miércoles, 27 de agosto de 2008

Ecos de México en 2666

abarrotero agruras ahí no másalburear
alivianarseamasioamolar ándele
antojitosachichinclesbacanora balacera
batoborlote buey caguama
chale! chamacochambitas chaparrito
chilango chilaquiles chingada chingadero
chingar chisqueterear coger confidenciar
coprero corridos
crujías cuate
deliquios amorososdanzones descontón destazar
dizque escuincle espalda mojada estupas
fríjoles gallinazos guajalote guarura
híjole jalada jalar joto
la mera verdad lana madrearse maquiladora
merolico mesero mezcal migra
mitote monstruo gila mordelones ni modo
niños pepenadores órale pachucos padrote
pendejo pepenar pinche mamón pinga
piojero pollero pollezno potrero
prepa pulque pulquería reacomodos
retebueno rubro sangrón sangronas
tambo teporochos terracería titipuchal
tlapalería verijas zacate zopilotes

De "La parte de los crímenes", 2666 (Anagrama, 2004)
Roberto Bolaño (Chile, 1953 - Barcelona, 2003)

martes, 26 de agosto de 2008

El íntimo placer de leer según André Kertész

Foto de André Kertész[Foto de André Kertész. Nueva York, 1944]

“Ya sea en un jardín, en un autobús, en un café, en una biblioteca o en un salón, en su terraza o en la cama, en el colegio o en la guerra, de pie, sentado o tumbado, el lector está en otra parte: en otro universo y en un tiempo que no es el presente. Está dentro de su lectura, de sus pensamientos, en lo que aprende, en lo que siente, en otro mundo real o en el de la imaginación.”

André Kertész, El íntimo placer de leer
Hasta el 7 de septiembre de 2008
Espai Cultural Caja Madrid de Barcelona

viernes, 22 de agosto de 2008

Sebald y Los emigrados

Los emigrados. WG Sebald. Debate, 2002Los emigrados es uno de los libros que más me ha gustado y conmovido de todos los que he leído este verano bajo los pinos de Yecla. Contiene las historias de cuatro personas allegadas a Sebald que tuvieron que emigrar en la primera mitad del siglo XX por ser judías: su casero en Norfolk Henry Selwyn, su maestro de primaria Paul Bereyter, su tío abuelo Ambros Adelwarth y el pintor que conoció en Manchester, Max Ferber. Sebald indaga en sus vidas, habla con quienes los conocieron y visita los lugares que habitaron.
  • “Vengo a menudo, aquí me siento como si estuviera muy lejos, sólo que nunca sé muy bien de dónde”
  • “Su trabajo lo absorbía por completo. Retrospectivamente se diría que no existió como persona privada, que todo él ya no era más que mera corrección.”
  • “El diagnóstico de Fahnstock apuntaba a una grave melancolía senil combinada con estupor catatónico, pero esto se contradecía con el hecho de que Ambros no mostrara ningún signo de desaliño típico de este estado. Al contrario, cuidaba su aspecto exterior hasta extremos inimaginables. Nunca llegué a verlo vestido con otra cosa que un traje con chaleco y corbata primorosamente anudada. No obstante, siempre daba la impresión, aunque tan sólo estuviera junto a la ventana mirando afuera, de que estuviera invadido de una pena irremediable. No creo, dijo el doctor Abramsky, haberme encontrado jamás con una persona más desconsolada que su tío abuelo; cada una de las palabras que dejaba caer, cada uno de sus gestos, todo su porte erguido hasta el final equivalían en realidad a una petición continuamente reiterada de permiso para ausentarse.”
  • “...y lo que ocurre en el llamado mundo real ya no me interesa para nada. No cabe duda de que ahora, en cierto sentido, estoy loco, pero como quizá usted ya sepa, estas cosas no son más que una cuestión de perspectiva.”
  • “...pero el tiempo, continuó Ferber, es una escala muy insegura, es más, no es otra cosa que el rumoreo del alma. No hay pasado ni futuro. En todo caso, no para mí.”
W. G. Sebald (Baviera, 1944-Inglaterra, 2001)
Los emigrados (1993)
Traducción de Teresa Ruiz Rosas
Debate, 2002 / Anagrama, 2006

miércoles, 20 de agosto de 2008

De nuevo en casa

Vuelvo a Barcelona en tren acompañada por Roberto Bolaño. Voy absorta en la lectura de 2666 mientras a mi izquierda el paisaje desfila suavemente. Hasta que levanto la vista y descubro que la persona que está sentada a mi derecha, al otro lado del pasillo, también lee a Bolaño. Inquieta por la casualidad intento averiguar -¡necesito saberlo!- de qué libro se trata, aunque por su espesor sé que la coincidencia no será total. Finalmente descubro que su compacto Anagrama es El gaucho insufrible y puedo seguir leyendo tranquila.

