sábado, 27 de abril de 2019

El Roto (elecciones generales)


Quiero votar y no puedo.
¿Quién te lo impide?
Los candidatos.

La militancia permite tener razón
sin tener que razonar.


Me gustan los nuevos porque son los de siempre.


El odio es un combustible abundante y barato.


Para conectar conmigo mismo utilizo internet.


El aumento del nivel del mal, ese no lo miden.

El Roto, El País, 2019

jueves, 25 de abril de 2019

La dependienta, de Sayaka Murata

Sayaka Murata (Japón 1979)
LA DEPENDIENTA
[Kombini Ningen, 2016]
Trad. Marina Bornas
Duomo Nefelibata, 2019 - 176 págs.
[o el encanto de la simplicidad (japonesa)]
«—He leído muchos libros de historia para averiguar en qué momento empezó a equivocarse el mundo. Me he remontado a la era Meiji, al periodo Edo y al periodo Heian, y el mundo siempre ha estado equivocado. ¡Incluso en la Edad de Piedra!
    Shiraza zarandeó la mesa y derramó el té de jazmín.
    —Esto es lo que descubrí: que el mundo no ha cambiado desde la Edad de Piedra. Las personas que no aportan nada a la comunidad son marginadas, como los hombres que no cazan o las mujeres que no tienen hijos. Aunque digan que la sociedad actual es individualista, quienes no se esfuerzan por establecer algún vínculo con la comunidad reciben toda clase de presiones y coacciones hasta que, al final, se les expulsa.
    —Te gusta mucho hablar de la Edad de Piedra, ¿verdad?
    —No me gusta, ¡lo odio! Pero el mundo en el que vivimos es la Edad de Piedra disfrazada de sociedad moderna. Los hombres fuertes, los que cazan las presas más grandes, están rodeados de mujeres y pueden casarse con las más guapas. A los hombres que no participan en la cacería, o que sí participan pero son demasiados débiles para resultar útiles, se les desprecia. La estructura social no ha cambiado en absoluto.
    —Ya.
    Yo no podía hacer más que asentir como una idiota. Aún así, lo que decía no era del todo descabellado. Lo mismo ocurría en la tienda: los empleados nos íbamos reemplazando unos a otros, pero las escenas que se repetían eran siempre las mismas.
    En mi cabeza resonaron las palabras de nuestra clienta: "Aquí nunca cambia nada".» (págs. 95-96)

domingo, 21 de abril de 2019

Distraídos venceremos, de Andrea Valdés

Andrea Valdés
DISTRAÍDOS VENCEREMOS
USOS Y DERIVAS EN LA ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA
Jeckill & Jill, 2019 - 192 págs. - inicio
[estupenda deriva autobiográfica de Andrea]
«Volviendo al cuadro de Arcimboldo, viene a cuento el texto de Roland Barthes. Tarde o temprano tenía que aparecer este autor. Valga la originalidad de citarlo en un estudio sobre lo autobiográfico hablando de hortalizas y de unas cabezas que cambian en función de la distancia en que se miran. Su significado depende de cuán lejos o cerca se sitúe uno del cuadro. Muta, como la piel de Eligia, que no es una superfície fija. En realidad, como dice Barthes, más que mirarse, estas caras se leen pues al usar la doble articulación del lenguaje, Arcimboldo las convierte en escritura. En el retrato mencionado, por ejemplo, una perdiz, un salmón y un pollo (las palabras) forman, al sumarse, el perfil de un ser repulsivo (la frase), siendo los manjares de los que se nutre y compone el jurista. En la novela hay un recurso que es una variación de esta técnica, la de la suma y sus partes. Baron Biza lo llama el cocoliche, que es una lengua hecha con elementos de otras lenguas. La practicaban los inmigrantes argentinos de finales del XIX y principios del XX, aunque el teatro la incorporó en seguida de manera burlesca [...] A lo que yo digo que aborrezco este gesto, tan común en la vida como en los textos, de quien no sabe gestionar su frustración y se ensaña con quien es más débil. Tampoco tengo claro si el cobarde es él (Jorge Baron Biza) o su personaje (Mario Gageac). Igual me adherí tanto al texto que lo confundí con su piel, pero entiendo que esto forma parte de este proyecto y, sobre todo, esta novela que me agita en más de un sentido y aquí pienso en esa intimidad tan singular que se genera en los hospitales y que no me es del todo ajena. Allí el tiempo se turna e incluso la más despistada acaba reparando en los acabados de su entorno y sabe que el exterior no es solo lo que se ve por una ventana.

