martes, 18 de noviembre de 2014

El turista cultural (Jorge Carrión, Librerías)

«¿Qué fue lo primero que hice al llegar a Sidney? Buscar una librería y comprarme una edición de bolsillo de The Songlines de Chatwin, cuya traducción al castellano había leído tiempo atrás, y otra de Austerlitz de Sebald, que acababa de publicarse en inglés. Al día siguiente visité Gleebooks y estampé uno de los primeros sellos de mi pasaporte invisible, que en aquella época (mediados de 2002) tenía un sentido, digamos, transcendente para mí, peregrinaba a las librerías, a los cementerios, a los cafés, a los museos, templos de la cultura moderna que adoraba todavía. Como se habrá adivinado ya a estas alturas del ensayo, hace tiempo que asumí mi condición de turista cultural o de metaviajero y que dejé de creer en pasaportes invisibles. La metáfora, no obstante, me parece bastante adecuada y, en el caso de los amantes de las librerías, serviría para enmascarar una pulsión fetichista y sobre todo consumista, un vicio que a veces se parece demasiado al síndrome de Diógenes. De aquel viaje de dos meses por Australia regresé con veinte libros en la mochila, algunos de los cuales desaparecieron en la criba de mis mudanzas sin haber sido leídos, hojeados, ni siquiera abiertos.

Como digo: al día siguiente fui a Gleebooks, pero los dos libros fundamentales del viaje los compré en una librería cualquiera. Hay que distinguir entre las grandes librerías del mundo y las librerías de urgencia. Por supuesto son estas las que nos nutren de las lecturas más necesarias, las que no pueden esperar, las que nos entretendrán durante un vuelo o un viaje en tren, las que te permiten comprar un regalo en el último momento, las que te proporcionan —el mismo día en que ha sido distribuido— el libro que estabas esperando. Sin las librerías de urgencia no existirían las otras, no tendrían sentido. Una ciudad tiene que ser una trama de comercios de libros: desde el quiosco hasta la librería principal, se abre una gama de librerías modestas y medianas, de cadenas de libros, de secciones de bestsellers en supermercados, de establecimientos de libros de ocasión, de librerías especializadas en cine, en cómic, en novela policial, en libros universitarios, en medios de comunicación, en fotografía, en viaje.» (Librerías, pp. 229-230)

LIBRERÍAS
Jorge Carrión
344 págs. | 19,90 €
Anagrama | Argumentos
La Central. C. Mallorca 237, Barcelona
ALGUNAS LIBRERÍAS DE BARCELONA
· Abacus (de proximidad)
· Alibri (de todo)
· Altaïr (viajes)
· Antinous (lgbti)
· Babelia (coffee & books)
· Calders ('especializada en libros')
· Casa Anita (infantil y juvenil)
· Casa del Libro (pues eso)
· Come In (inglesa)
· Documenta (humanidades)
· El Corte Inglés (aún)
· Epsilon (esotérica)
· Espai Literari (nous autors i editors)
· fnac (cultura y tecnología)
· Gigamesh (ciencia ficción)
· Guía (viajes)
· Happy Books/La formiga d'or (bolsillo)
· Haiku (japonesa)
· Jaimes (francesa)
· Kowasa (fotografía)
· La Caníbal (alternativa)
· La Central (de cabecera)
· La ciutat invisible (coop. autogest.)
· La Ploma (África negra)
· Laie (literatura)
· Maite (de proximidad)
· +Bernat (almacén de cultura)
· Negra y Criminal (intriga)
· Nollegiu (poesía y agitación)
· Norma (cómics)
· Ona (la cosa catalana)
· Pequod (de proximidad)
· Pròleg (feminista)
· Re-Read (segunda mano)
· Studio (anticuaria)
· Taifa (nuevos y/o leídos)
· Y muchas más

4 comentarios:

Elena dijo...

Y un (triste) recuerdo para dos cercanas desaparecidas:

· Áncora y Delfín, ahora convertida en Le Pain Quotidien.
· Y La Gàbia de Paper cuyo local lleva varios años almacenando polvo.

Elena dijo...

En la Saraiva Bookstore de Río de Janeiro (BRASIL) hay algo no me cuadra.

Pteromari dijo...

¿Que los libros están ordenados por colores como si fuera una tienda de camisetas? La verdad es que a mí me parece un insulto a los libros.

¡Qué impotencia para una lectora monolingüe, como yo, entrar a una librería en un país de habla no hispana! A no ser que quieras diez libros color lila y cuatro verdes, porque te van bien con la decoración del salón. En ese caso, esta librería cumple con las expectativas de cualquier... ¿lector?

Elena dijo...

Además de esa distribución tan 'decorativa' de los libros, es que ese espacio no me parece propio de una librería. Bien podría ser el vestíbulo de una estación de tren japonesa, un bar de copas, o una tienda uniqlo.

En cualquier caso, un sitio donde te sientes muy pequeño.