lunes, 27 de abril de 2015

Emmanuel Carrère: Una novela rusa


EMMANUEL CARRÈRE
Una novela rusa
[Un roman russe, 2007]
Trad. Jaime Zulaika
Compactos Anagrama
E. Paz Soldán lo cuenta
«Dos semanas más tarde asistimos al regreso de András Toma a su pueblo natal. "¡Esto es Hungría, ven!", repite el joven psiquiatra que le acompaña. El joven psiquiatra, con sus gafas redondas, se parece a John Lennon. Es muy suave, habla a su paciente como a un niño. Pero el anciano no quiere bajar del minibús. No está nada seguro de que esto sea Hungría. Los que se ocupan de él desde su repatriación tienen que repetírselo constantemente, tranquilizarle. Allá, en Rusia, le dijeron que Hungría ya no existía. Borrada del mapa. Entonces, ¿quién es toda esta gente que le habla en una lengua desaparecida? ¿Que se comporta como si le conociera, que le tiende ramos de flores y le envía besos? ¿No será una nueva trampa?
    Bajo la gorra, el rostro está devastado. Una cara de zek, como se llamaban a sí mismos las gentes del gulag, la cara de los hombres cuyas vidas destruidas relataron Solzhenitsyn y Shalámov. El joven psiquiatra le tiende las muletas, le ayuda a calzárselas debajo de los brazos. Tarda sus buenos cinco minutos en plantar el único pie en el suelo. Como tampoco tiene dientes, babea y escupe mucho. Le guían, cojeando, hasta la casa de su hermana y su cuñado, donde va a vivir. Han organizado una comida de fiesta. Se hacen brindis. Los flashes de los fotógrafos le asustan. Su hermano, que aún era niño cuando él se fue a la guerra, le hace preguntas pacientemente, sin duda para mostrarnos que es capaz de responderlas. Repite nombres de antaño, esperando despertar un recuerdo: Sándor Benko, el maestro de escuela... Smolar, su antiguo compañero de clase... Y el otro, por debajo de la gorra, escupe, gira la cabeza, a veces masculla fragmentos de frases que nadie comprende, que ya no pertenecen a ningún idioma. Tengo la impresión de ver a un Kaspar Hauser de setenta y cinco años. Es tristísimo.» (págs. 44-45)

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