    "Mi lengua es un trozo de corcho" le oí decir una vez a mi madre, apartando una bandeja. Pensé en hacer memoria, pero qué difícil describirle el gusto de las cosas a quien lo ha perdido. Es como masticar un trozo de goma de borrar. En la novela hay ciertos flashes que me recuerdan a esos momentos de convalecencia en los que ella, que murió de cáncer, aún tenía la energía de preocuparse por mi aspecto. Pensaba, y en eso insistió bastante, sobre todo durante mi adolescencia, que muchas veces la belleza era sólo una cuestión de definición. Lo que no significa que una no pudiera ser ambigua. Mi madre vinculaba la ausencia de definición a lo amorfo, para ella la ambigüedad era otra cosa, y aquí cierro este inciso, que quizás no lo sea tanto, pues al imaginarme el destino de ese rostro que se descompone y supura, buscando su forma final, no puedo obviar este diálogo, aunque en El desierto y su semilla los personajes apenas hablan entre ellos.» (págs. 61-64)


Joana Teixidor y Andrea Valdés en la presentación de Distraídos venceremos... en el Palau de la Virreina. Barcelona, 11 abril 2019.

BIBLIOGRAFÍA
Distraídas en Palm Springs
  1. El comentario (y la cena) de Víctor Balcells Matas.
  2. Un libro vivo y rabioso para Alejandro Hermosilla.
  3. Distraídos en el Boomeran(g).
  4. La Central recomienda... y la laie también.
  5. Distraídos en la mesa de Edgardo Dorby.
  6. "La bibliografía como autorretrato", según JA Barrueco
  7. «La novela española actual me aburre», ABC Cultural
  8. Entrevista en El coloquio de los perros, por Andrés Nortes
  9. Aprender a tener una cara, Carlos Pardo (Babelia)
  10. Recomendado por Enrique Vila-Matas
  11. Vidas escritas, Óscar Brox (Détour)
  12. ¡No se lo pierdan!, Tes Nehuén (Poemas del alma)

jueves, 18 de abril de 2019

París, gárgolas

Notre Dame, París, 1977
[fuego]
«No reconstruyamos Notre Dame. Honremos el bosque quemado y la piedra oscura. Hagamos de sus ruinas un monumento punk, el último de un mundo que acaba y el primero de otro mundo que comienza.» De Notre Dame de las ruinas, Paul B. Preciado. El País, 21/04/2019.

lunes, 15 de abril de 2019

Esta bruma insensata, de Enrique Vila-Matas

Enrique Vila-Matas
ESTA BRUMA INSENSATA
Seix Barral, 2019 - 312 págs. - inicio
[fantástico striptease literario de Enrique]
[22] «No ignoraba que esa sensación de que no es nuestro lo que escribimos ha estado ahí siempre, desde que existe la escritura. Ni ignoraba que la sensació había atravesado toda la historia de la humanidad, hasta llegar incólume a nuestro tiempo, indemne y tan fresca como en los días en que aquella sensación se originó.
    Por lo que yo sabía, esa sensación solía asaltar el ánimo de todos los que escriben, ya fueran autores relevantes como si no lo eran. "Desde que empecé a escribir, hay textos que los notaba como no-míos", declaró en cierta ocasión Mario Levrero, para quien esos textos sólo podían venir de una parte suya que le era completamente ajena y aun hostil, o bien de malas pasadas que le jugaba la memoria que le dictaba un texto ajeno, borrándole el dato de que no era suyo. Y contaba Levrero que un día había escrito de un tirón un relato más bien extenso, la historia de un tipo que se despertaba de noche y advertía por azar que su mujer, que dormía a su lado, tenía algo así como una línea sutil en la cara; siguiendo esa línea descubría que la mujer tenía puesta una máscara, que esa cara que él conocía no era la verdadera [...]
     Nada más acabar el cuento, Levrero se dijo: esto no es mío, no puede ser mío. Y había empezado a llamar por teléfono a amigos que tuvieran un mínima relación con la literatura para preguntarles si habían escrito ellos o les habían contado alguna vez una historia como aquélla. Y nada, ninguno sabía nada de aquella historia. Y aun así siguió convencido de que el cuento no era suyo y lo destruyó.
     ¿Tan alarmante podía ser escribir algo y no sentirlo como nuestro? Para Levrero podía ser preocupante y para mí, en cambio, todo lo contrario, quizás porque por mi propia profesión de hokusai había asimilado tanto la cita ajena que la alarma o susto tremendo me llegaba sólo cuando veía escrito algo que percibía que podía ser mío. Es mío, pensaba entonces con verdadero horror, y quería que se me tragara la tierra.» (págs. 209-210)

Presentación en la Central. Barcelona, 9/04/209
Presentación de Esta bruma insensata en la Central. Barcelona, 9/04/2019.


