jueves, 31 de enero de 2013

Bye, Olivia Dunham. Hello, Lena Dunham.

Peter Bishop, Olivia Dunhan, Walter Bishop Después de cuatro interesantes temporadas, FRINGE acaba de emitir la (aburrida) quinta y última. Una temporada que ha tenido buenas críticas pero con la que nosotros no hemos conseguido conectar.
  Y, exceptuando sorpresas y descubrimientos de última hora, este es el calendario previsto
  de las nuevas temporadas de nuestras series favoritas:

lunes, 28 de enero de 2013

Luisa Castro: La segunda mujer

Luisa Castro: La segunda mujer
«El señor fino de Barcelona, el referente cultural del país catalán, la emprendió a empujones con aquella escritor- zuela, aquella jovenzuela desvergonzada que había ido a parir una hija a la Teknon, que había ido a meterse en la sauna del Iradier, aquella verdulera que se había atrevido a demandarlo, que desterraba a su hija de la Gran Cataluña y la ponía a vivir en un pisito alquilado de una comunidad autónoma subdesarrollada. Todas las caras que veía por la calle, aquellas caras de gallegos, aquellas caras que tanto le fascinaban cuando conoció a Julia, ahora le parecían un hartajo de tullidos y trastornados.» (p. 310)


Luisa Castro, El País, 21/02/2006: "Yo no soy Julia, esto tiene que quedar claro, ni ésta es una novela auto- biográfica" | "Bueno, supongo que contiene parte de mi aprendizaje, algunos sentimientos, nada más. Pero preci- samente por esos paralelismos, ésta es una novela en la que he querido ser muy pudorosa, para preservarme a mí y a otras personas" | "Son dos personajes que vienen de una clase concreta. Él, aunque parezca progre y moderno, en realidad es machista, racista y está sujeto a sus ancestros. Ella, aunque parezca muy independiente, en realidad viene de la memoria del hambre" [¿roman à clef?]

viernes, 25 de enero de 2013

Ir al cine

Amor.
 Michael Haneke, 2012
AMOUR
Michael Haneke, 2012
Lincoln. Steven Spielberg, 2012
LINCOLN
Steven Spielberg, 2012
Los Miserables. Tom Hooper, 2012
LES MISÉRABLES
Tom Hooper, 2012
Django desencadenado. Quentin Tarantino, 2012
DJANGO UNCHAINED
Quentin Tarantino, 2012
La noche más oscura. Kathryn Bigelow, 2012
ZERO DARK THIRTY
Kathryn Bigelow, 2012
The Master. Paul Thomas Anderson, 2012
THE MASTER
Paul Thomas Anderson, 2012
Beasts of the Southern Wild  Bestias del sur salvaje
BEASTS of the SOUTHERN WILD / BESTIAS del SUR SALVAJE
Benh Zeitlin, 2012

FLIGHT
Robert Zemeckis, 2012

martes, 22 de enero de 2013

Gabinetes de Invierno 2013 en La Central (Barcelona)

   [Gabinete de Lectura]    [Gabinete de Clásicos]   
 29.01  Gabriel Josipovici:  Moo Pak (Còmplices y Raig Verd). Con Jordi Iglesias y Ferran Ràfols. [+]  05.02  "Leyendas budistas": Juan Arnau, La leyenda de Buda (Alianza). Con Raquel Bouso.


 12.02  Austin Wright: Tres noches / Tres nits (Salamandra y Proa). Con Juan Milà, editor de Salamandra. [+]  19.02  "Locuras bizantinas": Juan Mosco, Leoncio de Neápolis, Historias bizantinas de locura y de santidad (Siruela). Con Ernest Marcos Hierro.


 26.02  Mohamed Chukri: El pan a secas / El pa de cada dia (Cabaret Voltaire y Bromera). Con Encarna Cabello. [+]  05.03  "Una alegoría latina": Apuleyo, El asno de oro (Gredos / Cátedra / Espasa / Akal). Con Montserrat Reig.


 12.03  Mijail Bulgakov: Morfina (Edicions de 1984 y Anagrama). Con Jaume Creus, traductor al catalán.  19.03  "Un cuento pastoral griego": Longus, Dafnis y Cloe (Gredos o Alianza). Con Montserrat Nogueras.


