martes, 15 de octubre de 2019

Volverse Palestina, de Lina Meruane

Lina Meruane (Chile, 1970)
VOLVERSE PALESTINA
Literatura Random House, 2015 - 120 págS.
· Combatir la guerra con la literatura, Luisgé Martín
[impresionante]
muros de gaza
«Gaza es una gran cárcel al aire libre, rodeada de muros de concreto alternados con torretas y alambres enrollados y vigilada por aire, mar y tierra. El territorio más densamente poblado del mundo, y muy pobre», contestó Ankar en un mensaje de febrero cuando le pregunté por la posibilidad de entrar en esa ciudad. «Es prácticamente imposible, a menos que vengas con un permiso especial de una misión internacional con lealtad probada a Israel, o a menos que tengas muchos contactos en el Ejército, afuera, y un pariente enfermo en riesgo de muerte, adentro. Las flotillas con activistas de todo el mundo son una de las dos únicas formas de entrar y de llevar comida, medicinas o materiales de construcción (aunque se corre el riesgo de un ataque del Ejército israeli, que es casi como un ataque de Dios mismo). La otra forma es ir a El Cairo, viajar hasta el borde, por el desierto, y pasar corriendo por un puesto de control como si fueras una mujer de Gaza sin documentos. Pero ahí el riesgo se duplica porque hay dos ejércitos no coordinados cuidando la frontera: el egipcio y el israelí. Algunas ONGs grandes con sede en Tel Aviv y nexos con Estados Unidos y no muy de izquierda meten a algunos de sus miembros, pero muy de vez en cuando. Lo de entrar tan pronto y sin disculpa tramitada y sellada lo veo imposible.» No dejé que el mensaje de Ankar me desanimara. Contacté a una representante de Unicef. Que lo olvidara, me dijo en un correo, y me invitó a Ramallah en vez. Una activista italiana me confirmó que se había vuelto «extremadamente difícil y últimamente muy pocos lo logran. Entrar a Gaza por el paso de Rafah es más fácil, pero aun así mucha gente espera por días y tampoco lo consigue». Toqué alguna otra puerta pero Gaza parecía cerrada con candado. La llave se la había tragado Israel y estaba bombardeando a los palestinos atrapados en su interior. Bombardeándolos otra vez: en una intensificación de su política de lento estrangulamiento ahora les lanzaba toneladas de muerte. Era como si se empeñara en limpiar el terreno antes de abrir la cárcel. Como si fuera necesario cerrar la entrada para que nadie viera el horror de la vida y de la muerte entre sus muros. Iba a ser tarde después, pensé, cuando ya no quedara nada, cuando ya no hubiera nadie para contar cómo había sido resistir ahí dentro. (págs. 92-93)





usos del holocausto
Todos estos vecinos traen consigo los hilos de la tragedia, portan los nudos del holocausto: su shoah no ha concluido. No ha terminado todavía para nadie. Sigue replicándose, conmoviéndonos, indignándonos: hemos visto las imágenes y nunca podremos olvidarlas. Yo misma lo afirmé en una discusión sobre los usos de la memoria y el imperativo del testimonio. La mujer sentada junto a mí dijo, bajando la voz como si estuviera por pronunciar una indecencia, que, en efecto, era una tragedia que el holocausto hubiera sucedido y continuara sucediendo en la doliente imaginación de los judíos. Pero se ha abusado de la shoah, dijo después en un inglés lleno de ecos indios, la lengua percutiendo sobre el paladar: el holocausto les ha servido para justificar demasiados abusos, dijo, la lengua golpeándose con más dureza dentro de su boca. Levanté la vista. Contuve la respiración porque en ese momento la experta en teoría poscolonial invocó las palabras del Mahatma Gandhi: «Ellos no deberían haber pensado jamás en un probable retorno a Palestina por causa de su cruel persecución. El mundo debiera haber sido su hogar». Ahí termina la cita de Gandhi, puntualizó antes de agregar, parafraseando al líder pacifista, que Palestina le pertenecía a los palestinos de la misma manera que Inglaterra a los ingleses y Francia a los franceses. La mujer me recomendó revisar lo que Gandhi escribió sobre el asunto antes de morir asesinado, el mismo año de la fundación de Israel. Carraspeaba un poco, ella, le costaba alcanzar su conclusión, veía que yo quería interrumpirla para impedir que dijera algo que en muchos círculos resulta inaceptable, pero que ella, refugiada en esa sala de clases y convencida de lo que estaba por decirme, iba a atreverse a pronunciar. Quiero decir, dijo, que el insistente recordatorio de la shoah como un sufrimiento único e incomparable les permitió convencer al mundo de la necesidad de un hogar exclusivo para ellos. Quiero decir, agregó, que Europa aprovechó este reclamo para deshacerse de una gente que prefería tener fuera de sus fronteras, y, en alianza con Estados Unidos, que veía con preocupación la masiva llegada de judíos europeos, apoyó la creación del gran gueto que es la nación judía a expensas de los palestinos que carecían de soberanía propia. Los europeos presionaron a los ingleses para que les cedieran las tierras de su protectorado Lina Meruane a los sionistas que, pese a las restricciones que se les habían impuesto, estaban ya en plena mudanza. Lo que importa decir, siguió ella, todavía en voz baja y percutiendo, es que muchos judíos-israelies continúan usando el daño que se les infligió a sus antepasados europeos para justificar ese emprendimiento nacionalista de vocación colonial.» (págs. 122-124)

