martes, 22 de septiembre de 2009

Deseo

Una vez, hace muchos años, estaba sentado, seguro que bastante triste, en la falda del Monte Laurenzi. Estaba examinando mis deseos para la vida. El más importante, o el más atractivo, resultó ser el deseo de adquirir una visión de la vida (y -lo que por otra parte estaba necesariamente combinado con él- de convencer a los demás de mi visión mediante la escritura) en la que la vida conservase su natural y penoso movimiento de ascenso y descenso, pero en la que, al mismo tiempo, con no menos evidencia fuese identificada como una nada, como un sueño, como un vago flotar. Acaso un deseo hermoso, si lo hubiera deseado de verdad. Por ejemplo, el deseo de construir una mesa con el cuidado escrupuloso del trabajo artesano y al mismo tiempo de no hacer nada, de forma que no se pudiese decir: «para él no significa nada construir una mesa», sino «construir una mesa significa para él construir verdaderamente la mesa y al mismo tiempo no significa nada», con lo que el construir la mesa se convertiría en algo aún más atrevido, aún más decisivo, aún más verdadero y, si te parece, aún más demente. Pero él no podía en modo alguno tener tal deseo, pues su deseo no era un deseo, era sólo una defensa, una familiarización con la nada, un hálito de alegría que él quería prestarle a la nada, hacia la cual, sin duda, apenas había dado entonces los primeros pasos conscientes, pero que él ya sentía como su elemento. Era, pues, una especie de despedida con la que decía adiós al mundo de apariencias de la juventud; sin embargo, ese mundo nunca le había engañado directamente, sino que sólo le había hecho engañarse por las palabra de todas las autoridades que le rodeaban. Así había surgido la necesidad del «deseo».”

Franz Kafka

2 comentarios:

Oli dijo...

¡Qué bonito el texto! Me ha recordado a alguien que una vez me dijo: "[...] aquella época en que no me atrevía a reconocer que quería ser escritor."


OLI I7O

Elena dijo...

El texto es precioso e impactante, como todo Kafka.

La mudanza te ha quedado genial, Oli. Como todo ;)