jueves, 26 de agosto de 2010

La madre de Peter

    “Leía periódicos; le gustaba más todavía leer libros, libros en los que pudiera comparar las historias que se contaban con su propia vida. Leyó conmigo primero Fallada, Knut Hamsun, Dostoyevski. Máximo Gorki. Luego Thomas Wolfe y William Faulkner. Sobre estas obras no decía nada que pudiera llevarse a la imprenta, contaba sólo lo que le había llamado la atención de un modo especial. «Pero yo no soy así», decía a veces, como si el autor de la obra la hubiera descrito a ella en persona. Los libros los leía todos como si fueran una descripción de su propia vida; los vivía; con la lectura salía de sí misma por primera vez en su vida; aprendía a hablar de ella misma; con cada libro se le ocurría algo más sobre sí misma. De este modo, poco a poco fui conociéndola.” (P. 69)

    “«Hablo conmigo misma porque ya no puedo decir nada a nadie. A veces tengo la sensación de que soy una máquina. Me gustaría ir a alguna parte, pero cuando oscurece me entra miedo de no saber volver a casa. Por la mañana hay una gran masa de niebla y luego está todo en calma. Todos los días hago el mismo trabajo y por la mañana vuelve a haber el mismo desorden. Esto es un círculo vicioso que no tiene fin. De verdad que me gustaría estar muerta y cuando voy por la calle me entran ganas de dejarme caer cuando oigo un coche que viene a toda velocidad. Pero, ¿sabe una si existe un cien por cien de posibilidades de éxito?»” (P. 90)

Desgracia impeorable. Peter Handke
Trad. Eustaquio Barjau. Alianza 2010

domingo, 15 de agosto de 2010

Nostalgia de Nueva York

Nostalgia de Nueva York
“He vuelto, claro que he vuelto.
(...)
Nueva York sigue siendo una tormenta de almas, un caudaloso río humano. Para entender ciertas cosas no hacen falta idiomas, ni experiencia, ni memoria. Basta con abrir la ventana y escuchar el rugido de la bestia.”

Enric González. Historias de Nueva York (RBA, 2006)

sábado, 14 de agosto de 2010

Philip Roth ya no habita el gran mundo

Line 7 New York Subway
“No había estado en Nueva York desde hacía once años. Aparte de una estancia en Boston para que me extirparan la próstata cancerosa, apenas me había alejado de mi carretera rural de montaña en los Berkshires durante esos once años, y lo que es más, pocas veces había leído un periódico ni escuchado las noticias desde el 11 de septiembre, tres años atrás; sin ninguna sensación de pérdida (tan solo, al comienzo, una especie de sequía en mi interior), había dejado de habitar no solo el gran mundo, sino también el momento presente. Mucho tiempo atrás había aniquilado el impulso de estar en él y formar parte de él.”

Philip Roth. Sale el espectro (Mondadori, 2008)

viernes, 13 de agosto de 2010

jueves, 12 de agosto de 2010

La ciudad de Susan Sontag

January 23, 1957.
“Trato de hacer salir a Julia para que se distraiga conmigo (han transcurrido quince años desde que nos conocimos): que vea la ciudad. En diferentes días y noches la he invitado a la carrera de patinadores en Brooklyn, a una exposición canina, a F.A.O. Schwartz, al Museo Tibetano de Staten Island, a una marcha de mujeres, a un nuevo bar para solteros, a ver películas desde la medianoche hasta la madrugada en el Elgin, a La Marqueta del domingo en la parte alta de Park Avenue, a un recital de poesías, a cualquier cosa. Invariablemente se niega.”

Susan Sontag (1963). Yo, etcétera. Debols!llo, 2008

miércoles, 11 de agosto de 2010

El Flatiron de Enric González

Flatiron
“Un ejemplo de porqué se construyen rascacielos es el Flatiron, en la Quinta con la 23, uno de los primeros (1902) y más célebres. Flatiron, «plancha», es el nombre popular que ha acabado adoptando; al principio se llamaba Fuller Building y alojaba en los primeros pisos la compañía constructora George A. Fuller. Uno lo mira y piensa: pobre arquitecto, tener que aprovechar ese solar tan raro. En realidad, la parcela fue lo que le interesó a los Fuller y al arquitecto, Daniel Burnham. Porque estaba en muy buen sitio, justo enfrente del Madison Square Garden original (un nudo de bares y teatros), y sobre todo, porque era triangular. La constructora quería atraer como inquilinos a los financieros de Wall Street, pero era difícil sacarlos de su barrio. Hacía falta algo especial, un edificio tan singular que constituyera un reclamo. El resultado, de 87 metros de altura, fue magnífico: un frontal afilado, una parte trasera inspirada en la arquitectura renacentista y adornada con perfiles barrocos (como las catedrales, los rascacielos sin gárgolas y esculturas simbólicas no son nada), un revestimiento de terracota que envejeció bien y unos interiores menos insensatos de lo que sugiere el exterior.
    Aunque los tipos de Wall Street se quedaron donde estaban, los desocupados de Manhattan ganaron un lugar de encuentro: en la base de la afilada «proa» del Flatiron confluyen varias corrientes de aire, y muy pronto corrió la voz de que el viento levantaba las faldas de las damas cuando pasaban por delante de la «quilla», en la Calle 23. Durante años hubo policias apostados en el lugar para ahuyentar a los mirones, al grito de «23 skidoo», «23» por la calle y “skidoo” porque era una expresión de la época que venía a significar «lárgate». La frase se hizo popular, y sigue utilizándose.”

