viernes, 21 de marzo de 2014
jueves, 20 de marzo de 2014
miércoles, 19 de marzo de 2014
Metropolitan morning

Tables for Ladies (Edward Hopper, 1930)

The Lighthouse at Two Lights (Edward Hopper, 1929)
[EDWARD HOPPER (1882–1967) en el METROPOLITAN de NUEVA YORK esta mañana]
martes, 18 de marzo de 2014
lunes, 17 de marzo de 2014
domingo, 16 de marzo de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
viernes, 14 de marzo de 2014
miércoles, 12 de marzo de 2014
Breve recorrido literario por Nueva Orleans
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Hotel Monteleone 214 Royal St., entre Iberville y Bienville El venerable hotel Monteleone podría ser considerado la zona cero de la cosa literaria de Nueva Orleans. Aquí se alojaron, escribieron y bebieron, entre otros, Hemingway, Faulkner, Tennessee Williams, Anne Rice, Eudora Welty o John Grisham. | |
Faulkner House Books
624 Pirates Alley William Faulkner vivió y escribió aquí en los años 20, época de esplendor de la bohemia del French Quarter. Ahora la vivienda está restaurada y convertida en una de las principales librerías independientes del país. |
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![]() | Residencias de Tennessee Williams 429 Royal St.; 632 St. Peter; 1014 Dumaine St. Tennessee Williams quizás sea el escritor más asociado con Nueva Orleans (¿después de Mark Twain?). Desde su casa en la calle St. Peter, Williams podía oír un tranvía llamado Deseo corriendo por la calle Royal y, otro llamado Cementerios, a lo largo de la calle Canal, lo que sería una perfecta metáfora de la condición humana. | |
Ignatius Reilly Statue
819 Canal Street, entre Bourbon y Dauphine Muchos piensan que el protagonista de La conjura de los necios (libro publicado gracias a los esfuerzos de la madre de John Kennedy Toole once años después de su suicidio) es un buen representante del indolente carácter del French Quarter. | ![]() | |
![]() | Apartamentos Pontalba Jackson Square Elegantes salones donde se reunía la flor y nata literaria de la época: Sherwood Anderson, Edna St. Vincent, Somerset Maugham, Carl Sandburg o William Faulkner (a quien Anderson mentoró). | |
martes, 11 de marzo de 2014
Mañana (lluviosa) en Bourbon Street
Nos alojamos en el Barrio Francés, aunque un día unos amigos nos llevaron a hacer una larga excursión por los pantanos. Recuerdo que comimos de maravilla ("¿Nunca has probado los cangrejos?"), y todos los desconocidos que encontrábamos tenían historias que contarnos sobre el Mardi Gras. Recuerdo una cena en la que un chico muy guapo recitó de memoria "Mornings on Bourbon Street" de Tennessee Williams y me dio un ejemplar de In the Winter of the Cities, el libro en el que aparece ese poema» (Sigrid Nunez, SIEMPRE SUSAN. RECUERDOS SOBRE SUSAN SONTAG, pp. 77-78)
MORNINGS ON BOURBON STREET
I knew I would say it. But could I believe it again?
I thought of the innocent mornings on Bourbon Street, of the sunny courtyard and the iron lion’s head on the door.
I thought of the quality light could not be expected to have again after rain, the pigeons and drunkards coming together from under the same stone arches, to move again in the sun’s faint mumble of benediction with faint surprise.
I thought of the tall iron horseman before the Cabildo, tipping his hat so gallantly towards old wharves, the mist of the river beginning to climb about him.
I thought of the rotten-sweet odor of Old Quarter had, so much like a warning of what I would have to learn.
I thought of belief and the gradual loss of belief and the piercing together of something like it again.
But, oh, how my blood had almost turned in color when once, in response to a sudden call from a window, I stopped on a curbstone and first thought,
Love. Love. Love.
I knew he would say it. But could I believe it again?
I thought of Irene whose body was offered at night behind the cathedral, whose outspoken pictures were hung outdoors, in the public square, as brutal as knuckles smashed into grinning faces.
I thought of the merchant sailor who wrote of the sea, haltingly, with a huge power locked in a halting tongue –
Lost in a tanker off the Florida coast, the locked and virginal power burned in oil.
I thought of the opulent antique dealers on Royal whose tables of rosewood gleamed as blood under lamps.
I thought of my friends.
I thought of my lost companions, of all I had touched and all whose touch I had known.
I wept for remembrance.
But when I had finished weeping, I washed my face, I smiled at my face in the mirror, preparing to say to you, whom I was expecting:
Love. Love. Love.
But could I believe it again?
