lunes, 25 de septiembre de 2017

Conversaciones, Jaime Gil de Biedma

JAIME GIL DE BIEDMA.
CONVERSACIONES
(entre 1972 y 1990)
Edición y prólogo Javier Pérez Escohotado
Conversaciones con AM Moix, Maruja Torres, Juan Marsé, Federico Campbell, Biel Mesquida, Bruce Swaney, JR Enríquez, A. Espada, JM Cobos, B. Prado y otros.
Ed. Austral, 2015 - 288 páginas - fragmentos
[una delicia]
«—Si yo pudiera elegir, escribiría en catalán o en inglés. El castellano tiene una serie de inconvenientes alarmantes como lengua de poesía. En primer lugar, es de una pobreza vocálica realmente mísera; no tiene más que cinco vocales. Ésa es una de las razones, creo, por las cuales se presta muy poco para la rima consonante, precisamente por la monotonía de las vocales y sobre todo, por la tremenda aparición constante de la e. Entonces resulta que si es una lengua pobre en tonos vocálicos y si además agregamos que se repiten idénticamente las consonantes, el resultado será tendente a la monotonía. Por otra parte, la mayoría de las palabras son llanas, acentuadas en la penúltima sílaba y las palabras agudas son duras (las palabras terminadas en —on, por ejemplo suenan a zambomba). La rima aguda es bastante barata, la rima esdrújula, que se puede hacer de vez en cuando, resulta un tanto afectada; entonces tenemos que si escribimos con rima consonante, estamos condenados a que el noventa y tres por ciento de los versos terminen en palabras llanas. Éste es un elemento de monotonía rítmica y melódica atroz.» (pág. 126)

martes, 19 de septiembre de 2017

La mirada de los peces, de Sergio del Molino

Sergio del Molino
LA MIRADA DE LOS PECES
Literatura Ramdom House, 2017 - 350 págs. - inicio
[interesante autorretrato de juventud]
«[...] Parecía un sindicalista más, como los que conocía por mi trabajo. Grises, de moral estrecha, aburridos. O quizá fuera que mi recién descubierta imbecilidad era impaciente con todo lo que no sonase dionisíaco. Si Antonio [Aramayona] seguía siendo lector de Nietzsche debía entenderlo. O tal vez no, porque daba la impresión de haberse hundido en el lado apolíneo. No me interesaba la educación pública, ni los foros antiglobalización, ni la tasa Tobin, ni la renta básica universal. Quería contarte que algunas noches, cuando no salía, escribía cuentos crípticos muy pornográficos donde mi sosias priápico penetraba hasta la hemorragia a chicas tristes y suicidas. Quería contarle que no era aún tan imbécil, pese a serlo muchísimo, como para pensar que aquellas prosas merecerían una sola lectura. Que, de hecho, procuraba que no las leyese nadie, porque temía que identificasen las claves y descubrieran que me acosté con la novia de un amigo. Pero no podía dejar de escribir. Quería decirle eso, que nunca había dejado de escribir y que escribir era lo único que ordenaba el mundo y lo hacía habitable. Quería decirle que escribía por él, que si yo era Nietzsche, él era mi Shopenhauer, y que si tenía una conciencia muy borrosa de que aquellos escritos me llevarían en algún momento al país literario donde quería mudarme, era porque él me inoculó esa convicción [...]» (pág. 137)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Animal doméstico, de Mario Hinojos