Enric González. Historias de Nueva York (RBA, 2006)

martes, 10 de agosto de 2010

Vila-Matas en la ventana contemplando la tarde

5a Avenida (Nueva York)
“Cae la tarde, la ventana está abierta. Rumores de voces y toda la gama de los sonidos urbanos, conversaciones que suben de tono en el crepúsculo, tráfico intenso en Lexington Avenue. El momento tiene un aire realmente elegiaco. Los ensueños y los recuerdos de todo aquello que ha sucedido a lo largo del día absorben paulatinamente el mundo que tengo alrededor mientras percibo, cada vez con mayor precisión, las voces humanas de última hora, las ventanas que se cierran de un solo golpe, las risas de los extraños. Todo parece en armonía conmovedora con mi inquietud nerviosa en este atardecer. Inquietud por el pequeño cuadro que contemplo como si todavía estuviera intacta la emoción que ha sabido reunir el día que ahora está acabando.”

Enrique Vila-Matas. Salir del cuadro. El País, 3/5/2009

lunes, 9 de agosto de 2010

El Nueva York de Brendan Behan

Nueva York, década 1930
“El bar más antiguo de Nueva York es el "McSorley's Old Ale House", un lugar bastante famoso donde no venden ninguna bebida fuerte. Entre otras reliquias, el propietario posee un bono de Cincuenta Dólares emitido en 1865 por los irlandeses emigrados a Estados Unidos para recaudar fondos en pro de la revolución. Los irlandeses enseñaron a mucha gente el modo de recaudar dinero en Estados Unidos, entre ellas a los judíos, pues los israelíes emitieron sus propios bonos en 1948. (...)
McSorley lleva unos 100 años en su sitio y todo el mundo debería visitarlo, sea cual sea su tamaño, aspecto o credo, y sea o no irlandés, simplemente para conocer a los neoyorquinos de la vieja escuela y oírles describir el lugar tal como Sloan lo pintó.(...)
Pero se escuchan cosas magníficas sobre Nueva York, cuyo estado actual no es muy apreciado naturalmente por estos viejos caballeros, pues todavía recuerdan la época en que los edificios medían la mitad. Ciertamente no aprecian el edificio Time-Life, como tampoco, por cierto, el Empire State Building.”
Brendan Behan (1964). Mi Nueva York. Marbot, 2008


domingo, 8 de agosto de 2010

Marco Stanley Fogg llegó en 1965

En la red
“Llegué a Nueva York en el otoño de 1965. Tenía entonces dieciocho años, y durante los primeros nueve meses viví en un colegio universitario. En Columbia, a todos los estudiantes de primer año que no fueran de la ciudad se les exigía vivir en el campus, pero cuando terminó el curso me trasladé a un apartamento de la calle 112 Oeste. Allí fue donde viví durante los siguientes tres años, hasta el mismo momento en que toqué fondo. Teniendo en cuenta lo adversas que me eran las circustancias, fue un milagro que durara tanto.”

Paul Auster (1989). El palacio de la luna (p. 11)

sábado, 7 de agosto de 2010

Josep Pla llegó a Manhattan en 1954

Manhattan by air
“Arribem en un punt en què l'estuari es bifurca. En el centre queda l'espina de Manhattan amb la proa de la Bateria i el Nova York més antic -la ciutat baixa-, sobre el qual s'alcen els primers gratacels que s'hi edificaren, que són els més petits. A l'esquerra es veu, cap al nord, la perspectiva del Hudson, que baixa ample i cabalós, encaixonat primer entre l'idíl·lic paisatge de Richmond i després entre les emboirades, formidables aglomeracions de l'Estat de Nova Jersey, a ponent, i el litoral de Manhattan, a llevant. A la dreta apareix l'East River, braç del Hudson sobre el qual està suspès el pont de Brooklyn, elegant i fabulós, que uneix aquesta immensa aglomeració urbana de cases petites i baixes i que a través dels prismàtics em recorda tantes imatges angleses i el litoral est de l'illa de Manhattan.”

Josep Pla (en 1954). Weekend (d'estiu) a Nova York (p. 28)