viernes, 8 de noviembre de 2013

Albert Camus: La caída

«Me avergüenza recibirle acostado. No es nada, un poco de fiebre que me curo con ginebra. Estoy acostumbrado a estos accesos. Creo que se trata de paludismo, que se me contagió cuando fui papa. No, sólo bromeo a medias. Sé lo que usted piensa: es muy difícil separa lo verdadero de lo falso en lo que yo cuento. Confieso que tiene usted razón. Yo mismo... Cierta persona de mi entorno, sabe usted, dividía a los individuos en tres categorías: los que prefieren no tener nada que ocultar antes que verse obligados a mentir; los que prefieren mentir antes que no tener nada que ocultar, y finalmente los que aman a la vez la mentira y el secreto. Le dejo escoger la casilla que mejor me conviene.

  Y además, ¿qué importa? ¿Acaso las mentiras no conducen finalmente al camino de la verdad? Y mis historias, falsas o verdaderas, ¿no se inclinan todas hacia el mismo final? ¿No tienen acaso el mismo sentido? Entonces, ¿qué importa que sean verdaderas o falsas si en ambos casos son representativas de lo que he sido y de lo que soy? A veces se puede ver más claro en el que miente que en quien dice la verdad. La verdad, como la luz, ciega. La mentira, al contrario, es un bello crepúsculo que valoriza todos los objetos. En fin. tómelo como usted quiera, pero a mí me nombraron papa en un campo de prisioneros.» (pp. 100-101)

ALBERT CAMUS
La caída
(La chute, 1956)
Trad. de Manuel de Lope
Alianza, 2012
128 páginas
· by Milena Busquets
· aquí

1 comentario:

Elena dijo...

Leído anoche de un tirón (el fortecortín es lo que tiene).

De todas formas, me quedo con El extranjero, La peste, El primer hombre o Carnets (uno de mis juveniles libros de cabecera).