jueves, 1 de marzo de 2018

La hija de Joyce, de Annabel Abbs

Annabel Abbs (Brístol, 1964)
LA HIJA DE JOYCE
[The Joyce Girl, 2016]
Trad. Amelia Pérez de Villar
Galaxia G., 2017 - 358 p. fragmento - Bibl. Fort Pienc
[infumable para mí (que no fumo)]
«–La libertad de la mujer y la institución del matrimonio no son incompatibles. Pero nadie puede negar la supremacía de la familia. Miraos a vosotros, por ejemplo, los Joyce –‍dijo Stella, señalando a mis padres por encima de la mesa, de las migas de pan y las pavesas de ceniza y las copas medio vacías‍–‍: tantos años casados, entregados a Lucia y Giorgio. ¿Habrían sido tan listos, habrían tenido tanto talento si vosotros no hubierais estado casados?
–Habríamos sido unos bastardos que viven en una alcantarilla –‍dijo Giorgio abriendo la boca en un aparatoso bostezo; cuando se llevó la mano para disimularlo me pilló mirándole y me guiñó un ojo‍–‍. Pero en lugar de eso somos estrellas de la escena… en ciernes… ¿verdad, Lucia?
–Bueno, yo soy de la opinión de que la señora Josephine Baker tendría que estar encerrada. En Irlanda, desde luego, lo estaría. Bajo llave. –‍Mamá apartó su copa y sacudió la cabeza, convencida.
–Y yo también, Nora. Yo también lo estaría –‍dijo Babbo como si hablara al nudo de la corbata, en un tono tan calmado que sólo le oí yo.
Emile se puso en pie de pronto, diciendo en voz muy alta:
–Bueno, ya está bien de hablar de alcantarillas y de celdas. ¡Otro brindis por Lucia, por su talento y su belleza!
Emile levantó la copa y todos volvieron a gritar mi nombre, una vez más.
Y entonces fue cuando le vi. Estaba en la calle, mirando furtivamente a través de la vidriera, tan cerca que casi tenía la nariz pegada al cristal. Tenía unos ojos grandes y curiosos y parecía estar mirando a Babbo, pero en ese momento volvió la vista hacia mí. Y en esa fracción de segundo sucedió algo extraordinario: cuando nuestros ojos se encontraron pasó entre nosotros una corriente de emoción. El corazón me dio un violento vuelco. Luego él bajó la cabeza, encorvó los hombros, y desapareció por el bulevar. Sentí que Emile volvía a sentarse en el banco y volvía a pegar su pierna a la mía.
–¿Pero qué mira? ¿Lucia? ¡Lucia! Nosotros brindando por ti y tú mirando por la ventana como una posesa –‍dijo mamá, elevando la vista con un gesto de desesperación.» (pág. 24)

1 comentario:

Elena dijo...

Qué difícil debe ser escribir un diálogo y que luego no [me] chirríe al leerlo. Pues eso.

Además, también considero [muy] cansino, ortopédico y obsoleto el formato habitual de empezar cada intervención con un guioncito y en nueva línea.

En este sentido, me encantó la manera de proceder con los diálogos de Mario Hinojos en su Animal doméstico. No es el único ejemplo, sólo es el primero que me pasó por la cabeza.

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