TENNESSEE WILLIAMS (1911-1983)
lunes, 10 de marzo de 2014
Libros EEUU 2014
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domingo, 9 de marzo de 2014
viernes, 7 de marzo de 2014
Francisco Goldman: Di su nombre
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«La última novela que Aura leyó fue La vida breve, de Onetti, la comenzó en la Ciudad de México y la terminó un día antes de emprender nuestro viaje a la playa. El libro estaba ahora en Brooklyn, pero no me podía poner a leerlo aún. Sí que leí su ejemplar de El malogrado, de Thomas Bernhard, y también su Bajo el volcán, subrayado y con anotaciones de su propio puño y letra. Estaba contento de volver a leer algo de ficción, después de tantos meses de haber estado volcado en ensayos sobre la aflicción y el duelo y en los libros que creí que podrían ayudarme a imaginar a los psicoanalistas franceses y a las clínicas de la novela de Aura. Un día, abrí mi ejemplar de tapa blanda de Pnin para encontrarme y seguir un rastro de hadas conformado por las marcas en tinta verde de Aura. Ni siquiera había terminado el primer capitulo cuando sentí la risa de Aura creciendo en su interior y salir de golpe por sus labios entreabiertos, cuando el pobre Pnin se da cuenta de que ha cogido el tren equivocado a Cremona. Siguiente estación de la risa, la ardilla que hace que Pnin apriete el botón de la fuente. Aura había trazado pequeños corchetes verdes para destacar frases como «un viento susurrante» o «bajo el sol plateado» y había escrito con claridad la palabra «clima» en los márgenes. ¿Por qué alguien escribiría la palabra «clima» junto a cada descripción del clima que apareciera en una novela? Yo sabía por qué. En su taller de escritura creativa el FEA les había encargado llevar un diario del clima. Observar el clima, describirlo, no es tan sencillo. Hay que prestar atención a los usos literarios del clima. Todos los días de ese semestre, mientras también se preparaba para defender su tesina, Aura había descrito diligentemente el clima en su cuaderno. Después Wendy me diría que en realidad sólo dos estudiantes del taller habían escrito en sus diarios cosas del clima todos los días: Aura y ella.
[...] Las semanas posteriores al accidente traté de releer Lord Jim: pensaba que era el momento de hacer lo que hace Lord Jim, desaparecer con todo, con mi vergüenza y mi vida arruinada, en algún lugar lejano y difícil donde quizá pudiera comenzar de nuevo; pero entonces el libro me desconcertaba por el miedo a la muerte que motiva a los personajes, por las grotescas payasadas que ni siquiera merecen ser tachadas de cobardía: esos hombres son sólo payasos sin gracia que luchan por el bote salvavidas [...]» (pp. 284-285) |
![]() FRANCISCO GOLDMAN Di su nombre (Say Her Name, 2011) Trad. Roberto Frías Sexto Piso, 2012 | |
![]() El duelo como forma de literatura (ML Restrepo) La escritora que se perdió en una ola (A. Castro) Palabras para resucitar un fantasma (JL de Juan) A brilliant but often unbearably sad read (The Guardian) ~ In Memoriam ~ AURA ESTRADA (1977-2007) |
martes, 4 de marzo de 2014
Philip Roth: Patrimonio. Una historia verdadera
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"Y, sin embargo, a primera hora de la mañana siguiente, para no darle tiempo de que la preocupación lo hiciera derrumbarse, llamé a mi padre y le endilgué mi perorata: le conté que mi abogada acababa de indicarme la conveniencia de que tuviera dispuesto un testamento vital, que me había explicado como funcionaba el asunto, que a mí me había parecido una buena idea y que le había pedido, ya que iba a hacer el mío, que hiciera también uno para él. Le dije: «Te voy a leer el mío. Escucha.» Y, por supuesto, su reacción no fue en absoluto la que yo había temido. ¿Cómo pudo olvidárseme? Estaba hablándole a alguien que se había pasado la vida tratando con otras personas precisamente de eso, de la cuestión en que menos quiere uno pensar. Cuando era pequeño y me llevaba consigo a la oficina, los sábados por la mañana, me decía: «Vender un seguro de vida es la cosa más difícil del mundo. ¿Sabes por qué? Porque tu cliente sólo puede salir ganando si se muere.» Mi padre era un hombre con Iarga y profunda experiencia en este tipo de contratos relativos a la muerte, estaba muchísimo más avezado a ellos que yo; y mientras le iba leyendo el texto por teléfono, me contestaba con tanta naturalidad como si le hubiera estado leyendo la letra pequeña de una póliza de seguros. —«Medios para la prolongación artificial de la vida que rechazo explícitamente —le leía—: a) La reactivación eléctrica o mecánica de mi corazón cuando haya dejado de latir.» —Ajá —dijo él. —«b) La alimentación por intubación nasogástrica», que lo alimentan a uno por la nariz, «en caso de hallarme paralizado o incapaz de alimentarme por la boca». —Ajá, sí. —«c) La respiración asistida cuando no pueda respirar por mis propios medios.» —Ajá. Seguí hasta el párrafo por el que mi hermano y yo quedábamos autorizados para tomar las decisiones médicas pertinentes, en caso de que él ya no pudiera tomarlas. Luego le dije: —¿Qué? ¿Qué te parece? —Mándamelo y te lo firmo. Y eso fue todo. Ahora, en lugar de sentirme hijo de agente de seguros, me sentía yo agente de seguros, como si acabara de venderle una póliza a un cliente que sólo muriéndose podía salir ganando." (pp. 204-206) |
![]() PHILIP ROTH PATRIMONIO UNA HISTORIA VERDADERA (Patrimony. A true story, 1991) Trad. Ramón Buenaventura Seix Barral, 2003 DeBolsillo, 2012 |
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![]() "El resto es literatura. (Muy buena, por cierto)" (El lamento de Portnoy, 1/8/05) |




