domingo, 17 de agosto de 2008

Pasajes de Yecla

Capítulo IX
Otra vez mi pueblo

“A lo mejor Hécula no es como yo la veo. A lo mejor es un pueblo apacible, con un jardín municipal, una balsa donde los peces cazan miguitas de pan y raspas de sardinas. Es posible que el suelo de Hécula no sea seco y duro como un mendrugo en el talego de un vagabundo, sino tierno y aromado como el pan que sale del horno con las hojas de pino pegadas a la corteza. Quizá las campanas de Hécula no son tan pavorosas y lúgubres como yo digo, y aunque yo no los haya visto, allí hay también gallos jubilosos, ovejas sensibleras y gatos enamoradizos. Hasta puede ser que el canto nocturno de los “auroros”, ese canto que a mí me parece un quejido espantoso en el silencio de las noches invernales, sea un canto suave y pacífico como el de unos nuevos franciscanos que recorrieran las ciudades con una campanilla milagrosa, asustando a los lobos y a los murciélagos. ¿Será acaso que yo todo lo veo negro, que mis muertos se han interpuesto en mi retina como una moscarda en la herida de un niño? ¿Cómo será Hécula para los demás? No sé. No sé que decir. El caso es que yo no puedo, aunque quiera, ver húmedos sus surcos, ni calientes sus panales, ni entrañables sus árboles, ni gozosa su agua, ni risueños sus atardeceres. No. Yo creo que no es cosa de mi alma. La luz es rabiosa allí como el mordisco de un perro, y en Hécula, además, la gente se ahorca. No, no es cosa mía, es cosa del suelo, del aire, de los ojos, de la carne, de los espíritus.
Cementerio de Yecla
[...]

A todo se acostumbran los pueblos, aunque es difícil que Hécula olvide a sus muertos del último día, que por estarlo menos, son más muertos que los que ya no son más que únicamente muertos. Hécula distingue mucho entre muerto, enterrado, difunto y cadaver. Hécula matiza mucho en esa materia.

Con todo, sería hermoso contemplar el pueblo al atardecer desde “El Tinajero”. Hécula no es como los demás pueblos. Hécula tiene fuego en el aire, tiene llamas en las nubes, tiene una ternura extraña en los rastrojos de pardos caminillos y un arrebato de belleza loca, desenfrenada, en el silencio de sus lúgubres noches. Hécula, aunque parezca raro, es un pueblo que se hace querer. Con un amor terrible, exasperado, violento, uno de esos amores (no se sabe tampoco si malditos o santos) que hacen un día odiar y otro, el menos esperado, llorar. Por eso, regresamos a Hécula al acabar la guerra. Porque nos moríamos de nostalgia, porque no sabíamos ni podíamos vivir sino hundidos en aquel delirio.”

Con la muerte al hombro (1954)
J. L. Castillo-Puche (Yecla, 1919 - Madrid, 2004)