 26.03  Clara Usón: La hija del Este (Seix Barral). Con la autora.  02.04  "Cuentos sufíes": Rumí, 150 cuentos sufíes (Paidós). Con Joan Andreu Rocha Scarpetta
[Marta Ramoneda] [Àngel Martín Arroyo]

sábado, 19 de enero de 2013

Mohammed Chukri: El pan (y la escritura) a secas

Mohamed Chukri
Mohamed Chukri (1935-2003)


Mohamed Chukri


El pan a secas. Mohamed Chukri
El pan a secas
(Al-jubz al-hafi, 1973) Trad. Rajae Boumediane el Metni
Cabaret Voltaire, 2012
«Soy un antiguo analfabeto autodidacta que, más tarde, deseó transmitir a los demás aquello que había aprendido (...)
A la edad de 20 años, tuve la disyuntiva entre convertirme en contrabandista o ir a estudiar árabe y español en El Harache (...)
En mi vida me he enfrentado a tres desafíos: aprender a leer y a escribir, salir de esa clase social denigrada y, por último, sublimar mi vida a través de la escritura.
Cuando era más joven, vivía en una choza. Cuando comía, siempre había un ratón delante de mí que pedía algo de comer (...)
Tengo dos memorias: la memoria analfabeta y la memoria de un hombre que ha aprendido a leer una vez cumplidos los 20 años. Lo que hace que escriba primero en mi cabeza, de forma neurótica.
Luego, perfilo sobre el papel con la ayuda de la gramática y del estilo (...)
Soy un hombre de las callejuelas. Nunca he sido alguien estable (...)
Defiendo mi clase, defiendo a los marginados y, al mismo tiempo, ejerzo mi venganza contra una época determinada, humillante y miserable.
Mi caso es bastante excepcional (...)
Escribo sobre individuos anónimos, porque "la memoria de los pobres de por sí está menos alimentada que la de los ricos", como dijo Albert Camus.
Cuando escribo de la infancia, no se trata sólo de la mía.
Se trata de aquellos que pertenecen a mi generación. Así pues, no es un caso aislado sino el arquetipo de todas las infancias que he conocido perfectamente. He tratado de condensar varias infancias en una sola. Mi infancia la he escrito a través de mi mirada adulta. Es decir, no a través de las mismas sensaciones que uno siente cuando es niño. Por tanto, incluye un lado imaginario. Me esfuerzo por volver a dar consideración a esa infancia robada, o peor aún, brutalizada por aquellos que hurtaban nuestra vida: los vampiros de la sociedad. Una infancia “flotante”, como un alga, una infancia “algosa”, si pude expresarme así (...)
I want to go where I am. Quiero ir allí donde estoy.»

* Fragmentos de Soy un antiguo analfabeto, El País, marzo 2003.

miércoles, 16 de enero de 2013

Qué haríamos sin (los buenos) traductores literarios


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Los traductores
Babelia, 29/9/2012