domingo, 13 de octubre de 2019

El amigo, de Sigrid Nunez

Sigrid Nunez (Nueva York, 1951)
EL AMIGO
[The Friend, 2018]
Trad. Mercedes Cebrián
Anagrama, 2019 - 208 págs. - inicio - Bibl. A. Centelles
El gran danés y la escritora, Laura Fernández
[me reconcilié al final]
«¿De qué hablas con él?, quería saber el loquero. Sobre todo me parece que le hago preguntas. ¿Qué pasa, perrito? ¿Has dormido una buena siesta? ¿Perseguías a alguien en sueños? ¿Quieres que salgamos? ¿Tienes hambre? ¿Estás contento? ¿Te duele la artritis? ¿Por qué no juegas con los demás perros? ¿Eres un ángel? ¿Quieres que te lea algo? ¿Quieres que cante? ¿Quién te quiere a ti? Sigrid Nunez ¿Me quieres? ¿Me querrás para siempre? ¿Quieres bailar? ¿Soy la mejor persona que has tenido? ¿Se me nota que he bebido? ¿Estos vaqueros me hacen gorda?
    Si pudiéramos hablar con los animales, dice la canción.
       Lo cual quiere decir si ellos pudieran hablarnos.
      Pero, por supuesto, eso lo estropearía todo.» (pág. 170)

jueves, 10 de octubre de 2019

martes, 8 de octubre de 2019

La revolución de las flâneuses, de Anna Maria Iglesia

Anna Maria Iglesia (Granada, 1986)
LA REVOLUCION DE LAS FLANEUSES
UN MANIFIESTO LITERARIO Y FEMINISTA
Wunderkammer, 2019 - 160 págs.
Paseantes incómodas (Edurne Portela dixit:)
«Leo el ensayo de Anna Maria Iglesia La revolución de las flâneuses mientras viajo por Italia. En Italia no hace falta buscar mucho para encontrar rincones hermosos: la belleza en este país es una constante. Cada paseo por una ciudad regala momentos conmovedores en los que la realidad se suspende por unos segundos y nada me perturba, como si un foco iluminara el objeto de belleza y todo lo demás desapareciera. Leo el ensayo de Iglesia de trayecto en trayecto y contrasto mi realidad con lo que ella cuenta magistralmente en sus páginas. En ellas me encuentro con mujeres que quieren viajar y a las que no se lo permiten, que quieren pasear solas por la ciudad sin compañía masculina o sin deberes y tampoco pueden, mujeres que al ocupar la calle son tratadas como prostitutas, algunas lo son porque no tienen más remedio, me encuentro también con mujeres que quieren ocupar la tribuna pública, política, pero que acaban disfrazándose de hombres para poder hacerlo, mujeres que se atreven y pagan un alto precio por ello. Son Marie Bashkirtseff, Emilia Pardo Bazán, Flora Tristán, Luisa Carnés, Clara Campoamor, Las Sinsombrero y un largo etcétera. Ellas quisieron reivindicar los mismos derechos que el flâneur: el hombre que tiene derecho a la ciudad, a transitar por ella sin ser molestado, a observar sin ser visto ni cuestionado, y también, a tomar la palabra en público. La flâneuse es la mujer que lucha por todo ello y no siempre lo consigue.

    Yo he viajado y viajo sola, y sola paseo a veces por la ciudad, tomo la palabra en público e incomodo con ella, no tengo necesidad de esconderme detrás de un disfraz masculino para ocupar el espacio que me corresponde. Soy una flâneuse. Y lo soy gracias a esas mujeres que comenzaron hace más de cien años a reivindicarse como sujetos críticos dentro de la esfera pública y empezaron a entender la escritura fuera del ámbito de lo íntimo, “como una forma de intervención social, de puesta en escena del yo y, por qué no, como una forma de transgresión”, señala Iglesia. Ellas fueron insumisas e incómodas, y desde esa rebeldía contribuyeron al reforzamiento de la sociedad civil con una postura feminista: la mujer tenía el mismo derecho que el hombre al espacio público, también a la palabra pública. Con una conciencia moderna de lo que significaba escribir, transformaron eso que llamaban literatura íntima en testimonio, porque, señala Iglesia, “dar testimonio es un ejercicio ético que no tiene que ver con la narración verídica ni detallada de la propia biografía, ni tampoco con el gesto paternalista que busca dar voz a una comunidad teóricamente sin voz. Por el contrario [...], es una manera de romper el silencio vinculado a una experiencia compartida y, por tanto, una forma de iluminarse no tanto a sí mismas como sujetos, sino a la experiencia transmitida”. Me reconozco en la descripción de la flâneuse porque sé que la batalla que
Edurne Portela
Anna Maria Iglesia
ellas iniciaron hace cien años no está todavía ganada. Quedan muchas experiencias compartidas por narrar, muchas formas de insubordinarnos contra el poder patriarcal, todavía debemos reivindicar el derecho a vivir libres y sin miedo en nuestras ciudades, a defender la libertad de hacer con nuestro cuerpo lo que nos dé la santa gana, desde correr por un parque sin que nos agredan hasta tener el control de nuestra capacidad reproductiva. “Debemos ser y seguir siendo paseantes incómodas”, propone Anna Maria Iglesia. Yo, ni quiero ni puedo ser otra cosa.» Edurne Portela, El País, 14/05/2019.

