sábado, 19 de septiembre de 2015

La poesía de los números (y de Szymborska)

«Si creemos a la poetisa Wislawa Szymborska, soy uno de cada dos mil. La premio Nobel de 1996 ofrece esta estadística en su poema A algunos les gusta la poesía cuando cuantifica a esos algunos. En realidad, creo que se pasa de pesimista: no creo que sea tan excepcional como lector. Pero sí entiendo a lo que se refiere. Hay mucha gente que cree que la poesía son todo nubes y florecitas. [...] Lo cierto es que un poema puede versar sobre cualquier cosa.
  También sobre números. Algunos de los versos de Szymborska muestran que las matemáticas pueden ser proclives a la poesía. Una y otra disciplina economizan en significado: ambas son capaces de crear mundos enteros en unos breves renglones. En Un número grande, la poetisa lamenta sentirse desconcertada ante números con muchos ceros, mientras que en Contribución a la estadística destaca que "de cada cien personas, las que siempre saben de qué hablan: cincuenta y dos", pero también que "merecedoras de empatía: noventa y nueve". Y luego está El admirable número pi, mi poema preferido. Comienza así (el poema y el número): tres coma uno cuatro uno.» (pág. 134)



FACTORES PARA LA ESTADÍSTICA

EL NÚMERO PI

Sobre cien personas
las que saben todo mejor
-cincuenta y dos;
inseguras de cada paso
-casi todo el resto;
dispuestas a ayudar,
siempre que no vaya para largo
-¡hasta cuarenta y nueve!;
siempre buenas,
porque no son capaces de otra cosa
-cuatro, bueno, quizá cinco;
que pueden admirar sin envidia
-dieciocho;
que viven en permanente temor
de alguien o algo
-setenta y siete;
capaces de ser felices
-veinte y pico, como mucho;
inofensivas de a uno,
salvajes en multitudes
-más de la mitad, seguro;
crueles,
cuando las obligan las circunstancias
-es mejor no saberlo
ni siquiera por aproximación;
sabias después de una calamidad
-pocas más
que sabias antes de la calamidad;
que no toman de la vida más que las cosas
-cuarenta,
aunque quisiera equivocarme;
encogidas, doloridas
y sin linterna en la oscuridad
-ochenta y tres,
más temprano o tarde;
dignas de compasión
-noventa y nueve;
mortales
-cien sobre cien.
Número que por ahora no ha variado.

El número Pi es digno de admiración
tres coma uno cuatro uno
todas sus cifras siguientes también son iniciales
cinco nueve dos, porque nunca se termina.
No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco
con un cálculo ocho nueve
con la imaginación siete nueve
o en broma tres dos tres, es decir, por comparación
cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres en el mundo.
La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe
Igualmente, aunque un poco más tarde, hacen las serpientes fabulosas.
El cortejo de cifras que forman el número Pi
no se detiene en el margen de un folio,
es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,
a través del muro, de una hoja, del nido de un pájaro,
de las nubes, directamente al cielo
a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.
¡Oh qué corta es la cola del cometa, como la de un ratón!
¡Qué frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!
Pero aquí dos tres quince trescientos noventa
mi número de teléfono la talla de tu camisa
año mil novecientos setenta y tres sexto piso
número de habitantes sesenta y cinco décimos
la medida de la cadera dos dedos la charada y el código
en la que mi ruiseñor vuela y canta
y pide un comportamiento tranquilo
también transcurren la tierra y el cielo
pero no el número Pi, éste no,
él es todavía un buen cinco
no es un ocho cualquiera
ni el último siete
metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa eternidad
para la permanencia.

WISLAWA SZYMBORSKA (1923-2012)

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