«Quien más depende del traductor, claro, es el escritor mismo. Eres en otra lengua exactamente lo que tu traductor haga de ti. En la mayor parte de los casos, y salvo ese amigo mío políglota (...), uno está entregado de pies y manos: un día recibes un libro que debe de ser tuyo porque está tu nombre en la portada, y quizás tu foto en la solapa, pero eso que seguramente se parecerá mucho a lo que tú escribiste hace tiempo es del todo indescifrable, a veces tanto como si estuviera escrito en los caracteres de una antigua lengua extinguida. Hace falta un acto de fe: si uno sabe cuántas veces ha disfrutado, ha aprendido, se ha emocionado, leyendo traducciones del ruso o del japonés, o del hebreo, o del griego, cabe perfectamente la posibilidad de que ahora suceda el efecto inverso. Gracias al traductor ocurrirá un prodigio: lo que tú has escrito resonará en la conciencia de alguien en una lengua del todo ajena a ti, en lugares del mundo en los que no vas a estar nunca. Personas que te parecen tan ajenas como habitantes de la Luna resulta que son casi exactamente como tú. (...)
Durante un par de días, en Ámsterdam, he convivido con un grupo de traductores de mis libros: al holandés, al francés, al alemán. Algunos, de tanto trabajar conmigo durante años, ya eran amigos míos: Philippe Bataillon, Willi Zurbrüggen; a los demás los he ido conociendo estos días: Jacqueline Hulst, Ester van Buuren, Adri Boon, Erik Coenen, Frieda Kleinjan-van Braam, Tineke Hillegers-Zijlmans. Un mismo libro se vuelve otro ligeramente distinto en la imaginación de cada lector: pero esa multiplicación, esa metamorfosis, es más acentuada aún en el caso de cada traductor. El traductor es el lector máximo, el lector tan completo que acaba escribiendo palabra por palabra el libro que lee. Él o ella es quien detecta los errores y los descuidos que el autor no vio y los editores no corrigieron. Él se ve forzado a medir el peso y el sentido de cada palabra con mucho más escrúpulo que el novelista mismo. Willi Zurbrüggen utilizó un término musical para hablar de su trabajo: lo que más se parece a una traducción, sobre todo entre lenguas tan distintas como el español y el alemán, es la transcripción de una pieza musical.
Escuchaba hablar a estas personas, tan distintas entre sí, tan iguales en su devoción por el trabajo que hacen, y sentía gratitud y algo de remordimiento: una palabra que yo elegí por azar o instinto, una frase a la que dediqué tal vez unos minutos, les han podido causar horas o días de desvelo. Aprender sobre los límites de lo que puede ser traducido lo hace a uno más consciente de que también hay límites a lo que las palabras mismas pueden decir.»

Viaducto de Millau. Norman Foster


ESTHER TUSQUETS
Confesiones de una editora poco mentirosa
Ediciones B, 2005

«La segunda pesadilla del pequeño editor (al editor importante, rodeado de una caterva de colaboradores, no le llegan estos problemas) eran y son las traducciones. Dos observaciones previas. Una obvia: existen buenísimos traductores (yo conozco pocos) para los que no vale cuanto voy a decir. Otra sorprendente: las traducciones se pagan, es cierto, mal, pero, contra todo pronóstico, no hay relación alguna entre precio y calidad. El buen traductor ocasionalmente mal pagado sigue haciendo (supongo que no puede evitarlo) un buen trabajo, y el mal traductor sigue produciendo bodrios aunque se los pagues a precio de oro. Lo cierto es que el pequeño editor, sobre todo en sus inicios, se encuentra la mesa atestada de traducciones impublicables. El pequeño editor suele ser demasiado pobre para encargar otras nuevas (y demasiado tímido para negarse a abonar las que le han entregado), y tiene que recurrir a una revisión. Es el trabajo peor retribuido y más ingrato que conozco (peor incluso que inventar ficticios argumentos de venta). Es durísimo, permanece anónimo y queda siempre, siempre, mal. Ante la imposibilidad de endosárselo a un incauto (si das con uno, no reincide jamás), el pequeño editor se lleva el original a su casa. Y empieza una pesadilla, que sigo recordando años después como una enfermedad. (...)
ESTHER TUSQUETS: Confesiones de una editora poco mentirosa
Traductores supuestamente avezados, traductores de renombre, no conocen el idioma del que traducen, o no conocen el idioma al que traducen; ignoran palabras, que no se molestan en buscar en el más vulgar de los diccionarios, donde las encontrarían (porque yo las encuentro); ponen en negativo frases positivas o a la inversa, se saltan párrafos enteros. Y cuanto peor es el traductor más se obstina en corregir al autor, en mejorar el texto original: explica lo que en éste no se explica, cambia una puntuación insólita, una adjetivación audaz, por otras adocenadas. Elude traducciones que podrían ser perfectamente literales por otras plagadas de casticismos (alguien le debe de haber dicho que la traducción tiene que sonar como si el libro hubiera sido escrito directamente en castellano, sin advertirle que Flaubert o Joyce no son Baroja, ni Rimbaud tiene mucho que ver con Machado). Y, sobre todo, las malas traducciones están plagadas de lo que llamo "frases imposibles", frases que a nadie jamás, ni en un arrebato de locura, se le ocurriría decir. Bastaría que el traductor las leyera una sola vez en voz alta, escuchándolas, para comprobar que no podía utilizarlas.» (pp. 90-91)