viernes, 4 de octubre de 2019

Mi cuerpo también, de Raquel Taranilla

Raquel Taranilla (Barcelona, 1981)
MI CUERPO TAMBIÉN
Los Libros del Lince, 2015 - 200 págs. - bibl. Lesseps

· La enfermedad desde el saber y la lectura, Nora Catelli
· Pedro M. Domene habla con Raquel
· Gabriela Wiener, también
· La rebelión del oncocuerpo, Enrique Gavilán

[lo más intenso y lúcido que he leído sobre el cáncer]

«Quiero hacer notar que la doctora Cano empleó la palabra linfoma. En el discurso común sobre la enfermedad a menudo se recurre a eufemismos para ocultar términos que quiere eludirse. Hablar de una larga enfermedad en lugar de mencionar el cáncer es uno de los ejemplos más claros y conocidos: consiste en emplear un término general (un «hiperónimo», lo llamamos los lingüistas) para hacer referencia a un concepto particular, que se desea evitar. De modo semejante, se usa la forma neutra tumor, que difumina con habilidad la malignidad del cáncer. Recurrir a una palabra técnica y precisa como linfoma consigue por otra vía el mismo efecto de evitación. Es seguro que la doctora Cano tenía sólidos motivos para no hablar de cáncer —después de todo, para un médico el cáncer es algo tan vago que no significa casi nada— y es posible que pensase que yo tenía la formación suficiente como para comprender su explicación sin dificultad. Pero la realidad es que, en cuanto la doctora salió de la habitación, me lancé a preguntarle a Lluís, que había permanecido a mi lado, tengo cáncer, ¿verdad? En la película Amarga victoria hay un momento conmovedor en el que Bette Davis,11 a quien se le oculta que está mortalmente enferma, ojea a escondidas su historia clínica y descubre en ella las palabras prognosis negative. A pesar de que lo intuye, necesita preguntar por su significado para confirmar su valor funesto: pronóstico negativo. El cambio en su gesto entre el enterarse y el comprender es milimétrico —sus ojos se agrandan con levedad, su labios se congelan—. Las noticias cruciales detienen el tiempo, son como flores aviesas que se abren, mostrando con delicadeza sus radiantes pétalos letales.

A los pocos días Lluís me explicó que en el fondo era una fortuna que el tumor de mi columna fuese maligno. Si no lo entendí mal, los tumores benignos no reaccionan a ningún tratamiento químico y crecen y crecen sin solución. Teniendo en cuenta el lugar en el que estaba el tumor en mi cuerpo, de haber sido benigno me habría postrado en una silla de ruedas de forma irreversible, sin poderme mover por debajo del cuello. La malignidad de un tumor posibilita aniquilarlo por medio de la quimioterapia, así que la curación de mi mal parecía posible. De hecho, cuanto más agresivo sea un linfoma, es decir, cuanto más rápido sea su crecimiento, más sensible resulta al tratamiento. Por eso volvió a ser una suerte —extraña, extraordinaria— que unos días después la biopsia que se practicó en la Clínica Universitaria revelase que el mío era un linfoma linfoblástico de células B, un tipo de linfoma superágresivo. Había algo oriental en la bondad de situaciones tan terribles. Es una lástima, dije sonriendo ante la buena ventura que traía consigo la fatalidad, que yo ya no sea capaz ni de escribir un haiku.



§27. No logré quedarme a solas y pensar en las implicaciones del cáncer hasta última hora. Como en los días posteriores a la cirugía, desde temprano empezaron a llegar a mi habitación amigos y familiares. Vinieron a visitarme incluso familiares lejanos a los que hacía años que no veía. Me sentía obligada a escucharles y responder a sus preguntas estúpidas (¿cómo te encuentras?) durante demasiado tiempo. Me dolía el cuello y deseaba estar sola y tranquila. Al final de la tarde, me burlaba de ellos con David: estoy agotada, diles que vuelvan otro día. Diles que no voy a morirme tan rápido, así que todos tendrán tiempo de despedirse. Por la noche, ya en serio, le pedí a mi padre que frenase las visitas, pues con mis amigos más cercanos tenía suficiente. Esa determinación le costó un disgusto a mi madre —que se empeñó en ver en ella una muestra de mi desafecto hacia la familia y sus convenciones (los enfermos no sólo tienen un rol asignado por la práctica clínica, sino también por los usos familiares)—, pero para mí fue un descanso.

