miércoles, 16 de diciembre de 2020

Doggerland, de Élisabeth Filhol


Élisabeth Filhol (Mende, 1965)
DOGGERLAND
[Doggerland, 2019]
Trad. Rubén Martín Giráldez
Anagrama, 2020 - 264 págs. - inicio

- Guillermo Altares relata mejor esto de Doggerland
- La versión de National Geographic
- En Paleomanía también lo explican
[tema apasionante en libro frustrante]

«— [...] Ocho mil años tampoco es gran cosa en la escala de la humanidad. Los hombres del Mesolítico no edificaron pirámides, no levantaron megalitos, pero su cultura no es ni tosca ni rudimentaria. Es posible incluso que su sociedad fuera globalmente más habitable que la nuestra, no se puede descartar.
    Lo que queda de Doggerland, el Dogger Bank, yace a unos quince o treinta metros de profundidad, a caballo del paralelo 45. Hay quiernes ven una zona rica en pesca, otros una elevación del suelo marino propicio para el anclaje de infraestructuras offshore, es una especie de vado en mitad del mar del Norte que hace visible aquello que de otra manera no lo sería, y al mismo tiempo, todos los testimonios coinciden en eso, hasta los relatos de los capitanes de barco de la época de la navegación a vela, es una zona de la que los marineros recelan, uno de los relieves submarinos más peligrosos en los días de tormenta, muy difícil de vadear debido a su vasta extensión, de las dimensiones de lo que en un primer momento fue una isla, antes de que se la tachara definitivamente del mapa. Sobre cómo fue sumergida, las opiniones divergen. Pero una cosa es segura: ofrece una tierra acogedora, más que otras en Europa del Norte, y hay seres humanos que han vivido allí varios milenios seguidos.» (págs. 49-50)

Gran inundación de Ivan Aivazovsky (1817-1900)
«Luego se pone a leer la sinopsis del estudio Forewind que debe presentar este mediodía. El precioso nombre del parque eólico. [...] Todo un vocabulario de retorno sostenible a la tierra. Que no dice nada de los daños colaterales. Al medioambiente, a los sectores de la economía regional, la pesca, las perforaciones, la extracción de áridos. Penalizando a los vehículos pesados, los buques petroleros, los portacontenedores, los ferrys o los barcos de crucero altos como un edificio. Pero también a los pájaros, los cetáceos y los radares por las perturbaciones acústicas; a los bancos de peces, los viveros de los fondos marinos, las riquezas arqueológicas, sobre todo en el Dogger Bank, donde abundan ruinas que datan de las dos guerras mundiales, de barcos o de aviones, otras más antiguas aún, de la época de la navegación a vela, y una gran cantidad de vestigios prehistóricos, enterrados a mayor o menor profundidad, amenazados por la construcción de anclajes o el soterramiento de cables.(pág. 146)»
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