Mario Hinojos
ANIMAL DOMÉSTICO
Caballo de Troya, 2017 - 320 páginas - fragmento
Perturbadora novela para Francisco Lozano (Babelia)
[asombroso artefacto literario]
«[25 de marzo] Últimamente pienso que lo que hago no es otra cosa que escribir un diario. Nunca antes había llevado uno. Nunca antes había intentado resguardar nada. No tuve ni mascotas ni colecciones. De pequeño no hubo otra responsabilidad más allá de las obligaciones escolares y, de pronto, intento que mi vida se pueble de sentido y sea digna de ser atesorada. Quizá se deba a que todo ha terminado para mí; el futuro se abre a una vida desconocida en la que no hay espacio para la posteridad, donde no hay tiempo para el porvenir, acaso, únicamente, para la supervivencia. Sin embargo una extraña libertad recorre de forma íntegra este periodo. Como si a partir de ahora todo lo que hiciese estuviera despojado de yugos y ataduras. Porque la guerra se conjuga siempre en tiempo presente. Durante la guerra no ocurre nada más que lo que está sucediendo en ese instante: lo que está siempre a punto de terminar en el segundo siguiente, ahora mismo, o ahora. Lo cierto es que la vida no termina, solo cambia; la frase es en apariencia de la Biblia, en realidad la he copiado de un libro que me dio el doctor Meyer. Es un diario de guerra, lo escribe una mujer durante el segundo conflicto de Kosovo. Debo de haber leído hasta ahora un tercio de las anotaciones que lo forman. Apenas unos días después del inicio de su diario, en la página 18, encuentro este fragmento: "25 de marzo de 1998. Siento como si mi universo se hubiese vaciado de líquido amniótico. Me estoy secando y sofocando, privada del amor, la seguridad y los sentimientos. No soy feliz, no soy valiente, no tengo opiniones. Esto no es normal, es estar fuera de una vida que tampoco te necesita y de una historia que no te toma en cuenta. Mi futuro es un muro contra mi cara, mi pasado es un abismo. Así pues, estoy aprendiendo a bailar sin moverme, a bailar con la mente. Dicen que la mente es una de las primeras cosas que muere; yo creo que la mente muere antes si uno está devastado. Para preservar la mente hay que defender todo lo que contribuye a conformarla. ¿Y qué es eso?¿Es la libertad, el amor, la belleza? ¿Es la democracia, la compasión el arte? ¿O es otra cosa, un centro invisible, una energía que gira eternamente? No sé dónde está ese centro. No sé dónde estoy: el afuera invade al adentro. Lucho por salvar mi interior para cuando vengan tiempos mejores". Fin de la cita. Podrían ser mis palabras; literales.Desde que comencé a leer el libro siento que no hago otra cosa que copiar a Jasmina Tešanović, sus palabras podrían ser las mías, sus palabras son las mías, mi diario es el Diario de Jasmina. No sé a qué se debe esa constante sensación de remedo. ¿Qué tan cerca o qué tan lejos debe ocurrir la guerra para que sientas que la guerra es cosa tuya? El doctor Meyer me ha sugerido un ejercicio, escriba usted, ha dicho, como si fuera otro. Si le resulta complicado, me ha dicho Meyer, procure usted ausentarse, mirarlo todo con distancia, ha remarcado. Yo siento sin embargo que la distancia se reduce. Se confunden las rocas con los perros, se trasponen los gritos con gemidos salvajes. Todo es y no es al mismo tiempo, el final y el principio de los tiempos. Solo ahora se me ocurre, de repente, que quizá la demanda es por un orden, la exigencia es mi necesidad de encontrar una manera de organizar la destrucción luego de toda esta catástrofe. ¿Será que uno escribe, acaso, para ordenar el caos?» (págs. 81-83)

[Mario Hinojos: about - twitter - instagram - trànsit]

interior y exterior
Fragmento de la camisa de la edición intervenida por el autor

martes, 5 de septiembre de 2017

Veo una voz, de Oliver Sacks

Oliver Sacks (1933 - 2015)
VEO UNA VOZ
VIAJE AL MUNDO DE LOS SORDOS
[Seeing voices, 1989]
Trad. José Manuel Álvarez Flórez
Anagrama, 2017 - 264 páginas - lengua de signos
[interesante aunque muy académico]
«Nacemos con nuestros sentidos; son "naturales". Podemos adquirir habilidades motoras solos, claro. Pero no podemos aprender el lenguaje solos: esta habilidad corresponde a una categoría única. Es imposible aprender el lenguaje sin cierto potencial básico innato, pero ese potencial sólo puede activarlo otra persona que tenga ya competencia y capacidad lingüística. El lenguaje sólo se aprende por transacción (o, como diría Vygotsky, "negociación") con otro. [...] La madre, o el padre, o el maestro, o en realidad cualquiera que hable con el niño, va llevándole paso a paso a niveles de lenguaje superiores; le conduce al lenguaje, y a la imagen del mundo que hay encarnada en ese lenguaje (que es la imagen del mundo de ella, porque es su lenguaje; y, además, la imagen del mundo y de la cultura a la que ella pertenece). [...] El niño tiene una experiencia independiente del mundo que le proporcionan los sentidos, y esto es lo que establece una correlación o confirmación del lenguaje de la madre, y cobra significado, a su vez, a través de él. Es el lenguaje de la madre, interiorizado por el hijo, lo que permite a éste pasar de la sensación al "sentido", elevarse de un mundo perceptivo a un mundo conceptual.» (págs. 106-107)

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