En la oscuridad nunca completa del hospital nocturno, me impuse hacer balance, pasar revista a las fuerzas que conservaba y tratar de conjeturar el futuro que tenía por delante. Quien no se haya enfrentado a un trance semejante puede creer que esa coyuntura ha de dar mucho que pensar, que ha de poder revelar los misterios profundos de la existencia humana, que debe de ser el umbral de la transformación en una persona nueva y más sabia. Para mi decepción, nada de eso ocurrió. Sentía una pena inmensa, pero la noticia del cáncer no me confirió sabiduría ni bondad. La creencia en el cáncer como hecho iniciático, que está bien presente en la concepción general que la sociedad tiene de esta enfermedad, es sencillamente una retribución ficticia por los daños sufridos: aquel que supera un cáncer no merece volver a las condiciones previas, pensamos, merece cuando menos un ascenso en su categoría moral. Tonterías. Ficciones. Falsas promesas.

Raquel Taranilla Miraba a través de la ventana las luces del barrio del Carmelo. Mi pensamiento no fue más allá de estoy jodida, tengo cáncer y de hay gente que se cura, ojalá yo también me cure. La frustración que sentí ante mí misma fue notable: me sentía superficial e indolente, capaz sólo de decir banalidades, poco perspicaz. Hace escasas semanas he encontrado consuelo; ha sido leyendo A l'ami qui ne m'a pas sauvé la vie, el libro de Hervé Guibert en el que cuenta los últimos momentos de la vida de Michel Foucault. Cuando Foucault ingresa en el hospital unas semanas antes de morir, dice unas palabras que sintetizan con exactitud lo que yo sentí aquella noche: «On croit toujours, d'un tel type de situation qu'II y aura quelque chose á en dire, et voilá qu'il n'y a justement ríen á en dite».12» (págs. 74-77)

11. Bette Davis murió en 1989 en el Hospital Americano de Neuilly, situado a las afueras de París, a la edad de 81 años, como consecuencia del cáncer de mama que padecía desde hacía tiempo.
12. Hervé Guibert murió de una enfermedad asociada al sida en 1991, a los 36 años de edad. Además de A l'ami qui ne m'a pas sauvé la vie, abordó el sida y su tratamiento médico en otros dos libros sobrecogedores, Le protocole compassionnel y L'homme au chapeau rouge, y en una película, La pudeur ou l'impudeur.

jueves, 3 de octubre de 2019

Qualsevol nit pot sortir el Sol, Jaume Sisa



Fa una nit clara i tranquil.la, hi ha la lluna que fa llum,
els convidats van arribant i van omplint tota la casa de colors i de perfums.
Heus aquí a Blancaneus, en Pulgarcito, els tres porquets,
el gos Snoopy i el seu secretari Emili, i en Simbad, l'Ali-baba i en Gullivert.

Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum,
a casa meva és casa vostra si és que hi ha cases d'algú.

Hola Jaimito, i doña Urraca, i en Carpanta, i Barba-azul,
i Frankenstein, i l'home-llop,i el compte Dràcula, i Tarzan, la mona Chita i Peter Pan,
la senyoreta Marieta de l'ull viu ve amb un soldat,
els Reis d'Orient, Papa Noël, el pato Donald i en Pasqual, la Pepa maca i Superman.

Bona nit senyor King Kong, senyor Asterix i en Taxi-Key,
Roberto Alcazar i Pedrín, l'home del sac, i en Patufet, senyor Charlot, senyor Obelix.
en Pinotxo ve amb la Monyos agafada del bracet,
hi ha la dona que ven globus, la família Ulises, i el Capitán Trueno en patinet.

I a les dotze han arribat la fada bona i Ventafocs,
en Tom i Jerry, la bruixa Calixta, Bambi i Moby Dick, i l'emperadriu Sissi,
i Mortadelo, i Filemón, i Guillem Brown, i Guillem Tell,
la Caputxeta Vermelleta, el Llop Ferotge, i el Caganer, en Cocoliso i en Popeye.

Oh, benvinguts, passeu passeu, ara ja no falta ningú,
o potser sí, ja me n'adono que tan sols hi faltes tu,
també pots venir si vols, t'esperem, hi ha lloc per tots.
el temps no compta, ni l'espai, qualsevol nit pot sortir el sol.

martes, 1 de octubre de 2019

Jaume Sisa: ¿Conseguimos escapar de la tribu para caer en el nacionalismo?

Els llibres galàctics, Jaume Sisa, Anagrama 2019 Extracto de "La identidad es una mierda"            
conversación de Jaume Sisa con Mercedes de Pablos            
Letra Global, 23/09/2019.            
"Yo aspiro a la caverna, a la caverna más primitiva. Atapuerca me parece hasta civilizado. Mire, yo aspiro a la caverna primordial donde se refugia el animal que tiene miedo a todo, al trueno, al rayo, a la lluvia y a los otros animales, y que sólo sale de la cueva para buscar alimento y luego vuelve porque es donde está más seguro."

