era séptimo, sino el noveno hijo de entre diez hermanos, esto se le acercaba bastante y también podía valer [...] Cerezuela trata enfermedades de la sangre o de la piel, y también el mal de ojo; pero ante todo su especialidad es el susto. Esto del susto no es fácil de definir. El susto se puede coger por un accidente
o por cosas más peregrinas, como el ladrido súbito de un perro, y los síntomas son el mal humor, el dormir poco o dormir demasiado, la ictericia, la paralización de la sangre o la inflamación de la garganta [...] También trata enfermedades de la piel, como los eczemas, el herpezón, la roña, la tiña o la culebrina, que es un herpes que se corre por todo el cuerpo. No promete milagros contra la psoriasis pues, según afirma, es un derivado de la espuma de la sangre que no tiene cura. » (p. 33 y 36)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Annie Ernaux: Memoria de chica


ANNIE ERNAUX
Memoria de chica
[Mémoire de fille, 2016]
Trad. Lydia Vázquez Jiménez
Cabaret Voltaire, 2016
[prefiero La mujer helada]


«El tiempo se encoge ante mí. Forzosamente habrá un último libro, como hay un último amante, una última primavera, pero ningún signo que me lo indique. La idea de morirme antes de escribir lo que desde hace tanto tiempo llevo nombrando la chica del 58 me obsesiona. Un día ya no quedará nadie para acordarse. Lo vivido por esa chica, ninguna otra lo recordará, quedará inexplicado, vivido para nada. Ningún otro proyecto de escritura me parece, no ya luminoso, ni original, ni mucho menos dichoso, sino vital, capaz de hacerme vivir por encima del tiempo. Justo aprovechar la vida me parece una perspectiva insostenible, y además cada momento sin proyecto de escritura se asemeja al último.

Que sea yo la única que me acuerde, como así creo que es, me encanta. Un poder soberano. Una superioridad definitiva sobre ellos, los otros del verano de 1958, que me ha sido legada por la vergüenza de mis deseos, de mis sueños insensatos en las calles de Rouen, de la sangre cortada a los dieciocho años como la de una vieja. La gran memoria de la vergüenza, más minuciosa, más intratable que cualquier otra. Esa memoria que es en suma el don de la vergüenza.» (p. 20-21)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Kent Haruf: Nosotros en la noche


KENT HARUF (1943 – 2014)
NOSOTROS EN LA NOCHE
[Our souls at night, 2015]
Trad. Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Random House, 2016
[otra delicia]

«Y entonces llegó el día en que Addie Moore pasó a visitar a Louis Waters. Fue un atardecer de mayo justo antes de que oscureciera.
    Vivían a una manzana de distancia en la calle Cedar, en la parte más antigua de la ciudad, con olmos y almezos y un arce que crecían a lo largo del bordillo y jardines verdes que se extendían desde la acera hasta las casas de dos plantas. Durante el día había hecho calor, pero al anochecer había refrescado. Addie recorrió la acera bajo los árboles y giró ante la casa de Louis.
    Cuando él salió a la puerta, Addie le preguntó: ¿Puedo entrar a hablar de una cosa contigo?
    Se sentaron en el salón. ¿Te traigo algo de beber? ¿Un té?
    No, gracias. Puede que no me quede el tiempo suficiente para beberlo. Addie miró a su alrededor. Bonita casa. [...] Louis la observaba. Era una mujer atractiva, a él siempre se lo había parecido. De joven había tenido el pelo moreno, pero ahora era blanco y corto. Todavía conservaba la figura, aunque algo rellenita en la cintura y las caderas.
    Te preguntarás qué hago aquí, dijo ella.
    Bueno, no creo que hayas venido a decirme lo bonita que está la casa.
    No. Quiero proponerte algo.
    ¿Sí?
    Sí. Tengo una propuesta.
    Vale.
    No es de matrimonio, dijo ella.
    Tampoco se me había ocurrido.
    Pero es un tema casi matrimonial. Aunque ahora no sé si podré. Estoy echándome atrás. Se rió un poco. Muy del matrimonio, ¿verdad?
    ¿El qué?
    Lo de echarse atrás.
    Puede.
    Sí. Bueno, lo digo y punto.
    Te escucho, dijo Louis.
    Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo.
    ¿Cómo? ¿A qué te refieres?
    Me refiero a que los dos estamos solos. Llevamos solos demasiado tiempo. Años. Me siento sola. Creo que quizá tú también. Me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar.» (inicio | original)

[estupenda recomendación de la CASA USHER]

jueves, 17 de noviembre de 2016

Quim Monzó: Mil cretins



QUIM MONZÓ
MIL CRETINS
QUADERNS CREMA, 2007
[delicious]