jueves, 7 de agosto de 2008

Parajes de Yecla

: Altos de Caudete : Barahonda : Cantos de Visera : Cortado de las Águilas :
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: Cerrico de la Fuente : Cerrico de las Trancas : Cerro de los Santos : Cerro de la Campana :
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: Cueva de la Horadada : Cueva del Lagrimal : Cueva del Tesoro : Cuevas de Poniente y de Saliente :
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: El Ardal : El Carche : El Carrascalejo : El Cuadrado : El Espinar : El Lentiscar : El Portichuelo : El Pulpillo : El Rasillo :
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: El Pasico del Gato : El Hondo del Campo : La Casa de la Ermita : La Casa Marta : La Casa Potra :
Rosal de Banks de Mari Carmen. La Maneta. Yecla
: Fuente de la Negra : Fuente del Pinar : Pocico de la Buitrera : Pozo se Santa María : La Hoya del Pozo : La Hoya Hermosa :
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: La Bronquina : La Teatina : La Herrada : La Decarada : La Magdalena : La Maneta : La Rabosera : La Traviesa :
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: Las Atalayas : Las Balsillas : Las Herratillas : Las Moratillas : Tobarrillas : Las Gamellejas : Las Teresas :
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: Los Algezares : Los Atochares : Los Castillarejos : Los Cerricos : Los Cerrillares : Los Derramadores : Los Picarios : Los Pinillos : Los Quiñones : Los Torrejones :
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: La Umbría del Factor : Marisparza : Monte Arabí : Sierra del Cuchillo : Sierra Salinas : El Serral : Senda de los Jinetes :

miércoles, 23 de julio de 2008

Los Soprano, 70 horas de gran cine

Recien inyectada en vena la última dosis posible de Los Soprano quiero rendir homenaje a esta inmensa serie con estas palabras de Carlos Boyero:

Los Soprano“En el maravilloso arranque de Si una noche de invierno un viajero Italo Calvino describía el opiáceo proceso desde que sales a buscar un libro anhelado hasta que te instalas en tu sillón favorito y abres sus páginas. Yo cometí el error de descubrir los primeros capítulos de una serie de televisión que olía a gran cine en la siempre temible versión doblada, esperando una vez a la semana que me siguieran contando la cotidianidad familiar y la salvaje metodología profesional del emperador de los malos, un mafioso gordo, follador, glotón y maquiavélico que una mañana descubrió alucinado y sufriente que la depresión y el llanto también podía cebarse con él por la dadaísta e impronunciable razón de que los vagabundos patos que visitaban su piscina se habían largado hacia otro refugio y que una sensual psiquiatra podía remover sus recuerdos, sus relaciones familiares y jerárquicas, aclarar su torturada cabeza y calmar su dolor.

El nombre de esta droga con inmediato poder de adicción era Los Soprano. Dejé de verla en la tele y espere con paciencia heroica, aunque también compensatoria, a que saliera puntualmente en DVD cada ansiada temporada. Mareaba a los empleados de las tiendas preguntando por la fecha de mi cita de amor, metiéndome el incomparable colocón desde el crepúsculo hasta el amanecer de devorar capítulo tras capítulo, mecido por la voz nasal y la pinta de oso alternativamente canalla y tierno del extraordinario James Gandolfini. Cuando pensaba que lo que estaba viendo y escuchando era una costumbrista y deliciosa comedia, cuando notaba que me estaba colgando con esos personajes tan humanos y simpáticos, el genial capitán del barco David Chase y su admirable ejército de guionistas te recordaban con violencia seca, transparente, subterránea o espeluznante el reverso tenebroso de tus iconos, la naturaleza, los mecanismos y la metodología de su abominable profesión. [...] Tengo claro que entre las 10 mejores películas de la historia del cine figura Los Soprano. Ya sé que es atípica porque dura 4.300 minutos y nunca se ha exhibido en la sala oscura, pero sólo un necio o un ignorante se atrevería a negarle su esencia de gran cine.”

"Bueno, ya sabes lo que somos, así que si tienes alguna duda éste es el momento de decirlo, porque cuando entras en la Familia ya no puedes salir, la Familia esta antes que cualquier cosa... cualquier cosa, antes que tu mujer, tus hijos, tu madre, tu padre... Es una cuestión de honor. Y, Dios no lo quiera, pero si algo te pasara y no pudieras trabajar nosotros cuidaríamos de ti porque... de eso se trata... siempre serás parte de la Familia"

martes, 8 de julio de 2008

Nabokov

Nabokov, Opiniones contundentesAcabo de leer las Opiniones contundentes (Taurus, 1999) de Vladimir Nabokov (San Petersburgo, 1899 - Montreux, 1977), ese ruso aristocrático y gruñón que amaba las mariposas, escribía a lápiz y que, para enseñar literatura, consideraba imprescindible hacer esquemas de los escenarios de los libros. He aquí algunos extractos de este interesante y divertido libro en el que Nabokov -a través de una selección de entrevistas que le hicieron entre 1962 y 1972- reflexiona sobre su vida y su obra:

