jueves, 2 de junio de 2016

Ramon Gener: Si Beethoven pudiera escucharme

«Se cuenta que cuando le preguntaron a Beethoven el significado de su tercera sinfonía no dijo nada. Simplemente, se sentó al piano y la tocó.

La transcendencia de la música, que fui descubriendo en las clases de canto que me daba Victoria, tiene mucho que ver con el hecho de intentar dar una respuesta adecuada y sensata a esas preguntas. Aquellas clases junto a su maravilloso Steinway & Sons eran mucho más que unas meras clases de canto. Aquellas clases se convertían en larguísimas conversaciones que duraban toda la tarde y en las que Victoria me regalaba experiencias musicales impagables. Tardes en las que hablábamos del porqué de la música. También de su posible significado concreto. Hablábamos de como los mismos compositores, que en teoría deberían saber bastante de la cuestión, no se acababan de poner de acuerdo. El caso más curioso es el del gran compositor estadounidense Aaron Copland. Cuando le preguntaron si la música tenía significado contestó "Yo diría que sí". Pero cuando le preguntaron si podía aclara cuál era este significado, repuso: "No. Ese es el problema".

Mi admirado Leonard Bernstein, sin duda el pedagogo musical más importante y brillante del siglo XX, también trató de dar una respuesta a esa pregunta. Su conclusión final fue bastante sorprendente: la música no significa nada en sí misma. Solo son notas. Solo son sonidos. Ahora bien, sonidos que provocan sentimientos. También el director de orquesta italiano Riccardo Mutti comparte esta opinión. Para él, la música no tiene significado propio, la música solo es evocadora de sentimientos y de imágenes.



Esta aparente falta de significado concreto es, curiosamente, lo que hace que la música se convierta en algo transcendental y universal. En filosofía, la transcendencia es aquello que está más allá de los límites naturales. Rousseau, Kant o Hegel afirmaron que la música no tiene tema propiamente: no trata de nada. Para ellos, la música es y punto. Ahora bien, si ahondamos en el sentimiento filosófico de la transcendencia, nos daremos cuenta de que todos podemos sobrepasar nuestros límites naturales sintiendo e imaginando y que, por lo tanto, todos tenemos la capacidad de comprender la música. La universalidad de la música no se debe a que su lenguaje sea el mismo para todos. No se debe a que una corchea sea y se escriba igual aquí o en la otra punta del mundo. No. La universalidad y la transcendencia se deben a que habla a todo el mundo. La música habla sin hacer distinciones. La música abraza a todos. Todos podemos entenderla. A la música no le importa quién somos, de dónde venimos ni a dónde vamos. A la música le es indiferente nuestro nivel de formación, nuestra procedencia o raza, nuestra orientación sexual, nuestro estatus social o económico. Nada de todo esto tiene importancia para la música. Ella le habla a todo aquel que quiera escucharla. Cuando suena, las notas que oímos son las mismas para todo el mundo, pero su significado, lo que recibimos, lo que sentimos, lo que cada uno de nosotros entiende, es diferente. Esta es su transcendencia. Esta es su magia.» (págs. 54-55)

4 comentarios:

Elena dijo...

Un texto ameno y entusiasta de divulgación musical. Ramon Gener cuenta su historia y contagia la misma pasión por la música que en sus programas de TV (Òpera en texans y This is opera).

Para todos los públicos excepto puretas y expertos operísticos.

Pteromari dijo...

Me ha gustado todo lo que pones.
Todavía no he leído el libro, porque he estado abducida con el último Irving, que ya le he pasado a P.
En el otro blog, y cuando toque, os hablaré de mi experiencia con "La fuerza del destino" y los alumnos de octavo de EGB.

Mariblán dijo...

Me ha encantado la cita del libro y el vídeo.

La sección de ópera que tiene Gener con Gemma Nierga cada quince días en el "Hoy por hoy" es muy interesante.

Elena dijo...

Uau, una opinión (otra) pata negra.
RG es un comunicador nato, además de barítono y gran connaisseur y amante de la música.
Espero que el libro también os guste.