lunes, 14 de enero de 2013

Experiència (i pensaments col·laterals) de Martin Amis

«Jo sóc novel·lista, entrenat per utilitzar l'experiència amb altres finalitats. ¿Per què haig d'explicar la història de la meva vida? Ho faig perquè ara el meu pare és mort, i sempre he sabut que hauria d'evocar la seva memòria. Ell era escriptor i jo sóc escriptor; semblaria gairebé un deure descriure el nostre cas: una curiositat literària que també és, precisament, un dels molts aspectes de la relació entre un pare i un fill. (...) Vull deixar

Martin and Kingsley Amis in 1965

les coses clares (hi ha tantes coses aquí que ja són del domini públic), i vull parlar, per una vegada, sense artifici. Tot i que no pas sense formalitat. El problema que té la vida (troba el novel·lista) és la seva amorfositat, la seva ridícula fluïdesa. Mireu-vos-la: amb un argument mínim, gairebé sense tema, sentimental i ineludiblement vulgar. Els diàlegs són pobres, o com a mínim violentament irregulars. Les sorpreses són previsibles o sensacionalistes. I sempre comença igual, i acaba igual... Els meus principis organitzatius, doncs, deriven d'una urgència interior, i de l'addicció del novel·lista a veure paral·lelismes i fer connexions. El mètode, amb l'ús afegit de notes a peu de pàgina (per preservar els pensaments col·laterals), hauria de donar una visió clara de la geografia de la ment d'un escriptor.» (p. 15-16)

Sir Kingsley Amis

«Penso que el talent literari, en gran part, és hereditari. Però el vigor i la resistència literaris, no. (...) Ja és prou tèrbola, ja hi ha prou poca visibilitat en la motivació de l'ambició literària: nostalgie, aïllament àcid; i ja hi ha prou maldecaps entre pares i fills. Vaig notar la unglada del dolor immediat quan Kingsley, després d'assegurar que li havia agradat la meva primera novel·la, va dir que "no podia" amb la segona. (...) El meu pare mai no em va animar perquè escrigués, mai no em va convidar a provar-hi sort; em va lloar menys assíduament que no pas em va criticar en públic; però tot plegat va funcionar.» (p. 33-34)

Kingsley and Martin Amis in 1992

«Va ser increïblement reconfortant tornar-te a veure, papa, però, creu-me, no era necessari que em tranquil·litzessis respecte dels teus desitjos. Perquè el meus desitjos són els teus desitjos, i jo sóc tu i tu ets jo.» (p. 409)
«¿Què llegia? Vull transmetre un estat d'ànim, i allò que llegeixes forma part d'allò que sents. A les biografies sempre ho hauríem de fer constar, com a rutina, al marge: què llegien. ¿Què llegia, jo, a San Juan? Com sempre, no vaig prendre cap nota pel que fa a aquest valuós aide-memoire..., però és clar que recordo què llegia. Et llegia a tu i em llegia a mi.» (p. 236)

Philip Larkin

«Un matí vaig mirar, per la barana de l’escala, com Larkin es preparava per sortir a passejar sota la pluja de Swansea. Alt fins més enllà de la utilitat, amb ulleres, prematurament i gairebé idealment calb, amb l’inici de la pesantor en els seus moviments, entre sospirs va guarnir-se amb l’im- permeable, la bufanda, el barret. En ell tot expressava estoïcisme (no tenia elecció) i el contrari de la idoneïtat... Notòriament, Larkin odiava o professava que odiava els nens i, és clar, mai no va tenir fills.» (p. 275)

Saul Bellow

«...va ser Hitchens qui em va presentar Bellow com a lector. "Fes un cop d'ull a Humboldt's Gift, em va dir, amb una inclinació seriosa del cap, a les escales del New Statement, el 1977 (em sembla). Vaig fer un cop d'ull a The Visit, i després de ben poques pàgines vaig notar un reconeixement que s'enfilava per tot el meu cos, i que en paraules va prendre la forma (més solemne que exultant) següent: "Ve't aquí un escriptor que m'hauré de llegir sencer".» (p. 302)

Martin Larkin

«Pegunta: ¿Quants d’aquests notoris estilistes –James Joyce, Vladimir Nabokov i Martin Amis- van patir una catastròfica pèrdua dental entre els quaranta i els quaranta-i-cinc anys? Resposta: tots tres.»