[Vida] Soy un escritor norteamericano, nacido en Rusia y educado en Inglaterra, donde estudié literatura francesa antes de pasar quince años en Alemania :: Fui a Norteamérica en 1940 y decidí hacerme ciudadano norteamericano, y hacer de Norteamérica mi patria :: Sucedió que inmediatamente me vi expuesto a lo mejor de Norteamérica, su rica vida intelectual y su atmosfera serena, afable :: Nabokov y su lápiz Me sumergí en sus grandes bibliotecas y en su Gran Cañón :: Trabajé en los laboratorios de sus museos zoológicos :: Me hice con más amigos de los que jamás tuve en Europa :: Mis libros, los antiguos y los nuevos, hallaron algunos lectores admirables :: Pero la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo.

[Oficio] Placer y agonía mientras compongo el libro en la mente, irritación aguda cuando lucho con mis instrumentos y mis vísceras... el lápiz que hay que volver a afilar, la ficha que hay que volver a escribir, la vejiga que hay que vaciar, la palabra que siempre escribo erróneamente y cuya ortografía tengo que verificar :: Luego, la tarea de leer la versión a máquina preparada por una secretaria, la corrección de mis errores graves y los errores leves de ella, pasando las correcciones a las demás copias, traspapelando las hojas, tratando de recordar algo que debía tacharse o insertarse :: La repetición del proceso al corregir las pruebas :: Y desempaquetar el precioso y rotundo ejemplar anticipado, abrirlo... y descubrir un descuido estúpido cometido por mí, que sobrevive con mi permiso :: Al cabo de aproximadamente un mes me habitúo a la etapa final del libro, a que haya sido desahijado de mi cerebro :: Entonces lo miro con una especie de ternura divertida, no como se mira a un hijo, sino a la joven esposa del hijo.

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, Sue Lyon como Lolita en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.”

[Lolita] Para mi nínfula necesitaba un diminutivo que tuviera una cadencia lírica :: Una de las letras más límpidas y hermosas es la "L" :: El sufijo "ita" tiene mucha ternura latina, y también requería eso. De ahí Lolita :: Pero no hay que pronunciarlo como lo hace usted y la mayoría de los norteamericanos, Louliita, con una "L" pesada, y una "o" larga . No :: La primera sílaba tiene que sonar como la de "lollipop", la "L" líquida y delicada, la "li" no demasiado marcada :: Los españoles y los italianos, desde luego, la pronuncian exactamente con la necesaria nota de travesura y caricia.

[Profesor] Para gozar del arte de Tolstoi, el buen lector debe querer visualizar, por ejemplo, la disposición de un vagón de ferrocarril del tren nocturno Moscú-San Petersburgo tal como era hace cien años :: En estos casos los diagramas son muy útiles :: Los profesores deberían preparar mapas de Dublín con los itinerarios de Bloom y de Stephen Dedalus claramente trazados :: Sin una percepción visual del laberinto de alerces de Mansfield Park, esa novela pierde algo de su encanto estereográfico, y a menos que la mente del estudiante reconstruya claramente la fachada de la casa del Dr. Jekyll, no puede disfrutar perfectamente del cuento de Stevenson :: Nabokov. Plano del piso de los Samsa Cuando estudiaban el famoso relato de Kafka, mis alumnos tenían que saber exactamente en qué clase de insecto se convertía Gregor (era un escarabajo de forma abovedada y no la cucaracha chata de los traductores chapuceros) y tenían que poder describir exactamente la distribución de las habitaciones del piso de la familia Samsa, con la posición de las puertas y los muebles.

[Gustos] Mis odios son simples: la estupidez, la opresión, el crimen, la crueldad, la música ligera :: Mis placeres son los más intensos conocidos por el hombre: escribir y cazar mariposas :: Mis obras maestras más grandes de la prosa del siglo XX son, en este orden: Ulysses de Joyce, La Metamorfosis de Kafka, Petersburg de Bely y la primera mitad del cuento de hadas de Proust En busca del tiempo perdido :: No odio a uno, sino a cuatro doctores: el Dr. Freud ("No puedo concebir que nadie en su sano juicio acuda a un psicoanalista"), el Dr. Zhivago, el Dr. Schweitzer y el Dr. Castro.