Yo soy normal… yo… no tengo ni idea de cómo soy. Como todo el mundo. Nunca he conocido a nadie que, en rigor y hablando con total honestidad, pueda afirmar: yo soy así o asá. Todos somos así y asá, asina, asana y asana, asuna… Somos muchos, yo soy muchos y en este libro se desvela. Cuando alguien te dice yo soy así está mintiendo. Hoy eres así y mañana a las siete y media serás de otra manera."

"Mire, la identidad es una mierda. Lo normal es que uno no sepa muy bien quién es. Todo está sujeto a cambios. Cuando estudias mínimamente cómo funciona el Universo, y nosotros somos el Universo, te das cuenta de que es una cosa extrañísima del que apenas se conocen sus leyes. Y las que se conocen se ponen en cuestión cada cierto tiempo. Es un misterio absoluto. Te pasas la vida con la cantinela de conócete a ti mismo y lo más probable es que te vayas de la vida sin saber quién eres."

"Yo soy antinacionalista. Mi nación es el mundo. Me parece un horror el nacionalismo, cualquiera. ¿Cómo nos podemos encerrar en algo tan feo y tan estrecho como es el nacionalismo? ¿Conseguimos escapar de la tribu para caer en el nacionalismo? Ni tribus ni estados: la especie humana, el ser humano. Con todos sus misterios, sus preguntas y con toda su belleza."

"Todas estas proclamas de independencia son inútiles porque el catalán sabe que no está dispuesto a sacrificar ni su piel ni su patrimonio, y sin eso no se consigue nada. Dicho lo cual, tengo que reconocer que me ha maravillado cómo en los últimos años tantos catalanes, tantos, han comprado una fantasía tipo Walt Disney ¡¡¡sin preguntar ni el precio!!!"

"Yo querría saber cuál es la acción real de los antisistemas. Porque si su acción son dar saltos, quemar contenedores, discursos, camisetas…Con eso no se acaba con el sistema porque todos formamos parte del sistema, los antisistema también… La acracia es una alternativa real y profunda al sistema capitalista y al comunista, y se basa en que cada individuo es responsable de su vida y sus actos ante la comunidad… Eso no ha pasado nunca y, al paso que vamos… las personas tendemos a delegar. No queremos asumir responsabilidades."

"Yo creo que el mundo se encamina hacia una catástrofe segura, es un espectáculo bonito. Estamos abocados a una catástrofe ecológica, a la dictadura de las tecnologías, a la desaparición del individuo libre y de los ideales de la Ilustración o de Mayo del 68. Todo eso desaparecerá: el mundo en un par de siglos estará acabado. Todos queremos todo y no hay ni recursos, ni sitio. Como decía Lacan, “no hay sitio para tanto deseo”."


lunes, 30 de septiembre de 2019

Manifiesto incierto, de Frédéric Pajak

Frédéric Pajak (Suresnes, 1955)
MANIFIESTO INCIERTO
CON WALTER BENJAMIN,
SOÑADOR ABISMADO EN EL PAISAJE
[Manifeste Incertain. Volume I, 2012]
Trad. Regina López Muñoz
Errata Naturae, 2016 - 192 págs. - inicio
Dice Germán Cano en El Cultural:
«Combinando texto e imagen, la obra de Frédéric Pajak (Suresnes, 1955) se define por explorar las posibilidades del ensayo con los recursos de la novela gráfica de un modo que busca experimentar en nuevos formatos la transmisión del pensamiento. He ahí su principal originalidad y atractivo [...]
    Apoyado en una escritura poética, pero nunca grandilocuente y una línea de dibujo tensa, pero sobria, Pajak se interesa aquí por esa creciente tensión existente entre la condición de apátrida y los procesos de involución en Europa. No es arbitrario que elija la figura de Benjamin. Lo que le interesa a Pajak es que, lejos de cualquier tipo de solución personal a la crisis del pasado siglo, el pensador alemán de origen judío arriesgó su seguridad intelectual y personal no por simple desconocimiento o ilusión voluntaria sobre las circunstancias, sino por motivos de lucidez. Fue un experimentador. Lejos de blindarse ante el malestar de su tiempo, su intención es explorarlo no ya en nombre de un individuo aislado de su sociedad, sino de “algo por venir”. En lugar de hacer de esta situación de necesidad un repliegue ensimismado, Benjamin se aprovecha de este callejón sin salida para abrir nuevas vías de comprensión, esto es, “resiste” para saber más, Frédéric Pajak no cambia “sentimiento de absurdo por identidad”, como el fascismo, sino que intensifica su mirada crítica hacia los paisajes y los encuentros. Es justo esta mirada itinerante, nómada, la que cautiva al autor en estas páginas [...]»

viernes, 27 de septiembre de 2019

Todos llevan máscara, de Laura Freixas

Laura Freixas (Barcelona, 1958)
TODOS LLEVAN MÁSCARA
DIARIO 1995-1996

Errata Naturae, 2018 - 360 págs. - inicio
· A mí no me iba a pasar (2019)
· Una vida subterránea (2013)
· Clásicas y modernas
[vida y literatura]
«Madrid, 7 de febrero de 1995

     Querido Edgar:
    Así que eres más humano de lo que parecía. No me esperaba una carta tan cariñosa y te la agradezco. Pensaba escribirte yo, para lo mismo que me has escrito tú: explicar mi postura y reiterar mi deseo de que una diferencia de ideas no erosione una amistad que a estas alturas ya empieza a ser venerable. Pero me alegro de que te me hayas adelantado.

