jueves, 6 de septiembre de 2012

Nooteboom versus Borges (e tutti quanti)

Tumbas de poetas y pensadores. Cees Nooteboom «Incansable tejedor de sueños. Tireless weaver of dreams. El bibliotecario de Babel. Le bibliothécaire de Babel. La muerte, no quiero otra cosa que ella [...], y la quiero total, abstracta. Las dos fechas en la lápida. La mort, je ne veux qu’elle, et je la veux totale, abstraite. Les deux dates sur la dalle. Y como este periódico por espacio de dieciséis años, en la primera página de Libération: Jorge Luis Borges a trouvé la sortie, ¡BORGES HA ENCONTRADO LA SALIDA! Siempre son los otros los que concluyen las historias, pero solo cuando las historias merecen la pena. Y entonces está uno debidamente muerto: todos se lanzan a pregonar tus palabras. Después sigue el purgatorio de la ausencia total. La prensa lo ha exprimido a uno. No hay un grado superlativo de la muerte, con excepción de la pública: cuando la noticia ha sido capitalizada, el muerto está de repente mucho más muerto. Quien hasta entonces no le ha leído tampoco le lee ahora; los demás están allí con las palabras que ya no tendrán continuación. En esto entra en vigor la ley de Auden: los lectores se han convertido en el escritor, el escritor se convierte en su lector. (p. 92)
[...]
En cierta ocasión, hace mucho tiempo, en los años sesenta, lo vi en el Westminster Hall de Londres. Yo había ido expresamente a Londres con ese propósito. Estaba allí sentado, muy dueño de sí mismo, un oráculo, con ese peculiar porte de la cabeza de los ciegos, que reaccionan al ruido. Más tarde leí en Cabrera Infante que el inexpugnable maestro había echado mano de un coñac gigantesco para darse valor. Se nos permitió hacer preguntas por escrito. Yo pregunté, pues por aquel entonces me preocupaba mucho, qué pensaba de Gombrowicz, quien ya desde hacía muchos años residía en el mismo Buenos Aires como exiliado voluntario. No dio ninguna respuesta. Tampoco podía agradarle mucho la filosofía de Gombrowicz de lo inacabado, lo inconcluso, lo inmaduro como condición suprema. Yo estaba allí como lector, y los lectores siempre quieren que los escritores que admiran también se admiren mutuamente, que Nabokov ame a Dostoievski y Krol a Slauerhoff. Pero las cosas no son así.» (p. 95)
Tumbas de poetas y pensadores (Gräber von Dichtern und Denkern, 2007). Cees Nooteboom. Fotografías de Simone Sassen. Trad. María Condor. Debolsillo, 2009 [+vídeo+]

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