viernes, 27 de enero de 2012

¿Es Brody un traidor? (a propósito de Homeland)

Brody y Carrie
La primera -y única hasta ahora- temporada de la serie Homeland cuenta la historia del sargento Brody y de la agente de la CIA Carrie Anderson. Brody, que llevaba ocho años como desaparecido de guerra en Irak, es milagrosamente rescatado y es recibido en EEUU como un héroe nacional. Por su parte, Carrie tiene motivos para sospechar que Brody es un traidor que colabora con los islamistas preparando un nuevo ataque terrorista en suelo americano. En resumen, un intenso thriller donde nunca sabes si las cosas son lo que parecen, y que te atrapa de principio a fin. Con un actor que se parece un montón a Steve McQueen, una obsesiva protagonista aquejada por un trastorno mental y un enemigo que no es necesariamente malvado. Bien hecha, buenos guiones, excelentes intérpretes, ritmo trepidante y bla, bla, bla. Una de las series más premiada últimamente y que nos ha enganchado a todos.

miércoles, 25 de enero de 2012

Lo medible y lo real

“Ustedes dirán que yo estoy en contra de los números y que odio las matemáticas. Y no es cierto. El problema no es que yo esté en contra de los números: estoy en contra de la dictadura numérica a que estamos siendo sometidos. Estoy en contra de la cultura de los medidores, que quieren medirlo todo. Estoy en contra de su cháchara demagógica que equipara lo medible con lo real. Sí es cierto que estoy en contra de los medidores. No quiero ser medido. No quiero ser contado. No soy un pollo en un gallinero. O a lo mejor lo soy, pero quiero dejar de serlo y no quiero ser tratado como tal.
   No quiero ser medido ni contado. No quiero ser reducido a números y a gráficos ni participar en la confección de gráficos y estadísticas, en los que no creo. Jamás respondo encuestas ni contesto informes con valoraciones numéricas o con respuestas prefijadas. Si me veo obligado a participar en una encuesta, miento sistemáticamente. Por ejemplo, uno entra en el Museo del Prado y le preguntan de qué ciudad viene. Yo digo, por ejemplo, Vitigudino, Singapur o Los Ángeles.

Revolución «digital»
Llámenme loco, pero no quiero ser controlado. No quiero dar mi nombre, dirección y teléfono cuando compro una entrada para el cine o un billete de tren. No quiero darle mi número de teléfono a nadie que no conozca. Mi teléfono es privado y se lo doy a quien yo quiero. Es posible escuchar lo que dices cerca de tu móvil aunque lo tengas apagado, como es posible ver lo que hay frente a tu webcam aunque esté apagada. Supongo que no todos mis lectores conocen estos detalles, y creo que deberían conocerlos. Felices e idiotas, nos gastamos una pasta en comprar tecnología que solo sirve para controlarnos.
   Los medidores se están apoderando del mundo gracias, sobre todo, a la informática. Revolución «digital», revolución de los números. Parece que internet no es eso, sino todo lo contrario: una zona de libre intercambio. Pero todos los que controlan la pasta están como locos intentando trocear la zona libre y meterla en cápsulas para luego vendértelas a precio de oro.
   Tampoco estoy en contra de internet. Solo digo esto: que internet no es lo que parece. Que casi nada es lo que parece. Que internet es una inmensa máquina de control, además de un inmenso campo de opio de nuevas adicciones. Que las medidas «especiales» de seguridad son en realidad formas de control. Que las nuevas normas municipales, autonómicas, estatales, comunitarias, que llenan nuestra vida no tienen más objetivo que controlarnos. Que los informes y mediciones y encuestas y estadísticas que tienen hoy en día que rellenar todos los profesionales de todos los campos no son más que formas de control. Bolonia, una forma de controlar a los profesores. Quieren homogeneizarnos: reducirnos a números.

Tempranos perdedores
Las matemáticas lo llenan todo. Los que quieren estudiar periodismo, derecho, imagen, publicidad, tienen ahora que tragar matemáticas superiores. ¿Para qué? ¿Para qué necesita las matemáticas un periodista, o incluso un médico o una enfermera? ¿Qué locura es esta? Parece que están seleccionando a la gente, que quieren asegurarse de que solo las personas con mentalidad de medidores lleguen a los sitios. La selección comienza ya en la secundaria. Los bachilleratos de humanidades o artes escénicas se llenan de tempranos perdedores que huyen de las matemáticas.
   No dejes que te midan. No dejes que te cuenten. Las cosas verdaderas, las cosas reales, no pueden medirse con números. Escribe esto en un papel y ponlo frente a tu cama para verlo todos los días al levantarte. Las cosas más importantes de la vida no pueden ser medidas. Pregúntate por qué el zombi siempre quiere morder a los demás y que sean todos zombis como él. ¿Por qué? ¿Por qué TODOS zombis? A los muertos les huele mal la vida.

ANDRÉS IBÁÑEZ
Contras las mediciones
Comunicados de la tortuga celeste
ABC Cultural, 14/01/2012

lunes, 23 de enero de 2012

Convincentes ilusiones

"No tienes [elección]. Quizá sientas que has tomado decisiones, pero en realidad tu decisión de leer este artículo, o de si tomar huevos o crepes, estaba tomada mucho antes de que fueras consciente de ello —tal vez antes de que te levantaras hoy—. Y tu «voluntad» no participa en esa decisión. Y lo mismo ocurre con otras decisiones: ninguna de ellas es el resultado de una decisión libre y consciente por nuestra parte. No hay libertad de elección, no hay libre albedrío. ¿Y esos propósitos de Año Nuevo que te has hecho? No tienes elección para proponértelos, y no tendrás elección respecto a si vas a mantenerlos.
(...)
No hay gran inconveniente en abandonar el concepto del libre albedrío. Es imposible, en cualquier caso, actuar como si no lo tuviéramos: harás como si hubieras elegido tus propósitos de año nuevo, y las leyes de la física determinarán si los mantienes. Y tiene dos cosas buenas. La primera es darse cuenta de la gran maravilla y el misterio de nuestro cerebro evolucionado, y contemplar el concepto de que cosas como la conciencia, la libre elección, e incluso la idea del «yo», no son más que convincentes ilusiones creadas por la selección natural. Además, al perder libre albedrío ganaremos empatía, porque nos daremos cuenta de que, sean Bernie Madoffs o Nelson Mandelas, son víctimas de las circunstancias, de los genes que heredamos y de los entornos con que nos encontramos. Sabiendo eso, podemos ponernos a construir un mundo más benévolo."

Jerry A. Coyne (vía AE), Por qué no tienes libre albedrío.

[and here we are again]