    Sólo quiero apuntar tres o cuatro cosas, tras lo cual si quieres podemos dar el debate por cerrado... si quieres, y por motivos personales, no por cuestiones de principio. Justamente lo que yo te quería decir en mi carta, a propósito de tu rechazo a hablar siquiera de literatura femenina: si de literatura sí te muestras dispuesto a hablar, de lo que te niegas a hablar es de lo femenino. ¿De qué no se puede hablar?, me he preguntado; y encuentro las siguientes categorias: lo sagrado, lo obsceno u ofensivo, lo totalmente ajeno a la razón. Me pregunto en cuál de ellas colocas la feminidad... Pero en fin, te avienes a hablar; lo celebro [...]

    Lo que me sorprende de tus razonamientos es que contestan a otros que tú me atribuyes pero que yo no hice. Por ejemplo, jamás relacioné la creatividad con las hormonas. Sí dije, y mantengo, que las hormonas, y lo que cada sociedad asigna a esas hormonas, condicionan nuestras vivencias y, por lo tanto, nuestras obras. La experiencia de llevar una prenda que te cubre de la cabeza a los pies dejando sólo una rejilla para los ojos (como relata Benazir Buttoh en sus memorias), la de abortar, la de hacer la mili, la de cazar ballenas, pertenecen, para bien o para mal, a ciertas personas, al igual que el barmitzvah, la sodomía o el no poder entrar en un local por ser negro. A mí me parece deseable que esas vivencias se reflejen en un texto e igual me parece legítimo que el lector que las ha vivido desee verlas reflejadas en un texto. O en un lienzo [...]

    Tampoco puedo haber dicho, porque no lo pienso, que a las mujeres les interesan "sólo" los temas femeninos. Creo que ese punto quedaba claro en mi prólogo [...] Decía allí que una obra de arte lo es porque confiere a lo particular una dimensión universal, y por eso Hamlet nos habla de nosotros mismos aunque no seamos ni príncipes ni daneses. Pero que también leemos buscando nuestro reflejo modestamente particular, y nos gusta leer en una novela o ver en una película una vivencia que nos pertenece por nuestra condición de mujeres (o de catalanes o de españoles de las postrimerías del franquismo o de lo que sea).

    Con lo cual respondo, creo, a tu otra objeción: "Marcel Proust, escritor gay". ¿Te parece mal la etiqueta "Marcel Proust, escritor francés"? Me imagino que no, porque no le resta un ápice de universalidad ni de grandeza. En cambio, lo inserta en una tradición y puede explicar ciertos rasgos de su obra, que tanto debe a Saint-Simon y Madame de Sévigné, o que responde a peculiaridades de la sociedad parisina de su tiempo. Pues bien, también es homosexual (por eso dedica tanto espacio a hablar de homosexuales y lesbianas, cosas que supongo que a sus lectores que lo sean les interesa mucho) y judío, etc. ¿A ti te parece mal una análisis de la obra de Kafka basado en la tradición judía, como la eterna espera de un mesías que nunca viene, o lo mismo aplicado a Freud (la tradición cabalística consistente en una interpretación interminable: lo explica Steiner en Presencias reales)? A mí no. El pensamiento políticamente correcto que nos molesta no es eso, sino otra cosa: el que consiste en afirmar que el carácter judío, negro, mujer, etc. , es el único criterio a tomar en cuenta, o el principal.

    Por último, cuando te preguntas qué leen las mujeres, me ha parecido ver una sombra de condescendencia. "¿Leen acaso a Shakespeare?" ("No, leen a Corín Tellado", supongo que hay que leer entre líneas). Otra vez estás mezclando la calidad con la temática. ¿Y los hombres que leen, leen a Shakespeare? ¿O a Marcial Lafuente Estefanía? Supongo que las mujeres leen, más que los hombres, obras de escritoras, y que según el nivel cultural de dichas mujeres leerán a Corín Tellado... o a Virginia Woolf.

    En fin. Hay mucho que debatir sobre todo esto y espero que sepamos seguir haciéndolo sin perder la amistad.
Un abrazo,
Laura»
(págs. 21-24)
«Este nuevo/viejo diario abarca unos años en los que LF terminaba su primera novela, buscaba editor, atacaba la segunda, empezaba a descubrir el mundo literario y a dialogar con algunos de sus protagonistas [...], descubría también, con un asombro que hoy resulta ingenuo, los primeros indicios del machismo imperante en la cultura… y se ocupaba de su hija, [...] disfrutaba de lo que parecía una felicidad conyugal sin nubes, proseguía su psicoanálisis [...] El hecho de que hayan pasado más de veinte años le hace sentir que puede publicar este libro como si tratara de otra persona. Con la esperanza de que las experiencias de esa otra Laura tan lejana (y con la que no siempre ha estado de acuerdo) puedan servir para conocer mejor el mundo cultural de la época, o la vida de las mujeres, de la que en el fondo sabemos tan poco (prácticamente todos los diarios publicados en España son de varones).» De Tribuna Feminista, febrero 2018.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

lunes, 23 de septiembre de 2019

Space Oddity, David Bowie (1969)


