martes, 10 de mayo de 2016

Edmund White: Rimbaud (la doble vida de un rebelde)

«Verlaine y Rimbaud eran ambos grandes caminantes y, mientras deambulaban por los bulevares, el hombre de más edad escuchaba al más joven desarrollar sus revolucionarias ideas sobre el arte, sobre la necesidad de destruir el mundo antiguo y de crear un nuevo mundo que estaría bajo el único dominio de la poesía. A Verlaine le costaba —literal y figurativamente— seguirle. Años más tarde recordaría con admirada fascinación las poderosas piernas de Rimbaud, unas piernas de caminante nato. De repente, Verlaine sintió que debía volver atrás para cumplir su verdadero destino y su entusiasmo aumentaba al mirar aquellos gélidos ojos azules y al escuchar aquellas extrañas erres norteñas, que, conforme pasaban las semanas, iban desapareciendo para dar paso, demasiado rápido, a un convencional acento parisino. Verlaine llevó a Rimbaud a los cafés donde sus amigos se reunían regularmente. El fotógrafo Étienne Carjat le hizo un retrato, siendo este la imagen más famosa que tenemos del joven poeta; el joven genio Rimbaud aparece en él con su indomable cabello, los azules ojos de perro esquimal y la incierta —o quizá cruel— boca. Los amigos poetas de Verlaine hacían frecuentes cenas, Les Diners de Vilains Bonshommes (Las cenas de los feos bonachones), donde todos se volvían escandalosos y elocuentes, y donde Rimbaud hacía circular una copia de los improbablemente ricos y pasmosos versos de El barco ebrio. Rimbaud se aficionó inmediatamente a la absenta y cantó sus alabanzas en una carta a Delahaye, diciendo que beberla "era, de todas sus costumbres, la más delicada y estremecedora", aunque, tras emborracharse con aquella bebida, acababa "durmiendo en la mierda".» (págs. 85-86)




Rimbaud, Edmund White, Lumen, 2010
Trad. Nicole d'Amonville Alegría
«Quizá la observación más escandalosa de Rimbaud fuera sugerir al gran gurú parnasiano Théodore de Banville que deberían erradicar por completo el alejandrino (el tradicional metro francés). Para Banville, que creía en las formas tradicionales, aquello era una herejía o una hilarante desfachatez. Pero no era consciente de que Rimbaud estaba a punto de inventar el poema en prosa. Está claro que Baudelaire ya había experimentado con poemas en prosa, pero Rimbaud los despojaría del aspecto informal, descriptivo y anedóctico, y lo reemplazaría con una suerte de expresión órfica, no menos sino más visionaria y difícil que los versos del momento. Para Rimbaud el poema en prosa sería frío y sublime. Además, sería innegablemente poesía, lírica y comprimida, altamente visual y con un intrincado desarrollo. Y para Rimbaud, el poema en prosa forzaría el significado al límite, se adentraría más que nunca en lo oscuro.» (págs. 87-88)

Je est un autre (Yo es otro)
De la Lettre du voyant de Arthur Rimbaud (1854-1891) a Paul Demeny
Charleville, 15 mayo 1871
"Car Je est un autre. Si le cuivre s’éveille clairon, il n’y a rien de sa faute. Cela m’est évident: j’assiste à l’éclosion de ma pensée : je la regarde, je l’écoute: je lance un coup d’archet: la symphonie fait son remuement dans les profondeurs, ou vient d’un bond sur la scène."

"Porque Yo es otro. Qué culpa tiene el cobre si un día se despierta convertido en corneta. Para mí es algo evidente: asisto a la eclosión, a la expansión de mi propio pensamiento: lo miro, lo escucho: lanzo un golpe de arco: la sinfonía se remueve en las profundidades, o entra de un salto en escena".

1 comentario:

Elena dijo...

Seguramente no es la mejor biografía de Rimbaud, pero pas mal.