domingo, 22 de marzo de 2009

Relatos de Kolimá II

Relatos de Kolimá. Volumen II. Varlam Shalámov“Durante las detenciones de los años treinta se arrestaba a la gente al azar. Se trataba de víctimas de la falsa y pavorosa teoría según la cual, a medida que se fortalece el socialismo, se intensifica la lucha de clases. Los profesores, los funcionarios del partido, los militares, los ingenieros, los campesinos, los obreros que llenaban a rebosar las cárceles de aquel tiempo no se distinguían por otro rasgo positivo que no fuera, quizá, el de ser buenas personas, gente honesta y, digamos, ingenua; en una palabra, unas cualidades que más bien facilitaban que entorpecían la labor punitiva de la «justicia» de entonces. La carencia de una idea común que cohesionara a la gente debilitaba extraordinariamente la entereza moral de los detenidos. No eran ni enemigos del poder ni criminales políticos, y no llegaban a comprender, ni siquiera ante las puertas de la muerte, por qué debían morir. Ni su amor propio ni su furia tenían en qué apoyarse. Y así, divididos, morían uno a uno en el blanco desierto de Kolimá; morían de hambre, de frío, de las inacabables jornadas de trabajo, de las palizas, de enfermedades. Enseguida aprendieron a no salir en defensa del otro, a no ayudarse entre ellos. Que era lo que pretendían las autoridades. Las almas de los que quedaron con vida se vieron sometidas a la descomposición más completa, y sus cuerpos no poseían las cualidades necesarias para el trabajo físico.”

Varlam Shalamov


Varlam Shalámov (Rusia, 1907-1982)
Relatos de Kolimá. Volumen II. La orilla izquierda
Traducción de Ricardo San Vicente
Paisajes narrados. Editorial Minúscula, 2009
[Relatos de Kolimá. Volumen I]

5 comentarios:

Manuel Márquez dijo...

Qué texto tan impactante, compa Elena, qué desazonador y qué poco esperanzador acerca de la condición humana. Y sin usar una sola palabra altisonante ni llamativa (lo que lo hace aún más pavoroso, claro...).

Un abrazo y buena semana.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Comprare ese libro. A ver si lo encuentro.

Elena dijo...

Precisamente Relatos de Kolimá fue el libro tratado ayer en la última sesión del Gabinete de lectura de invierno. Y para ello tuvimos la suerte de contar con Valeria Bergalli, su editora y creadora de la editorial Minúscula, y Ricardo San Vicente, su traductor y profesor de literatura rusa de la UB.

Valeria habló de estos relatos en su doble vertiente: como un testimonio excepcional de un periodo de historia muy reciente, y como gran literatura. Literatura de la que te puede cambiar la vida, y de la que puede cambiar la forma de escribir a los que escriben.

Por su parte, Ricardo hizo un magnífico retrato de la escalofriante vida de ese autodidacta solitario que fue Varlam Shalamov, y de su obra magna: estos relatos/poemas que tratan sobre la versatilidad del mal y que el propio autor definió como “puñetazos contra el poder”.

Parece ser que los diferentes grados de sufrimiento que se pueden llegar a soportar producen a los pocos que lo superan un llamado síndrome del prisionero que les dificulta volver a una vida normal pues para ellos nada es más importante que su atroz experiencia. Así, Shalamov, una vez liberado, no pudo compartir su vida con nadie y acabó solo y recluido en un hospital psiquiátrico donde parece que afloraron en él las antiguas costumbres de los campos de trabajo: llevar siempre una toalla alrededor del cuello (ver esta impresionante foto), no hablar o guardar restos de comida por todas partes.

En resumen, se trató de una sesión interesantísima en la que desgraciadamente faltó tiempo para haber hablado más de literatura rusa y para haber hecho mil preguntas a Valeria y a Ricardo.

Manuel Márquez dijo...

Pues, apelando al tópico, aquí sí que cabría decir, compa Elena, que la realidad supera a la ficción (que no es ficción, claro...). Impresionante, y qué suerte tienes de poder disfrutar de tan enjundiosas y nutritivas sesiones.

Un abrazo y hasta pronto.

Andrés dijo...

De acuerdo con el Compa Manuel: ¡que suerte tienes en poder asistir a cosas de este tipo! (Ay, y Kafka, cómo pude no caer en que era Kafka ;)