[Opiniones] Ser conscientes de ser conscientes de ser es lo que nos Mariposadistingue de los animales :: No pienso en ningún idioma. Pienso en imágenes :: La realidad es una cosa muy subjetiva :: Admiremos la tela, olvidemos a la araña. :: Los placeres de la lectura, la dicha, la felicidad de una frase es compartida por escritor y lector :: Escribir para el placer de un solo lector... uno mismo.

domingo, 6 de julio de 2008

Barcelona desde Montjuïc, hoy

Barcelona desde Montjuic[Barcelona, difusa esta mañana a causa de la calima, vista desde
un Montjuïc desierto recorrido en bicicleta. 6/7/2008, 11,30 am.]

viernes, 4 de julio de 2008

Salón de Rescatados

“1 - Perico dibuja y yo escribo, y así llevamos la friolera de 138 semanas juntos en este dietario altamente voluble, sin más interrupciones que los plomizos agostos. Emulando a aquel Otto e mezzo de Fellini, esta página de hoy podría titularse Perico ciento treinta y ocho. Porque voy a hablar de Salon de Refusés, su exposición en la Sala Parés. Perico, por una vez, tendrá que ilustrarse aquí en esta página. ¿Cómo hace uno para ilustrarse?

Pienso en las secretas urgencias de todas las semanas de este dietario. Un pánico a que llegue el sábado y no haya nada escrito, o que lo escrito llegue tarde a Perico y disponga de poco tiempo para la ilustración. Pero el miedo siempre ha estado ahí: para que lo superemos. Un día, Perico se fue a Japón más de una semana, y yo pensé que podía tambalearse todo, pero la ilustración, de trazo marcadamente nipón -movida por un ligero terremoto-, llegó desde allí con la misma admirable imaginación de siempre.

En Japón precisamente le regalaron un papel muy sensible que ha utilizado en su Salón de Rechazados, curiosa exposición donde hay, como mínimo, tres temas o series diferentes, lo que impide por suerte que existan un centro y una unidad de conjunto. No es laberíntico, pero el salón tiene una notable complejidad, está cargado de líneas de sombra que cruzan las fronteras del color, del color de la vida. Por un lado, están esos dibujos de personajes de nuestro mundo más cotidiano, gente anónima colgada de hojas de papel en el centro de la Parés, bajo la singular claraboya de luz natural: gente anónima colocada de forma que recuerda deliberadamente a los guerreros de Xian. Este apartado, supongo que el más vistoso, convive con la serie de los dibujos en blanco y negro, dibujos llamémosles duros, a los que Perico llama refusés porque algunos de ellos han sido literalmente rechazados por su autor. Es más, los ha empalado literalmente debajo de las muchas capas de dibujos que hay en la columna que se halla entrando en la Parés a mano derecha, allí donde hay también una escoba gigante de barrendero que Perico rescató también, en este caso no de su estudio, sino de la calle misma. Pero, al igual que sucedió con el Salón de Rechazados parisiense de 1863 -cuando acoger a algunos de los artistas que habían impugnado el salón oficial significó rescatarlos-, muchos de esos dibujos duros que en un primer momento fueron condenados por el autor han acabado siendo rescatados y ahora se hallan en un capazo de supervivientes -recuperados y arrojados- a disposición del público. Esos dibujos están en la exposición -que también podría llamarse Salón de Rescatados- conviviendo con el ejército Xian de almas anónimas y con la tercera serie, la que tal vez nos resulte más familiar en el mundo de Perico: aquellos cuadros en los que en bellas tonalidades vemos a gente despatarrada, en actitud holgazana o en plena siesta, señoritas desnudas tomando el sol con un muslo sobre el otro, o bien señores vulgares o inquietantes, sencillamente felices. [...]”