«En un pis on des de fa anys no hi viu ningú un home obre el moble on els pares—que eren els que hi vivien—guardaven els plats i els gots de la vaixella que, quan va fer la comunió, van comprar per quan es casés. Però no s'ha casat mai i la vaixella encara és allà, sense estrenar; ells no en van fer servir mai ni un got. Ara és tota polsegosa. La pols sura per l'estança, com purpurina d'un conte infantil. A les files de copes de vidre—d'aigua, de vi, de licors—n'hi veu tres de fetes malbé. Dues tenen fracturat el peu, tan fracturat que costa que s'aguantin dretes; l'altra, el que té és la vora esberlada. L'home no reïx a entendre per què les guardaven, si eren trencades, i tampoc entén per què guardaven—també entre les copes—dues ampolles d'oli buides: una de vidre i l'altra de plàstic, encara amb l'etiqueta. Troba també cues d'espelmes que potser van ser blanques en algún moment, però que ara són d'un groc intens que vira cap al marró, i algunes d'aquestes cues són de dos o tres centímetres de llargada, i tenen el ble cremat. Als calaixos del bufet i a dos dels armaris troba bosses de plàstic. No pas cinc o sis. Dotzenes i dotzenes de bosses de plàstic embotides dins d'altres bosses de plàstic. Va obrint més armaris i a tot arreu troba bosses. Hi deu haver milers de bosses, totes noves, de supermercat, arreplegades a grapats—calcula—en cada viatge que la mare hi feia, i que acumulava ¿per què? ¿Per previsió? ¿Per por d'un futur d'escassetat?
      No s'atreveix a llençar res. Una mica se sent com un intrús que entra en un santuari preservat, i en part li fa por que un dia els pares es refacin, tornin a casa, ho trobin tot canviat i l'escridassin com quan era nen i no feia exactament el que volien. Encara té por que el renyin. Però no tornaran mai, encara que ell, això, ara no ho sap. Per un moment pensa a tornar a muntar la taula ovalada i col·locarla al lloc on era, i retornar els testos trencats a la terrassa. El món d'ells era bastit a base d'objectes fets malbé, que no es llençaven mai per si de cas.» (p. 105-106)

jueves, 10 de noviembre de 2016

Luisgé Martín, comportamiento biológico

[Luisgé Martín
El amor del revés
Anagrama, 2016]
«Tengo la convicción de que el pensamiento de los hombres varones [sic] ha sido forjado en muchos momentos de su vida con la substancia del semen. No es un accidente cultural, como algunos sostienen, sino un comportamiento biológico. El esperma transforma las ideas, tuerce la voluntad y fuerza, si es preciso, a la traición. En los instantes de plenitud seminal, cuando hay desbordamiento o exceso, ninguna lealtad puede ser mantenida.» (pág. 64)
[horroroso]

lunes, 7 de noviembre de 2016

Delphine de Vigan: Basada en hechos reales (la intriga)

[Delphine de Vigan
Basada en hechos reales
D'après une histoire vraie, 2015
Trad. Javier Albiñana
Anagrama, 2016]
«[...] Recordé a L. que llevaba unos meses meditando sobre otra idea, una auténtica ficción, había seguido tomando notas durante las vacaciones, mi proyecto cobraba forma, la intriga se había perfilado. L. me interrumpió.
  —¿La intriga? ¿Lo dices en serio? Tú no necesitas intrigas, Delphine, ni relanzamientos. Estás por encima de esas cosas, a ver si te das cuenta de una vez.
   Hablaba ahora muy despacio. No había agresividad en su voz. L. se esforzaba en hacerme ver su incredulidad ante lo que acababa de oír. ¿Había elaborado o imaginado yo realmente una intriga? Prosiguió:
  —No necesitas inventar nada.Tu vida, tu persona, tu mirada sobre el mundo deben ser tu único material. La intriga es una trampa, un anzuelo, crees que te ofrece un refugio o un pilar, pero es falso. La intriga no te protege de nada, no tardará en escurrirse bajo tus pies o en caerte encima de la cabeza. Que te quede claro, la intriga es un vulgar transpantojo, no te ofrece ningún trampolín ni ningún apoyo. Tú no necesitas eso. Tú ahora estás fuera de eso, entiéndelo. Subestimas a tus lectores. Tus lectores no necesitan que se les cuenten historias para que se duerman en paz o para consolarlos. Les traen sin cuidado los personajes intercambiables, trasladables de un libro a otro, les traen sin cuidado las situaciones más o menos plausibles tejidas con habilidad pero que han leído ya veinticinco veces. Se las traen al pairo. Les has demostrado que sabías hacer otras cosas, que podías adueñarte de la realidad, pelearte con ella, meter las dos manos dentro, han comprendido que buscabas otra verdad y que eso no te daba miedo.» (p. 95)

Delphine de Vigan
[me ha encantado]

sábado, 29 de octubre de 2016

Félix Romeo: Amarillo

FÉLIX ROMEO (1968-2011)
AMARILLO
Plot Ediciones, 2008

La lectura de este intenso libro (de amor y dolor) ha supuesto una emoción continuada de principio a fin. Imposible destacar ningún fragmento porque todos son remarcables. En BORRELL, 107, Ignacio Martínez de Pisón amplía la historia de Félix, Bizén y Chusé Izuel (1968-1992).