Después de la presentación a los libreros Las cinco novelas veloces de Rainer Bros:
  • Each age is a pigeon-hole
  • A New Future is Good Business
  • Inherent Vice
  • We live in the mind
  • Plato is a Skeleton
(más la nonata Principios de la filosofia citadora)

jueves, 11 de abril de 2019

Los antepasados, de Mary Ann Clark Bremer

Mary Ann Clark Bremer (1928 - 1996)
LOS ANTEPASADOS
[Notebook III - The Ancestors, 2016]
Trad. Hugo Bachelli
Periférica, 2019, 80 págs.
[leve]
«He dejado la carta a medias y he salido a la terraza de mi dormitorio. Bajo la pérgola hay varios útiles de jardinería. En el canasto repleto de pequeños tarros de cristal con tapas de cierre hermético aún quedan algunas semillas por plantar, las de las flores más tardías y resistentes: soportarán el otoño, hasta la llegada de las primeras nieves. «Cuando cuento las semillas / sembradas allá abajo / para florecer así», he recordado infielmente primero; y a continuación: «Cuando examino a la gente / que tan bajo yace / para llegar tan alto; // cuando creo que el jardín / que no verán los mortales...».* Que no verán los mortales. Estas futuras flores y yo somos mortales. Yo alcanzaré a verlas crecer tal vez, pero no así las semillas de las semillas futuras.
    «Te traigo la prueba de que yo siempre amé, y que hasta que amé nunca viví lo bastante.» ¿No decía así la Dickinson? ¿No había replicado yo a Saul con estas palabras de la propia poeta: «Amor es vida y vida, inmortalidad; y si en esto dudas, querido, nada tengo que mostrarte entonces, salvo el calvario».
    No sé por qué estas palabras, no sé por qué. » (págs. 52-53)

* Versos de Emily Dickinson traducidos por Silvina Ocampo (Tusquets, 2006).

lunes, 8 de abril de 2019

Una pena en observación, de C.S.Lewis

C.S. Lewis (Reino Unido, 1898-1963)
UNA PENA EN OBSERVACIÓN
[A Grief Observed, 1961]
Trad. Carmen Martín Gaite
Anagrama, 1994 - 104 págs.
[demasiado dios]
«No conservo ninguna fotografía suya donde quedara un poco bien. Ni siquiera en mi imaginación soy capaz de reproducir su cara con todo detalle. Y sin embargo, el rostro extraño de cualquier extraño atisbado esta mañana entre la multitud puede presentarse ante mí con nítida perfección al cerrar los ojos por la noche. La explicación es bastante sencilla, creo yo. Los rostros de los seres a quien mejor hemos conocido, los hemos visto desde tantos ángulos, bajo tantas luces y dotados de tantas expresiones (paseando, durmiendo, riéndose, llorando, comiendo, hablando o pensando), que todas estas impresiones se nos enmarañan simultáneamente, dentro de la memoria y quedan confundidas en un simple borrón. Pero su voz está todavía viva. Su voz añorada que en el momento menos pensado me puede convertir en un niño que se echa a llorar. » (pág. 25)

Tierras de penumbra (Shadowlands), Richard Attenborough, 1993

jueves, 4 de abril de 2019

Papeles Falsos, de Valeria Luiselli

Valeria Luiselli (México DF, 1983)
PAPELES FALSOS
Sexto Piso, 2010 - 106 págs.
[primer y estupendo libro de ensayos de Valeria]
«Un grupo de arquitectos de la Universidad Nacional Autónoma de México, dirigidos por Carlos González Lobo, ha bautizado estos espacios, estas sobras urbanas, con el nombre de “relingos”. No me queda claro de donde viene el término, pero imagino que puede estar relacionado con las "realengas", vieja voz castellana que se refería a las tierrass marginales de la corona, abandonadas o en desuso. (Extraños avatares de las palabras: ahora, en ciertos países latinoamericanos, “realenga” se utiliza para hablar de un animal que no tiene dueño, y en otros, la palabra es sinónimo de “hogazán”.)
    No soy experta en la historia de la arquitectura, pero puedo afirmar con algún grado de confianza que el relingo es una derivación chilanga de otra idea: los terraines vagues del arquitecto catalán Ignasi de Solà-Morales. Al igual que los relingos, el terraine vague es un espacio urbano ambiguo, un lote baldío sin bordes definidos ni bardas delimitantes, una especie de terreno al margen de la vida metropolitana, si bien fisicámente se puede encontrar en pleno centro de una ciudad, en el crucero de dos avenidas principales, o debajo de un puente recién construido.» (pág. 74)

«En esto se parece el arquitecto y el escritor. Escribir: rellenar relingos. No, escribir no es rellenar huecos (construir una casa, un edificio, un espacio vacío, tampoco necesariamente). Quizás sea más acertada la imagen de los bonsáis de Alejandro Zambra. El escritor borra… corta, poda: encontrar una forma que ya estaba ahí”. Como define la misma Valeria Luiselli. Y sigue:
    La palabras no son plantas, los jardines son para los poetas de corazón. La prosa es para los que tienen espíritu de albañil. Escribir, taladrar paredes, romper ventanas, dinamitar edificios. Evacuaciones profundas para no encontrar nada.
Escritor es el que distribuye silencios.
Escribir: hacerle un hueco a la lectura.
Escribir: hacer relingos.» (pág. 78)


Samanta Schweblin y Valeria Luiselli conversan.
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