Perico Pastor-Sala Parés-Barcelona-2008Enrique Vila-Matas
Dietario Voluble
El País, 29/6/2008
Perico Pastor
Salón de Rechazados
Sala Parés, 17/6 a 8/8

jueves, 19 de junio de 2008

Cuando el viaje eres tú (mismo)

vuelta ciclista 2008
[Mañana emprendemos nuestra cuarta ruta ciclista estival:
Zamora, Villalpando, Urueña, Tordesillas, Toro, Zamora]

martes, 17 de junio de 2008

Bolaño en la distancia

Sobre Los detectives salvajes escribió Enrique Vila-Matas en 1999:

“El crítico Juan Antonio Masoliver ha escrito en La Vanguardia acerca de Los detectives salvajes, la novela de Roberto Bolaño (Chile, 1953 - Barcelona, 2003): "propone un nuevo orden literario en el que entren Monterroso, Ibargüengoitia o Monsiváis. Sus lectores ideales serían Luis Maristany, Juan Villoro o Enrique Vila-Matas, es decir los defensores de la extravagancia". Es posible -me digo ahora- que haya acertado al considerarme un lector idóneo para la novela de Bolaño. De hecho, me siento muy cercano a toda la obra del escritor chileno. Es posible incluso que sea el escritor que más se parece a mí, o viceversa: soy el escritor que más se parece a Bolaño. La causa tal vez resida en la a veces casi aplastante coincidencia en cuanto a gustos y rechazos literarios.

[...]

Extravagancia, pues, entendida como la transformación de uno mismo en "un personaje literario". Vida y literatura abrazadas como el toro al torero y componiendo una sola figura, un solo cuerpo. Algo así como aquello que le decía Kafka a Felice Bauer: "Mi manera de vivir está organizada únicamente en función de escribir". O esto otro, también dirigido a la pobre Bauer: "No es que tenga una cierta tendencia a la literatura, es que soy literatura". Extravagancia, por otra parte, entendida -se me ocurre ahora- como una militancia alegre en el mundo de los escritores que no quieren tener pasaporte: artistas del alma nómada, enemigos de los viajes obligados, que no siguen más rumbo que el de su propia estrella, aunque ésta sea distante como la estrella distante de Bolaño. Artistas que no quieren pasaporte alguno, como decía Jacques Audiberti de sí mismo. Y añadía: "Mejor no buscar./ Mejor lanzarse así, con la cabeza baja./ ¡Y que suceda!".

[...]

En Los detectives salvajes, a veces algunas de las voces de la parte central me han parecido ya no sólo extravagantes sino excéntricas a sí mismas, prófugas incluso de la idea bolañiana -un adjetivo, por cierto, de nuevo cuño- que las pensó. Y una causa más que posible de que esto ocurra reside en el impresionante trabajo de Bolaño sobre el lenguaje. De esta novela tal vez lo más deslumbrante sea ese trabajo de lenguaje, la cantidad de diferentes registros de voces que Bolaño va acumulando. Hay una extensa y brillante utilización semántica de las diversas voces que en la parte central de la novela intervienen a modo de testimonio azaroso del misterioso destino de los dos protagonistas, de los dos detectives salvajes, Arturo Belano y Ulises Lima. Esas voces o testimonios emitidos por los más diversos personajes en fechas y lugares muy alejados, de 1976 a 1996, pertenecen a lenguajes muy diversos: coloquiales o intelectuales, españoles o mexicanos... Estamos ante un efervescente magma lingüístico de una gran variedad. Sólo ya por la exhibición de dominio de tantos registros lingüísticos, la novela de Bolaño merece ocupar un lugar destacado en la narrativa contemporánea. Es tan soberbio el trabajo de lenguaje de Bolaño que este escritor se me aparece como un claro extraterritorial dotado de puntos de vista convincentes respecto al desorden del Universo y la manera de transformarlo en materia narrativa.

[...]

En Los detectives salvajes las múltiples voces o ruidos de los vecinos de las historias de Arturo Belano y Ulises Lima parecen inagotables. De hecho, esta novela tiene una estructura que tiende a lo infinito, a algo tan infinito como el intento de reproducción de Gadda de todos los ruidos de sus vecinos. Cualquiera, además, que sea la historia que los mismos testigos de la misma cuentan, el discurso siempre se ensancha y se ensancha para abarcar horizontes cada vez más vastos, y si pudiera seguir desarrollándose en todas direcciones llegaría a abarcar el universo entero.

[...]

