lunes, 18 de noviembre de 2013

Julian Barnes: El perfeccionista en la cocina

EL CAJÓN DE MÁS ABAJO
«En la cocina del perfeccionista se encuentra el cajón habitual para los cuchillos, pelapatatas y espetones, el 80% de los cuales usa con regularidad. También hay un gran tarro para cucharas de madera, espátulas y demás, de las que usa el 95%, y que llegaría al 100% de no ser por ese inevitable colador grande con cuchara cuyo cuenco está hecho con una calabaza. Pero además está el otro cajón, donde viven objetos de uso esporádico, donde todo está revuelto y es furtivo, y en el que introduces una mano cautelosa porque no sabes dónde acechan las puntas afiladas. ¿Cuándo fue la última vez que lo vacié?

  Es un cajón pequeño, pero vomitó ochenta y dos adminículos (contando como uno solo el conjunto de brochetas de madera para barbacoa). El gancho de la carne y la bolsa de gelatina las uso con frecuencia; de los cuatro tapones de champán (culpo a la generosidad de los amigos), solo me sirvo de unos; y hay un batidor de huevos y un rociador de pavos con los que es probable que haya batido y rociado alguna vez en el último decenio. Pero, ¿todo lo demás? Inevitablemente, hay un par de cubiertos de ensalada con mangos en forma de jirafa; también, una espátula blanca de plástico con un aspecto sumamente antihigiénico; hay veintiún palillos orientales; tres cuchillos y un tenedor de los tiempos en que valía la pena robar la cubertería de los aviones; diversas cucharas de madera tallada con azuela y un rallador de trufas olvidado por un comensal; seis cómicas pajas flexibles, un utensilio para enyesar "que debo de haber considerado práctico para arrancar adherencias de la barbacoa"; un tenedor de servir muy deslustrado, de seis dientes, origen desconocido y función incierta, aunque no hay que descartar que fuera para el pescado, y un largo etcétera. Un conjunto de tres piezas de ferretería puede que guarden o no relación con el asador que nunca llegamos a utilizar y tiramos a la basura hace años. En el fondo más profundo del cajón, el gancho de un cuadro sin su clavo, dos cadáveres de arañas y una almendra pelada.» (pp. 117-118)


JULIAN BARNES
(The Pedant in the Kitchen, 2003)
El perfeccionista en la cocina
Trad. Jaime Zulaika
Anagrama, 2006
136 pág., 15 €
Barnes: El perfeccionista en la cocina
«El perfeccionista en la cocina no se ocupa de si cocinar es una ciencia o un arte; se conforma con que sea una artesanía, como la carpintería o la soldadura casera. Tampoco es un cocinero competitivo. Le sorprendió descubrir que la jardinería, no obstante su aire de serenidad anterior al pecado original, es ferozmente competitiva y con frecuencia una actividad practicada por los envidiosos, los embusteros y los delincuentes sigilosos.» «Nunca compres un libro (de cocina) por sus ilustraciones. Nunca jamás señales una foto en un manual de cocina y digas: Voy a hacer esto. No puedes.»
Tomates à la crème para pedantes y perfeccionistas en la cocina (Ana Vega, biscayenne)

1 comentario:

Elena dijo...

y, ¿quién no tiene ese cajón?