martes, 3 de febrero de 2015

A. B. Yehoshúa: El amante

ADAM
«En la última guerra perdimos un amante. Teníamos un amante y, desde aquella guerra, no existe. Simplemente desapareció. Él y el viejo coche Morris de su abuela. Han pasado ya más de seis meses y no hay rastro de él. Decimos que somos una tierra pequeña, íntima, que si nos empeñásemos descubriríamos relaciones entre los hombres más alejados… y ahora es como si se hubiera abierto el abismo y el hombre hubiera desaparecido sin dejar huella y toda búsqueda fuese en vano. Si hubiera estado seguro de que verdaderamente había muerto, hubiera renunciado. Qué derecho teníamos nosotros a obstinarnos por un amante muerto cuando existían hombres que habían perdido todo lo que les era más querido, hijos, padres y esposos. Pero ¿cómo lo diría? Todavía estoy convencido de que no ha muerto. Él no. Estoy seguro de que ni siquiera llegó al frente. Y, en el supuesto de que hubiera muerto, ¿dónde está el coche, dónde se ha metido? A un coche semejante no se lo puede enterrar así, simplemente, en la arena.

Hubo una guerra. Cierto. Nos cogió de sorpresa. Vuelvo a leer los confusos relatos, trato de descender a lo más profundo del caos que nos dominó. Al fin y al cabo no era él el único que había desaparecido. Hasta el día de hoy tenemos todos, delante de los ojos, una lista de desaparecidos y algunos misterios. Parientes y familiares andan todavía recogiendo los últimos restos, ropas andrajosas, fragmentos de documentos carbonizados, plumas retorcidas, monederos agujereados, anillos de boda fundidos. Van a la búsqueda de misteriosos testigos presenciales, tras la sombra de alguien que dice haber oído algo y, dentro de esta niebla, tratan de componer la última imagen de los seres queridos. Pero también ellos guardan silencio. ¿Tenemos nosotros derecho a buscar más? Al fin y al cabo, no era más que un extranjero para nosotros. Un israelí dudoso, en realidad un emigrante que vino para una corta visita relacionada con una herencia y que se demoró, quizás también por nuestra causa. No lo sé, no estoy seguro. Pero vuelvo a decir que no ha muerto. De eso estoy convencido. Y éste es el origen de la inquietud que me devora en los últimos meses, que no me concede reposo, que me empuja a los caminos para buscarlo. Más aún, hace que se me ocurran pensamientos extraños, que, en la agitación de los combates, entre el pánico y el desorden de las unidades que se desmontan y se reorganizan, hubo también algunos, aislados, supongamos que dos o tres, que aprovecharon el desconcierto para romper contacto y desaparecer. Me refiero a que, sencillamente, decidieron no volver a casa, renunciar a los viejos lazos y marcharse a otra parte.»
«Si todavía era posible amarla, algún extraño que la viese tal como era con esos vestidos, con el traje gris de bordado descolorido, alguien que la amase también para mí.»
Abraham B. Yehoshúa
(Jerusalén, 1936)
EL AMANTE
[Hame'ahev, 1977]
Trad. Teresa Martínez Saiz
Duomo | Nefelibata, 2013
Primeras páginas
La transferencia del amor
Entrevista en LV

LA PRENSA DICE (y yo también): «Yehoshúa alcanza una inmensa riqueza de sensaciones», Pietro Citati · «Uno de los más grandes escritores en lengua hebrea», La Vanguardia · «La literatura de Yehoshua es de las mejores», El Mundo · «Delicado e irónico», The New York Review of Books · «Sutil, magnífico», Le Figaro · «Magistral novela», El País. Haifa, 1973 · Adam · Dafi · Asia · Gabriel Arditti · Naim · Vaducha · Waducha · Inés Hermoso · Yigal · Osnat · Tali · Erlich · Hamid

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