viernes, 21 de octubre de 2016

El lector vampiro según Javier Cercas


«En 1991, Saul Bellow, que fue el último escritor serio que escribió la palabra alma sin que se le escapara la risa, declaró lo siguiente: "En mi juventud, la literatura formaba parte integrante de la vida; se absorbía, se asimilaba en el organismo. No se era conocedor, esteta, amante de la literatura. No, con la literatura daba uno forma a su vida, era algo que se ingería, que pasaba a ser parte de la propia sustancia, que constituía la senda de la liberación y la libertad plena". Luego Bellow concluía: "Creo que el ambiente de entusiasmo y amor por la literatura, ampliamente extendido en los años veinte, empezó a desaparecer en el decenio de los treinta". En 1996, la novelista Cynthia Ozick discrepó levemente de estas palabras de Bellow: "Todo ferviente lector elegirá probablemente el momento de su propia juventud como la edad de oro en que la literatura se entreteje con la urdimbre del mundo". Es posible que Ozick tenga razón; es posible que, a su modo, Bellow también la tenga. Sea como sea, lo que importa es que ninguno de los dos habla del lector común; sin darle ese nombre, ambos hablan del lector vampiro.

    ¿Qué es un lector vampiro? Bellow lo explica bien: no es el lector que lee para matar el rato o para divertirse, ni siquiera para hacerse sabio; todo eso es estupendo, pero el lector vampiro no lee para nada de eso: lee para sobrevivir. De hecho, podría incluso decirse que, propiamente, el lector vampiro no lee libros: los apalea, los acuchilla, les arranca las entrañas, les chupa la sangre, les roba el alma; no quiere leer los libros: quiere ser los libros, que los libros leídos pasen a formar parte, como dice Bellow, "de la propia sustancia". Esta atroz carnicería suele ser un espectáculo aterrador, y por eso el lector vampiro procura llevarla a cabo sin testigos, como si se tratara del acto más íntimo de su vida íntima; y por eso, también, el lector vampiro suele ser un mal reseñista de libros -está demasiado absorto devorando las vísceras del libro para opinar sobre él-, pero no necesariamente un mal crítico, aunque, como el libro ha pasado a ser sangre de su sangre, casi siempre sea muy difícil distinguir si lo que dice lo dice del libro o lo dice de sí mismo. En suma: este tipo de lector sólo lee en realidad para salvarse, ese verbo que desde hace 50 años es imposible escribir sin que se le escape a uno la risa [...]»
El lector vampiro, JAVIER CERCAS, El País, 26/07/2009

sábado, 15 de octubre de 2016

Se llamaba Lucy Barton

Me llamo Lucy Barton
[My name is Lucy Barton, 2016]
Trad. Flora Casas
Duomo Ediciones, 2016
«Justo después de enterarme de que me habían admitido en la universidad, le enseñé a mi profesor de inglés del instituto una historia que había escrito. No me acuerdo de mucho, pero sí de que el profesor había trazado un círculo en la palabra "ordinario". La frase era algo así como "La mujer llevaba un vestido ordinario." No emplees esa palabra, dijo, no es bonita y, además, no es precisa. No sé si dijo exactamente eso, pero había rodeado la palabra con un círculo, y me dijo con amabilidad que no era bonita ni buena, y siempre lo he recordado.» (p. 137)



[Un auténtico pispajo (no conecté). Llegué al final porque Strout es la autora de la magnífica Olive Kitteridge (miniserie de HBO creada por Elizabeth Strout, Lisa Cholodenko y Frances McDorman, 2014).]

miércoles, 12 de octubre de 2016

La forma(ció) literària

cuadros de Narcís Comadira
«[...] estic convençut que l’educació per la literatura, a través de la literatura, i potser no tant de la literatura, és la millor de totes perquè forma els cervellets infantils amb allò que els constitueix, el llenguatge. I ho fa amb el llenguatge en la seva màxima tensió energètica, que és la literatura. La literatura ens descobreix el món tal com és i també tal com podria ser i, esclar, tal com no hauria de ser. Voleu millor educació? La quantitat d’experiència que vehicula la literatura és enorme, tant, que mai una vida humana podria adquirir-la. Però a través de la literatura, sí. I arriba a l’ànima humana en dosis concentrades de llenguatge. L’ànima, que és feta de llenguatge, rep quantitats ingents d’experiència i de coneixements a través del llenguatge. I, a més, amb plaer. El plaer ajuda a fixar aquests coneixements i aquestes experiències. Ensenyar amb la literatura és també ensenyar a descobrir el plaer d’aprendre. Per això cal ensenyar a llegir, a llegir en profunditat, ensenyar a fer lectures ben fetes... Això és, o hauria de ser, l’educació literària. No pas solament parlar d’èpoques, autors, arguments, tècniques..., sinó ensenyar a endinsar-se en allò que fa que un text sigui de debò literatura: la forma.»
NARCÍS COMADIRA, L’educació literària, Diari Ara, 7/10/2016 (via flux)