Experiència. Martin Amis

  Experiència
  (Experience, 2000)
  MARTIN AMIS
  Edicions 62
  (trad. cat. E. Riera)
  Anagrama
  (trad. cast. J. Zulaika)

«Perquè això és el que són les novel·les (entre d'altres coses): no pas almanacs de la teva vida diürna sinó missatges de la teva història inconscient. Surten de la banda de darrere de la teva ment, no pas del davant. Això, amb el temps, se'm faria perfectament evident.» (p. 248)

«(Martin says) it is necessary to say what it is unnecessary to say»         [amis en bcn]

jueves, 10 de enero de 2013

Oz: Un paseo alrededor de la maldad (y el fracaso)

«Oz es quizá la serie que menos homenajes ha recibido de la HBO y ha vivido siempre a la sombra de obras maestras como The Sopranos, The Wire o Six Feet Under. Sin embargo, atesora el sello de calidad de esta cadena televisiva y está impregnada de su particular esencia. Emitida entre 1997 y 2003, consta de seis temporadas y de 56 episodios a través de los cuales se narra la vida en Ciudad Esmeralda, un experimento carcelario ideado por el talentoso e idealista Tim McManus (Terry Kinney). La acción transcurre en un momento histórico —finales del siglo XX, comienzos del XXI— en el que el endurecimiento de las leyes estadounidenses hizo que se multiplicara la población de reclusos, aunque eso no significara una reducción del número de criminales. Sobre la ineficacia de la desmedida política de tolerancia cero reflexiona Augustus Hill (Harold Perrineau), personaje de la serie que hace las veces de narrador de la vida en la prisión.
(Inmate) Simon Adebisi
Oz. The Journal of Augustus Hill

«Ciudad Esmeralda llama la atención desde el primer momento del episodio piloto por lo diferente que es, en apariencia, a la mayoría de las cárceles de la historia del cine. A simple vista, el lugar transmite orden y tranquilidad. En su superficie predominan los materiales de color blanco, sobre los cuales se refleja una luz del mismo color que contribuye a resaltarlo y a crear una impresión de lugar seguro. Las celdas disponen de grandes cristaleras en lugar de barrotes y están distribuidas de una forma ordenada y estética alrededor de dos pisos, en cuyo descansillo se encuentra la posición de los guardias. A disposición de los presos siempre hay un completo gimnasio, un teléfono común, una sala de ordenadores, aulas para que estudien lo que deseen y un servicio continuo de asistencia psicológica.»
«Porque Oz es mucho más que una ficción carcelaria. Oz teoriza sobre la maldad y la sitúa como un instrumento de supervivencia, como un mecanismo de poder y como el destino inequívoco de todo aquel que ansíe seguridad dentro y fuera de la cárcel. Sobre la serie sobrevuela de forma constante el fantasma del pesimismo y se manifiesta de múltiples formas que confluyen en el camino lógico de esa actitud: el fracaso. Porque la utopía de McManus con Ciudad Esmeralda choca de lleno contra el hombre y contra el grupo; y su espíritu rehabilitador sucumbe ante juegos de poder, perfidia, venganzas y ante una espiral de decadencia a la que no escapa ningún prisionero.»