Drama. Al escribir la primera línea de este comentario al libro de Bolaño me había propuesto ser ágil, seguir la estela de aquello que siempre persiguió Leopardi -me refiero a su deseo de quitar al lenguaje su peso hasta que se asemejara a la luz lunar- y sin embargo heme aquí convertido en un hombre que ha quedado enredado en el mundo de la multiplicidad de Bolaño, ese escritor que ve el mundo como un enredo, una maraña o un ovillo. Drama. Al querer alejarme de Bolaño he acabado acercándome aún más a él. Me queda una última oportunidad o tentativa para desenredarme del ovillo de mis divagaciones sobre Los detectives salvajes: comentar con rapidez la original estructura del libro. Veamos. Una leve intriga -lo único leve del libro: las investigaciones de Ulises Lima y Arturo Belano acerca de una escritora desaparecida hace tiempo en el desierto mexicano de Sonora- sirve de telón de fondo o de pretexto para presentar la historia, a lo largo de veinte años, de una serie de poetas vanguardistas mexicanos. El diario de uno de ellos abre y cierra el libro.

[...]

La grieta -tema y bloque central de Los detectives salvajes- es un conjunto de cuatrocientos golpes o cuatrocientas páginas (*) con una casi infinita participación de múltiples voces que comentan los trazos de las huellas de los dos detectives salvajes y a la vez comentan cómo lo desastroso se instaló en el centro de gravedad de la historia de una generación extravagante. Los detectives salvajes -vista así- bien podría ser el boquete azul de un parietal trágico, la historia cómica de una brecha: una novela que bien podría ser -ahí donde la ven- una fisura, una rotura muy importante para lo que hasta ahora ha ido haciendo una generación de novelistas: un carpetazo histórico y genial a Rayuela de Cortázar y de la que Los detectives salvajes bien podría ser su revés, en el amplio sentido de la palabra revés. Los detectives salvajes -vista así- sería una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio. Los detectives salvajes es, por otra parte, mi propia brecha; es una novela que me ha obligado a replantearme aspectos de mi propia narrativa. Y es también una novela que me ha infundido ánimos para continuar escribiendo, incluso para rescatar lo mejor que había en mí cuando empecé a escribir.

[...]

¿Y por qué no pensar que Los detectives salvajes tiene algo de la literatura por venir? Con esta pregunta cierro estas líneas sobre Bolaño. La verdad es que la pregunta la he formulado por mi propio bien, la he formulado para amar y odiar al mismo tiempo su novela; la he formulado para acercarme lo máximo posible al mundo de Bolaño y así de una vez por todas poder alejarme y hacerlo a ser posible en el crepúsculo de esta misma tarde en la que ya para mí todo lo cercano se está alejando, y lo que han sido unas cuantas palabras sobre el mundo novelesco de Bolaño ya no son ahora más que el boquete azul de mi parietal trágico, también el parietal de Arturo Belano (con las mismas letras de Belano puede escribirse la palabra "nobela"), ese personaje que, al igual que tantos otros en Los detectives salvajes, camina hacia atrás, "de espaldas, mirando un punto pero alejándose de él en línea recta hacia lo desconocido", tal vez hacia un infinito limitado, allí donde todo lo cercano se aleja para luego volver a acercarse. En fin, que ahora me voy de Bolaño, pero me quedo, pero me voy, pero me quedo. En fin, ese tipo de relación literaria entre Bolaño y yo que parece haber dispuesto para los dos y para siempre un destino común. Habrá que desafiar a ese destino cuanto antes. La experiencia dice que no hay dos caminos iguales. Opto por decir una frase que Bolaño ya no podrá decir nunca, es mi desesperada forma de emprender a última hora la búsqueda de un destino diferente al suyo. Escribo esto: "Tu escepticismo, Bolaño, es el principio de la fe". Y esta vez sí que me voy. Lejos queda el pasado, todo está por venir, atrás para siempre han quedado nuestros destinos gemelos. En cuanto a los presagios, ya decía Wilde que simplemente no existen. El destino no manda heraldos. Es demasiado sabio o cruel para hacerlo. Por eso ahora me voy. Pero me quedo.”

El viento ligero en Parma
Enrique Vila-Matas
De "Bolaño en la distancia"
El viento ligero en Parma
Sexto Piso, México 2004, Madrid 2008





(*) En realidad, o en mi octava edición, 609 páginas
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