Ground Control to Major Tom
Ground Control to Major Tom
Take your protein pills and put your helmet on
Ground Control to Major Tom
Commencing countdown, engines on
Check ignition and may God's love be with you
Ten, Nine, Eight, Seven, Six, Five, Four, Three, Two, One, Liftoff
This is Ground Control to Major Tom
You've really made the grade
And the papers want to know whose shirts you wear
Now it's time to leave the capsule if you dare
This is Major Tom to Ground Control
I'm stepping through the door
And I'm floating in a most peculiar way
And the stars look very different today
For here Am I sitting in a tin can
Far above the world Planet Earth is blue
And there's nothing I can do
Though I'm past one hundred thousand miles
I'm feeling very still
And I think my spaceship knows which way to go
Tell my wife I love her very much, she knows
Ground Control to Major Tom
Your circuit's dead,
there's something wrong
Can you hear me, Major Tom?
Can you hear me, Major Tom?
Can you hear me, Major Tom?
Can you....
Here am I floating round my tin can
Far above the Moon Planet Earth is blue
And there's nothing I can do.
Space Oddity (David Bowie, 1969).
BSO de Desierto sonoro (Valeria Luiselli, 2019)

sábado, 21 de septiembre de 2019

Desierto sonoro, de Valeria Luiselli

Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983)
DESIERTO SONORO
[Lost Children Archives, 2019]
Trad. Daniel Saldaña París y Valeria Luiselli
Sexto Piso, 2019 - 464 págs.
· Derroche de inteligencia, C. Pardo (Babelia)
· Habitar entre dos mundos (The New York Times)
[fascinante]
CONCIENCIA Y ELECTRICIDAD
«Me quedo en el porche de la cabaña leyendo los diarios de Sontag. Mis brazos y mis piernas, un manjar para los mosquitos [...]
Yo no llevo diario. Mis diarios son las cosas que subrayo en los libros. Nunca le prestaría un libro a nadie después de haberlo leído. Subrayo demasiado, a veces páginas enteras, a veces con doble subrayado. Una vez, mi esposo y yo leímos juntos este mismo ejemplar de los diarios de Sontag. Acabábamos de conocernos. Los dos subrayamos pasajes enteros del libro, con entusiasmo, casi frenéticamente. Leíamos en voz alta, turnándonos, abriendo las páginas como si consultáramos un oráculo —nuestras piernas desnudas entrelazadas en una cama individual—. Supongo que las palabras, en el orden correcto y el momento oportuno, producen una luminiscencia. Cuando lees palabras como ésas en un libro, palabras hermosas, te embarga una emoción intensa, aunque fugaz. Sabes que, muy pronto, el concepto que recién aprehendiste y el rapto que produjo se van a esfumar. Surge entonces una necesidad de poseer esa extraña y efímera luminiscencia, de aferrarse a esa emoción. Así que relees, subrayas, y quizás incluso memorizas y transcribes las palabras en algún sitio —un cuaderno, una servilleta, en tu mano— [...]
    Pero sí recuerdo, en cambio, que cuando leí a Sontag por primera vez, como cuando leí por primera vez a Hannah Arendt, a Emily Dickinson o a Pascal, experimentaba cada tanto uno de esos éxtasis repentinos, sutiles y tal vez microquímicos —pequeñas luces centelleando en lo más hondo del tejido cerebral— que ocurren cuando encontramos finalmente las palabras para expresar un sentimiento muy simple que, sin embargo, había permanecido innombrable hasta ese momento. Cuando las palabras de alguien más entran en la conciencia de ese modo, se convierten en pequeñas marcas de luz conceptuales. No es que sean necesariamente iluminadoras [...] A veces una luz, por chica y tenue que sea, puede evidenciar la oscuridad, ese espacio desconocido que rodea, y la ignorancia sin bordes que envuelve todo aquello que creemos saber. Y esa admisión y aceptación de la oscuridad es más valiosa que todo el conocimiento factual que podamos llegar a acumular.» (págs. 78-80)

Valeria Luiselli y Enrique Vila-Matas conversan en el Espacio Fundación Telefónica
de la mano de la periodista Inés Martín Rodrigo.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Susan Sontag..., de Jonathan Cott

Jonathan Cott
SUSAN SONTAG
LA ENTREVISTA COMPLETA DE ROLLING STONE

[SS:The Complete Rolling Stone Interview, 2013]
Trad. Alan Pauls
Alpha Decay, 2019 - 128 págs. - inicio
· Susan al desnudo, Inés Martín Rodrigo
[Susan (1933-2004) en los 70 ya era lúcida e intensa]
«Sí. Leer es mi entretenimiento, mi distracción, mi consolación, mi pequeño suicidio. Cuando no puedo soportar el mundo, me acurruco con un libro y es como si una pequeña nave espacial me llevara lejos de todo. Pero no soy para nada una lectora sistemática. Tengo la suerte de leer rápido, comparado con la mayoría de la gente. Soy una lectora veloz, lo que me da la ventaja de poder leer mucho, pero también tiene sus desventajas, porque nunca me detengo en nada. Lo tomo todo y dejo que se cocine en alguna parte. Soy mucho más ignorante de lo que la gente cree. Sería incapaz de explicarte qué es el estructuralismo o la semiología. Podría recordar una imagen de una frase de Barthes o tener alguna idea del asunto, pero no podría desarrollarlo. De modo que tengo esos intereses, pero también voy al CBGB y cosas por el estilo.