«Su creador, Tom Fontana, juega en todo momento con sus armas narrativas y plantea distintos debates al espectador. Quizá el más importante sea el de si un hombre que esté dispuesto a rehabilitarse puede conseguirlo en un entorno hostil en el que tendrá que enfrentarse a otros hombres y a los nuevos demonios que surjan en él ante su más urgente necesidad: sobrevivir.»
Seis temporadas de Oz
Agamemnon Busmalis | Antonio Nappa | Augustus Hill | Bob Rebadow | Burr Redding | Chris Keller | Chucky Pancamo | Cyril O´Reily | Dino Ortolani | Dra. Gloria Nathan | Enrique Morales | Father Ray Mukada | Governor Devlin | Jackson Vahue | James Robson | Jaz Hoyt | Jeremiah Cloutier | Kareem Said | Leo Glynn | Miguel Alvarez | Officer Dave Brass | Officer Diane W. | Officer Lopresti | Officer Howell | Officer Sean Murphy | Omar White | Nino & Peter Schibetta | Poet | Ryan O´Reily | Shirley Bellinger | Simon Adebisi | Sister Peter Marie | Tim McManus | Tobias Beecher | Vern Schillinger | Zahir Arif

lunes, 7 de enero de 2013

Shirley Jackson: Siempre hemos vivido en el castillo

   «Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.
   La última vez que eché un vistazo a los libros de la biblioteca que estaban en el estante de la cocina me di cuenta de que debería haberlos devuelto cinco meses atrás, y me pregunté si no habría escogido otros de haber sabido que esos serían los últimos, los que iban a quedarse para siempre en el estante de nuestra cocina. Nosotros casi nunca cambiábamos las cosas de sitio: los Blackwood nunca fuimos una familia muy dada a la agitación y al movimiento. Nos relacionábamos con pequeños objetos transitorios, los libros y las flores y las cucharas, pero en los cimientos siempre contamos con una sólida base de posesiones estables. Cada cosa tenía su lugar. Barríamos debajo de las mesas y las sillas y las camas y sacábamos el polvo de los cuadros y las alfombras y las lámparas, pero lo dejábamos todo donde estaba; los objetos de tocador de carey de mi madre nunca se movieron más de unos pocos milímetros. Los Blackwood siempre vivimos en esta casa, y lo manteníamos todo ordenado; en cuanto se sumaba una nueva esposa a la familia, se le encontraba un lugar para sus pertenencias, y de este modo nuestra casa fue acumulando varias capas de propiedades, que pesaban sobre ella y la afianzaban frente al mundo.
   Fue un viernes de finales de abril cuando traje a casa los libros de la biblioteca. Los viernes y los martes eran días horribles, porque iba al pueblo. Alguien tenía que ir a la biblioteca y al colmado; Constance nunca se alejaba más allá de su jardín, y el tío Julian no podía ir. Así que no era el orgullo lo que me llevaba al pueblo dos veces por semana, ni siquiera la tozudez, sino simplemente la necesidad de libros y comida.» (inicio)
Shirley Jackson
Shirley Jackson (EEUU, 1919–1965)
Shirley Jackson: Siempre hemos vivido en el castillo
Siempre hemos vivido en el castillo
(We Have Always Lived in the Castle, 1962)
Shirley Jackson
Posfacio: Joyce Carol Oates
Traducción: Paula Kuffer
Minúscula, 2012

viernes, 4 de enero de 2013

Steve Earle: No saldré vivo de este mundo

Steve Earle: I'll never get out of this world alive (2011)
Steve Earle
No Saldré Vivo de Este Mundo
Trad. Javier Calvo
El Aleph, 2012
«Doc se despertó enfermo, con todas las células del cuerpo pidiéndole a gritos morfina, con un dolor terrible de cabeza y ardor en los ojos, la nariz y la garganta. La espalda y las piernas le dolían hasta el hueso mismo, y cada vez que inten­taba incorporarse para sentarse se veía obligado a encogerse de inmediato, asaltado por los retortijones. A duras penas consiguió recorrer el pasillo hasta el retrete antes de que se le soltaran las tripas.

Igual que todos los días. Día sí y día también. Sin perdón y sin libertad condicional. Hasta que se pudiera meter un chu­te, la cosa no mejoraba. Doc sabía muy bien que los síntomas físicos de la abstinencia no eran nada comparados con los demonios interiores, con el miedo abrumador y la desespe­ración desoladora que le esperaban como no moviera el culo y saliera a la calle. Lo peor era aquel kilómetro de humilla­ción y asfalto a medio derretir que lo separaba de su primer chute, donde hasta el último palmo del camino sería un re­cordatorio implacable de lo bajo que había llegado a caer du­rante los últimos diez años.» (inicio)