Creo mucho en la historia, que es algo en lo que la gente ha dejado de creer. Sé que lo que hacemos y pensamos es una creación histórica. Tengo muy pocas creencias, pero sin duda una de ellas es que casi todo lo que consideramos natural es histórico y tiene raices, especificamente en los finales del siglo XVIII y principios del XIX, el así llamado periodo revolucionario-romántico, y que basicamente seguimos lidiando con expectativas y sentimientos que se formularon en esa época, ideas de felicidad, de individualidad, de cambio social radical y de placer. El vocabulario que recibimos nació en un momento histórico particular. De modo que cuando voy al CBGB a ver un concierto de Patty Smith lo disfruto y lo aprecio, participo y conecto mejor con él porque he leído a Nietzsche.» (págs. 42-43)

jueves, 12 de septiembre de 2019

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac

Tatiana Ţîbuleac (Moldavia, 1978)
EL VERANO EN QUE MI MADRE
TUVO LOS OJOS VERDES

[Vara în care mama a avut ochii verzi, 2016]
Trad Marian Ochoa de Eribe
Impedimenta, 2019 - 256 págs. - inicio
[intenso y extraño]
«Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento. Junto a mí, silenciosos y asustados, desfilaban los padres. Un triste hatajo de perlas falsas y corbatas baratas, venido a recoger a sus hijos defectuosos, escondidos de los ojos de la gente. Al menos ellos se habían tomado la molestia de subir. A mi madre yo le importaba un pimiento, al igual que el hecho de que hubiera conseguido terminar unos estudios.
    Dejé que sufriera casi una hora; observé que al principio se mostraba irritada, caminaba arriba y abajo a lo largo de la valla, luego se quedó inmóvil, a punto de echarse a llorar, como alguien con quien se hubiera cometido una injusticia. Tatiana Ţîbuleac
    Tampoco entonces bajé. Pegué la cara al cristal y permanecí así, contemplándola, hasta que salieron todos los chicos: incluso Mars, con su silla de ruedas, incluso los huérfanos, a los que tras la puerta esperaban las drogas y los hospicios.» (págs. 7-8)

Los ojos de mi madre eran un despropósito.
Los ojos de mi madre eran los restos de una madre guapa.
Los ojos de mi madre lloraban hacia dentro.
Los ojos de mi madre eran el deseo de una ciega cumplido por el sol.
Los ojos de mi madre eran campos de tallos rotos.
Los ojos de mi madre eran mis historias no contadas.
Los ojos de mi madre eran las ventanas de un submarino de esmeralda.
Los ojos de mi madre eran conchas despuntadas en los árboles.
Los ojos de mi madre eran cicatrices en el rostro del verano.
Los ojos de mi madre eran brotes a la espera. (págs. 245-246)

lunes, 9 de septiembre de 2019

Aquí y ahora, de Miguel Ángel Hernández

Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977)
AQUÍ Y AHORA
Diario de escritura
Fórcola, 2019 - 272 págs. - inicio
[estupendo epílogo de El dolor de los demás]
«MIÉRCOLES, 10 DE MAYO (2017)
Desde bien temprano, escribes y adelantas más de lo que habías planificado. Estás en vena. Y lo disfrutas. Corregir, más incluso que escribir. Pasar por cada frase, preguntarte por el lenguaje justo, por el verbo preciso, por el tono, por la sonoridad, eliminar reiteraciones, introducir palabras que dan ritmo y sentido al párrafo... El trabajo está hecho. La música está compuesta. Ahora se trata de ecualizar. Y eso es lo que más te gusta. Con diferencia. Podrías estar toda la eternidad modificando una frase para que suene bien. Te das cuenta que esa es una de las cosas que realmente diferencia tu novela de este diario: el trabajo sobre el texto. Aquí improvisas, escribes y apenas revisas. Se trata de algo inmediato, aquí y ahora. Es puro presente. La novela -la literatura- también lo es; pero ese presente se construye y se evoca con tremenda laboriosidad. Al menos para ti. En este diario no vuelves sobre lo escrito. No buscas la sonoridad. Son pinceladas sobre el presente. Un boceto, quizá un dibujo a mano alzada. MAHN La novela, en cambio, es una pintura. Después del boceto hay mucho trabajo. Y a veces es difícil saber cuándo hay que dejar de pintar.» (págs. 214-215)
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